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La Batalla del Abismo del Cráneo/Prefacio

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Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos.jpg

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos.jpg

Goblins cargando.jpg

Ejército Pielverde

El Abismo del Cráneo era un lugar notorio donde senderos y antiguas vías mineras convergían desde las empinadas colinas y descendían hacia una grieta enorme. Escarpados acantilados se alzaban a cada lado del camino y el fondo del abismo estaba cubierto de restos de peñascos y huesos dispersos. Sin entrar en una de las muchas cuevas que se abrían en la base de los acantilados, no había forma de salir de aquel barranco de montaña hasta que la calzada alcanzaba el centro del desfiladero, donde varios caminos antiguos salían de la hendidura mientras que la carretera principal continuaba hacia el Sur. El Abismo del Cráneo era una encrucijada importante en aquella región, y su nombre resultaba más que adecuado, pues suponía un escenario para emboscadas de funesta reputación, como atestiguaban los muchos huesos presentes.

Y grandes números de pielesverdes se habían reunido en el Abismo del Cráneo. Barridas por el inesperado avance no-muerto, muchas tribus habían buscado refugio en las cavernas que surcaban el paso - una mezcolanza de cavidades naturales y minas enanas abandonadas. Escoger el pasadizo subterráneo en el que entrar constituía un gran riesgo, pues no pocos servían ahora como madrigueras para bestias hambrientas y horrores sin nombre. Sin embargo, pese a las bajas, vastas cantidades de goblins se agazapaban en la oscuridad subterránea, donde habrían permanecido de no ser por que uno de ellos se alzó para liderarlos.

Grulsik era todo lo que un Jefe de Guerra Goblin Nocturno necesitaba ser: taimado, valiente y lleno de planes malvados hasta la coronilla de su capucha puntiaguda. Se había servido de su notable astucia y afiladas espadas para hacerse con el control de la tribu Garraluna. Como otros de su especie, los Garraluna habían sido barridos por aquella oleada reciente, abandonando sus territorios de caza para unirse a la creciente marea de pielesverdes que salía en masa de sus guaridas de montaña por todas las Montañas del Fin del Mundo. Algunas tribus partieron hacia el Norte para seguir a Grimgor, pero muchas más, incluyendo a los Garraluna, marchaban hacia Skarsnik, Señor de la Guerra de los Ocho Picos. Abundaban los rumores de que estaba preparando grandes planes y muchos goblins nocturnos se apresuraron a unirse al más legendario de los suyos. Se decía que el ¡Waaagh! de Skarsnik comenzaría en cualquier momento, y que había jurado no detenerse hasta servir al Gran Rey de los enanos como comida a su garrapato.

En aquellos momentos, Grulsik se esforzaba por dirigir a sus seguidores, ocupada su mente con preocupaciones sobre la necesidad de cruzar el Paso de la Muerte, así como idear intrigas que permitiesen a su tribu mantenerse a la cabeza de los muchos rivales que viajaban tras ellos. Grulsik pretendía estar entre los primeros que ofrecieran sus estandartes a Skarsnik, advirtiendo al gran señor de la guerra de las faltas de aquellas tribus que llegaran después. Mas tales pensamientos se disiparon cuando la calamidad golpeó la retaguardia de sus fuerzas. Cuando Grulsik oyó por primera vez los gritos estridentes, asumió que los Garraluna estaban siendo atacados, pero resultó que simplemente estaban siendo arrollados. Presas del pánico, miembros de las tribus Pikozangrientos y Redekráneoz se precipitaban por el paso, lanzando a sus propios muchachos por el aire en su desesperado esfuerzo por escapar. En apenas un suspiro, los pasos montañosos y las laderas circundantes estaban cubiertos de pielesverdes dispersos. Y entonces vio a los atacantes.

Aquí y allá cabalgaban jinetes esqueléticos, abatiendo a los pielesverdes en fuga. En la estribación septentrional, aparentemente emergiendo de su propia sombra oscura, podía verse una procesión de no-muertos descendiendo por la accidentada calzada.

Aquello dio inicio a una huida de tres días hacia el Sur. Se trató de un viaje agotador, pues Grulsik y el núcleo de su tribu se vieron forzados a luchar varias veces. En una de ellas, aquellos crueles guerreros montados en corceles esqueléticos los habían alcanzado, y Grulsik, a base de pura fuerza de voluntad, hizo volverse a varias pandillas para rechazarlos. Tal vez el choque más feroz, sin embargo, se había producido cuando los Garraluna alcanzaron los estrechos pasos del Sendero de los Colmillos al mismo tiempo que una horda rival, los Hojaztorzidaz.

Sólo cuando alcanzaron las profundidades de una de las muchas cuevas del Abismo del Cráneo concluyó la huida de los pielesverdes. Allí, en un pozo minero abandonado desde hacía mucho, Grulsik se hizo con el control de la situación. Después de una cierta labor de reconocimiento, sus exploradores encontraron a la mayor parte de sus tropas desperdigadas por cavernas cercanas, y también informaron de una mezcolanza desordenada, incluyendo pandillas de docenas de tribus diferentes, amontonadas en aquellos laberintos subterráneos. Aquel fue el momento en el que Grulsik supo exactamente cuántos pielesverdes habían emprendido la marcha.

Perspicaz como era, Grulsik no tardó mucho en elaborar un plan. Si podía reunir y disciplinar a las hordas que ahora se agazapaban en la oscuridad, Grulsik y sus Garraluna aún podrían obtener una atención favorable por parte de Skarsnik. Simplemente, los haría marchar a través del Paso de la Muerte y seguir hasta la puerta oriental de Karak-Ocho-Picos. Y, se dio cuenta Grulsik, si los no-muertos mantenían la misma ruta, pasarían junto a ellos en cuestión de una hora. Si todas las tribus atacaban juntas, podrían imponerse con facilidad. Con estos pensamientos en mente, comenzó a dar batidas por las cavernas, poniendo en práctica sus mejores estrategias de "rekrutamiento". Pasó por muchas docenas de cuevas distintas, evitando sólo aquellas donde su agudo olfato detectó el olor de algo a quien resultaría mejor dejar en paz. Esto funcionó espectacularmente bien, gracias en buena medida a las fuerzas que lo acompañaban en sus batidas. Junto a Grulsik iban los chamanes Garraluna, todos de grandes ojos y rebosantes de poder arcano: su recién hallado surtido de hongos había resultado ser una hornada particularmente potente. Sin duda, también ayudaba el formidable grupo de trolls de piedra que se asomaban tras su séquito.

Algunas de las dispersas pandillas, como los Aullidozlunarez o los Pikozangrientoz, se habían separado de sus jefes de guerra tribales. A Grulsik le resultó sencillo intimidarlos para que se unieran a su plan. Inmediatamente envió a sus propias pandillas de Jinetes de Lobo Goblins a que exploraran el Paso de la Muerte. Otros reclutas, como la tribu de los Lunazlocaz, se mostraron más reacios. Sin embargo, como la mayoría de pandillas comenzó a acatar las órdenes de Grulsik y salieron en tromba de las cuevas para organizarse, para el resto se volvió más y más difícil resistirse a participar. Incluso el viejo rival de los Garraluna, Mabbla Nariztorzía, no pudo impedir que su tribu de los Hojaztorzíaz se apuntaran a la fiesta.

Mientras los pielesverdes continuaban desparramándose y llenando el extremo final del Abismo del Cráneo, los jinetes de lobo regresaron con noticias para Grulsik. Habían cabalgado a tal velocidad que sus monturas resoplaban con sus negras lenguas colgando. Los no-muertos estaban a punto de introducirse en el extremo norte de la gran hendidura - pasando de una columna de marcha a formaciones de batalla. Si entrecerraba los ojos, Grulsik justo podía distinguir la nube de oscuridad en movimiento del extremo norte.

Aquel era el mismo ejército que había hecho chillar a todas y cada una de las tribus, pero ahora el miedo de los pielesverdes había disminuido. Quizás ello se debía a Grulsik y su liderazgo, aunque resultaba más probable que su formidable número les infundiera confianza. Además, el enemigo no llegaba de repente desde un ángulo inesperado, sino que avanzaba hacia ellos de frente a paso metódico.

Grulsik no salía de su asombro. Era como si sus enemigos no tuvieran ni idea del perfecto escenario para una emboscada hacia el que marchaban. Con el entusiasmo de un líder nato y una rugiente voz apenas más aguda que la de un orco, Grulsik comenzó a dar órdenes. Comandó a varias pandillas que formasen una desigual línea de batalla y, aún más importante, envió muchas más a ocultarse en las cavernas de ambos lados.

Se les dieron instrucciones de atacar los flancos y la retaguardia del enemigo cuando los no-muertos se hubieran adentrado lo suficiente en el Abismo del Cráneo. Pronto, sus oponentes se verían asaltados por todas partes.

Los garrapatos gruñían mientras eran dirigidos a primera línea y los arqueros goblins nocturnos preparaban sus flechas mientras la oscuridad se alzaba amenazadora sobre sus cabezas, llenando el cañón ante ellos. Con el estruendo de los cuernos y el aullido de los lobos, comenzó la Batalla del Abismo del Cráneo.

Fuente Editar

  • The End Times I: Nagash


La Batalla del Abismo del Cráneo
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