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La Aventura de Marco Colombo

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Llegada a Lustria.jpg
Aproximadamente Año Imperial 1492

Marco Colombo era un comerciante Tileano que "compró" un mapa en una taberna a un aventurero Nórdico borracho. Espoleado por el mapa, empezó a preparar una expedición a Lustria. Despues de intentar durante varios años reunir los fondos necesarios en las ciudades de Tilea, siempre demasiado ocupadas en librar guerras civiles entre sí como para preocuparse de una empresa como aquella, consiguió la financiación de uno de los Señores Mercenarios Condottieri y fletó tres buques. Por desgracia, tuvo que contratar algunos tripulantes de reputación bastante dudosa, que le causaron un buen número de problemas. Marco llegó a Lustria, y después de vivir muchas aventuras regresó a Tilea con suficientes tesoros como para equipar su propio ejército y hacerse con el Señorío de una pequeña Ciudad Estado. A partir de entonces, dispuso de tiempo suficiente para dedicarse a narrar sus viajes de exploración. Marco fue muy hábil en su trato con los Hombres Lagarto e intentó establecer con ellos unas relaciones amistosas basadas en el comercio y no en el píllaje.

Los siguientes son algunos apuntes del relato de sus aventuras en las tierras de los Hombres Lagarto.

Sorprendentemente, existe asimismo un relato de los Hombres Lagarto que cuenta la expedición de Marco. Los escribas Eslizones plasmaron por escrito, en tablillas de arcilla, la narración de lo ocurrido. Marco consiguió hacerse con algunas de estas tablillas y las llevó consigo cuando regresó a Tilea, debiendo realizar un notable esfuerzo para traducir los glifos. Al compilar la narración de sus aventuras, incluyó también extractos de la versión de los Hombres Lagarto sobre los sucesos para mostrar las dos caras de la historia.

Marco Desembarca en la Costa de LustriaEditar

MARCO: En la fiesta de la sagrada Myrmidia, nuestro vigía en lo alto del palo mayor avistó tierra. Estaba seguro de que finalmente habíamos llegado a Lustria. Hacía ciento cuarenta y cuatro días que nos habíamos hecho a la mar, y los Hombres estaban cada vez más inquietos. En las últimas jornadas había visto reflejada en sus ojos la intención de amotinarse.

Ahora todo el mundo bromeaba, y la perspectiva de disfrutar de agua fresca, comida y quizá riquezas borró cualquier pensamiento perverso que hubieran podido albergar en sus mentes. Anclamos a poca distancia de la costa y nos preparamos para desembarcar al día siguiente.

ARCHIVO DE LOS ESCRIBAS ESLIZONES: En aquel tiempo, el Señor Xtli recordó la profecía de Zhoel Tlapoc. Se consultó la placa correspondiente, y así nos fue revelado que los bárbaros aparecerían al amanecer del decimoquinto día, después del cenit de la estrella de Itchli. Itzi Tepl fue a vigilar con los cresta verde.

NOTA HISTÓRICA: Las tres naves de Marco llegaron a Lustria muy al Sur de la colonia Nórdica de Skeggi, pero afortunadamente también muy al Norte de la Costa del Vampiro.

Marco era un excelente navegante y había elegido deliberadamente una ruta que evitase cualquier posibilidad de enfrentamiento con piratas, naves Élficas de Ulthuan o naves Nórdicas. Marco desembarco cerca de la ciudad de Tlax.

MARCO: Al día siguiente ordene que los prisioneros Skaven, que había comprado a un precio desorbitado a Giacomo de Miragliano, fueran sacados de la bodega.

Apestaban y proferían a gritos sus maldiciones contra nosotros. Toda la tripulación se sentía feliz de verse libres de ellos. Su presencia a bordo había sido la causa de los mayores rencores que los Hombres habían sentido contra mí. Sin embargo, sabía lo que estaba haciendo, y la molestia pronto traería las recompensas esperadas. Los prisioneros fueron desembarcados y atados a estacas en la playa junto a un montón de tesoros que había reunido por todo el Viejo Mundo. Estos tesoros eran producto de los saqueos llevados a cabo en Lustria a lo largo de los siglos, y había representado un elevado coste humano y material localizarlos y comprarlos para esta expedición. Ordene entonces a los Hombres que regresaran a las naves. Una vez estuvieron todos de nuevo a bordo, ordene disparar los grandes cañones para llamar la atención de los lugareños. Repetí esta orden cada hora, aunque los Hombres pensaron que estaba loco por desperdiciar tanta pólvora.

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Faltaba poco para el ocaso, y yo mismo empezaba a preguntarme si todo el esfuerzo habría sido en vano, cuando por fin aparecieron. Estábamos anclados lo suficientemente cerca de la costa como para poder verlos sin necesidad de recurrir a un catalejo. Por lo menos había cincuenta criaturas pequeñas, de las denominadas Eslizones. Su oficial era un magnífico ejemplar, tocado con grandes plumas y acompañado por un Eslizón con un tambor y otro que sostenía un tótem con la representación estilizada del sol. Observamos como inspeccionaban el montón de tesoros. Parecían muy excitados. Entonces su oficial ordenó que cogieran a los prisioneros Skavens, cosa que hicieron con gran entusiasmo, atándolos a palos de acarreo y desapareciendo en la jungla. Prepararon un hatillo con el tesoro, y también se lo llevaron. Al día siguiente, al amanecer, descubrimos un enorme montón de frutas y calabazas en la playa, en el mismo lugar en que habíamos dejado nuestros regalos. Entonces envié varias chalupas a recogerlas. Nuestro desayuno se convirtió en un festín. De todo cuanto hallamos, la fruta fue lo más apreciado y también lo más necesario. ya que muchos miembros de la tripulación padecían escorbuto. Las bebidas alcohólicas contenidas en las calabazas eran muy fuertes. ¡De hecho eran excelentes! Los insectos secos eran casi soportables.

ARCHIVO DE LOS ESCRIBAS ESLIZONES: Los bárbaros ofrecieron un tributo de Engendros Rata a Sotek y devolvieron muchos objetos sagrados que habían sido robados de Tlax y también de Huatl, Xahutec, Hexoatl y otros muchos lugares. ¡Nunca jamás había ocurrido una cosa semejante!

NOTA HISTÓRICA: Marco había llevado a cabo una exhaustiva investigación durante los años que había dedicado a reunir los fondos necesarios para el viaje. Interrogó a todos los comerciantes, aventureros y viajeros que pudo encontrar sobre Lustria, y leyó todos los relatos que cayeron en sus manos. Marco sabía que los Hombres Lagarto combatieron en una ocasión contra los Skaven y que sacrificaban a los prisioneros como ofrenda a su Dios principal. La mayoría de las ciudades de Tilea tenían que enfrentarse a los Skaven con bastante frecuencia, y pudo persuadir a sus habitantes con oro para que capturaran a unos cuantos con vida para él. ¡El deseo de hacer la guerra a los Hombres Rata era una de las cosas que compartían los Tileanos y los Hombres Lagarto!

Marco es Bienvenido en TlaxEditar

Mago Sacerdote Slann Imagen 5ª.jpg

MARCO: Nuestros regalos habían sido bien recibidos por los Hombres Lagarto, así que decidí arriesgarme a desembarcar con un pequeño grupo de Hombres. Sólo tomamos nuestras dagas y espadas por si debíamos defendernos, pero no queríamos dar la impresión de que estábamos buscando un enfrentamiento. Levantamos un pequeño campamento en la playa y después, tras dejar a unos pocos Hombres para vigilar los botes, conduje al resto del grupo tierra adentro. Encontramos una pequeña plataforma en ruinas. Sobre ella, dispuestos en orden de batalla, había un grupo de Eslízones y algunos Guerreros más grandes y feroces llamados Saurios. Sentada frente a ellos en un palanquín dorado estaba una criatura parecida a un gran sapo abotagado. Eso era algo con lo que no contaba, a pesar de que algunos Nórdicos a los que había interrogado en el Viejo Mundo me habían dicho que existían tales criaturas, y que en realidad se trataba de los sacerdotes y gobernantes de los Hombres Lagarto. Eran los denominados Slann. Yo no sabía si este personaje era el Rey de esta región o tan sólo un líder importante.

El Eslizón que estaba más próximo al trono palanquín tomó la palabra. Al principio pensé, debido a su áspera dicción, que hablaba en su propia lengua, pero entonces me di cuenta de que ¡estaba dándome la bienvenida nada más y nada menos que en Bretoniano!

ARCHIVO DE LOS ESCRIBAS ESLIZONES: El Señor Xtli envió al Mago Zltoc al encuentro de los extranjeros. Estos bárbaros eran muy parecidos a los que habían desembarcado en las proximidades de Huatl en el equinoccio de Tlac Ipec varias docenas de ciclos de sol atrás. Pensamos que podían hablar la misma lengua, y el Mago Zltoc llevó consigo al escriba Huinipachutli, quien conocía muchas palabras de aquel extraño lenguaje.

MARCO: Afortunadamente, yo hablaba bastante bien el Bretoniano, pero me resultaba bastante difícil entender la pronunciación del intérprete Eslizón, ya que este no podía adaptar fácilmente su lengua reptiloide a los puntos bucales adecuados para la articulación de dicho alfabeto.

En primer lugar, me informó de que las ofrendas habían complacido a su Dios, Sotek. Respondí que yo era Marco Colombo de Remas, y que tenia por toda intención establecer un comercio pacífico con los de su raza. El Eslizón habló en su propia lengua con su amo. El dignatario mantuvo la misma inescrutable expresión en su rostro. ¡En realidad, parecía mucho más interesado en los mosquitos que zumbaban a su alrededor que en nosotros! Despues de preguntar quién era aquel gran dignatario, el Eslizón respondió que me encontraba ante la augusta presencia del Mago Zoltoc de Tlax.

NOTA HISTÓRICA: Marco está intentando deletrear Zoltoc de Tlax como él creyó entenderlo.

Entonces Zoltoc pronunció una sola palabra. El Eslizón hizo un gesto de asentimiento y me preguntó por qué había ido a su tierra, a lo que yo contesté que deseaba comerciar.

Zoltoc croó una sola vez.

-No necesitamos comerciar -tradujo el Eslizón.

Yo no había previsto una respuesta como esta. Debía pensar deprisa.

-¡Esperad! -dije-. Puedo haceros una oferta que no podréis rechazar.

El Eslizón parecía interesado, hasta lo que yo llegaba a adivinar.

-Tenéis muchos enemigos -proseguí- los Hombres Rata, los Nórdicos, los Naggarothi, los corsarios Árabes y otros muchos.

El Eslizón hizo un gesto de asentimiento, mostrando su acuerdo y escupiendo vehementemente ante la mención de los nombres de los enemigos de su pueblo.

-Yo tengo tres naves, con muchos cañones mortíferos.

Eslizones de Sotek por Andrew Olson.jpg

Habéis oído sus disparos. Con ellos puedo hundir los barcos de vuestros enemigos antes de que se acerquen a la costa, o sorprenderlos cuando intenten abandonar vuestras tierras recuperar los tesoros que os hayan robado para devolvéroslos.

El Eslizón explicó todo esto a su amo, que estaba observando un moscardón que revoloteaba ante su cara. Entonces, rápidamente lo engulló y con una expresión de satisfacción croó una vez. Inmediatamente, el interprete me preguntó que por que íbamos a molestarnos en luchar contra sus enemigos.

-Lo haremos por dos razones -respondí- también son nuestros enemigos y... a cambio de oro o gemas.

En este punto, los Hombres Lagarto dejaron las negociaciones y llevaron a su líder al interior de la jungla. Un fuerte contingente de Guerreros Saurios permaneció en el lugar para impedir que siguiéramos avanzando tierra adentro. Por tanto, decidimos regresar a nuestro campamento.

ARCHIVO DE LOS ESCRIBAS ESLIZONES: Yo, Huinipachutli, hablé con el líder bárbaro. Éste expresó su deseo de intercambiar objetos con nosotros. ¡Qué estúpido! ¡Qué ignorante! ¡Qué podían tener estos bárbaros que nosotros pudiéramos desear!

Entonces se ofreció a destruir a nuestros enemigos en el mar y devolvemos los objetos sagrados robados. Esto fue una señal de inteligencia. ¿Acaso él era consciente de que esos objetos son tan importantes para nosotros y de que pertenecieron en otra época a los Ancestrales? Entonces pidió a cambio de su servicio oro o gemas. ¡Qué vulgar! ¡Qué predecible! ¿No sabía que el oro es sólo para los Magos Sacerdotes y para los Ancestrales? ¿Por qué siempre quieren oro estos bárbaros? ¿Qué hacen con él? ¿Se lo comen? ¿Por qué no pedían Gusanos Xtchoc o brebaje de cactus, que les serían mucho más útiles? Más tarde, el Mago Zltoc dijo “Es tan difícil comprender sus mentes como ver el azul oscuro en un foso poco profundo”.

El Señor Xtli ordenó que las negociaciones debían continuar porque había tres cosas que deseaba saber de los bárbaros que preocupaban a su gran mente. Estas eran la anchura exacta del Gran Charco en el meridiano de Xochutl, si Sotek había aparecido en sus tierras y cómo se multiplicaban los "Recién Llegados".

Marco es Interrogado por los Magos SacerdotesEditar

Ciudad Templo Hombres Lagarto por Jonathan Kirtz.png

MARCO: Unos días después, un contingente de Eslizones y el intérprete con el que anteriormente había hablado se aproximaron a nuestro campamento. Fui invitado a seguirles hasta la ciudad. Aparentemente a ser honrado con una audiencia de su gobernante Zoltoc, que al parecer tan sólo era un sacerdote de baja categoría en su jerarquía. Tenía que ir solo, pero varios oficiales Eslizones permanecerían en el barco para demostrar a mis Hombres la buena voluntad de sus acciones. Dejé a Giovanni al mando con orden de azotar a cualquiera que cometiese un acto de indisciplina. Sabía que estaría bien alerta en busca de una oportunidad para utilizar el látigo! Me llevaron a la ciudad llamada Tlas (es decir, Tlax), en una silla de manos, lo cual supuse que era un gran honor. La ruta seguía sinuosos caminos por la jungla y viaductos a través de amplias extensiones de pantanos. Finalmente, tomaron una carretera recta, muy bien pavimentada, flanqueada a intervalos con estatuas enmohecidas que representaban sapos y lagartos en actitud amenazadora. Después de un largo rato entramos una gran plaza, llena a rebosar de Eslizones ocupados en todo tipo de actividades. Por ser un extraño, desperté entre ellos un gran interés. Fui transportado a través de la amplia plaza enlosada hacia una de las enormes pirámides que la rodeaban por tres de sus lados. Los porteadores me subieron por un número incontable de peldaños hasta la plataforma superior de la pirámide.

Mirando a mí alrededor desde lo alto pude contemplar el diseño de la ciudad. Había muchas pequeñas pirámides arracimadas alrededor de las pirámides más grandes, y también otras terrazas como esta, numerosos estanques rectangulares que brillaban a la luz del sol, altos obeliscos tallados y pintados con signos muy complicados. Un edificio aún estaba en construcción. Pude ver bestias gigantescas, que parecían un cruce entre un dragón y un elefante, arrastrando pesados bloques de piedra a lo largo de grandes rampas.

Ciudad Templo por John Blanche Eslizones.png

El estrépito de miles de Eslizones picando las piedras con cinceles llegaba a mis oídos, así como las órdenes de los capataces que dirigían los trabajos. El olor a incienso que flotaba en el ambiente atrajo mi atención hacia el gran portal por el que estábamos a punto de entrar. Se hallaba flanqueado por varios Guerreros Saurios revestidos con corazas y grebas de bronce y cobre decoradas con ceñudas caras de lagarto. La habitación estaba iluminada mediante claraboyas, y a mi alrededor podía ver pinturas murales representando glifos, criaturas reptiloides y lo que parecían ser mapas celestes y terrestres.

Al fondo de la larga cámara, vislumbre a una criatura gigantesca sentada en un dorado palanquín-trono situado sobre una tarima tallada. Esta formaba una isla en el centro de un pequeño estanque rectangular.

Había varios guardias y Eslizones alrededor de la criatura, muchos de los cuales, los que ocupaban las filas posteriores, estaban tocados con plumas. Mientras me llevaban ante ella, pude ver que se trataba de otro de los Magos Sacerdotes, pero era incluso más grande y más abotagado que el que había visto con anterioridad. Era obvio que aquellos sapos gigantescos actuaban como Sumos Sacerdotes y líderes de los Hombres Lagarto, y supuse que se trataba del Jefe Supremo de la ciudad. Mi palanquín fue depositado frente al soberano, que comenzó a observarme con sumo interés y curiosidad, guiñando primero un ojo y después otro. Huinipachutli, el intérprete, empezó a hablar a su amo en su extraña lengua. De vez en cuando, el Grande respondía con un croar bastante neutro y despreocupado y un guiño, o simplemente con un movimiento de su ornamentado matamoscas. Entonces Huinipachutli nos presentó:

-El Señor Xtli os da la bienvenida.

Yo respondí que me sentía muy honrado de ser recibido por tan majestuoso y poderoso Príncipe, gobernante de aquella poderosa y próspera ciudad. Mis palabras fueron muy bien acogidas. ¡Menos mal!

Este ritual de intercambio de galanterías diplomáticas continuó durante un cierto tiempo, hasta que me impaciente e intenté conducir la conversación hasta los asuntos que me habían llevado al lugar.

- Señor Exteli, deseo haceros una oferta que no podéis rehusar.

El intérprete se detuvo un momento y luego dirigió unas cuantas palabras al gran sapo. Este parecía contento. Yo proseguí con los detalles de mi oferta, abundando en que sería un buen trato para una nación que no disponía de barcos para defender sus costas, pero sí de valiosos tesoros que atraían a los ladrones como un cadáver a las moscas.

Huinipachutli siguió traduciendo, mientras el gran sapo se limitaba a guiñar un ojo y parecer contento consigo mismo. Estaba empezando a sentirme frustrado. ¿Le parecía bien el trato o no? Entonces me di cuenta de lo que estaba haciendo el Eslizón.

-¿No le estáis traduciendo mis palabras, verdad? ¿Qué es lo que le habéis dicho?

Estaba en lo cierto, ya que Huinipacbutli respondió:

-He puesto en vuestra boca las siguientes palabras: ¡Qué bello amuleto lleváis! ¡Ojalá el estanque del Señor sea siempre profundo!

-¿Por qué no traducís fielmente mis palabras? -pregunté, sin poder contener mi indignación-. ¡Creía que había sido traído aquí con el propósito de llegar a un acuerdo que beneficiase a ambas partes!

-Sois un bárbaro muy irrespetuoso -respondió Huinipachutli visiblemente alterado-. ¡Muy ignorante! ¡No es educado hacer una pregunta directa al Señor Xtli, y menos aún sobre problemas tan mundanos!

Me resigné a permitir que el Eslizón llevara el peso de las negociaciones para evitar que pudiera terminar ofendiendo al Gran Jefe, porque ¿quién sabe lo que podría pasar entonces?

-El Señor Xtli desea haceros algunas preguntas –dijo Huinipachutli.

Gran Slann por Wayne England.jpg

ARCHIVO DE LOS ESCRIBAS ESLIZONES: El bárbaro respondió a las preguntas del Señor Xtli. Las respuestas a las dos primeras preguntas fueron muy satisfactorias para el Señor Xtli. El bárbaro dibujó un mapa y mostró la anchura del Gran Charco. Así, el Señor Xtli se sintió satisfecho al saber que la separación de los dos continentes no había sufrido alteración alguna desde la Era de los Ancestrales. El bárbaro dijo que Sotek, el poderoso Dios serpiente, nunca había sido visto por sus tierras. El Señor Xtli se, puso muy contento porque significaba que Sotek había regresado a su morada en el subsuelo de Lustria. El bárbaro respondió a la tercera pregunta acompañando sus de gran gesticulación. El Señor Xtli quedó muy intrigado al oír que la luz tenue, la música suave y los brebajes alcohólicos eran esenciales para que los "Recién Llegados" pudieran intentar multiplicarse. Esta fue exactamente la misma respuesta que dio un Enano cuando fue interrogado en tiempos del Señor Zepec. ¡Obviamente los Ancestrales nunca debieron ni pensar que aquellas criaturas heredaran la tierra!

A Marco le conceden una Isla como baseEditar

MARCO: Finalmente no necesite otra audiencia con el Señor Exteli para cerrar el trato. En lugar de ello, en los días siguientes me entrevisté con los Jerarcas Eslizones, quienes se encargaban de todos los asuntos para que los Magos Sacerdotes no fueran molestados con a problemas tan triviales. Huinipachutli se ocupó de la traducción, si bien, esta vez, de una forma mucho más exacta.

Los Jerarcas Eslizones, Ylopulqua, Manquoxutni, Anquipanqui, Dotpechuini y Mancixapati, reflexionaron sobre mi oferta durante largo tiempo. Después dijeron que habían consultado sus oráculos y que les habían revelado que llegarían otros bárbaros, pero que no serían tan razonables como yo. Por tanto, habían decidido contratar mis servicios, pero no a cambio de oro, dado que este solo podía ser usado para fabricar objetos sagrados. Les pregunté que estaban dispuestos a ofrecerme a cambio, y me mostraron muchos productos propios de su tierra, como especias, gusanos, pociones y colmillos de los grandes monstruos que utilizaban como bestias de carga.

Probablemente, por algunos de estos productos podría obtener un alto precio en el Viejo Mundo, pero no dejaba de entrañar cierto riesgo y, por añadidura, mis Hombres esperaban salir del lugar con un cargamento de oro, y no de cachivaches.

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Entonces me fije en que uno de los escribas Eslizones tenía un ábaco con el que realizaba los cálculos. Me acerqué más y no pude dar crédito a lo que veían mis ojos. Las cuentas que lo formaban eran las perlas más enormes y perfectas que jamás había visto.

-¿Tenéis más de estas? -pregunte de inmediato.

Respondieron que tenían tal cantidad de ellas que incluso acostumbraban a escupírselas los unos a los otros por pura diversión después de una buena ingestión de ostras de agua dulce.

-Servirán perfectamente -dije.

Para mi sorpresa, me ofrecieron tantas como quise.

-Si incluís las especias y las pociones en el trato, podemos dar el asunto por zanjado -añadí con mi habitual rapidez mental.

Parecieron sorprendentemente satisfechos con las condiciones propuestas. Además. Huinipachutli me dijo que podía instalarme en una pequeña isla costera y utilizarla como base para mis naves, y que me proporcionarían todas las provisiones que necesitara. Más aún, me darían una gran recompensa por cada enemigo capturado y entregado a Sotek, así como por cada objeto sagrado que devolviera a sus legítimos dueños.

ARCHIVO DE LOS ESCRIBAS ESLIZONES: Los Jerarcas Eslizones decidieron alcanzar un acuerdo con el bárbaro. Manquoxutni dijo:

-No podemos permitirle regresar a su tierra con un gran tesoro, porque se lo contara a otros, y estos vendrán con gran codicia en sus corazones. Pero tampoco podemos permitir que se vaya con las manos vacías, pues podría regresar con un contingente aún mayor y declararnos la guerra. Si, por el contrario, decidimos sacrificarlos a Sotek, deberemos luchar para capturarlos a todos, y corremos el riesgo de que alguno logre escapar con vida y volver con refuerzos.

-La mejor solución a este problema -afirmó Ylopul- qua- es que se queden aquí, donde podemos vigilarlos. Si su palabra es de fiar, lucharán contra nuestros enemigos y, aun en el caso de que consigan la victoria, perderán algunos efectivos. Mientras tanto, pueden mantener a los otros extranjeros alejados de nuestras tierras.

-Además, el bárbaro está dispuesto a hacerlo por un puñado de cuentas –añadió Huinipachutli.

Marco presencia una batalla entre Hombres Lagarto y Elfos OscurosEditar

Elfos Oscuros Lustria.jpg

MARCO: Permanecí en Tlax otros dos días después de cerrar el trato, y al tercer día estaba preparado para partir con muchos porteadores Eslizones cargados de un pago en perlas, especias y pociones con el que esperaba impresionar a mis camaradas y aplacar sus traicioneros corazones. Por desgracia, ese mismo día los Elfos Oscuros, la raza maligna que en mi país había saqueado Remas, atacó la ciudad de Tlax.

La ciudad fue tomada por sorpresa. Los asaltantes, un gran contingente, habían remontado el río hacia el Norte y se habían acercado a la ciudad desde el Oeste. Al menos, eso significaba que mis Hombres estaban a salvo. En realidad, el hecho es que desconocían la situación y, por tanto, en ningún momento se plantearon el ir a rescatarme.

Fue Huinipacbutli quien me informó de la causa de aquella conmoción. Ambos nos refugiamos en una de las plataformas de la pirámide para seguir desde allí el curso de la batalla. Todos los Eslizones se habían marchado al amanecer, portando sus estandartes, al son de los tambores. Era un panorama formidable. Tras ellos habían partido varias cohortes de Saurios, formados en unidades apiñadas y prefiriendo gruñidos amenazadores. La marcha la cerraba un monstruo pesado, provisto de unos cuernos gigantescos y una gran cresta coriácea. Sobre su lomo, balanceándose precariamente, llevaba sujeta una estructura elevada, repleta de Eslizones armados hasta los dientes con Arcos y jabalinas. Huinipachutli dijo que había otras tropas dirigiéndose al campo de batalla, pero que no las veíamos porque estaban más lejos, en los flancos, y que se aproximarían sigilosamente a través de los pantanos. El mando del ejército había sido confiado al Mago Zltoc, a quien yo ya conocía. Esto se debía a que el Señor Xtli estaba muy enfrascado en sus reflexiones como para ser molestado por tan poca cosa. Los flancos izquierdo y derecho estaban al mando de los Capitanes Eslizones Copacetl y Wochuluquinat.

Elfos Oscuros vs Hombres Lagarto.jpg

El ejército de Hombres Lagarto desapareció en la jungla, pero podíamos oír a lo lejos el fragor de la batalla. El estrépito siguió escuchándose durante algún tiempo, y daba la sensación de que iba acercándose gradualmente. De repente, algunos grupos dispersos de Eslizones salieron de la jungla y atravesaron la plaza, seguidos de reducidos grupos de Saurios, que parecían retroceder a regañadientes, girándose de vez en cuando como si quisieran volver hacia el bosque, retrocediendo un poco más y volviendo a girarse hacia la espesura. Nerviosos oficiales Eslizones iban de un lado a otro intentando reorganizar a sus Guerreros y agitando sus estandartes. Finalmente, consiguieron formar una línea de batalla a lo largo de la plaza, de cara a la jungla. Huinipachutli estaba muy agitado; se movía de un lado a otro y rechinaba los dientes.

-No bueno- Repetía una y otra vez.

Entonces, el enemigo surgió de la maleza y penetró en la plaza, tras vacilar durante un breve instante. Los Elfos Oscuros formaron un muro de Guerreros cubiertos de la cabeza a los pies con capas de color azul oscuro y armaduras negras. Sobre sus cabezas ondeaban los estandartes de color rojo brillante; sus escudos llevaban grabados unos cráneos horribles. En el centro, claramente visible, marchaba un grupo de enloquecidas Elfas Brujas. ¡Oh sí, ya las había visto antes, y sabía que había que temerlas y odiarlas! Humillaban e insultaban a los Hombres Lagarto; iban embadurnadas de sangre e incitaban con sus gritos al resto del ejército. Alrededor de ellas había un grupo de hechiceros, Elfos y Elfas, fácilmente distinguibles por las chisporroteantes energías que crepitaban de los orbes y báculos que empuñaban en actitud amenazadora. Uno de ellos era, evidentemente, su General.

Batalla Hombres Lagarto Lluvia Flechas.jpg

La horda siniestra ignoro la lluvia de flechas disparada por los Eslizones, y empezó a avanzar con gran disciplina. Chocaron con los Saurios y rechazaron a los Eslizones, que de nuevo emprendieron la huida. Esta vez no había lugar para la retirada en el limitado espacio de la plaza, por lo que los Eslizones se dirigieron a las escaleras de las pirámides. Los Saurios también cedieron terreno, pero pude observar cómo al menos una unidad entera de estos valerosos Guerreros se negaba a retroceder a pesar de que estaban siendo aniquilados por las Espadas de los Elfos Oscuros. Los gritos de los Elfos Oscuros y los rugidos de los Saurios eran terribles. Los supervivientes de una cohorte de Saurios se retiraron hacia la escalinata de nuestra pirámide. No había escapatoria posible ni para mí ni para Huinipachutli. Si aquellos Saurios caían, nosotros también moriríamos.

-¿Ha llegado nuestra hora? -pregunte al Eslizón.

-Todavía no, todavía no -respondió, haciendo un gesto de negación.

El enemigo había avanzado a través de la plaza, obligando a la línea de Hombres Lagarto a replegarse pivotando hacia nuestra pirámide, donde los Saurios libraban un desesperado combate en la escalera, golpeando salvajemente a sus atacantes y deteniéndose tan sólo para arrancar los virotes de ballesta que se clavaban en sus gruesas pieles. La situación parecía desesperada. La Gran Pirámide situada a nuestra derecha estaba cubierta de Elfos Oscuros, y todo daba a entender que la habíamos perdido.

De repente, llegó a nosotros el inquietante sonido de muchas flautas de caña y rl redoblar de grandes tambores. Una procesión de músicos Eslizones y Saurios equipados con armaduras de bronce y empuñando Alabardas surgió de un gran portal oscuro que había en la plataforma superior de la pirámide. Detrás de ellos contemplamos una imagen extraordinaria: cuatro Saurios equipados con armaduras construidas a partir de huesos de monstruos gigantescos llevaban en un palanquín lo que parecía ser un amasijo de trapos atados con cuerdas y cubiertos con plumas de colores y resplandecientes objetos de oro. Sujeta a la cabeza de aquel amasijo había una máscara dorada con la forma de un ceñudo Slann.

Sus descomunales e inexpresivos ojos de concha y topacio eran desconcertantes. El palanquín oscilaba y se bamboleaba de un lado a otro, ya que los porteadores danzaban al ritmo de los tambores y las flautas. Era una extraña melodía hipnótica que jamás podré olvidar. ¡Incluso hoy en día me obsesiona!

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El extravagante grupo descendió por la escalinata dirigiéndose hacia el enemigo. Huinipachutli estaba muy excitado. Sus mejillas y su garganta se dilataron mientras prefería un bramante croar. En los escalones de la Gran Pirámide, los Eslizones y los Saurios que luchaban en pequeños grupos cercados parecían estar de nuevo pletóricos de vigor con la visión del amasijo que avanzaba. Más tarde descubrí que aquel bulto era en realidad un Gran Mago momificado, un tótem muy antiguo y venerado. De repente, los portadores del palanquín y los Saurios equipados con armaduras de bronce cargaron contra las dubitativas filas del enemigo con tal fuerza, que los Elfos Oscuros cayeron escaleras abajo por la pirámide hasta la plaza, quedando empalados en las Lanzas de sus camaradas que estaban subiendo por la escalinata. Los regimientos de Elfos Oscuros empezaron a ceder terreno y retrocedieron al unísono, como una gigantesca bestia herida.

Al ver lo que sucedía, el grupo de hechiceros enemigos que dirigía la batalla, al frente del cual se encontraba el propio Rey brujo Malekith, avanzó y lanzó una lluvia de bolas de fuego y energía chisporroteante contra la momia. Durante un breve instante, toda la escena quedó oscurecida por la espesa humareda. Las flautas y los tambores callaron durante un segundo, pero volvieron a sonar de inmediato, quizá más fuerte y más rápido que antes. La humareda se disipó y pude ver que el palanquín y su ocupante, muerto hacía ya mucho tiempo, habían salido casi indemnes del ataque, aunque presentaban un aspecto bastante andrajoso. Sus porteadores seguían avanzando con el por encima de montones de enemigos muertos, degollando sin piedad a las enloquecidas Elías Brujas que intentaban atacar el palanquín con sus dagas.

Miré una vez más a mi alrededor. Los restos de las cohortes de Eslizones y Saurios estaban reagrupándose en torno a sus estandartes y lanzaban rabiosos contraataques contra los Elfos Oscuros. Los hechiceros enemigos maldecían furiosos y todos, a excepción del Comandante, cargaron entre las Elfas Brujas para atacar el palanquín. Entonces pudo oírse el sonido espeluznante de las armas mágicas golpeando contra el bronce y el oro y lanzando abrasadores destellos. Cayeron algunos fragmentos de la harapienta momia. Después se produjeron más explosiones y nuevos destellos de luz, y los hechiceros huyeron gritando en todas direcciones, siendo rápidamente exterminados por las Alabardas de los Saurios.

El palanquín siguió avanzando inexorablemente, con apretadas filas de Saurios a sus flancos. Ya estaban en la plaza, amenazando a las Elfas Brujas y a una masa heterogénea de lo que quedaba del resto de regimientos, obligándolas a retroceder hacia un gran estanque rectangular. ¡No había escapatoria posible para los Elfos Oscuros! Estaban rodeados por todas partes, de espaldas al estanque.

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Esto les dio fuerzas para luchar aún con más ferocidad, pero fue en vano. Cada vez que los Hombres Lagarto avanzaban unos pocos pasos, la última fila de Elfas Brujas y Guerreros caía al estanque. Los gritos de las Elfas Brujas eran diabólicos y aterradores, y el agua hervía y se teñía más y más de rojo. A mi lado, un jubiloso Huinipachutli brincaba de un lado a otro, dando rienda suelta a su excitación.

-¡Pirañas, pirañas! -gritaba.

-¡A ver si salís de ahí rejuvenecidas! -grité yo, uniéndome a su alborozo.

La carnicería continuó hasta que la última fila de Elfos Oscuros murió en las aguas del estanque, que ya estaban teñidas de un rojo escarlata muy oscuro. En verdad, pude ver cómo los peces saltaban por el aire para morder a sus víctimas antes incluso de que llegasen a tocar el agua. El Comandante enemigo fue el último en caer al estanque para ir al encuentro de su merecida muerte, y pude observar cómo su alma maligna formó una nube negra, que permaneció durante un instante sobre las hirvientes aguas antes de desvanecerse para siempre. Cuando no quedó ningún Elfo Oscuro con vida en la plaza, los Saurios regresaron con el palanquín y lo introdujeron reverentemente en la pirámide al son de la música de los Eslizones, que tocaban ahora una melodía distinta. Debo admitir que compartía la satisfacción de Huinipachutli por haber presenciado la aniquilación de la horda oscura de Naggaroth.

-¡Por fin, Remas ha sido vengada! -exclamé, dando rienda suelta a mi alegría.

Marco Recupera los Objetos Sagrados de TlaxEditar

MARCO: Después de la batalla hubo momentos de gran agitación. Huinipachutli corrió de un lado a otro de la ciudad, y yo tras él, pegado a sus talones, intercambiando palabras con varios oficiales que reagrupaban a su Guerreros. Vi cómo un grupo de Elfos Oscuros que habían sido hechos prisioneros era arrastrado, escupiendo y maldiciendo, hacia las escaleras de un templo por varios Saurios enfurecidos.

-Para Sotek –dijo Huinipachutli.

También me explicó lo que había sucedido. Según Huinipachutli, en ningún momento temió la derrota. Yo, sin embargo, pensaba que había estado muy cerca, pero no manifesté mi opinión. Según mi intérprete, el enemigo no tuvo oportunidad alguna desde el instante en que apareció el Señor Kroak. Por lo que respecta al Señor Xtli, ¡no había sido molestado porque estaba reflexionando sobre un cálculo de gran trascendencia!

Terradones dibujo.jpg
Varios oficiales Eslizones se aproximaron a nosotros y hablaron con Huinipachutli. Al parecer, algunos de los viles enemigos habían conseguido huir y lo que era peor, habían saqueado una de las piramides menores durante la batalla. Por supuesto, habían sido perseguidos por jinetes montados en Terradones, pero se habían hecho a la mar en una de sus serpientes marinas. Debo aclarar que los Terradones son gigantescos reptiles voladores que pueden llevar a dos jinetes sobre sus lomos. Son animales capaces de soportar el peso de grandes rocas que, en combate, dejan caer sobre sus enemigos. Pero si los Eslizones hubieran atacado la nave en retirada con el mismo sistema, los objetos sagrados se hubieran perdido para siempre en el fondo del mar.

-Tú tienes barcos. Debes recuperar los objetos sagrados según lo acordado -dijeron.

Efectivamente, tenían razón, habíamos hecho un trato y estaba obligado a cumplirlo. Pero no podía llegar a mis naves a tiempo para capturar a los saqueadores.

-Volaremos hasta ellas en un Terradón, y cumpliréis vuestra misión –dijo Huinipachutli.

ARCHIVO DE LOS ESCRIBAS ESLIZONES: El bárbaro preparó a sus Hombres y sus barcos con gran rapidez. Los barcos de los bárbaros eran muy veloces. Nuestros jinetes de Terradón los llevaron directamente donde se encontraba el enemigo. Las ramas de trueno de los bárbaros rugieron y la embarcación enemiga se detuvo. Después, los bárbaros abordaron la nave y mataron a todos los enemigos que encontraron a bordo, excepto a su Capitán, que fue entregado a Sotek. También nos devolvieron los objetos sagrados. El Señor Xtli quedó plenamente satisfecho y el Jefe bárbaro fue recompensado con todos los abalorios y especias que deseó. ¡Estaba muy contento con tal cantidad de cuentas! Sus Hombres se pasaron horas contándolas una y otra vez. ¡Qué renacuajos! Al día siguiente, el Venerable Señor Zepec fue devuelto a su lugar, y el foso sagrado del Dios Piraña fue purificado con agua fresca.

Algunos Hombres de Marco se Amotinan y DesertanEditar

MARCO: Después de haber pasado en la isla varias semanas, Giovanni y algunos de los Hombres se acercaron y me dijeron que iban a tomar su parte de las perlas, especias y pociones e iban a regresar a casa. Les respondí que debían quedarse porque había muchas más riquezas esperando a que las cogiéramos.

Legión Perdidos.jpg
Por supuesto, mis motivos eran completamente egoístas, ya que sin Hombres y naves suficientes no podría derrotar a futuros asaltantes y, por tanto, tampoco podría conseguir nuevas recompensas. Giovanni y los demás no estaban dispuestos a escucharme, dado que ya disponían de suficientes riquezas. Esta reacción era bastante extraña para unos villanos tan codiciosos, pero en realidad los muy insensatos sólo ansiaban regresar para poder gastar su fortuna jugando en las tabernas de Miragliano. Les dije que cuando llegara la hora de marcharse, nos iríamos todos juntos, pero que eso no ocurriría antes de que pasara la estación del monzón. Al día siguiente, cuando me desperté, pude comprobar que dos de mis naves habían desaparecido, junto con Giovanni y tres cuartas partes de la tripulación. También faltaba una parte del tesoro mucho mayor de la que les correspondía.

Transcurrieron varias semanas. Incluso con una sola nave y media docena de cañones, conseguí hundir tres embarcaciones Nórdicas que pasaron cerca de nuestra base y recuperar varios objetos sagrados que habían sido robados de algunas ciudades situadas más al Sur. El Señor Slann de Tlax envió el botín que yo había rescatado a sus legítimos dueños, y estos le correspondieron con regalos en señal de gratitud; naturalmente, el me entregó una parte de la recompensa. Pronto mis arcas estaban tan llenas como antes de que se amotinara parte de mi tripulación.

Aproximadamente en esa época, Huinipachutli me informó de que los desertores habían puesto rumbo Norte y habían atacado la costa en las proximidades de Pahuax. Todos habían sido capturados y ofrecidos en sacrificio a Sotek. Este mensaje había llegado a Tlax al mismo tiempo que los porteadores que transportaban el tesoro con el que los perros carroñeros habían huido. El Señor de Pahuax había deducido que había sido robado en Tlax por los glifos pintados en las grandes calabazas en que se guardaban las valiosas especias y pociones. Otras calabazas selladas contenían la mayor parte de las perlas.

Marco regresa a TileaEditar

MARCO: Entonces yo ya era muy rico, y había menos Hombres con los que compartir las recompensas. Los vientos del monzón habían cambiado y soplaban hacia el Noreste. Era el momento de partir, mientras todo siguiese yendo bien. Espere hasta que la ciudad de Tlax estuviese enfrascada en alguno de sus numerosos rituales ya que ningún Eslizón, incluido Huinipachutli, se encontrara en los alrededores, y me apresuré a marcharme con mi navío.

NOTA HISTÓRICA: Marco Colombo regresó a Tilea e invirtió sus fabulosas riquezas en reclutar un ejército de Mercenarios para derrocar al corrupto gobierno de la República de Trantio. Una vez conseguido su propósito, se autoproclamó Príncipe de la ciudad.

FuenteEditar

  • Libro de ejército Hombres Lagarto 5ª edición

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