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La Caída del Imperio Slann

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Demonios contra Hombres Lagarto.jpg
Los misteriosos Ancestrales fueron una enigmática raza con poderes mágicos inimaginables, capaces de alterar el tejido espacio tiempo. Ellos fueron los creadores del mundo y de la mayoría de razas que allí habitan. Levantaron portales en amos polos del mundo para poder viajar que les permitía viajar por las estrellas en cuestión de segundos. Sin embargo con ellos también llegaron las entidades del Caos, que contaminó el mundo con su maldición.

Destrucción de los PortalesEditar

Por razones que hace mucho tiempo se olvidaron, el gran portal polar de los ancestrales (el portal por el que viajaban a las estrellas), se colapsó; destruido por una explosión de energía pura que hizo temblar el mundo, colapsando la red de portales dimensionales se colapsó. Se desconoce si lo que provocó este desastre fueron los intentos de los Ancestrales por cerrarlos o por los constantes ataques del enemigo, pero la crueldad del Caos salió despedida hacia el mundo. El portal se destruyó, y muchos slann sacrificaron sus vidas y sus ánimas para sellarlo y evitar la inminente destrucción total del planeta. Pero aun así no lo lograron, y un billón de atropellados diablos entraron a la fuerza por la grieta hacia la realidad, abriendo un portal hacia el infierno.

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La destrucción de los portales marcó la partida de los Ancestrales del mundo. Nadie, ni tan solo los más sabios Slann saben que les sucedió a estos seres Supremos. Algunos creen que fueron destruidos o poseídos por el influjo de la energía caótica, mientras que otros especulan que consideraron perdido el mundo y lo abandonaron a su suerte. Los Ancestrales eran seres de orden y vida, y el Caos era lo más odiado para ellos, la crueldad del Caos se convirtió en una forma sólida, para caer sobre el mundo, intoxicando la vida y transformando a todos los seres en criaturas retorcidas y antinaturales. Huidos, corrompidos o destruidos, los Ancestrales desaparecieron; las incipientes razas del mundo fueron abandonadas, solas ante los diabólicos deseos de los Dioses Oscuros.

Fragmentos del portal surcaron los cielos como cometas incandescentes que impactaron contra el suelo con fuerza suficiente para aplanar montañas y fragmentar continentes. Más allá, pequeñas rocas cayeron en picado desde el cielo sobre las extrañas estelas, haciendo arder el cielo con vibrantes y espeluznantes centelleos. Ninguna región pudo escapar, ya que una fina capa de polvo de piedra bruja cubrió todo el mundo, mutando todo lo que tocaba. Lo que una vez fueran restos de los portales liberada, ahora es una segunda luna vibra de energía disforme solidificada, un maligno satélite verde hecho de material del Caos.

Enfrentados a la aniquilación, los Slann reunieron los mayores ejércitos que jamás se han visto para enfrentarse a esta amenaza. Miles y miles de cohortes de Saurios se enfrentaron a los Demonios, capaces de igualar la ferocidad de los invasores. En una serie de terribles guerras que duraron siglos y se cobraron muchos millones de vidas, los ejércitos de Saurios inicialmente evitaron que los demonios destruyeran ninguna de las ciudades templo de los Slann. La fuerza de los ejércitos de los Slann se basaba no solo en los Saurios, pues los Slann eran capaces de utilizar magia muy poderosa. Los servidores de los Ancestrales abrieron las tierras para engullir los demonios, causaron maremotos para ahogarlos y atrajeron incandescentes meteoros de los cielos para aplastarlos. Durante un tiempo parecía inevitable que los Slann ganarían, pues los más poderosos de entre ellos poseían un poder capaz de superar a los demonios místicamente más poderosos. Sin embargo, a medida que la energía del Caos inundaba el mundo, el equilibrio se fue decantando.

Slann Conjuro.jpg
A medida que la energía del Caos fue creciendo, los Slann notaron como su propia magia se volvía más descontrolada. Los hechizos se volvían mucho más inestables, y pequeños errores en el lanzamiento destruían muchos cientos de Slann, sus mentes destruidas mas allá de cualquier cura o sus cuerpos desgarrados por la descontrolada energía. Cuanto más débiles se volvían los Slann, más fuertes se volvían los Demonios. Donde la magia desbocada destruía a los Slann, se revigorizaban las legiones demoníacas. Los Señores de la Transformación, sirvientes de Tzeentch, nacieron de esta magia y fueron capaces de manipularla a su favor. Aunque la habilidad mágica de los Slann había dominado las batallas, la supremacía arcana pertenecía ahora a las hordas demoníacas, decantando el devenir de la guerra en contra de los Slann y sus sirvientes. Desesperados, los Slann se retiraron a sus ciudades-templo y colocaron barreras mágicas para detener a los demonios tanto tiempo como pudieran.

La Caída de XahutecEditar

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Para los demonios, ahora la victoria se basaba en la destrucción de las ciudades-templo y las defensas místicas de los Slann. En consecuencia, la guerra se desplazó hacia las ciudades-templo de Lustria y las Tierras del Sur. Durante un tiempo, incluso el gran poder de los demonios fue insuficiente para romper las defensas de los Slann, pero los servidores de los Dioses Oscuros siguieron asaltando una y otra vez sus ciudades. La ciudad-templo de Xahutec fue la primera fortificación Slann en caer ante el imparable avance de los demonios. Tras muchos días observando a sus sirvientes demoníacos atacando las formidables barreras de Xahutec, el demonio Kairos Tejedestinos, el más poderoso de los Señores de la Transformación, adivino una forma de romper las defensas. En el punto álgido de un nuevo ataque a la ciudad, el astuto Señor de la Transformación concentró todo su poder arcano y abrió una grieta en el mismo centro de Xahutec. Con la atención centrada en los demonios que asaltaban sus puertas, el Slann que había en su interior no se dio cuenta de la maniobra hasta que la grieta se abrió junto a él y de ella surgió una jauría de Mastines de Khorne. Con sus ayudantes abrumados por el ataque, el Slann utilizó su magia, pero los malignos collares en el cuello de los demonios disiparon sus ataques místicos. El Slann y su escolta fueron despedazados por una tormenta de dientes y garras sin tener tiempo ni de enviar un mensaje telepático a las demás ciudades-templo. Con la muerte de los Magos-sacerdote, las defensas mágicas de Xahutec cayeron y empezó la masacre.

Al no estar ya protegidos por las barreras mágicas ni ayudados por la magia, los defensores Saurios estaban condenados. Una tras otra, las pirámides de la jungla fueron cayendo, aniquilados por Desangradores y Diablillas. Los Horrores Rosas creaban fuegos mágicos en medio de los defensores, incinerando a algunos y transformando a otros en criaturas indescriptibles. Cuando las defensas cayeron, los Saurios huyeron a miles, pero no hay escapatoria ante las Furias y los Aulladores que surcaban los cielos, y que despedazaron a los fugitivos con sus garras y colmillos.

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Al anochecer, Xahutec era una ruina cubierta de cadáveres. Los Desangradores recorrían sus calles decoradas con glifos recogiendo los cráneos de los muertos para Khorne, mientras las Diablillas torturaban a un puñado de supervivientes en los templos más sagrados, por el mero placer de oír los gritos de sus víctimas. En lo alto de la gran pirámide, Kairos Tejedestinos recogía los cadáveres de los Magos-sacerdote Slann, devorando sus amuletos arcanos antes de destruir la pirámide en una tormenta de llamas demoníacas.

Cuando la pirámide de Xahutec fue destruida, las barreras mágicas de toda Lustria se debilitaron. Kairos Tejedestinos repitió su éxito en las ciudades-templo de Huatl, Tlanxla y Xhotl. Sin embargo, el destino no favoreció al Señor de la Transformación. En el asalto a Xhotl, los Magos-sacerdote Slann pudieron resistir lo suficiente para enviar un mensaje telepático a sus hermanos en las otras ciudades, avisando de las tácticas del Señor de la Transformación, lo que les permitió tomar precauciones.

Así, cuando Kairos llegó a la ciudad-templo de Chaqua, no pudo repetir sus anteriores éxitos, pues el Slann había reforzado considerablemente su guardia. Sin embargo, habían caído tantas ciudades que las defensas de las ciudades que quedaban empezaban a debilitarse. En Chaqua el escudo era suficientemente fuerte para resistir algo tan grande como un demonio, pero no podía detener las plagas de Nurgle. Mientras los demonios se estrellaban impotentes contra las defensas de Chaqua, la Putrefacción de Nurgle, la pisaentrañas, la frustración roja y una docena más de enfermedades diezmaron a los Saurios. En una semana una tercera parte de los defensores había sucumbido. La ciudad cayó tres días después.

La defensa de ItzaEditar

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Cuando las ciudades templo empezaron a sucumbir ante las hordas demoníacas, el miedo se hizo más fuerte en los corazones de aquellos que permanecían con vida. Aprovechando que la red de poder y comunicación que se extendía entre las ciudades templo estaba rota, los ejércitos del Caos encontraron el camino abierto para atacar la ciudad templo de Itza, bajo la protección del cacique Kroak. Itza, la Primera Ciudad, era la más importante de todas, puesto que era el centro neurálgico de las defensas arcanas de los Hombres lagarto y si caía, se rompería un vínculo vital. Ahora que los Hombres Lagarto estaban a punto de desaparecer, el Cacique Kroak entendió que la suya era una resistencia crucial

Itza estaba bajo la protección del Cacique Kroak, el primero de todos los Slann desovados del mundo. Con el destino de la creación pendiendo de un hilo, el Cacique Kroak reunió a sus defensas.

Reconstruyendo la destruida red de energía mágica, Kroak erigió un campo de energía que circundaba toda la ciudad. La furiosa horda demoníaca se estrelló contra él durante meses, muriendo nada más tocar la crepitante burbuja de poder. Pero llegó el día en que el mago sacerdote no pudo mantener esta barrera mística por más tiempo, y con una última y ensordecedora ola de energía, hizo que la barrera explotara hacía el exterior de la ciudad, lo que no solo deforestó la selva varios kilómetros a la redonda de la ciudad templo, sino que hizo que un centenar de miles de demonios quedaron desterrados de este mundo en un instante. No obstante, aún había muchos demonios y las vociferantes masas del Caos engulleron la ciudad, de forma que los Hombres Lagarto tuvieron que combatir a los demonios en las calles de la Primera Ciudad.

Aunque Itza parecía totalmente destruida, la guardia del templo de Kroak marchó para bloquear el paso del sublime Puente a las Estrellas, que conducía a la Gran Pirámide. Formaron una línea tan ancha como el puente, y un centenar de columnas de guerreros barraron el paso a los enjambres de Demonios que querían cruzar. A la vez, un millar de abominaciones demoníacas lanzaron su grito de guerra y dio comienzo la batalla. La Guardia del Templo era mucho menos numerosa, pero no dieron ni un paso atrás. El sol apretaba en lo alto del cielo, pero la Guardia del Templo no se movió del centro del puente. El anochecer trajo consigo la disminución de la línea de batalla, pero a la mañana siguiente, aún permanecía allí. Al mediodía del segundo día, el abismo que había bajo el puente se llenó de carne de demonio muerta, aunque solo era una décima parte de la Guardia del Templo la que quedaba sobre el puente. Inexorablemente, la Guardia del Templo fue destruida después de que oleada tras oleada de Desangradores y Diablillas y de soldados del Caos de a pie, arremetieran contra su cada vez más fina línea de batalla. Cuando se puso el sol, cayeron los últimos guardias del templo, y la horda demoníaca avanzó por el puente.

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En esta batalla, el Króxigor Nakai, conocido como el Errabundo, se erigió como leyenda. Tras ver a su ciudad templo caer ante las fuerzas del Caos, viajó a Itza para que esta vez no sucediera lo mismo. Él también estuvo defendiendo el Puente a las Estrellas y mató un millar de demonios mientras lo defendía esperando a que llegasen refuerzos, lo que le reportó grandes honores. Se le dio por muerto, hasta que apareció de nuevo un millar de años más tarde.

Pero la sólida defensa del Puente a las Estrellas le había dado tiempo al Cacique Kroak a preparar un último conjuro.

Sentado serenamente sobre la Gran Pirámide de Itzl, que era una tranquila isla en el ojo de una tormenta infernal, el Cacique Kroak atacó a los demonios. Con la red de energía de los Slann, se aprovechó de las incalculables reservas de energía, mientras los Slann, en otras ciudades templo, se dedicaban a ayudarlo, lanzando hechizos, que habían sido conservados por los mismísimos dioses, Kroak hizo que lloviera fuego que diezmó al enemigo. Durante meses, Kroak impidió que los demonios tomasen la ciudad. Con solo una palabra, obligó al Río Amaxón a cambiar su curso, lo que provocó que miles de demonios perecieran bajo sus aguas. Con un gesto, hizo que la tierra se quemara bajo un viento abrasador. Con un pensamiento, provocó terremotos que rajaron los enormes abismos, cuyas grietas engulleron legiones demoníacas enteras antes de cerrarse de nuevo. Finalmente paró, puesto que el tejido con el que el universo estaba hecho empezó a tensarse y a amenazar con rajarse.

Al final, el Cacique Kroak fue destruido. Una docena de grandes demonios de Khorne, protegidos contra la magia de Kroak por el favor de su dios, se abrieron camino hacia la cima de la Pirámide y la hicieron pedazos para saciar su sed de sangre. En ese momento, el Cacique Kroak realizó el sacrificio más profundo durante la Gran Catástrofe pues, aunque los demonios acabaron con su vida terrena partiendo su cuerpo mortal en dos, era tal la determinación y dedicación a la ciudad templo, que su poderoso e indomable espíritu siguió combatiendo, negándose a abandonar el mundo material pues no concedería la derrota. Liberado de su cuerpo, el radiante espíritu del Cacique Kroak se elevó hacia el cielo, sobre la ciudad fortificada. Cuando las criaturas antinaturales intentaron acabar con el blanquecino y cegador espíritu del Slann, Kroak liberó su último y mayor hechizo y desterró a la alborotada horda demoníaca con una luz divina tan brillante que parecía un segundo sol.

La Primera Ciudad, la piedra angular de la red global de energía, se salvó de su destrucción total, y quizá también a toda la raza de Hombres Lagarto. Pero el precio a pagar fue demasiado elevado.

El Fin de una ÉpocaEditar

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Por aquel entonces, la guerra contra el Caos se extendió por todo el globo durante muchos años, y los Hombres Lagarto tuvieron que retroceder a Itza, a Hexoatl y a otras ciudades-templo fortificadas. Trágicamente, fueron incapaces de intervenir en los lugares donde los Enanos y Elfos fueron diezmados; estas jóvenes razas no se habían enfrentado nunca antes a los terrores de la guerra.

Al final, fueron los Elfos de Ulthuan los que salvaron el mundo de la destrucción total, representando su Gran Ritual y creando el enorme vórtice mágico en el centro de su isla, que ha perdurado hasta el día de hoy. Gracias a la gran resistencia que opusieron los Hombres Lagarto contra los Demonios, se pudo llevar a cabo el ritual. La magia que sustentaba a la horda fue devuelta a los polos, donde los demonios se volvieron a fusionar con las agitadas y libres energías del Caos.

Aunque el imperio de los Slann había resistido, este ya no existía. Antaño había abarcado todo el globo y había dictado el destino de miles, pero la ferocidad de los demonios lo había conducido al borde de la extinción. Numerosas ciudades templos habían quedado en ruinas y muchos de los Slann habían perecido, entre ellos, los de la primera generación, los más poderosos de todos los Magos Sacerdote. La primera gran guerra contra el Caos se había acabado, pero con ella acabó también la edad de los Ancestrales.

FuentesEditar

  • Libro de ejército "Demonios del Caos" 7ª Edición
  • Libro de ejército "Hombres Lagarto" 7ª Edición

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