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Kadrin Melenarroja

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Guerrero Melenarroja.jpg

Guerrero del Clan Melenarroja

El Clan Melenarroja puede trazar las raíces de su linaje hasta la época de las primeras crónicas Enanas, y Kadrin Melenarroja es, sin duda, el más famoso de esta prestigiosa línea familiar.

HistoriaEditar

Kadrin Melenarroja se ganó el renombre de gran guerrero en la Batalla de las Tres Torres, pero fueron sus habilidades las que llamaron la atención de un Herrero Rúnico, que le tomó como aprendiz. Siglos después se convirtió en el Señor de las Runas de Karak-Varn, y ejerció como Señor de la Fortaleza, hasta que las Montañas del Fin del Mundo se vieron sacudidas por terremotos. Muchos de su clan murieron, y Kadrin escapó a duras penas. Él y los escasos supervivientes buscaron refugio en Karaz-a-Karak, que adoptaron como nuevo hogar. Allí enseñaron a los demás Enanos el arte de la forja rúnica. Durante esta época Kadrin creó el Escudo de Piedra y su Martillo de Guerra.

Mientras trabajaba como maestro artesano en la forja de las minas de oro de Gunbad, el Gran Rey Morgrim Barbanegra había decidido visitar las minas para reforzar la moral tras años de encarnizadas luchas. Quizás fue un capricho del destino el que decidió que, ese mismo día, los Goblins Nocturnos echasen abajo los muros de la mina. El Rey estaba a su merced, ya que su pequeña guardia personal era incapaz de contener a los cientos de Goblins que invadieron las minas. Cuando el último de los guardaespaldas del rey cayó, Kadrin Melenarroja, viendo lo desesperado de la situación, cogió el martillo que utilizaba para trabajar el oro y cargó contra el enemigo en un intento desesperado de defender a su señor. Al ver la valentía de su acción, el resto de herreros le siguió. Empuñando sus martillos de forjar consiguieron abrir una ruta para escapar de las minas. Como recompensa, el Gran Rey regaló a Kadrin un espléndido martillo rúnico, el Martillo Milenario.

1185 años antes de que Sigmar fundara el Imperio, el venerable Kadrin Melenarroja volvió a Karak-Varn, su antiguo hogar, en busca de las valiosas reliquias y artefactos familiares perdidos. Los herreros rúnicos no se pasan toda la vida trabajando en las forjas aunque si se dedican la mayor parte del tiempo a ello. Otro de los deberes de un herrero rúnico es buscar los artefactos antiguos que se perdieron cuando les fueron robados a los Enanos en los tiempos de la Era de la Aflicción.

Kadrin Melenarroja realizó un viaje hacia las ruinas plagadas de criaturas de la fortaleza de Karak-Varn encabezando un gran contingente de Enanos. Expulsó a los viles Skavens que habían ocupado el antaño poderoso bastión enano y se retomaron las operaciones mineras, que llevaron al descubrimiento de una rica veta de Gromril. Bajo el sello oficial del gran rey de Karaz-a-Karak, Melenarroja empezó a reconstruir la fortaleza y un gran número de enanos, la mayoría mineros y prospectores, acudieron en masa para establecerse en el bastión conquistado al enemigo.

Durante casi cincuenta años, él y sus seguidores se dedicaron a minar las viejas vetas de gromril y crearon varias armaduras fabulosas con aquel mineral, y las caravanas de mulas que viajaban por las costas de Agua Negra en dirección a Karaz-a-Karak iban cargadas hasta los topes de dicho mineral. El verano de -1136 C.I fue especialmente próspero ya que una sola veta produjo mineral por valor de cinco años de prospección minera. Tal y como mandaba la tradición, una quinta parte de todo ese mineral se envió como diezmo al Gran Rey. Con la intención de proteger el convoy y a la vez visitar al Gran Rey, íntimo amigo suyo, Kadrin Melenarroja acompañó a la recua de mulas.

Sin embargo, él y su ejército fueron asesinados por los pieles verdes en una emboscada que sufrieron a orillas de Agua Negra mientras llevaban un cargamento de mineral. Su caravana fue descubierta por una banda de goblins que avisaron al señor de la guerra de los Kraneoz Malvadoz, Kruk Gorgrim, que les asaltaron dando lugar a la Batalla del Montículo Negro, en la que los enanos fueron derrotados.

Tras quedar gravemente herido, Melenarroja vociferó a los cuatro vientos los juramentos realizados a sus antepasados. Mientras sus fieles camaradas formaban un círculo alrededor, Melenarroja reunió las últimas fuerzas que le quedaban y arrojó el Martillo Milenario lo más lejos que pudo a las profundidades del lago. Sabiendo que ninguna mano malvada blandiría nunca su magnífica reliquia familiar, Melenarroja exhaló su último suspiro y murió. Los Enanos arrojaron todo el Gromril que pudieron fuera del alcance de los Orcos y después lucharon hasta el final con gran determinación, hasta que al final todos y cada uno de los guerreros de Karak-Varn fueron abatidos.

La batalla del Montículo Negro resultó salir más cara a los Enanos que la perdida de una mera recua de mulas cargadas de Gromril. Al quedar desanimados y carentes de la personalidad impulsiva de Melenarroja para levantarles la moral, los Enanos de Karak-Varn empezaron a marcharse. El golpe definitivo llegó cuando las repugnantes criaturas que habían logrado expulsar en su reconquista volvieron a reunirse en gran número y atacaron de nuevo procedentes del subsuelo, matando a los últimos Enanos que quedaban en Karak Varn.

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Enanos (6ª Edición).

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