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La Guerra de la Barba (Relato II)

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Enano matando dragon.png

Morgrim Elgidum, la perdición de los Elfos, subió por la enrome roca helada, Los clavos de sus botas resonaban con fuerza en el silencioso y vigorizado aire frió. Mientras se acariciaba la barda de forma inconsciente, echo una ojeada al borde del precipicio. A través de las nubes, que se movían lentamente, llegó a divisar unas siluetas diminutas sobre las llanuras que se extendían allí abajo. Entrecerró sus ojos fríos y grises y empezó a sentir una profunda rabia en su interior. Esa mañana se había enterado de que el hijo del Alto Rey, el memorable guerrero Snorri Mediamano, había sido asesinado; cortado en pedazos de manera ignominiosa por el malvado Caledor, Rey de los Elfos. Snorri era el primo menor de Morgrim, y los dos habían luchado juntos en numerosas ocasiones y también habían festejado juntos sus vitorias. Mañana Morgrim y su fieles hermanos iban a enfrentarse a los Elfos traicioneros en las llanuras para aplastarlos a todos. Marcharían valerosamente por la noche y bajarían por los serpententes caminos de la montaña envueltos en la oscuridad. El deseo de venganza los impulsaría a seguir siempre adelante.

Volviendo la cabeza, el imponente Señor Enano inspeccionó a los hombres de su clan mientras estos descendían por el profundo abismo a unos quince metros de donde se encontraba. El continuo repiqueteo de botas sobre la piedra y resonantes cánticos llegaron a sus oídos a la vez que la oscuridad se iba cerniendo sobre ellos poco a poco. Morgrim sonrió para sí con aire sombrío y, al bajarse de la roca, se hundió hasta las rodillas en la nieve, que había empezado a caer de nuevo, y comenzó a remontar el camino hasta sus camaradas.

De repente, se oyó retumbar un rugido tras Morgrim y este se dio media vuelta a la par que desenvainaba la pesada hacha recubierta de runas que llevaba a la espalda. Se quedó de cara mirando al precipicio y el ruido infernal fue ganado intensidad haciendo cada vez más alto hasta que vio aparecer a un dragón azul inmenso que se aproximaba desde el fondo del precipicio. Morgim entrecerró los ojos para protegerse del viento frío y penetrante y lanzo un gruñido a la inmensa criatura mientras esta se elevaba por el cielo. Una silueta con armadura montaba sobre el lomo de la monumental criatura, y, avistando a Morgim a sus pies, lo señalo con su lanza bellamente ornamentada. El dragón dio la vuelta en el aire fácilmente y, desde las altura, serpenteó con gracia y ligereza para encararse al Enano solitario. Luego, cayó en picado vertiginosamente atravesando los copos de nieve en dirección a Morgrim y con sus descomunales garras preparadas para atacar, mientras que la lanza del Príncipe apuntaba firmemente al pecho de Morgrim.

En aquel momento, una lluvia de saetas de ballesta atravesó el aire en dirección a la criatura, que seguía precipitándose abajo, pero todas rebotaron en sus escamas azul brillante sin causarle daño. Sus dos ojos enormes y alargados, que desmostaban una gran inteligencia y astucia, permanecían clavados en la figura del Señor Enano. Al acercarse, levantó un poco el cuerpo para pasar por encima del Enano y varias saetas negras fueron a clavarse en la panza desprotegida del animal. Este lanzó un chillido, causado más por la sorpresa que por el dolor, y se desvió un poco hacia la izquierda, El hábil Príncipe Dragón consiguió compensar este movimiento repentino cambiando la inclinación de su lanza y apuntó directamente a Morgrin a la par que el dragón se acerva rápidamente por encima de su cabeza

Agarrando con fuerza su hacha de doble filo con sus firmes manos, Morgrim la cruzó por delante de su cuerpo con una rapidez sorprendente y consiguió romper la lanza que se dirigía contra él. Las Runas inscritas en la empuñadura del hacha dejaron un haz de luz flotando en el aire. Con un rápido movimiento a continuación del anterior. Morgrim volteó el hacha por encima de su cabeza e hizo un corte profundo en la pata trasera del dragón cuando este se elevaba por los aires por encima de él.

Aunque podía oír perfectamente los fritos de sus camaradas, que se acervan corriendo pesadamente por la nueve para llegar hasta donde él estaba, el ceñudo Enano sabía que no llegarían a tiempo para poder ayudarlo, El dragón se elevó por los aires y giró ágilmente antes de dejarse caer otra vez hacia Morgrim. La criatura se detuvo en seco delante del Señor Enano, abrió la boca al máximo, separó las mandíbulas todo lo que pudo y su pecho se hinchó con una repentina inspiración de aire. Acto seguido, una colosal y refulgente llamarada de fuego salió disparada de sus serpentinas fauces y envolvió por completo a Morgrim. Una gran nube de vapor se elevó silbante de la nieve y el hielo, fundidos por el intenso calor, pero la torva silueta de Morgrim permaneció impertérrita. Las llamas se deslizaron a su alrededor sin causarle el menor daño, a la par que las antiguas runas de su armadura brillaban con fuerza.

Al ver su ataque frustrado, el dragón se abalanzó sobre el Enano con un regido brutal y con los ojos rebosantes de maldad. La nieve y el hielo que el calor no había tocado formaban un círculo perfecto alrededor de Morgrim, que lanzó su propio rugido y levantó el hacha por encima de su cabeza. El dragón se precipitó hacia adelante con la cabeza estirada para alcanzar a la solitaria figura. Morgrim blandió el hacha en un poderoso arco e impactó en el costado de la cabeza del dragón azul justo en el momento en que este se encontraba a la distancia precisa, con lo que el hacha se clavó profundamente en su piel escamosa y dura; además, Morgrim consiguió echar a un lado al dragón del golpe. Inclinándose hacia adelante en su silla, el jinete elfo blandió su espada contra el Enano, pero este desvió el ataque de un golpe rápido que demostraba desprecio. entonces, Morgrim saltó hacia adelante y le propinó un terrible golpe al dragón en el cuello con su antigua arma rúnica. El decorado filo se hundió fácilmente en el sinuoso cuerpo de la criatura y estuvo a punto de cortarle la cabeza de un tajo.

El dragón se convulsiona repentinamente y lanzó un chillido ahogado por la sangre mientras gotas de color rojo oscuro salpicaron la nieve totalmente blanca. El dragón fue a estrellarse contra el suelo, donde empezó a revolverse salvajemente en una agonía mortal. El Príncipe Dragón intento desesperadamente liberarse de los arneses que lo mantenían sujeto a la silla: pero, antes de que lograra llegar a las hebillas, el dragón giró sobre si mismo de forma súbita y se precipitó al vació. En el momento de empezar a caer, el Elfo levanto la cabeza y cruzó una mirada con Morgeim. Tras el yelmo decorado, Morgrim divisó un par de ojos grises llenos de miedo y, en el instante siguiente, la pareja desapareció de la vista al caer a plomo entre las nubes mientras seguían sacudiendo brazos y piernas.

El Enano permaneció de pie sobre el acantilado mirando al vacío, con el frió en los ojos. Cuando los hombres de su clan llegaron a su lado carentes de aliento, se quedaron mirando a su Señor expectantes y sin decir nada. Al final, este se dio la vuelta para dirigirse a ellos: "Mañana-dijo con voz grave- Mañana, el campo de batalla quedará bañado con la sangre de los Elfos. Les haremos pagar muy caros sus trucos sucios".

Sin pronunciar otra palabra más, Morgrim se giró, se apoyó en el hombro el hacha, manchada de sangre, y empezó a caminar.

FuenteEditar

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