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Khalida Neferher

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La Gran Reina Khalida Neferher, la Reina Guerrera de Lybaras y la Amada de Asaph, era muy respetada en todas las tierras de Nehekhara y adorada por todas sus súbditos. Su inteligencia, temperamento y valentía eran tan legendarios como su belleza, al igual que su sentido del honor y de la justicia. Pero su reinado fue trágicamente corto, pues fue asesinada cuando estaba en la flor de la vida. Toda Nehekhara lloró su muerte, ya que el pueblo sabia que ella traería la mayor de las glorias al Imperio.

Khalida fue asesinada por su prima Neferata, Reina de Lahmia, en un combate ritual durante un gran festín de celebración. Neferata buscaba la muerte de Khalida, puesto creía que esta última había ido acumulando cada vez mayores sospechas contra ella y su corte. De hecho, las sospechas de Khalida hacia su prima no eran infundadas, ya que Neferata había estado estudiando los textos blasfemos del nigromante Nagash y había intentado recrear la fórmula del Elixir de la Vida del hechicero. Neferata había renacido a una nueva vida, una vida maldita, la vida de un ser de la noche, un ser de las tinieblas: un vampiro. Si Khalida no era silenciada, el oscuro secreto de la corte de Lahmia acabaría por ser desvelado. Por tanto, la sensual reina de Lahmia lanzó una falsa acusación de traición e intento de asesinato sobre Khalida y realizó un alegato durante el banquete de la celebración.

A la Reina Guerrera no le quedó más remedio que salir a la palestra para defender su honor y, furiosa como estaba, ni siquiera designó un campeón y aceptó el duelo personalmente. Ambas mujeres tomaron armas rituales y comenzaron a luchar con ferocidad ante la aterrorizada nobleza de Nehekhara, bailando una grácil danza con sus espadas. Sus hojas cortaban el aire, silbaban y entrechocaban haciendo saltar chispas. Khalida era una habilidosa y poderosa guerrera, pero estas habilidades no podían igualar la antinatural velocidad y la fuerza sobrenatural que atesoraba el nuevo cuerpo de Neferata. Tras un encarnizado combate, Khalida recibió una herida mortal en su estómago y cayó al suelo después de soltar su arma y de que esta produjese un gran estruendo en toda la sala. La sangre manaba abundantemente de la herida abierta. Mientras Khalida aún se convulsionaba moribunda en el suelo, Neferata se acercó a ella, le clavó sus afilados dientes en el cuello y empezó a beber su sangre. Luego se mordió a sí misma en la lengua y, con una mirada triunfal, besó los labios de Khalida, dejando que su sangre vampírica fluyera a través de la garganta de la agonizante reina de los Desiertos Orientales. La gente allí congregada estaba horrorizada y no podía dar crédito a lo que estaba contemplando.

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Al tiempo que la vida escapaba de su cuerpo, Khalida comprendió que la nueva sangre que ahora corría por sus venas estaba corrompida por el mal. Desesperada, imploró a los dioses que la liberasen del mismo abominable destino que había condenado a Neferata. Asaph, la diosa áspid, oyó sus plegarias y se apareció ante la reina. Su bendición hizo que la corrupción del vampiro abandonara su cuerpo, purificándola, aunque al mismo tiempo también drenó toda su fuerza vital. Su sangre, aunque dejó de fluir, quedó libre de la maldición vampírica. En medio del dolor y el llanto, el cadáver de Khalida fue transportado de vuelta a su casa en la ciudad de Lybaras. Los sacerdotes y sacerdotisas de la Diosa Áspid se encargaron del entierro de la reina, puesto que sabían que la bendición de la divinidad a la que adoraban había caído sobre ella. Khalida fue embalsamada con sumo cuidado y sentada en un trono especialmente preparado para ella junto a la representación de la Diosa Áspid, en un templo erigido en honor a la deidad en Lybaras.

Y allí permanece sentada, observándolo todo, con su cara oculta tras una hermosa mascara mortuoria creada a imagen y semejanza de su bello rostro. Cuando su hogar y su gente son amenazados, Khalida despierta, y el poder de la Diosa Áspid Asaph posee su cuerpo, infundiendo vida y poder a sus momificados restos. Su cuerpo vuelve a recuperar la belleza de antaño y su piel se torna gradualmente tan pálida y dura como el más prístino mármol blanco. Delicadamente y con elegancia, se alza de su trono y camina silenciosamente por la cámara hacia la entrada del templo, abriendo a distancia las altas y pesadas puertas con un ligero movimiento de su mano. Sus afamadas legiones de arqueros, enterradas en vastas fosas junto al templo principal, se levantan a una orden suya, para marchar junto a su inmortal Reina Guerrera igual que hicieran en vida, para dar muerte a cualquier intruso que entre en su reino.

La Gran Reina Khalida es la encarnación de la Diosa Áspid, y está llena de energía divina. Su simple mirada produce terror en los corazones de aquellos que se atreven a sostener la mirada, el veneno corre por sus venas y es capaz de moverse con la velocidad de una serpiente. Con este poder, la reina hace la guerra y es el heraldo de la muerte de todos a quienes considere una amenaza. Sólo cuando todos sus oponentes estén muertos volverá Khalida a Lybaras con sus legiones, para volver a sentarse a esperar en su trono. No obstante, aunque Khalida duerma su alma nunca reposa, pues en el fondo de su corazón arde una profunda aversión por todos aquellos que se han visto corrompidos por la vil magia de Nagash, y la Reina Guerrera no podrá descansar en paz mientras un solo vampiro siga vivo.

El Fin de los TiemposEditar

Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos.jpg

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos.jpg

Última Batalla de LahmiaEditar

Khalida rostro.jpg

La Gran Reina de Lybaras murió hace mucho tiempo a manos de su prima, Neferata, Reina de Lahmia. Como ella era la bendecida de Asaph, la Diosa Áspid, Khalida no fue infectada por la mancha vampírica y le permitió morir de forma natural. En tiempos de necesidad Khalida despertaría, pues el poder de Asaph infundiría a sus restos momificados vida de nuevo. Se dice que sólo cuando muera el último vampiro Khalida podrá al fin descansar en paz. Su heraldo, Nefhotep, luchó a pie junto a su Gran Reina en la Última Batalla de Lahmia, sosteniendo en alto su estandarte real.

MiniaturaEditar

ImágenesEditar

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Reyes Funerarios (6ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Reyes Funerarios (8ª Edición).
  • The End Times I - Nagash.

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