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La Batalla del Camino del Bosque Viejo

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Mientras el historiador y erudito Weirde el Sabio investigaba sobre los ejércitos de Sylvania (cuando aún estaban vivos), descubrió entre páginas de papel vitela de uno de los libros un relato que nunca ha sido consultado desde el día en que fue escrito. Lo redactó de forma apresurada un escriba que fue testigo accidental de una batalla entre las fuerzas de Middenheim y las del Conde Vlad von Carstein. El mensaje conservaba intacto su sello de cera y en él se describía una batalla librada hace ya casi quinientos años, una batalla de la que no he podido encontrar referencias en ningún libro de historia y que el sabio ha bautizado dicha batalla corno la Batalla del Camino del Bosque Viejo. Por desgracia, no pudo concretar más datos, ya que el documento no describe con exactitud donde se disputó la batalla y solo se menciona que tuvo lugar cerca del Camino del Bosque Viejo. Según sus conjeturas, se libró dentro de los confines de Middenland, relativamente cerca de la frontera con Hochland.

AntecedentesEditar

Las guerras de los Condes Vampiro Sylvania siempre ha tenido una reputación bastante pésima. El primer ejemplo escrito que he podido encontrar de esto se remonta al año 1111 cuando la Gran Plaga arrasó nuestra tierra y, según se dice, los muertos acecharon en la noche. Unos seiscientos años después, en 1797. Vlad von Carstein se convirtió en el Conde de Sylvania al casarse con la atractiva Condesa Isabella von Drak. No obstante, las Guerras de los Condes Vampiro, instigadas al parecer por el mismo Vlad von Carstein, no llegaron a comenzar hasta más de doscientos años más tarde.

En el año 2010, Vlad empezó las Guerras de los Condes Vampiro al invadir Talabecland con sus ejércitos, tras lo cual se puso en camino hacia Talabheim. Aquella fue una época de conflictos para el Imperio. Un cometa gigante se había estrellado contra la ciudad de Mordheim arrojando una onda expansiva por todo el Viejo Mundo y el trono del Emperador había quedado vacío. La nación estaba al borde de una guerra civil, con tres aspirantes al trono luchando entre sí. Aquel fue el momento perfecto para el ataque de Vlad: el Imperio no contaba con ninguna fuerza unificada con la que hacerle frente, pues estaban todas demasiado ocupadas luchando entre ellas. Durante los años siguientes. Vlad destruyó varios ejércitos creados para derrotarlo. Prometió clemencia a aquellos que se rindieran ante él y ningún tipo de piedad para los que no lo hicieran. Y continuó su avance de este modo, aniquilando a los miles de individuos que se interpusieron en su camino. Se dice que el propio Vlad murió en una de estas batallas solo para regresar la noche siguiente, al parecer indemne.

En la Batalla de Schwartzhafen, en 2025. Se sabe que el ejército de Sylvania de Vlad combatió contra el conde elector de Middenheirn y sus ejércitos. Junto al elector se encontraba Jerek Kruger. El Gran Maestre de los Lobos Blancos, y un gran ejército formado por muchos de sus feroces hermanos templarios. Según parece, aquel día Kruger acabó con Vlad al pulverizarle la cabeza con su enorme martillo.

No obstante, menos de un año después. Vlad apareció de nuevo al mando de otro ejército de Sylvania con la intención de hacer pagar su derrota a Jerek Kruger y a sus Lobos Blancos Y fue entonces cuando tuvo lugar la Batalla del Camino del Bosque Viejo.

La Batalla del Camino del Bosque ViejoEditar

Kruger había cabalgado desde Middenheim para enfrentarse de nuevo a los habitantes de Sylvania con filas y más filas de templarios del Lobo Blanco a su lado. La batalla se libró en pleno invierno y la nieve blanca cubría todos los bosques, cosa que no suponía ninguna traba para los Lobos Blancos, fieles servidores del propio Ulric. Se desconoce su número exacto, pero, por lo que parece, los sylvanianos estaban en inferioridad numérica. Al encontrarse en territorio extraño y no estar mucho mejor motivados, armados ni acorazados que los middenheimieses, Jerek Kruger debió estar seguro de lograr la victoria. Cogió a los sylvanos por sorpresa y estos se vieron obligados a crear una formación defensiva a toda prisa.

La guardia personal de von Carstein, conocida como la Guardia de Drakenhof, estuvo presente con toda seguridad en la batalla. Estos firmes defensores de su señor eran soldados extremadamente leales, armados con espadas a dos manos y protegidos por caras armaduras bellamente forjadas. Eran la elite del ejército sylvaniano y gracias a sus hazañas habían obtenido muchas victorias. La batalla se libró en varios campos amplios, recubiertos de nieve y flanqueados por una espesura de pinos. La Guardia Drakenhof formó un punto fuerte en el centro de la línea de batalla de los sylvanianos. Se dice que el propio Vlad se encontraba entre ellos mientras un joven y leal capitán portaba el estandarte familiar. Al parecer, dicho joven se trataba de Vulf, el cuñado de Vlad.

En ambos flancos de la Drakenhof se alzaban las filas de los soldados rasos sylvanianos. Iban armados con una mezcla variada de ballestas, lanzas y alabardas y vestidos con los colores de su regimiento: negro, rojo y púrpura. Con su típica y cruel falta de respeto por la vida. Vlad ordenó a su leva formar ante el resto del ejército para soportar el peso del combate inicial. Una pequeña fuerza de templarios de Drakenhof se abrió paso entre los árboles hacia el Este acompañada por una tropa de exploradores y cazadores y se desplazó rápidamente para flanquear al enemigo.

Los Lobos Blancos cayeron sobre los sylvanos en tres oleadas, destrozaron por completo a la leva y obligaron a los supervivientes a retirarse en un fuerte estado de confusión. Vlad ordenó a sus tropas disparar contra los que huían, pues no toleraba las demostraciones de debilidad. Los Lobos Blancos se lanzaron contra la lluvia de virotes de ballesta y cargaron contra los lanceros y los alabarderos acabando con cientos de ellos. Jerek Kruger, al mando del flanco izquierdo, aplastó toda resistencia. El flanco derecho también hizo retroceder a los sylvanianos amenazando con desmoralizarlos por completo. El único punto donde la línea no retrocedió fue en el centro, donde la Guardia Drakenhof de von Carstein se mantuvo firme. No obstante, estaban siendo diezmados brutalmente y pronto no quedó más que un puñado de ellos. Kruger debía creer que la victoria era inminente. Ni siquiera la aparición de los templarios de Drakenhof, que atacaron por el flanco derecho desde el linde de los árboles, logró detener a los Lobos Blancos.

Fue entonces cuando los poderes nigrománticos de Vlad se manifestaron. El conde emitió una oscura energía, sus ojos se volvieron negros y una malsana sensación de temor se apoderó de todos los presentes en el campo de batalla. Las nubes se volvieron negras y se dice que los cielos se oscurecieron con un millón de murciélagos. Los aullidos de los lobos se oyeron por doquier y se vieron las siluetas de unos seres cánidos descomunales avanzando a grandes zancadas por el bosque. Los murciélagos cayeron sobre los Lobos Blancos y los enormes lobos saltaron contra los caballeros y los derribaron de sus sillas.

Con todo, lo más terrorífico y antinatural fue que los muertos empezaron a ponerse en pie, tanto sylvanianos como Lobos Blancos, para abalanzarse sobre los enemigos de Vlad. Los caballos relincharon aterrorizados y cundió el pánico por todo el ejército. Cada vez que caía un guerrero, las fuerzas de Vlad se hacían más fuertes. Los pocos guerreros del conde que quedaban con vida estaban aterrorizados, pero su conde afirmaba que incluso los muertos luchaban de su lado y que aquello solo podía ser una señal del favor de los dioses (con todo, sus hombres siguieron altamente alarmados). Se diría que el conde trató de quitarle hierro al asunto: ver a los camaradas muertos seguir luchando debió ser, como mínimo, desalentador.

Pronto, no quedó ningún Lobo Blanco en el campo de batalla a excepción de Jerek, ya que Vlad quiso ocuparse personalmente del gran maestre. Ante la atónita mirada del gran maestre y del escriba que anotó todo lo sucedido (oculto en el lindero del bosque, totalmente absorto y temiendo por su vida), Vlad ordenó a sus autómatas no muertos atacar a sus propias tropas hasta destrozarlas del todo. Es obvio que prefería la incondicional obediencia de los muertos. Curiosamente, el escriba relata que los capitanes de Vlad quedaron indemnes y permanecieron impasibles ante el terrible espectáculo que se estaba produciendo a su alrededor y especula que su pálida complexión, su fuerza y su actitud los delataron como vampiros, al igual que el propio conde.

Vlad desenvainó su espada contra Jerek Kruger y en cuestión de segundos asestó una docena de cortes al gran maestre. Fue en este momento cuando el escriba huyó y fue corriendo ciegamente por los bosques, preso del frío y del miedo y perseguido por lobos monstruosos. Milagrosamente, pudo regresar a Middenheim sin caer presa del frío acervo, pero más tarde, fue hallado muerto al pie de una alta torre de Middenheim, con la espalda rota y el rostro convulsionado en una repugnante expresión de absoluto terror.

¿Y qué fue de Jerek Kruger? Si bien la Batalla del Camino del Bosque Viejo nunca llegó a formar parte de la historia, sin duda sí fue ese el caso del fallecimiento de Kruger. Bueno, no tanto su fallecimiento como las consecuencias que este comportó. Se le encontró al pie del Ulricsberg, el descomunal monolito de piedra sobre el que se alza la ciudad de Middenheim. No le quedaba ni una gota de sangre en el cuerpo y estaba clavado a un árbol con clavos de madera gruesa atravesando sus manos.

FuentesEditar

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