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La Sangre del Dragón

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La Sangre del Dragon
Brunner el Cazarrecompensas 03 - La sangre del Dragon.jpg
Detalles
Título original Blood of the Dragon
Autor C.L. Werner
Ilustrador de cubierta Clint Langley
Diseño de cubierta Desconocido
Traductor Diana Falcón
Saga Libro único
Colección Brunner, el Cazarrecompensas
Entrega Tercer libro
Publicación Septiembre del 2005
Precuela Sangre y Acero
Secuela No tiene

La Sangre del Dragón es la tercera y última entrega de la trilogía de "Brunner, el Cazarrecompensas", escrita por C.L. Werner. Al contrario que en los dos libros anteriores, en esta ocasión no era un conjunto de relatos cortos autoconclusivos sino de una sola historia, una novela en toda regla.

SinopsisEditar

Por los salvajes territorios sin ley del Viejo Mundo, el despiadado cazarrecompensas Brunner persigue a su presa a cambio de una bolsa de oro. Pero cuando la persecución del famoso bandolero Gobineau lo conduce hasta la asolada ciudad de Mousillon, Brunner se ve atrapado entre dos facciones opuestas y un antiguo y poderoso dragón.

TramaEditar

Editar

Ehrhard Stoecker se encontraba residiendo en la ciudad Bretoniana de Parravon. Ya había pasado todo un año después de haber ayudado a Brunner a acabar con la amenaza del Príncipe Negro, y medio año desde su último encuentro. Una vez más, el cazarrecompensas vuelve a visitarlo para contarle sus últimas peripecias. Antes de comenzar su narración le pregunta si ha oído rumores sobre los últimos acontecimientos ocurrido al este de Bretonia. Stoecker había oído noticias sobre los estragos causado por un dragón y se sorprende ante la idea de que su amigo tuviera algo que ver con eso...

Plantilla Spoiler Cazador de Brujas.png
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Este artículo puede contener spoilers de La Sangre del Dragón

La Sangre del DragónEditar

Brunner llega a un pequeño poblado bretoniano donde están a punto de colgar a un ladrón, Sicho. Antes de que se cumpla sentencia, Brunner interviene para para hacerle unas preguntas obre el paradero de Gobineau, un pícaro criminal buscado en toda Bretonia y por el que ofrecen dos mil piezas de oro. Sicho se muestra más que encantado de decírselo, dado que fue por su culpa por lo que pudo ser capturado, así que antes de ser ahorcado le dice que está formando una nueva banda en la aldea de Perpileon, en Montfort.

Lejos de allí, Dogvael, un antiguo seguidor del fallecido señor del crimen el Príncipe Negro, se prepara para emboscar un carro conducido por una solitaria figura junto a dos secuaces, pero cuando lo hace, resulta ser una trampa organizada por Gobineau, y son acribillados a flechazos por sus hombres que estaban ocultos. Mientras saqueaban los cuerpos, uno de ellos, saca un pequeño cilindro hecho de marfil y plata, al parecer, un tesoro del Príncipe Negro. El asaltante trata de quedárselo para sí solo, pero Gobineau se da cuenta y se indigna porque habían acordado repartir equitativamente entre todos, y mata al hombre cuando este le ataca.

Al observar el objeto, Gobineau ve que contiene inscripciones en élfico, por lo que consideró que debería ser mágico y valer mucho más de lo que parece a simple vista. Así que convence a sus compañeros de llevárselo a un mago al que llaman Loco Rudol, en la ciudad de Valbonnec, para que lo analice y pueda darles una oferta.

Por la noche, un agonizante Dogvael trata de arrastrarse fuera del camino, hasta que una figura aparece de repente. El moribundo asaltante se estremece al reconocerlo: se trata de Brunner, quien había dado muerte a su señor hace casi un año. El cazarrecompensas le interroga por lo ocurrido descubriendo hacia dónde se dirigía Gobineau y cuál era su objetivo. Antes de continuar con la búsqueda, saca su cuchillo Degollador; pues sería una pena desperdiciar cincuenta coronas de oro....

Gobineau y sus hombres llegan a la torre donde vive el hechicero. Rudol había sido un prometedor estudiante del Colegio Celestial del Imperio antes de que la impaciencia y la ambición lo hicieran merecedor de la desconfianza y enemistad de sus profesores, que lo habían expulsado por su temeraria negativa a aceptar la cautela y contención que los hechiceros de más edad intentaban siempre inculcar a sus estudiantes. Debido a ello, tuvo que huir a Bretonia para evitar las atenciones de los cazadores de brujas, malviviendo durante veinte años empleando sus poderes para ayudar a los campesinos a cambio de comida. Por todo ello guardaba una gran resentimiento a la Orden Celestial, y aguardaba el momento en el que pudiera vengarse.

Al estudiar el cilindro que le entregó el ladrón, descubrió que era una cajita en cuyo interior había un ennegrecido hueso con agujeros parecido a un instrumento musical. El mago descubrió para su sorpresa que se trataba de un Colmillo Cruel, un poderoso objeto mágico, un talismán de los Altos Elfos que permitía tener el control sobre un gigantesco dragón. ¡Con aquella cosa en su poder podría llevar a cabo finalmente su venganza! Sin embargo, se dejó llevar por la ambición, y Gobineau lo notó. Quería quedarse con el Colmillo Cruel pero estaba claro que no sería barato, así que les atacó por sorpresa a los ladrones empleando su magia.

Brunner hacía un rato que había llegado al lugar, y mientras estudiaba la pequeña torre, dentro de la estructura se produjo una explosión salpicada por los gritos y lamentos de varios hombres, y corrió al lugar. En su interior, Gobineau y los que pudieron escapar del traicionero ataque del mago trataron de escapar, pero justo cuando salían entró Brunner. el pícaro se sorprendió al reconocer al cazarrecompensas, pero se las ingenió para engañar a Rudol haciéndole creer que también estaba tras el objeto élfico. El mago hizo frente a esa nueva amenaza, y el ladrón bretoniano logró escapar de allí junto a otros dos, llevándose consigo el Colmillo Cruel, mientras Rudol y Brunner trataban de matarse el uno al otro.

Debido a las energías desatadas en su interior, la torre se desmoronó, pero Gobineau no dudaba que tanto el cazarrecompensas como el hechicero lograría salir de los escombros, así que engaño a uno de los otros dos supervivientes para que hiciera de involuntario cebo, mientras que él y el otro ladrón, un individuo llamado Pigsticker huían en dirección contraria. Gobineau convenció a un desconfiado Pigsticker que en Mousillon pagarían una buena suma por el Colmillo Cruel, y podrían dividir las ganancias entre los dos partes. Quince minutos más tarde, Pigsticker se encontraba desangrando por una puñalada a traición por parte de Gobineau, que lo abandonó para que muriera. Con lo que no había contado el pícaro es que Pigsticker sabía leer y escribir hasta cierto y con sus últimas fuerza escribió un mensaje con su sangre que delatarían a su traicionero compañero.

Como había previsto Gobineau, tanto Brunner como Rudol lograron escapar de los escombros. El cazarrecompensas siguió tras la pista del ladrón, encontrándose con el cuerpo de su compañero y el mensaje escrito. Gracias a él, supo que el bandolero se dirigía a Mousillon, un lugar de siniestra reputación al que Brunner ya había estado antes y al que no quería regresar sin ayuda. Por su parte Rudol escapó de la torre mediante un encantamiento de magia oscura. Había puesto un hechizo de localización en el Colmillo Cruel, pero después de lo ocurrido consideró que necesitaría un aliado, un protector en esta empresa; y tenía una idea bastante clara de dónde encontraría a dicho protector, un hombre lo bastante implacable para dar su apoyo a los planes del hechicero, siempre y cuando Rudol le hiciera creer que también él se beneficiaría.

En al pequeña ciudad de Alelbec, Brunner se encontró con un antiguo conocido suyo, un Enano cazarrecompensas llamado Ulgrin Hachafunesta, que por aquella época atravesaba una mala racha y ahora trabajaba como guardaespaldas para un comerciante de poca monta. A cambio de mil coronas de oro, la mitad de la recompensa que daban por Gobineau, le ayudaría a capturar al criminal en la ciudad de Mousillon. El Enano aceptó sin dudar.

A varios kilómetros de allí, en un tugurio llamado el Nido del Grifo, se encontraba el pícaro ladrón. Su plan era venderle el Colmillo Cruel al duque Marimund. El duque también estaba obsesionado con todo lo relativo a la magia, pues abrigaba la esperanza de hacer realidad el sueño de restablecer los días de gloria de su putrefacta ciudad mediante brujería y magia negra. Estaría muy interesado en lo que Gobineau tenía para mostrarle. Y, por supuesto, mientras Marimund estuviera ocupado con su nuevo juguete, tal vez su bella y joven esposa estuviese interesada en holgar durante unas cuantas horas con su antiguo amante. Sumido en sus pensamientos, Gobineau se puso a juguetear con el Colmillo Cruel y reparó una vez más en los agujeros irregulares que parecían haber sido taladrados en la superficie. El pícaro se llevó la reliquia a los labios y sopló a través de la boquilla de plata del colmillo hueco, pero no manó sonido alguno. Resignado, volvió a ocultar el talismán entre sus ropajes.

En la otra punta de Bretonia, el hechicero Rudol se reunió con el vizconde bretoniano Augustine de Chegney, un noble ambicioso y sin escrúpulos que no dudaría en emplear cualquier método para conquistar nuevas tierras. El mago apeló a estos dos factores para que lo ayudara en su empresa. A cambio de su mecenazgo y ayuda, Rudol obtendría el Colmillo Cruel y con él la capacidad de controlar a un poderoso dragón que podría emplear contra sus enemigos. De Chegney aceptó el trato y le prestó veinte soldados acompañado por uno de sus caballeros, Thierswind, quien estará al mando de la expedición. Ludo podría hacerle sugerencias, pero Thierswind sospechara ni por un momento que tiene intenciones de traicionarlo, tiene autorización para cortarle la cabeza.

Y en la Isla de Sangre, un árido trozo de roca volcánica en medio del océano, a unos trescientos kilómetros de la costa de Estalia, un antiguo ser de tamaño descomunal, una criatura más antiguo que las naciones humanas, despertaba de su profundidades tras siglos de reposo. Se trataba de Malok el Destructor, el dragón que estaba vinculado al Colmillo Cruel. La gigantesca bestia sentía la llamada del objeto y el se sentía obligado a obedecerla. Acudiría al lugar de la llamada y destruiría al insensato que estuviera en posesión del talismán, sin importar que tuviera que reducir a ascuas y cenizas una extensión de tierra suficientemente grande para ello. Tras desperezarse, extendió su alas y emprendió el vuelo.

Tras varios días de marcha, Brunner y Ulgrin finalmente llegaron al puerto de la ciudad maldita de Mousillon, un lugar donde la muerte y al corrupción acampaban a sus anchas; y donde un hombre podía perder la vida de muchas y variadas maneras. Durante largos y tensos minutos los dos guerreros recorrieron las sinuosas calles en ruinas de la zona portuaria, fueron asaltados por una banda de necrófagos, pero los dos cazarrecompensas lograron rechazarlos y obligarlos a huir, llevándose a sus caídos para devorarlos.

Toda aquella pelea fue observada por un noble local, que desea contratarlos para una misión de asesinato, siendo su objetivo el marqués Marimund. El noble les explica que el marqués se ha convertido en una amenaza para la ciudad misma. Exige elevados tributos de otros nobles, se ha autoimpuesto el título de Duque y a empezado a dirigir los ojos allende a las fronteras del ducado, lo que sin duda atraería la cólera del Rey de Bretonia. Han intentado acabar con él, pero no libra sus propias batallas, sino que las delega en su campeón, Corbus, quien ha derrotado a decenas de caballeros sin sufrir un rasguño. Además también está una hechicera que sirve a Marimund y cuya magia lo protege.

Los cazarrecompensas le dicen que ellos andan tras la busca de Gobineau, a lo que el caballero les responde que si no está muerto, lo más probable es que esté en el castillo de Marimund, y si quieren entrar, tienen que colaborar en el plan. Él enviará a uno de sus hombres a recoger unos tributos. Por supuesto, Marimund tendrá noticia de ello y enviará a su campeón con una banda para quedárselo, lo que desencadenará una lucha en el que su grupo serán superiores numéricamente. Entonces Brunner y Ulgrin intervendrán en la lucha a favor de Corbus. Si lo impresionan lo suficiente, les ofrecerá un puesto dentro de la guardia de Marimund, lo que les los conducirá al interior del castillo y les permitirá acercarse al marqués a Marimund, donde aprovecharán el momento para asesinarlo, siendo recompensado por el esfuerzo.

Brunner habla por boca de los dos y acepta el trato, para después hablar con Ulgrin y darle unos cuantos retoques a aquella estratagema. Le advierten al Enano que a pesar de que hagan lo que les pide, el noble no les pagará, pero representa una oportunidad de oro para entrar en la fortaleza. Brunner seguirá el plan del Bretoniano pero el enano entrará por otros medios. Todos los castillos de Mousillon tienen una característica en común y es que fueron construidos con sistema de drenaje, una red de alcantarillas subterráneas que desagua en el Grismerie. ¿Quién mejor que un enano para husmear en un túnel?

Cuando la noche cayó sobre la ciudad maldita, el enano siguió el plan de su compañero. Escabulléndose por las calles hasta llegar al sistema de alcantarillas, y soltando una sarta de improperios, caminó por los detritos, buscando esa entrada. Sin embargo, durante el camino, fue atacado por una banda de sapos gigantes. Maldiciendo Brunner por su situación, se preparó para hacer frente a la amenaza.

Dentro del castillo, Gobineau se despertaba en una mazmorra después de recibir una paliza por parte de los hombres del duque. Le había hablado del Colmillo Cruel y del poder que tiene, y cuando creía que llegaría a un trato, Marimund llamó a sus hombres que cayeron sobre él. El duque se había enterado de la aventura que había tenido el ladrón con Tietza, su recientemente muerta por inanición esposa, y quería castigarlo por ello. Una mujer de gran belleza le hablo desde el otro lado de las rejas, y Gobineau se dio cuenta de que se trataba de la hechicera de Marimund. Durante los delirios, el ladrón había hablado mucho, entre lo dicho, de que estaba siendo perseguido por Brunner, y la hechicera le exigió saber más sobre él.

A las afueras, Brunner se puso a observar como el plan del noble se puso en marcha. Tal como había predicho, Corbus y cuatro hombres fueron a por el tributo, solo para ser emboscados. Desde su posición, el cazarrecompensas pudo ver como el caballero de rojo derrotaba a sus enemigos no solo con una destreza sin par, sino también con una fuerza sobrehumana; aún así daba la impresión de que la emboscada podría tener realmente una oportunidad de éxito, así que el cazarrecompensas decidió intervenir tal y como se había planificado; y los asaltantes fueron derrotados.

Brunner salió de su escondrijo y se presentó ante Corbus como un mercenario en busca de trabajo, que les había ayudado en la lucha ya que con su grupo tenía más posibilidades de ser contratado. Corbus se mostró desdeñoso con sus palabras y aseguraba que podría haberlos derrotado todos sin su ayuda sin necesidad de sus cobardes trucos, aún así había perdido dos de sus hombres en la emboscada, por lo decidió llevarlo ante el duque Marimund para que fuera él quien decidiera si contratarlo o no.

Pero una vez ante su presencia, el duque decidió tomar una decisión totalmente inesperada para el cazarrecompensas. El duque sabía quién era él y que estaba allí para asesinarlo, así que ordenó capturarlo. Brunner trató de defenderse pero fue rodeado por los hombres del duque y atrapado por Corbus con su fuerza descomunal. La hechicera intervino para que no lo mataran ya que podía interrogarlo con su magia para saber si había más asesinos al acecho. Marimund accedió a lo primero pero en cuanto a lo segundo, preferiría un sistema de interrogatorio más clásico, así que lo dejó en manos de su campeón.

Mientras tanto, a varias decenas de kilómetros de la ciudad de Mousillon durante la noche, Malok llegó a la posada Nido del Grifo y el pueblo que la rodeaba, atendiendo a la llamada involuntaria del Colmillo Cruel. El dragón arrasó el lugar con su fuego para acabar con el desdichado que estuviera en posesión del talismán, sin importarle quien o que tuviera que destruir para ello. Tras arrasar el lugar, le quedó claro que a quien buscaba no estaba allí y se marchó.

Volviendo con Brunner, este despertaba completamente dolorido después de haber recibido las atenciones de los hombres de Marimund, especialmente de su campeón. Pero mientras se recobraba, la hechicera abrió la puerta de su celda. Esta se presentó como Ithilweil y en realidad era una elfa de Ulthuan. Había advertido al duque de la llegada de Brunner y de sus intenciones, porque no quería que lo matasen, ya que Corbus, su campeón, es en realidad un vampiro del clan Dragón Sangriento, pero aún se aferraba a los códigos de honor y de devoción a su señor, por lo que Marimund era el único que podía controlarlo.

Sin embargo, ahora Ithilweil necesitaba la ayuda de Brunner ya que se encontraba tan prisionera como él en aquel lugar, sin embargo era algo demasiado peligroso como para intentarlo sola. La elfa había acabado en Mousillon después de que el barco en el que viajaba se hundiera cerca de la costa a causa de una tormenta. Los lugareños tomaron a los supervivientes por demonios y les atacaron. Solo Ithilweil logró escapar. En su huida se topó con Marimund, quien la protegió de la furiosa turba a cambio de ponerse a su servicio. A cambio de sus talentos mágicos, Marimund la mantiene a salvo de los suspicaces campesinos y de los soldados de los otros nobles, que la odian y temen como la Hechicera Roja.

Por esa razón necesitaba la ayuda de Brunner. Trató las heridas del cazarrecompensas y le entregó el uniforme de uno de los guardias para que pasara inadvertido. Brunner preguntó donde se encontraban su espada y sus armas, a lo que Ithilweil respondió que se encontraban en lo aposentos del Duque. Normalmente estos se encuentran vigilados pero ella lo había preparado todo con un hechizo menor para mantenerlo distraído al duque y a sus hombres durante un buen rato, así que no debería haber problemas.

Brunner dedujo que la elfa también quería robarle algo a Marimund, y le preguntó que era. Ithilweil le dijo que hace unos días, Marimund capturó a otro prisionero, un ladrón que hace algunos años descarrió a la esposa del duque. El ladrón tenía un artefacto, un talismán mágico hecho por su pueblo, y no podía marcharme sin él. El cazarrecompensas adivinó que se trataba del pícaro Gobineau, así que convenció a la elfa para sacarlo de su celda a pesar de las protestas de esta. El ladrón aceptó acompañar a Ithilweil y a Brunner, a quien no reconoció a causa del uniforme que llevaba.

El objeto que Ithilweil quería recuperar era obviamente el Colmillo Cruel. Sabía que podía convocar al dragón al que estaba vinculado, pero se necesitaría una gran fuerza de voluntad y poder mágico para poder controlar a la bestia, y aún así eso no era garantía de que el dragón se volviera contra el usuario y arrasara una gran porción de terreno. Temía que el duque lo usara, pero temía aún más que fuera Corbus el que llamara al dragón. El vampiro no estuvo presente cuando Gobineau le dijo al duque que era el artefacto y qué se decía que era capaz de hacer. El propio Marimund no creyó ni una sola de las palabras pronunciadas por el pícaro charlatán, pero Corbus sí que lo habría hecho.

El Dragón Sangriento despreciaba la sed de sangre que dominaba sus impulsos pero creía en la leyenda de que si un vampiro bebía la ardiente sangre que corría por las venas de un dragón, nunca más sería atacado por la sed roja, nunca más sentiría la necesidad de saciar su atroz hambre con la sangre de los vivos. Ithilweil sabía que Corbus haría cualquier cosa para lograr algo semejante. Nadie podría controlarlo, y ni siquiera lo refrenarían los juramentos que le había hecho a Marimund si pensaba que podía librarse de su condena.

Los tres se dirigieron a los aposentos de Marimund a por sus cosas, pero durante el camino les salió al paso Ulgrin Hachafunesta, completamente cubierto de inmundicia exigiéndole que le entregaran a Gobineau. Tras unos segundos, reconoció Brunner y le felicitó por haber atrapado al ladrón. El cazador de recompensas giró sobre sí y derribó Gobineau en el momento en que se preparaba para huir al darse cuenta de quien era su “salvador”. Tras aclararle la situación, los cuatros continuaron avanzando por el castillo.

En las mazmorras del mismo, el campeón Corbus se dirigía malhumorado a saciar su sed de sangre con uno de los prisioneros, después de que la hechicera hiciera alguna clase de encantamiento a una de las cisternas del duque para transformar el agua en vino, un hechizo que mantenía distraído a gran parte de los habitantes del castillo y a él le había despertado su antinatural sed. Pero al llegar allí descubrió que Brunner y Gobineau habían escapado y había sido ayudados por la elfa, así que inmediatamente dio la señal de alarma.

El grupo de Brunner finalmente llegó a los aposentos de Marimund, y el cazarrecompensas recuperó sus armas: La espada Malicia de Dragón, su colección de cuchillos que usaba en su sanguinaria vocación, en especial el enorme Degollador; sus pistolas, su ballesta de repetición, la estaca que le había comprado a un sacerdote guerrero hace tiempo, etc... Mientras Brunner se ocupaba de recuperar sus armas, Ithilweil recogió de la mesa el Colmillo Cruel y sintió que la inundaba una gran ola de alivio, solo esperaba que el duque Marimund no hubiese cometido la insensatez de usarlo

Tan perdida estaba Ithilweil en sus pensamientos que no reparó que pasaba cerca de Gobineau. Con el aliento contenido, el pícaro observó su avance y vio que se le presentaba una oportunidad. Había visto como la Elfa se había apoderado del Colmillo Cruel, así que el talismán debería ser aún más valioso de lo que creía en un principio. El ladrón cambió su plan en el preciso momento en que avanzaba para ponerlo en práctica. A fin de cuentas, ¿por qué iba a marcharse sin llevar consigo algo que compensara las duras pruebas por las que había pasado?

Gobineau cogió a Ithilweil por una muñeca e hizo girar su esbelto cuerpo de modo que pudiese rodearle la garganta con un brazo. El repentino movimiento pilló a la elfa completamente desprevenida a causa de lo absorta que estaba en sus aterradores pensamientos. Su reacción, sin embargo, fue mucho más veloz de lo que había previsto Gobineau, y le estrelló una bota contra una pantorrilla con una fuerza que el forajido jamás habría imaginado posible en una persona de constitución tan esbelta. La elfa giró para alejarse del bandido que la aferraba mientras éste se desplomaba sobre una rodilla a causa del dolor. Pero entonces Gobineau le retorció la muñeca. Ithilweil hizo una mueca de dolor y el Colmillo Cruel repiqueteó en el suelo. Antes de que ella pudiese recobrarse, el pícaro se apoderó del objeto.

Ithilweil gritó para impedir que usara el Colmillo, atrayendo la atención de ambos cazadores de recompensas. Gobineau se marcó un farol amenazando que haría sonar el Colmillo Cruel e invocar al Dragón si estos daban un solo paso más. A pesar de que la elfa estaba aterrorizada, Brunner y Ulgrin comenzaron a describir círculos en torno al ladrón y acercársele. Ante esto, el ladrón decidió cumplir su amenaza y sopló a través de los agujeros del Colmillo Cruel, pero aparentemente nada ocurrió.

En el preciso momento en que los cazadores de recompensas caían sobre él, sin previa advertencia, la puerta de la habitación de Marimund salió volando hacia el interior impulsada por una fuerza tremenda. Todos los ojos se volvieron hacia la entrada y vieron la silueta de roja coraza de lord Corbus que se encontraba en el corredor. La cara del caballero ya no se parecía a nada humano, con los ojos ardientes de cólera, la boca como un tajo abierta en una mueca feroz y los colmillos de lobo desnudos. Estaba allí para matar a lo prisioneros y a la hechicera.

Tan absorto estaba Corbus en los objetos de su ira, las figuras de Gobineau, Brunner e Ithilweil, que había prestado escasa atención al cuarto ocupante de la estancia. Con un alarido salvaje, Ulgrin se lanzó contra el caballero rojo al tiempo que barría el aire con el hacha en un destellante arco de destrucción, dejando un tremendo tajo en el pecho del vampiro. El hacha se estrelló contra su cuerpo por segunda vez y lo derribó, quedándole clavada en el pecho. Cualquiera de esos tajos habría sido fatal para un hombre mortal, pero Corbus se levantó indiferente del suelo y se arrancó el hacha, para después lanzar al enano por los aires hasta un armario, antes de dirigirse a sus principales presas.

Cuando Corbus comenzó a avanzar, Brunner advirtió que la elfa Ithilweil se había situado detrás de él. Oyó que la joven murmuraba un conjuro, que enlentecieron los antinaturales reflejos del Dragón Sangriento lo suficiente como para que Brunner pudiera hacerle frente con algunas posibilidades de éxito. Durante el enfrentamiento, disparó al vampiro destrozándole media cara, que cayó al suelo, aparentemente muerto.

Mientras los tres se recobraban por lo ocurrido, advirtieron que Gobineau había aprovechado aquel momento para escapar, llevándose consigo el Colmillo Cruel, y corrieron inmediatamente tras él. Usando su labia y elocuencia, el pícaro se las ingenió para engañar a los soldados de Marimund, que le dejaron salir del castillo con un arma. Mientras corría por las calles, advirtió una enorme figura en el cielo nocturno y una ráfaga de aire caliente y acre en el ambiente...

Brunner, Ithilweil y Ulgrin, pro su parte se encontraron con Marimund y sus hombres, cortándoles la retirada. El duque había ordenado a sus subordinados que los mataran cuando la fortaleza entera empezó a temblar. Malok había acudido allí siguiendo la llamada, y tal como había hecho la anterior vez, empezó a atacar la gigantesca estructura y a sus ocupantes. A lo lejos, Gobineau contemplaba impresionado al espectáculo de ver a un colosal dragón destruir la fortaleza de Marimund sin apenas esfuerzos. Convencido ahora de que el poder del Colmillo Cruel era real y que sus enemigos habrían muerto en el ataque, el contrabandista salió corriendo de Mousillon mientras en su mente planeaba cómo sacar provecho de todo ello.

Tras reducir al castillo en humeantes ruinas, Malok se alejó volando del lugar, tras quedar convencido de que la alimaña que lo había obligado a acudir allí estaba entre los centenares de cadáveres.

A pesar de la desolación causada, Brunner, Ithilweil y Ulgrin lograron escapar a duras penas de la ira de la enorme bestia a través del sistema de alcantarillado. La elfa estaba aterrorizada ante la destrucción causada por el dragón tras haber acudido a la llamada del Colmillo Cruel. Dijo a sus compañeros que tenían que recuperarlo antes de que la tragedia se volviese a repetir en otro lugar. Gobineau sin duda estaba vivo, pues había escapado antes que nadie del castillo antes de que la bestia llegara para destruirlo, y aún tenía el talismán en su posesión. Brunner aseguró a la elfa que encontrarían al ladrón, pero le aclaró que él y el enano solo irían a por el precio de su cabeza, el talismán no era asunto suyo y se desentenderían de él una vez cazaran a Gobineau.

Entre las ruinas, el duque Marimund agonizaba después de que buena parte de su cuerpo quedara aplastado por las piedras que conformaban su fortaleza. Deliraba inconscientemente en voz alta sobre lo que el había ocurrido y sobre el poder del Colmillo Cruel. Sus palabras fueron escuchadas por el vampiro Corbus, que estaba intrigado por ese poder de invocar dragones y le exigió saber quien tenía esa capacidad. Entre estertores, Marimund jadeó el nombre de Gobineau. Para el vampiro, encontrar al ladrón sería el primer paso hacia la única salvación que le quedaba para librarse de su sed de sangre. Antes de partir en su búsqueda, decidió alimentarse del agonizante duque para recuperar fuerzas.

A causa de la destrucción causada por Malok, salir de la ciudad maldita de Mousillon resultó ser una tarea mucho más fácil que entrar, ya que tanto los habitantes de la ciudad como las criaturas que lo habitaban se habían ocultado. Durante las siguientes jornadas, el dragón causó una gran desolación a lo largo del territorio Bretoniano de Bordeleaux en su viaje en dirección este, arrasando aldeas y aniquilando a regimientos de caballeros que salían a su paso para detenerlo. Este rastro de destrucción era seguido por el grupo de Brunner y sus compañeros, ya que era la mejor pista que tenían para dar con Gobineau.

Durante una parada, la elfa pudo advertir el gran pesar que había sobre los hombros del cazarrecompensas, y este le explicó que era debido a un hombre que se lo había arrebatado todo hace muchos años, un hombre al que se lo haría pagar cuando se le presentara la ocasión. Ithilweil trató de explicarle los peligros de dejarse consumir por la venganza, pero Brunner no le hizo caso. Tras el descanso, continuaron con la persecución.

Sin embargo, no eran los únicos que andaban tras lo pasos del ladrón.

A varios kilómetros de allí, el hechicero Rudol, junto a los soldados de Augustine de Chegney, también iba tras Gobineau, gracias a que había implementado un hechizo de localización en el Colmillo Cruel. Durante la búsqueda, no dejaba de admirar el poder y la destrucción causada por el Dragón a su paso, fantaseando con la idea de emplear semejante monstruo contra sus enemigos.

Por su parte, Gobineau se encontró con un antiguo aliado suyo llamado Hubolt. Con todos los caballeros del reino corriendo como pollos sin cabeza tras la bestia, él y sus hombres ahora tenían más libertad para cometer sus fechorías. Gobineau le convenció de que podían aprovechar todo aquello para realizar crímenes todavía mayores usando el Colmillo Cruel.

Brunner y los suyos continuaron su camino siguiendo el rastro del dragón, haciendo una parada al lado del río Grismerie. Ithilweil finalmente decidió contarle a sus compañeros todo acerca del Dragón Malok, de la creación del Colmillo Cruel y del poder del talismán el terrible peligro que supone si alguien con un espíritu inferior intentara usarlo, siendo consumido por el mismísimo poder que intentaba esgrimir. Sin embargo, no reparó que había un tercer oyente. Corbus había oído toda la historia, y ahora tenía mas claro que nunca que encontraría el Colmillo cruel y lo emplearía para llamar al dragón y así poder beber su sangre. Pero antes se vengaría de ellos tres por lo que le habían hecho en el castillo.

Aunando sus fuerzas, los tres consiguieron derrotar nuevamente al vampiro. Ithilweil volvió a emplear su magia para ralentizarlo, Brunner le propició nuevas heridas con sus armas, clavándole la estaca en el pecho, y un potente disparo del arcabuz de Ulgrin hizo que Corbus cayera al poderoso torrente del Grismerie. Tras recobrarse, se alejaron lo más rapidamente posible del lugar.

A lo lejos el grupo de Rudol emboscó al grupo de Gobineau, quien trató de huir de nuevo mientras los caballeros y el mago mataban a los suyos, pero no pudo huir muy lejos antes de ser capturado. Rudol ya tenía el Colmillo Cruel en su poder. Horas mas tarde, el grupo de Brunner se encontró con los cuerpos, y al estudiarlos, vio a uno muerto mediante magia, que le hizo recordar el encontronazo que había tenido anteriormente con el hechicero semanas antes. La cosa se había complicado aún más.

Rudol y los suyos viajaron hasta el Cerro del Orco, que era donde el dragón se había retirado a descansar después de la destrucción causada. Thierswind le preguntó por que no regresaron al castillo de Chegney, a lo que el hechicero respondió que primero tenían que asegurarse de que el Colmillo funcionaba. Y Gobineau estaba con ellos, totalmente maniatado, por que había usado el talismán. Rudol había estado averiguando todo lo que sabía, pero siempre cabía la posibilidad de que haya callado algo, así que mientras más cerca estuviesen del Dragón menos propenso se mostraría a ocultarle cosas.

A una distancia prudencial, Brunner y el resto seguían al hechicero y a su guerreros. No sabía cómo tendría que actuar cuando Ithilweil le advirtió que sentía una presencia detrás de ellos. Corbus, el vampiro, había sobrevivido a su anterior encuentro y andaba tras su búsqueda. Lejos de alarmarse por este imprevisto, a Brunner se le ocurrió una idea.

Para sorpresa de todos, el cazarrecompensas no salió al encuentro de Corbus para enfrentarse a él, sino para ofrecerle un trato, una alianza temporal ante lo que tendrían por delante. El vampiro aún deseaba vengarse de Brunner y los suyos, pero después de la explicación del cazarrecompensas, accedió a ayudarlos y a no matar a ninguno, al menos, hasta que todo el asunto del dragón no se hubiese solucionado.

Después de que Rudol y los suyos cruzaron un insondable abismo, el grupo de Brunner decidió actuar. Rudol salió huyendo en dirección a la cueva donde reposaba el dragón llevándose a Gobineau con él, mientras Thierswind y sus soldado salían al encuentro de aquella amenaza. Al ver la masacre causada por Brunner y especialmente por el vampiro, el hechicero empleó sus poderes para invocar un vendaval para acabar con ellos y arrojarlos al abismo, sin importarle el hecho de que sus aliados también se vieran afectados.

La montura de Ulgrin salió corriendo completamente desbocada del campo de batalla, llevándose al enano consigo, que trataba de controlar en vano a la asustada bestia. Ithilweil estuvo a punto de caer al abismo, pero se pudo salvar en el último minuto. Por su parte Brunner se enfrentó a Thierswind, a quien reconoció como un antiguo enemigo. El caballero bretoniano, al ver la espada de Brunner, también comprendió de quien se trataba él, antes de que le arrojara por el precipicio. Cuando el vendaval amainó, Brunner rescató a la elfa, y advirtió que habían perdido el rastro de Corbus. Sin más dilación, fueron corriendo a por el mago.

Finalmente todos llegaron ante la cueva en la que estaba Malok, el brujo, el cazarrecompensas, el vampiro, el ladrón y la hechicera elfa. Rudol decidió emplear el Colmillo Cruel despertando a la descomunal bestia. El dragón aplastó de un manotazo a Corbus, a quien la desesperación por beber su sangre había hecho que se lanzara precipitadamente, y estuvo a punto de hacer lo mismo con Brunner. Excitado por su poder, Rudol ordenó a la bestia que también acabara con él, pero para su horror descubrió demasiado tarde que la bestia no obedecía sus órdenes. El cadáver del hechicero salió volando varios metros como una muñeca de trapo tras recibir su descomunal zarpazo.

Muerto el ser que el ser arrogante que le había convocado con el Colmillo Cruel, Malok se encaró a Brunner para acabar también con él, pero sorpresivamente para todo los presente,Corvus todavía estaba vivo y se abalanzó sobre el dragón. El vampiro consiguió herir a la bestia y comenzó a beberle la sangre como una garrapata antes de que Malok consiguiera sacárselo de encima.

El vampiro bramó de éxtasis al haber bebido la sangre del Dragón librándose para siempre de su maldición, pero el grito de victoria duró poco. La gigantesca zarpa de Malok cayó sobre Corbus, aplastándolo otra vez contra el suelo y dejándolo inmovilizado. Llamas anaranjadas manaron por la boca del reptil para envolver su pata y al monstruo que estaba inmovilizado debajo. Las escamas de la pata de Malok resistieron el poder de la llamarada, pero no así el vampiro que se encontraba debajo de la misma. Corbus chilló al ser aniquilado su cuerpo por el aliento del dragón y reducido a cenizas en un abrir y cerrar de ojos.

Muerto aquel ser, volvió a encararse con Brunner.

Dolorido, Brunner intentó alejarse a rastras, lentamente aunque constituía un esfuerzo vano. Con descomunales pasos que hicieron temblar la tierra, Malok avanzó hacia el hombre herido. Luego, de modo repentino, el dragón se inmovilizó y a sus ojos afloró una mirada perdida. El cazador de recompensas también percibió una luz, un ardiente resplandor que manaba del yacente cuerpo de Rudol.

Ithilweil se encontraba de pie junto a los destrozados despojos del hechicero y sujetaba el Colmillo Cruel entre las manos. De su cuerpo manaban ondas de calor y luz palpitantes mientras soplaba el hueco colmillo curvo de marfil que emitía una melodía fantasmal. Brunner observó con morbosa fascinación a la elfa que se esforzaba por soplar cada vez más fuerte y profundamente para aumentar el volumen de la obsesionante música. Al hacerlo, también aumentaron las ondas de calor que manaban de ella, y el cazador de recompensas vio cómo sus cabellos y su ropa comenzaban a arder como incendiados por un fuego procedente del interior de la elfa. Brunner evocó las palabras que ella había pronunciado hacía mucho tiempo para advertirle que sólo la más fuerte de las voluntades podía usar el Colmillo Cruel de modo efectivo, siendo el resto destruidos por dicho poder.

El dragón lanzó un gruñido bajo y luego desplegó las alas, alzando el vuelo hacia el cielo nocturno, para después dirigirse al sur y desaparecer en el horizonte. Sin hacer caso del dolor, Brunner se acercó a la agonizante elfa, cuyo cuerpo estaba totalmente calcinado a causa del poder del artefacto. Con sus últimas fuerzas, le explicó que había usado el talismán para aumentar el deseo que existía en la mente de Malok de regresar a su hogar. Antes de morir, pidió a Brunner que destruyera el Colmillo Cruel, y el cazarrecompensas juró que lo haría

Brunner contempló el tallado diente de marfil para estudiar las runas e inscripciones que decoraban su superficie. Volvió a pensar en Malok, en la siniestra mirada del dragón y en su pasmoso poder, en una lluvia de fuego y en castillos que se desplomaban deshaciéndose en polvo. El puño de Brunner se apretó en torno al artefacto y, con un movimiento salvaje, se lo metió en el cinturón.

Lo destruiré —gritó el cazador de recompensas a la indiferente noche—, cuando haya acabado con él.

No lejos de allí, Gobineau corría por los estrechos valles pedregosos. Nuevamente y como había hecho anteriormente, había aprovechado toda aquella confrontación para escapar. El proscrito no se engañaba creyendo que su situación era desesperada. A solas, maniatado y perdido dentro del Cerro del Orco infestado de goblins. Pero al menos estaba vivo y lejos del dragón, quien seguramente ya habríamatado a todos sus enemigos, lo cual le valía de consuelo. Pero al girar un recodo, recibió un tremendo golpe con el lado plano de un hacha.

Sonriente, Ulgrin Hachafunesta no podía creer su suerte. El famoso Gobineau, y bien atadito, como un regalo de cumpleaños, ahora solo tenía que llevarlo a la capital de Bretonia para cobrar recompensa. El enano vaciló un momento al tiempo que miraba a uno y otro lado, y luego volvió a sonreír. Ni rastro de Brunner. Ulgrin se imaginó a su antiguo socio descansando dentro de la barriga del dragón, y su sonrisa se ensanchó. Difícilmente podría repartirse la recompensa con un muerto, ¿verdad? Y si resultaba que Brunner aún estaba entre los vivos, bueno, sólo le quedaría la esperanza de poder darle alcance.

Días más tarde, ya muy lejos de allí, el vizconde Augustine de Chegney estaba tremendamente furioso. Habían pasado varias semanas desde que el hechicero Rudol había acudido a él, atizando sus ambiciones con el Colmillo Cruel y su capacidad de poder controlar dragones. Desde entonces, había tenido noticia de los estragos causados por Malok, pero ninguna del hechicero ni de los soldados que había enviado con él. Luego, el caballo de sir Thierswind había regresado al castillo… sin jinete. Dentro de una de las alforjas del animal se había hallado el objeto que ahora provocaba el malhumor de De Chegney.

Estaba envuelto en la capa negra que llevaba Rudol, ahora manchada de sangre. Se trataba de la gigantesca escama de Dragón, sin embargo, era el símbolo grabado en ella lo que hacía que el miedo le royera el corazón bretoniano. De Chegney no había visto ese símbolo en muchos años, pero le resultaba tan familiar como su propio escudo de armas. Era la tosca representación de un dragón rampante dibujado al estilo del Imperio. De Chegney lo vio por última vez en el escudo de armas de un antiguo enemigo suyo al que había derrotado hace mucho tiempo, el barón von Drakenburgo.

Hasta ese momento pensaba que el barón habría muerto hacía mucho tiempo, agotado bajo el caliente sol del desierto por los esclavistas árabes; ésa era la suerte a la que había condenado a su antiguo enemigo tras la victoria. Pero al posar los ojos sobre el símbolo grabado en la escama de dragón, De Chegney supo que su enemigo había sobrevivido. Podía sentirlo en el fondo mismo del alma. El caballo, la capa del hechicero y la escama de dragón formaban parte de un mismo mensaje:

«Estoy vivo. Sé qué estabais persiguiendo. El poder que buscabais obtener es mío e irá por vos».

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