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La Batalla del Desfiladero del Hacha Roja

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Orcos y Goblins vs Altos Elfos.jpg

Gorrfang agarró con rabia su gran cuerno de guerra con su puño verde. La visión de las fatigadas columnas élficas que marchaban serpenteando por el largo y rocoso valle que había más abajo le enfurecía. El odio llenaba su corrupto corazón. No podía creerse el descaro de esos acaricia-árboles: no podía creer que esos tipejos de orejas puntiagudas cruzaran sus tierras sin ni siquiera pedirle permiso. No es que se lo hubiera dado, pero ese no era el problema. Era un insulto: a su tribu, a su raza y sobre todo a él: Gorrfang Aliento de Rata, el más poderoso caudillo Goblin del mundo, señor de todas las tierras hasta donde alcanzaba la vista, el más fuerte, bravo, astuto, fiero y sagaz de entre todos los Goblins.

- ¿Cuál ez el plan, jefe? -le preguntó Groggo. Gorrfang se asustó tanto que casi se salió de su correosa piel verde: su lugarteniente principal se había acercado de una manera sorprendentemente silenciosa. Gorrfang ni siquiera había oído cómo llegaba junto a él.

Gorrfang golpeó a Groggo en la boca. Estaba enfadado con los Elfos y ahora también con Groggo. No le gustaban los movimientos furtivos. Groggo se frotó su larga mandíbula. El miedo penetró en sus ojillos amarillos y perversos.

- ¿Cuántaz vecez tengo que decirte que no hagaz ezo? -gritó Gorrfang.

- Lo ziento, jefe. No lo haré máz, jefe. Lo prometo, jefe. ¿Cuál ez el plan, jefe? -Groggo se rascó ociosamente el cuello, se arrancó una verruga con una afilada uña, se la metió en la boca y empezó a masticarla ruidosamente.

- El plan ez que vamoz a darle una buena zurra a ezoz pezadoz de orejaz puntiagudaz...

- Un plan genial, jefe -Gorrfang golpeó de nuevo a Groggo. La verruga salió de la boca de Groggo a una velocidad prodigiosa y aterrizó húmedamente en una roca cubierta de líquenes situada a los pies de Gorrfang.

- Todavía no he terminado. No me interrumpaz cuando estoy hablando...

- No, jefe. Lo ziento, jefe. No lo haré maz, jefe -viendo cómo se elevaba la mano de Gorrfang, Groggo empezó a inspeccionar sus botas claveteadas-. Ya me callo, jefe. No me pegue máz, jefe."

Gorrfang bajó su mano sólo para ver cómo Groggo se encogía de miedo.

- Eztá bien. El plan ez zimple pero brillante. Lez tenderemoz una embozcada. Ezperaremoz hasta que eztén cruzando el puente y, cuando la mitad de elloz haya cruzado, zaltamoz encima de elloz y lez dizparamoz y lez pinchamoz. La mitad de nuestros chicoz eztará en un lado del valle y la otra mitad en el otro. Una mitad dizpara y la otra mitad ze lanza a la carga. Máz fácil que mazticar rata.

Gorrfang calló y esperó las alabanzas que se merecía por habérsele ocurrido un plan tan sorprendentemente brillante.

- Un plan formidable, jefe, formidable. Condenadamente aztuto y condenadamente zalvaje. Condenadamente bueno, jefe -Gorrfang observó como Groggo efectuaba complicados cálculos con los dedos. Lentamente fue apareciendo una perversa sonrisa en su cara. Sus amarillentos colmillos refulgieron asquerosamente en la débil luz del sol-. Y, jefe, hay máz de nozotroz que de elloz.

Gorrfang le hizo probar su bota. Groggo cayó doblado de dolor.

- Claro que zí. Ya loz había contado. Ahora vete y que los chicoz ze preparen. Dilez que tengan mi araña preparada para la batalla y dile al Shamán que venga a verme.

- Enzeguida, jefe -aún doblado por la mitad, Groggo se arrastró para cumplir sus órdenes. Gorrfang volvió a observar a los jinetes Elfos.

- Que imprezionante. La noble caballería, orgulloza y poderoza zobre zuz corcelez de largaz pataz, con zuz banderaz ondeando al viento -Gorrfang resopló mientras contemplaba a las disciplinadas líneas de lanceros, a los orgullosos arqueros y al envarado hechicero Elfo que montaba un caballo con un cuerno en la frente-. Oz creéiz invenciblez, ¿no? Bien, puez oz voy a dar una lección. Quizáz añada el cuerno de eze caballo a mi colección. Zí, puede que lo haga.

Ignorantes de los ojos hostiles que les observaban, los Elfos continuaron cabalgando por el fondo del valle.

Fuente Editar

  • Ejércitos Warhammer: Altos Elfos (4ª Edición). Relato de Nigel Stillman.

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