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La Prisionera del Vampiro

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Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos.jpg

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos.jpg

Mannfred von Carstein FdlT.jpg

Mannfred von Carstein sometiendo a Aliathra

Los ojos de Aliathra se entreabrieron cuando el vampiro aferró su mandíbula. Fue una reacción puramente instintiva, pues ella estaba ciega desde hacía varios meses. Sintió cómo las garras se clavaban en su carne, mas ningún dolor. Llevaba semanas sin sentir dolor alguno, desde que sus venas habían sido abiertas para servir de combustible al mapa. ¿Estaba todavía viva? La Niña Eterna no lo sabía.

"¿Aún viva? Bien". La voz del vampiro era educada, sofisticada incluso, pero aquello no engañaba a Aliathra. Había sido su invitada forzosa durante demasiado tiempo, y había conocido de primera mano el infinito talento para la crueldad de aquella criatura. "Parece que eres más importante para mi de lo que había creído en un principio".

"Mi pueblo vendrá a buscarme. Cuando lleguen, arderás", siseó Aliathra, y sintió la satisfacción de ver un deje de preocupación atravesando la cara del vampiro. Pese a su arrogancia, la criatura todavía temía el poder de los Elfos, y hacía bien.

"¿Lo harán, querida?" Se burló la criatura, desaparecida aquella momentánea debilidad como si nunca hubiera existido. "Entonces los haré pedazos otra vez, como ya hice bajo Nagashizzar. Pero no te preocupes; no se desperdiciará nada".

Las palabras no eran sino una distracción, una treta, como ya lo habían sido tantas veces. Aliathra intentó volver la cara, pero el vampiro la sujetó rápidamente, clavando sus profundos ojos negros en los de ella. Ella podía sentir la presión de la voluntad de él a medida que trataba de sondear su mente. Sabía que él percibía algo inconveniente, que la cautiva supuestamente esclavizada todavía le ocultaba un secreto. Cada vez, el vampiro calculaba mejor sus defensas, y cada vez el esfuerzo por resistir se volvía más difícil.

"¿Qué estás ocultando?" Exigió el vampiro, retorciendo con saña la cabeza de Aliathra, rastreando el contorno de su cráneo como si buscara alguna imperfección física que pudiese ayudar a su interrogatorio.

Aliathra no ofreció respuesta. La presión se volvió más fuerte, y podía sentir cómo se desmoronaba su voluntad. El deseo de rendirse era abrumador. A pesar de las desafiantes palabras de la Niña Eterna, no tenía certezas de ningún rescate. Había hilado su canto silencioso en todo momento durante aquellos meses terribles, una llamada tan sutil que incluso no podía ser percibida por los finos sentidos del vampiro. Por desgracia, no había recibido respuesta. Por lo que Aliathra sabía, había sido abandonada. Sólo retenía una esperanza desesperada, y la esperanza era difícil de mantener en Sylvania.

"¿Por qué no te rindes y terminas con tu dolor?" Sugirió un susurro en la mente de Aliathra, y ella no pudo distinguir si era un pensamiento suyo, o de su captor.

La Niña Eterna estaba a punto de entregarse cuando otra voz retumbó en la mazmorra, una voz tan seca como el lejano desierto, que no hacía el más mínimo esfuerzo por disimular su tono despectivo.

"Por fascinante que resulte contemplar al gran Mannfred von Carstein exhibiendo su maestría sobre una mortal encadenada, tenemos otros asuntos y poco tiempo para atenderlos".

La atención del vampiro vaciló sólo por un instante, pero fue suficiente. Aliathra se recuperó, y rehizo sus defensas aún más gruesas y fuertes que antes. El vampiro sintió el desafío renovado y, gruñendo de frustración, abandonó el interrogatorio de su prisionera para regresar de vuelta a las sombras que se amontonaban ante los ojos de la Niña Eterna.

Con una breve plegaria a Isha, Aliathra cerró sus ojos y comenzó de nuevo el canto silencioso.

Fuente Editar

  • The End Times I: Nagash

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