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La Emboscada en la Carretera de Elsterweld

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Emboscada Elsterweld.jpg
Los relámpagos cubrían el cielo mientras la lluvia caía a cántaros empapaba la densa y oscura bóveda del Bosque de Drakwald y convertía el resto de sonidos del bosque en una algarabía. Ni siquiera el denso follaje impedía que esta lluvia se filtrase al interior del bosque y formase pequeños riachuelos de barro y suciedad, que llenaban de fango las ruedas de los carros que pasaban sobre ellos. Bozhar rugió agazapado tras el tronco de un viejo y retorcido roble mientras observaba el paso de la caravana. El vaho que producía su respiración se disipaba en el húmedo ambiente y la señal de Graktar no llegaba. Miró a sus Gors y Ungors y su rugido creció en intensidad debido a la ansiedad. Todo saldría bien, el chamán del rebaño Darkgave había predicho la aparición de un nuevo campeón. Khazrak el desgarrador había recibido la orden de atacar la caravana por detrás, lo que le impediría hacerse con el mejor botín, y Borzhar sabía que esta era la manera que Graktar tenía que darle la oportunidad de demostrar lo que era capaz de hacer. No podía fallar a su caudillo.

La lluvia había dejado a los guardias de la caravana en un estado lamentable, fríos y empapados; muchos se habían quitado las protecciones por comodidad, desconocedores de la inminente emboscada.

El vapor que se había formado limitaba su visión, la lluvia enmascaraba tanto los ruidos como el olor del rebaño de bestias que les acechaba y las pesadas mercancías que transportaban los carros hacían el avance imposible.

"Pocos hombres. Mucho vino e hidromiel. ¡Mucha carne humana!", gruñó Borzhar a aquellos que estaban a su alrededor mientras volteaba su arma en el aire y mostraba a sus colmillos. "Luego hacer gran fiesta".

Antes de poder obtener una respuesta, un relámpago quebró el cielo en dos, justo un segundo antes de que los soldados diesen los primeros gritos de alarma. Borzhar miró el final de la caravana y vio que una horda de Gors y Ungors abandonaba los matorrales y se lanzaba contra los desprevenidos defensores. ¡El asalto de Khazrak llegaba demasiado pronto!

La nota plana de un cuerno llegó hasta oídos de Borzhar desde algún lugar a su derecha, al tiempo que se escuchaban los primeros gritos y entrechocares de armas. Graktar se había unido a la batalla.

Borzhar emitió un balido de guerra para exhortar a sus bestias a que le siguiesen y se lanzó contra la caravana a través de un bosque de helechos mientras el olor del miedo y de la sangre empezaba a causar efecto en él. El primer caballo con el que se topó se encabritó, como intentando defenderse de los Hombres Bestia, pero, como no podía ni arrastrar el carro del que tiraba ni soltarse de él, Borzhar tuvo tiempo para lanzarle un golpe que le seccionó una de sus patas delanteras, tras lo que el caballo cayó relinchando al suelo. Un joven guardia bajó del carro e intentó defenderse con su lanza. Sus temblorosas manos hacían que la lanza bailase azoradamente ante la mirada de Borzhar. Borzhar fintó al joven, que picó el anzuelo de lleno y cargó hacia adelante. Borzhar desequilibró la lanza con sus cuernos y clavó sus armas cruelmente a la altura de la cadera del muchacho. El guardia cayó al suelo, gritando de dolor mientras de la arteria seccionada manaba la sangre a borbotones. Sus gritos fueron acallados rápidamente por un segundo golpe de Borzhar que le hundió el cráneo.

Borzhar se giró y vio que el rebaño de Khazrak estaba acabando con el último de sus enemigos, mientras que a sus ungors todavía les quedaban bastantes adversarios que abatir. Se acababa el tiempo, sus esperanzas de alcanzar la gloria se esfumaban; tendría que arriesgarse más para obtener la aprobación de Graktar.

Con un aterrador bramido, Borzhar se sumergió en la refriega empujando a un chillón ungor que estaba dando muerte a uno de los pocos soldados con vida. Pero esta vez fue él quien mordió el anzuelo; el lancero amagó un movimiento y luego lanzó un segundo golpe con gran rapidez y clavó su lanza en el cráneo del Hombre Bestia. Cuando la sangre caliente empezó a caer por sus ojos, la furia nubló a Borzar, que empezó a lanzar brutales golpes de izquierda a derecha con sus pesadas armas, sin importarle a quién impactasen, bramando como un loco enfurecido. Uno de los Ungors de su propia manada recibió el mordisco de una de sus armas, un guardia detuvo otro de sus golpes y una segunda lanza volvió a clavarse en su cuerpo. Los defensores aún resistían y Borzhar notaba su corazón latiendo fuertemente mientras su fuerza se iba debilitando. Vio cómo Graktar llegaba al combate. La presencia del caudillo inclinó la balanza de su parte, puesto que este acabó personalmente con los últimos defensores. Borzhar sabía que había perdido su oportunidad.

Como si los propios dioses se estuvieran riendo de su fallo, le llegaron claros y diáfanos gritos de victoria de Khazrak, que estaba de pie sobre uno de los carros de la caravana capturada bebiendo de uno de los odres de vino que esta transportaba. Tras él se encontraba el chamán Darkgave, que miraba al desgarrador con aprobación. Borzhar estaba furioso porque lo que había sido una carga a destiempo se había convertido en un triunfo. Borzhar escuchó las maldiciones de Graktar, antes de que pasara a corear los bramidos de victoria de Khazrak.

"¡Son nuestros! ¡Esta noche nos daremos un festín de vino y carne humana!", aulló el caudillo. El rebaño al completo elevó a los cielos un bramido de victoria que era un anticipo de la fiesta que estaba por llegar.

FuenteEditar

  • Libro de ejército de sexta edición, Bestias del Caos.

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