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La Advertencia del Cazador de Brujas

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Para el muy benevolente Gran Teogonista, Volkmar de Altdorf

2 de Sigmarzeit

Su Santidad, siguiendo vuestros deseos, me he dirigido a la tierra maldita de Sylvania, cuya frontera crucé el 1 de Sigmarzeit, para investigar los rumores sobre el resurgimiento de los malignos no muertos en esta provincia. Había oído rumores de que un nigromante menor había establecido su residencia en el Castillo Drakenhof, por lo que reuní una fuerza de cuarenta hombres de entre los de nuestra orden, incluido Klaus Kriegsburg, un guerrero sacerdote al servicio del muy reverenciado Sigmar. Estoy convencido de que podremos acabar esta empresa diligente y contundentemente.

Ha sido un viaje largo y duro, pero estoy satisfecho de informarle de que, durante el viaje, quemé hasta los cimientos dos aldeas, Lichenheim y Folburg, a causa de sus inconfundiblemente blasfemos ritos, en los que los campesinos colgaban ristras de ajos y hierba bruja para protegerse del mal. Mis hombres y yo obtuvimos diversas confesiones de brujería, adoración demoníaca y prácticas antinaturales de los campesinos y ordené la pena capital para todos los culpables. No podemos tolerar manifestaciones tan evidentes de magia negra en el sagrado Imperio, por lo que tuvimos que mostrar la justa ira de Sigmar a esos canallas.

23 de Sigmarzeit

Ahora, después de tres semanas en las malditas carreteras y caminos de esta, la más horrenda de las provincias del Imperio, mis hombres y yo finalmente hemos podido distinguir las ruinas del Castillo Drakenhof en el horizonte. Si Sigmar lo permite, podremos llegar a él antes de mañana al anochecer.

24 de Sigmarzeit

Al llegar al castillo mis sospechas se confirmaron inmediatamente, pues las almenas habían sido reconstruidas y en lo alto de la torre del homenaje ondeaba un estandarte con un símbolo de un lobo gruñendo.

La primera resistencia la encontramos en cuanto nos acercamos a las puertas del castillo. Cinco lobos gigantescos, con sus ojos brillando en la oscuridad, aparecieron de la nada y nos atacaron. Mis cuatro mastines, valientes como ellos solos, gimotearon de terror y se negaron a atacarles. Tres de mis hombres murieron en la lucha contra esos cánidos infernales; pues, incluso después de haber sido mortalmente heridas, esas criaturas espectrales seguían luchando. Tuvimos que despedazarlos y, aún así, sus cuerpos siguieron agitándose mucho tiempo después de lo que hubiera resistido cualquier animal normal. Decidimos acampar entre las ruinas de Drakenhof y establecimos una férrea guardia durante la noche. A pesar de ello, tuve un sueño muy agitado y plagado de terribles pesadillas.

Fecha Indeterminada

Ruego a su Santidad me perdone, pues no he podido escribirle desde hace varios días. Me queda poco tiempo y tengo mucho que contaros.

A la mañana siguiente encontré a todos los guardias muertos, con sus caras cenicientas por el terror. Su pelo era blanco, como si hubieran envejecido cincuenta años en una sola noche. Uno de mis hombres decidió abandonar la misión y me vi obligado a dispararle mientras trataba de escapar. No hay lugar para los cobardes en nuestra orden. El resto de mis hombres comprendieron la fuerza de mi argumentación y me siguieron hasta las puertas del castillo.

Atravesamos las puertas del castillo sin encontrar oposición alguna y penetramos en los apenas iluminados corredores del castillo. Antorchas y braseros iluminaban las salas y habitaciones, prueba evidente de que alguien había ocupado el castillo. Llegamos hasta la gran sala de banquetes antes de encontrar nada o a nadie.

En la mesa, sobre un mantel de seda roja, hallamos la horrible parodia del festín de un noble. Las fuentes de plata contenían cadáveres de hombres y mujeres de los que todavía goteaba sangre y las copas de oro estaban llenas de un líquido rojo. He olido muchas veces la sangre, por lo que supe enseguida que esos hombres habían dado sus vidas para alimentar a los comensales que se habían reunido alrededor de la mesa.

En la cabecera de la mesa estaba sentado un hombre alto y enjuto vestido como un noble de antaño. Cuando entramos en la sala, se levantó y sonrió revelando unos caninos largos y afilados. Cuando habló confirmó mis peores sospechas.

"Soy el Conde von Carstein. Bienvenidos a mi casa. Espero que su estancia aquí sea larga. Muy larga".

Ordené atacar inmediatamente. Dieter, mi ayudante, cargó contra el hombre que decía ser von Carstein, pero este le apartó con facilidad, aplastándole el cráneo con la fuerza de su golpe. Ni tan sólo pude ver cómo le golpeaba, tan rápido fue el movimiento de su mano. Esa abominación desenfundó su espada de empuñadura con forma de cabeza de lobo y, en un instante, se plantó entre nosotros. Antes de que pudiéramos ni tan siquiera desenfundar nuestras armas, ya había matado a dos de nosotros. La espada de Hans, mi mejor espadachín, le hirió en el pecho; pero, ni aun así, consiguió tumbar a su adversario, que respondió de forma letal al ataque destripando al valiente Hochlandés.

Klaus, el guerrero sacerdote, levantó su martillo con una plegaria a Sigmar en los labios; pero el Conde clavó sus ojos rojos directamente en los del hombre santo y pronunció una sola palabra. Horrorizado, vi cómo la piel de Klaus se desprendía de sus huesos y cómo su esqueleto caía desplomado al suelo. Entonces, me di cuenta de que nadie podría resistir solo ante tamaño horror y ordené la retirada. Mientras corríamos, pude oír cómo nos perseguía la risa burlona del Conde Vampiro.

Queda poco por contar. Huimos a través de los bosques sylvanios, donde mis hombres fueron cayendo uno a uno ante los perseguidores que el Conde envió tras nosotros: cadáveres que andaban, gigantescos murciélagos chupadores de sangre y enormes lobos no muertos. En estos momentos, sólo quedo yo y estoy mortalmente herido. Mi mente no alberga ya duda alguna, el temible Conde ha regresado a su guarida y vuelve a preparar sus ejércitos para cobrarse una terrible venganza sobre los reinos del Viejo Mundo.

Voy a atar este mensaje al collar de mi último mastín, Stein, y espero que, de alguna forma, consiga llegar a la capital y presentarse ante vos. Ruego a su Santidad que alerte a su Majestad el Emperador del peligro. Si estoy en lo cierto, nos encontramos en un terrible peligro y sólo es cuestión de tiempo que los ejércitos de los no muertos avancen hacia el Oeste para atacar Stirland y Ostland,como ya hicieran hace trescientos años.

Incluso en la muerte sigo siendo vuestro más humilde servidor,

Gunther Stahlberg,

Capitán de los Cazadores de Brujas de la Hermandad Secreta de Sigmar.

Mi señor Von Carstein, hemos recuperado esta carta antes de que pudiera llegar a Stirland. He supuesto que a su señoría le divertiría leerla

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