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La Expedición a Zlatlan de Ibn Jellaba

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Aproximadamente en el Año Imperial 1150

Ibn Jellaba era un comerciante de Arabia que intento abrir una rota comercial hacia el interior de las Tierras del Sur en busca de especias y oro. Ibn Jellaba cruzó el desierto con una caravana de camellos hasta llegar a las Junglas de las Tierras del Sur. Allí encontró la ciudad de los Hombres Lagarto de Zlatlan que había permanecido oculta durante milenios. Este reino de los Hombres Lagarto, situado muy al Sur del Gran Desierto, era conocido por los Árabes a través de rumores y leyendas, y las inciertas noticias de encuentros casuales entre los nomadas del desierto y los temidos "Al Saurim". Ibn sobrevivió a esta aventura y consiguió regresar a Arabia, donde el Sultán ordeno que sus aventuras fuesen escritas. Los siguientes extractos narran el encuentro de Ibn con los Hombres Lagarto.

Ibn Cruza el Gran Desierto... Editar

Yo, Ibn Jeffaba, me dirigí desde Ka Sabar hacia el interior. Nadie que fo hubiera intentado anteriormente había sobrevivido para contarlo.

El Sultán de Arabia me proveyó con cincuenta camellos y una escolta de extraordinariamente leales soldados eunucos de su guardia de palacio, al mando de Haqim, un Paladín de inmensa fuerza y coraje. Yo mismo recluté a varios exploradores Tuareg para que me guiaran a través def desierto. Buscaba una ruta terrestre hacia las tierras del oro y las especias situadas más al Sur de la gran jungla.

En esa época los comerciantes de Lashek rivalizaban ferozmente con las naves de Catai que habían aparecido en los océanos del Sur, intentando controlar las rutas comerciales marítimas. Además, las Naves Élficas de Ulthuan intentaban conseguir el control de las rutas para ellos. Por este motivo el Sultán me ordenó descubrir una ruta terrestre a través del gran desierto diciendo: "Encuentra una ruta con las naves del desierto. (Nota Histórica: Se refiere a los camellos.) ¡Guíate por las estrellas, y regresa con las riquezas arrebatadas debajo mismo de las narices de nuestros rivales!"

Ibn Llega a la Jungla...Editar

Nota Histórica: Iba prosigue la narración de su viaje con el rumor de los Al Saurim y se pregunta si los encontrará y si serán hostiles. Algunos de los Tuaregs que había contratado aseguran haberlos visto. A continuación, describe la primera parte de su viaje a través del desierto, y recuperamos el hilo de la narración en. el punto en que su expedición alcanza el lindero de la jungla.

Después de haber viajado así durante tres semanas a través del vacío ardiente, llegamos a una tierra verde, cubierta de arbustos y matas espinosas. Mis Tuaregs podían oler el agua en la brisa, y encontramos varios oasis y pozos de agua desconocidos. Anoté cuidadosamente la posición de estos según la posición del sol, la luna y las estrellas, para que aquéllos que pudieran seguir nuestros pasos no murieran de sed También marqué estos lugares con montículos de piedras. 

Ningún habitante de Arabia había llegado anteriormente a esta tierra esmeralda, ni siquiera los Tuaregs, y por ello todos permanecíamos alerta ante posibles emboscadas y bestias salvajes. Tuve que prometer más oro a los Tuaregs para persuadirlos de que abandonaran, el desierto y continuaran conmigo adentrándonos en esta tierra desconocida. Después de varios días, los árboles se hicieron más numerosos y pronto la vegetación fue tan densa que los eunucos apenas eran capaces cíe abrir un camino con sus cimitarras.

Entonces, de repente, descubrimos una carretera pavimentada a cielo abierto La carretera, que era muy antigua y estaba cubierta de matojos, se perdía hacia el distante horizonte. Como estaba perfectamente afincada con la constelación del Sur, decidí que la seguiríamos. Entonces suponía que había sido construida hacía mucho tiempo por el pueblo de Al Nehekhariyah. (Nota Histórica: Este es el nombre Árabe para la antigua civilización destruida por los No Muertos.) Más tarde descubrí que había sido construida por los misteriosos Al Saurim.

Ibn Marcha hasta Ver Zlatlan... Editar

Seguimos la carretera hacia el Sur a través de la jungla durante muchos días. Nos habría sido imposible abrirnos paso a través de fa densa vegetación a cada lado de la carretera. Encontramos muchos pantanos traicioneros, pero la carretera los atravesaba por medio de viaductos. Fue una suerte haber llevado los camellos con nosotros, ya que aunque a menudo encontrábamos agua, normalmente no era potable.

En un fugar, llevamos a abrevar a algunos camellos a un estanque. Se asustaron y de pronto salieron en estampida. En el estanque encontramos el cadáver de uno de los camellos, que había quedado reducido a un esqueleto por las feroces criaturas que en él habitaban. A veces veíamos ojos de reptiles que aparecían en el agua como si nos estuviesen observando. 

Al final, vislumbramos la punta de una torre alta que resplandecía en el lejano horizonte hacia el Sur. La carretera se dirigía directamente hacia ella. Al principio todos pensamos que debía ser un espejismo de la ciudadela Élfica situada en fa costa de fas Tierras del Sur. Pero no era así, ya que más tarde pudimos comprobar que la estructura tenía en realidad la forma de una pirámide escalonada. No se parecía en nada a las pirámides de Khemri, que son lisas y están coronadas por una cúspide que apunta hacia ef cielo. Esta pirámide terminaba en, una plataforma, plana.

Ibn Encuentra a los Hombres Lagarto... Editar

Nos encontrábamos a la vista de fa ciudad de los Hombres Lagarto cuando fuimos espiados desde lo alto por sus exploradores. Votaron a gran altitud sobre nosotros, montados en grandes lagartos alados, y entonces comenzaron a trazar círculos como buitres, descendiendo lentamente. Los jinetes no dejaron de observarnos ni un instante. Pronto estaban planeando y picando a baja altura. Sus sombras se proyectaron sobre la caravana de camellos haciendo que los camellos, que siempre tienen mal temperamento, gruñeran y mugieran, haciéndose incontrolables. 

Avisé a tos Tuaregs de que nadie debía dispararles flechas, ¡o sería ejecutado! Estaba ansioso por no provocar un combate que claramente resultaría nuestra destrucción. Continuamos avanzando, y los exploradores voladores, después de habernos observado detenidamente, se dirigieron hacia las distantes pirámides. Más tarde, ese mismo día, mientras hacíamos pasar a los camellos a través de otro viaducto, Al Saurim equipados con armas y adornos de cobre y oro surgieron repentinamente del estanque cubierto de vegetación. Eran de brillante color turquesa con crestas amarillas, y se agruparon a cada lado de su estandarte corno un regimiento de soldados, bloqueando nuestro camino con sus armas. 

Los camellos se detuvieron, y los eunucos se adelantaron con sus cimitarras para formar una línea de batalla. Yo me interpuse haciendo los gestos de paz y amistad de todas las tribus del desierto en las que pude pensar, esperando que reconocieran alguno de ellos. Su líder, que estaba cubierto de plumas, se acercó hacia mi. Fui yo guija habló primero. "¡Salaam hermano, venimos en son de paz!" Él me habló en su idioma, que no pude entender. Era el momento de declarar la razón de nuestra presencia en sus tierras antes que decidieran atacarnos. Ordené a los porteadores que trajesen todo tipo de objetos preciosos de las tierras de Arabia y las dejaran en el viaducto. Entonces me retiré hasta los eunucos, de forma que el jefe de los Al Saurim pudiera examinar nuestras mercancías. 

El jefe y varios Hombres Lagarto más estaban examinando nuestros objetos expuestos sobre el viaducto. Llevaban una gran cantidad de adornos de oro, lo cual indicaba que eran importantes oficiales o paladines. Mientras los examinaban, Haqim el eunuco se dio cuenta que otra compañía de Al Saurim había aparecido a nuestra espalda. Estos eran guerreros mucho más grandes que los que teníamos frente a nosotros. Estaban armados con lanzas y escudos de bronce que resplandecían al sol. Sin duda eran los mejores soldados de los Al Saurim. 

Los que estaban inspeccionando la mercancía dieron media vuelta, dejándolo todo donde estaba. Se retiraron un poco a lo largo de la carretera y desaparecieron entre los árboles. Al hacerlo pudimos ver lo que se escondía detrás de ellos: otro numeroso regimiento de Al Saurim en formación de batalla, armados con grandes cimitarras y pequeños escudos bajo un enorme estandarte coronado por uno de sus ídolos. Nuestro camino estaba cortado en ambas direcciones y no había escapatoria posible a través de los pantanos. Los Al Saurim permanecieron inmóviles. Sus jefes, mucho más altos que los demás, los mantuvieron bajo una férrea disciplina. Durante todo este tiempo, el tórrido sol caía sobre nosotros desde lo alto.

Discutí nuestra posición con Haqim. Estuvimos de acuerdo en que era mejor esperar, ya que ellos no se movían para atacarnos. Si lo hacían, él y los eunucos intentarían abrirse paso retrocediendo a lo largo de la carretera. En cualquier caso, nos enfrentaríamos a nuestro destino con honor.

Ibn Encuentra a los Escribas de Zlatlan... Editar

Cuando el sol estaba apunto de ponerse y podía verse claramente la luna por encima del horizonte, las filas de guerreros se abrieron para dejar pasar a un grupo de los Al Saurim de menor estatura. Eran dignatarios de algún tipo: llevaban pergaminos y otros extraños artefactos. El líder comenzó a hablar en una lengua diferente de la que hablan utilizado con anterioridad. Escuché durante un tiempo y entonces me percaté de que estaba hablando en fa antigua lengua de los Al Nehekharin, aunque apenas era capaz de pronunciar las palabras. Esta es una lengua maligna, actualmente utilizada tan solo por hechiceros malignos y sólo por ser un estudioso pude reconocerla. Soy uno de los pocos a los que el Sultán permite leer los pergaminos prohibidos, por que mi fe es muy fuerte y no pueden corromperme. 

Al principio temí que los Al Saurim fueran seguidores de los perversos habitantes de Al Nehekharin, pero hablaban la lengua arcaica tal y como era hablada con anterioridad a la llegada del mal a esa tierra maldita. Desafortunadamente todos los esfuerzos del portavoz fueron en vano, porque yo no conocía el lenguaje lo suficientemente bien para responderte, ¡y en realidad, está prohibido a los súbditos del Sultán pronunciar en alto ninguna palabra en esa lengua maldita! 

Finalmente, el líder de los Al Saurim dejó de hablarme, pero yo había entendido parte de lo que me había contado. Me había hecho muchas preguntas acerca de la forma del Mundo y los reinos de las diversas naciones y razas. Estas preguntas provenían de su superior que gobernaba en la ciudad. Para contestar a las preguntas y como gesto de paz, mandé que trajeran y fueran abiertas mis cajas de mapas para que pudiera inspeccionarías. El líder de los Al Saurim quedó absolutamente impresionado e hizo que todos sus servidores se reunieran alrededor de mis mapas y los instrumentos matemáticos, incluidos mi astrolabio y mi compás. ¡Suponiendo que eran regalos, se escabulleron en un estado de satisfacción plena! 

Ibn Acompaña a los Hombres Lagarto a las Tierras de los No Muertos... Editar

Nota Histórica: Los escribas Esfizones regresaron después de haber llevado los "regalos" a su Mago Sacerdote. Escoltaron a Ibn y a sus hombres hasta una parte de fa ciudad donde fueron magníficamente agasajados. La narración de Ibn Jeffaba incluye en este punto una larga enumeración de sus observaciones en la ciudad y de cómo a través de largas y difíciles conversaciones, los escribas Eslizones le prometieron ayudarte a volver a su tierra con regalos para el Sultán a cambio de su colaboración en una importante expedición que estaban planeando.

Los extremadamente inteligentes Eslizones consiguieron aprender un poco de Árabe, lo que facilitó la conversación. Llegado este punto Ibn fue capaz de trasmitir el deseo del Surtan de conseguir permiso para que los comerciantes de Arabia pudieran circular por la carretera de tos Hombres Lagarto y alcanzar así fas especias y el oro del Sur. El Gran Mago Sacerdote no lo permitió, ¡ni siquiera a cambio de un tributo en oro! Ibn consiguió sin embargo recuperar sus instrumentos de precisión y sus mapas, de modo que podía volver a guiarse por las estrellas. Aparentemente, los artesanos Eslizones habían hecho copias de elfos para el Gran Mago Sacerdote.

La expedición era un intento de recuperar las reliquias momificadas de uno de los fallecidos Magos Sacerdotes de los Hombres Lagarto. Suponían que estaban escondidas en una necrópolis de las tierras de los No Muertos, después de haber sido robadas en una incursión hacía muchos miles de años. Al parecer, el Mago Sacerdote que gobernaba la ciudad, el Señor Xuaxamut, necesitaba los profundos conocimientos de Ibn del Gran Desierto y las rutas que lo atravesaban, ya que los Hombres Lagarto, al ser criaturas de la húmeda jungla ecuatorial, no estaban acostumbradas a sobrevivir en una tierra árida y absolutamente carente de humedad. En el próximo extracto, la expedición ya se ha puesto en marcha. Al parecer, sólo Saurios y Estegadones (que Ibn describe como "descomunales bestias con cuernos", pero que hemos traducido corno "Estegadones" para mayor comodidad) fueron seleccionados para la expedición, acompañados por cohortes de Eslizones, y por supuesto el pequeño contingente de Ibn.

Atravesamos los pavorosos pilares de cráneos que marcaban los límites cíe fas tierras de Al Nehekhariyah y nos internamos en ef desolado desierto. Ynimirhi (un Héroe Eslizón y líder de fa expedición) reorganizó el orden de marcha, colocando a todos los Estegadones, que estaban cargados con enormes calabazas llenas de agua, en la retaguardia de la columna.. Los Estegadones equipados con castillos avanzaban en vanguardia, entremezclados con cohortes de feroces Al Saurim. Mi contingente marchaba en cabeza junto a estos, mientras los exploradores Tuareg marcaban el camino, localizaban pozos de agua e intentaban descubrir al enemigo. Una batalla con los Al Nehekharin podía producirse en cualquier momento. 

La columna avanzaba varias horas cada día después de la safida y de la puesta del sol; descansábamos durante la noche y la parte más calurosa del día. Esto lo hacíamos así porque los Al Saurim y sus bestias se sentían muy débiles en lo más frío de la noche y en el momento de mayor calor del día; era por ello necesario descansar. También era una estrategia muy sensata, ya que el polvo levantado por la columna no era tan evidente para el enemigo en la neblina de la mañana y del atardecer.

Se me comunicó que en esos momentos el Gran Mago Sacerdote de la ciudad estaba intentando enviar sus pensamientos a través del vacío para embelesar la mente de su gran adversario. Yo dudaba que una cosa así fuera posible, pero Ynimirhi estaba completamente convencido de que su señor podía entorpecer y enlentecer la reacción del enemigo incluso aunque éste llegase a descubrir nuestra presencia en sus tierras.

Nota Histórica: El Gran Mago Sacerdote sin duda había utilizado sus poderes telepáticos para buscar por los desiertos y encontrar el lugar donde estaban escondidas las reliquias de su predecesor antes de enviar a Ynimirhi a recuperarlas. 

Parecía que había conseguido su hazaña mágica, ya que a lo lejos vimos aparecer fa ruinosa necrópolis de pirámides como si fuera un espejismo frente a nosotros. Sabía que esto suponía que la verdadera necrópolis se encontraba a varios días más de marcha hacia el Norte. No vimos ninguna señal de los defensores hasta que llegamos junto a las ruinas auténticas. Entonces fue evidente que tan sólo un siervo menor del Gran Señor de los Al Nehekharin intentaba detenernos, y no la poderosa horda de su Señor Supremo.

Ibn Participa en la Batalla entre los Hombres Lagarto y los No Muertos... Editar

Sin embargo, el ejército de los Al Nehekharin era numeroso. Estaba compuesto por los carruajes esqueléticos de los antiguos reyes de aquel desolado lugar y sus malvados arqueros. Surgieron de las galerías de las tumbas y nos atacaron en lo más tórrido del día, obligándonos a desmontar el campamento y defendernos. Los Al Saurim estaban aletargados por el calor y se agrupaban con lentitud en torno a sus estandartes, sin ningún signo de urgencia. Ordené a mis hombres retroceder hasta detrás de fa cresta de la siguiente duna de arena, antes de que empezasen a caer flechas a nuestro alrededor, en un intento por retrasar el asalto del enemigo. 

Esta táctica funcionó, ya que la totalidad de las malignas criaturas nos siguió a través de la última gran duna hacia las filas compactas de los Al Saurim, que ya estaban dispuestos para masacrarlos. Los Al Saurim estaban desplegados para la batalla con las descomunales bestias con cuernos en primera Línea. Las bestias cargaron contra el enemigo que se aproximaba. Detrás de ellas, pero manteniendo la distancia con los monstruos, estaban situadas las cohortes de Af Saurim, que cargaron después de que los monstruos hubieran penetrado profundamente entre las filas enemigas, que resultaron desorganizadas. De esta forma fueron destruidos los Al Nehekharín, que se descompusieron, cayendo en montones de cráneos y huesos esparcidos a través del desierto. Su superioridad numérica no podía resistir la fuerza de los Estegadones y la ferocidad de los Al Saurim. Aunque la visión y los sonidos de las hordas malignas hubieran infundido un profundo terror en los corazones de hombres mortales, los Al Saurim no estaban atemorizados en absoluto, y acuchillaban sin piedad a cualquier cosa que sé les aproximase.

Después de la batalla, el desierto quedó en silencio. Había poca carne para alimentar a los buitres, ya que habían caído poquísimos Al Saurim. El ejército penetró en la necrópolis. Las pirámides de la ciudad habían sido destruidas. Todo lo que quedaba eran los oscuros pozos que conducían a las criptas de los No Muertos. Sin el menor temor, los escribas registraron cada una de ellas en su búsqueda. Llamaron a varios guerreros Al Saurim para que abrieran cámaras y sarcófagos con cinceles de bronce. Hicimos un gran montón con todo lo que encontramos. 

Siguiendo mis instrucciones, los malignos pergaminos fueron quemados, y varias momias inertes de los antiguos Reyes fueron desmembradas, quemadas, y sus cenizas esparcidas a los cuatro vientos. Esto era exactamente lo que habíamos hecho con el cadáver del Rey Funerario que había dirigido el ataque de la horda No Muerta contra nosotros. Entonces los escribas encontraron lo que estaban buscando: las reliquias de su anterior Gran Mago Sacerdote. Todo lo que quedaba era una harapienta masa informe; muchos de los huesos que faltaban sin duda habían sido sometidos a todo tipo de rituales perversos por los malignos nigromantes. Los escribas colocaron los restos sobre el palanquín que habían traído para este propósito, con gran respeto y veneración.

Nota Histórica: El resto de la narración describe el viaje de regreso de Ibn. Los escribas Eslizones permitieron a Ibn llevarse el oro y las piedras preciosas que habían encontrado en las tumbas o que habían sido expoliadas a las momias de los Reyes Funerarios; todo lo que los Eslizones buscaban eran a su señor-reliquia. El tesoro formó un gran montón que fue cargado sobre los camellos. Ésta fue la recompensa de Ibn por haber guiado a los Hombres Lagarto a través del desierto, para que no regresara con las manos vacías e incurriera en la ira del Sultán. Después de volver a cruzar los pilares de cráneos, el contingente de Ibn se encaminó al Oeste hacia Ka Sabar, y los Hombres Lagarto continuaron hacia el Sur hacia Zlatlan. 

Ibn llegó a Ka Sabar e informó que no existía ninguna ruta terrestre viable hasta los mares del Sur. También describió al Sultán los poderosos ejércitos de los Al Saurim que controlaban el territorio que debía atravesarse, y que estos no tenían ningún interés en abrir rutas comerciales con nadie. Aunque al Sultán no le complacieron estas noticias, quedó maravillado por el inmenso tesoro obtenido por la caravana de Ibn. No sólo recompensó con él a Ibn y a todos sus hombres, sino que quedaron suficientes riquezas para construir una nueva flota de bajeles que disputaría a los Altos Ellos y a las naves de Catai el control de las rutas meridionales de las especias. 

FuenteEditar

Libro de Ejército Hombres Lagarto 5ª Edición

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