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Silverpinnacle1
"Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. Y detrás de esas grandes mujeres estoy yo."
Neferata, Reina de Clan Lahmia
"Permaneced en la oscuridad y en silencio, hermanas. Nuestra hora está a punto de llegar."
Lahmia anónima

Puede que el clan Lahmia no posea la fuerza bruta de algunos de los demás linajes vampíricos, pero lo compensan de sobra con su astucia, su perfidia y el control que ejercen sobre los demás. Estos vampiros mueven los hilos del mundo desde las sombras, y han protagonizado indecibles manipulaciones a lo largo de la historia. Los efímeros humanos tienen grandes dificultades para descubrir sus planes inmortales, y algunos de los que se fraguaron en la antigüedad todavía no han dado sus frutos.

DescripciónEditar

Se dice que todos los Vampiresas de la hermandad del clan Lahmia descienden de la Reina de Lahmia, uno de los siete nobles Vampiros que escaparon a la destrucción de la ciudad. De ella se dice que desprecia a los varones, y por esto muy pocos de los Vampiros del clan Lahmia son varones. En vez de ello, elige doncellas extraordinariamente bellas de entre las familias más nobles de Bretonia y el Imperio para recompensarlas con el Beso de Sangre, después de lo cual intentan conseguir el control de los humanos que las rodean utilizando la astucia y la intriga. No existe ningún otro clan vampírico vampiros que las superen en infiltrarse en la sociedad humana del modo como lo hace esta hermandad de vampiras en la sombra.

Portada La Forja de la Guerra por Attila Adorjany Vampira Lahmia

La presencia de las Lahmias apenas si es advertida, pero sus acciones se notan por sus consecuencias. No poseen la fuerza bruta de la que gozan muchos otros Vampiros, pero nadie las supera en sutilidad y astucia. Llevan a cabo sus propósitos con diplomacia e intrigas, y conseguir los objetivos mediante la política y las conspiraciones en vez de por medio de la acción directa. Son criaturas hedonistas, egoístas y desenfrenadas, que aman el esplendor y la riqueza y que no se detendrán ante nada para conseguir lo que desean.

No pueden probar la comida ni disfrutar de los cálidos rayos del sol, sus fríos corazones son incapaces de sentir amor alguno, y aunque su juventud y belleza son eternas, son odiadas por la gente en cuando son descubiertas. Esto significa que por muchas riquezas que reúnan o por muchos placeres que caten, sus deleites están vacíos y sus alegrías siempre son huecas.

Las Vampiras del clan Lahmia son rápidas y escurridizas como el mercurio, y sus poderes vampíricos les permiten fundirse con las sombras y desaparecer ante los ojos de los mortales. Pueden moverse tan rápidamente que son prácticamente invisibles a la vista. Para un humano la forma de uno de estos vampiros atacando no es más que una imagen borrosa, como si estuviera viéndolo a través de la niebla. Las garras de la influencia de las Lahmias alcanza todos los niveles de la sociedad humana. Demuestran un interés activo por los asuntos humanos; tanto, que nadie acierta a adivinar cuántas poderosas y viajeras mujeres nobles excéntricas, viudas de príncipes y duques o damas de estrato social alto que rehuyen la luz del día y se encierran en altas torres y opulentos palacios son, en realidad, no muertas. Poseen un gran talento para las artes y el gobierno y sus fuertes personalidades tienen un encanto irresistible para los mortales. Sin embargo, su temperamento va acorde con la rapidez de sus movimientos y enfurecen con facilidad, pero difícilmente se apaciguan.

En los lugares más recónditos del Viejo Mundo, ciudades enteras se encuentran bajo el dominio de las Lahmias. En estos lugares, los Zombis vigilan las puertas para que nadie pueda escapar y las Vampiras forman la aristocracia femenina que se alimenta cada noche del ganado que suponen los mortales. Estos lugares han de purificarse con sangre y fuego; muchas veces tras un violento combate contra los vampiros y sus sirvientes No Muertos.

Las Lahmia, al contrario que otros muchos Vampiros del Viejo Mundo, se mantienen en contacto entre ellas y con su misteriosa reina, Neferata, que se dice que vive en un lugar secreto en lo alto de las Montañas del Fin del Mundo. Muy pocos pueden aventurar cuáles son las motivaciones y objetivos de las Lahmia, pero se dice que están preparándose para una terrible lucha contra los otros clanes vampíricos, quizás con el objetivo de convertirse en los señores supremos de todos los inmortales

HistoriaEditar

Todo comenzó en los albores de la civilización humana, hace unos cuatro mil quinientos años. En aquellos tiempos, al sur del Viejo Mundo, en la tierra situada entre Arabia y las Tierras Yermas, existía el próspero reino de Nehekhara. Los Reyes Sacerdotes gobernaban este reino desde Khemri, su capital, y, cuando les llegaba la hora de su muerte, eran momificados y enterrados en grandes pirámides.

Uno de los sacerdotes más importantes, que los textos ancestrales denominan como Nagash, aprendió los secretos de la magia oscura de hechiceros Elfos Oscuros cautivos. Nagash comenzó a estudiar la más abyecta de las magias para lograr su mayor deseo: la inmortalidad. Nagash contaba con un poderoso intelecto y una voluntad implacable y, tras varios años de investigación y experimentación, creó una nueva forma de hechicería a la que denominó nigromancia. Finalmente, pudo reanimar a los muertos y prolongar su propia vida indefinidamente. Este conocimiento le proporcionó la llave del poder supremo y, en poco tiempo, se convirtió en el soberano absoluto del reino. Por desgracia, aunque había descubierto una forma de que el espíritu no abandonase el cuerpo, no pudo encontrar la manera de detener el progresivo deterioro del cuerpo físico, que seguía sujeto al paso del tiempo. Al principio, Nagash intentó preservar su cuerpo con los bálsamos y aceites secretos que los sacerdotes utilizaban para momificar a las personas más ilustres. Sin embargo, pasados dos siglos, no pudo encontrar el modo de detener la putrefacción que atenazaba su cuerpo y, por este motivo, se volvió loco. El reinado de Nagash se hizo intolerable y los Reyes Sacerdotes de las ciudades próximas se rebelaron contra él. Tras una amarga guerra, Nagash fue derrotado y se vio obligado a huir con unos pocos acólitos en dirección a las Montañas del Fin del Mundo.

Nagash recogió todos sus conocimientos en nueve tomos enormes de pergaminos confeccionados con piel humana y escritos con sangre. Estos libros no fueron destruidos, como alguno de los sacerdotes hubiese deseado: unos cuantos se perdieron, pero uno fue llevado en secreto a la ciudad de Lahmia, la segunda ciudad más poderosa de Nehekhara. Allí, la Reina fue seducida por la promesa de la inmortalidad que encontró en el maligno grimorio y, una vez más, comenzó la búsqueda de la vida eterna. Al poco tiempo, la Reina aprendió los conjuros de la oscuridad para animar a los muertos y mandar sobre ellos y se convirtió en una nigromante.

En la antigua Nehekhara, las mujeres tenían prohibido ingresar en el clero y, en consecuencia, aprender magia. Esto cambió en la ciudad de Lahmia bajo el reinado de la soberana Neferata, la cual fundó una hermandad femenina que permitiría a las mujeres aprender lo que previamente les había sido negado. La hermandad atrajo a numerosas aspirantes, que incluso acudían de otras ciudades para estudiar bajo la tutela de Neferata. Al vetar a las mujeres el acceso a la magia, los sacerdotes de Nehekhara las habían impulsado sin saberlo al estudio de la brujería más oscura: la nigromancia de Nagash.

Finalmente, incluso tuvo éxito allí donde Nagash había fallado; encontró algo que podía evitar que su cuerpo inmortal sufriera la acción del paso del tiempo: el Elixir de la Vida. Se dice que recibió el secreto del elixir tras hacer un pacto con una fuerza oscura cuyo nombre es mejor no pronunciar. Tras beber la poción mágica, el corazón de la reina dejó de latir para siempre; pero, mientras pudiera alimentarse regularmente de la sangre caliente de los vivos, su cuerpo mortal permanecería engañosamente joven: había nacido la primera Vampira. Después, la Reina eligió a once individuos a los que consideró merecedores del honor de ser inmortales y les dio un sorbo del Elixir de la Vida. Ellos fueron los primeros de su especie y se conocen como los Primeros Nacidos. Una vez más, los Reyes Sacerdotes y las Reinas de los no vivos gobernaban en Nehekhara. Pronto se dieron cuenta de que podían convertir a hombres y mujeres en Vampiros menores si les daban de beber parte de su propia sangre contaminada. Tal ritual es denominado el Beso de Sangre.


Estos nuevos Vampiros podían, a su vez, otorgar el Beso de Sangre a otros mortales dispuestos (y, a veces, no tan dispuestos) a ello. De esta forma, se incrementó el número de no muertos. No obstante, con cada nueva generación, los poderes de los Vampiros disminuían. Los Primeros Nacidos eran criaturas de una extraordinaria fuerza y velocidad, en extremo resistentes y dotados de una gran habilidad para la nigromancia, pero los que ellos crearon eran mucho menos poderosos. Los Vampiros reinaron en Lahmia durante siglos y se rodearon de una aristocracia inmortal que se alimentaba de los desafortunados habitantes de Lahmia. Pero, como ocurriera antes con Nagash, los Reyes Sacerdotes de Nehekhara se aliaron para luchar contra la diabólica tiranía. Tras una larga y dura guerra, la dinastía Lahmia fue vencida y la ciudad de Lahmia fue arrasada hasta los cimientos.

Vampiresa por Andrea Uderzo Condes Vampiro

Cuando Lahmia cayó, los pocos miembros de la hermandad que lograron sobrevivir escaparon junto a su señora. Primero huyeron de Alcadizaar, y luego de Nagash cuando el nigromante trató de convertirlas en sus soldados y esclavos. Rechazando a Nagash y a los demás clanes vampíricos, Neferata y sus tenebrosas hijas se dirigieron al Viejo Mundo. Haciéndose pasar por ermitañas y exóticas consortes de los jefes tribales, la hermandad ofreció consejos proféticos al tiempo que acumulaba poder e influencia sobre las tribus primitivas que encontraron. La primera vez que se sirvieron de aquel poder fue para atacar el reino de Strigos, que había sido conquistado por el hermano de Neferata.

Tras la caída de Strigos, el clan Lahmia empleó su poder una segunda vez para reunir un ejército con el que arrebataron el Pináculo de Plata a los enanos. Allí las tradiciones Lahmias se han mantenido hasta la fecha y un ejército de guerreros no muertos está preparado para defenderlo de cualquier ataque. Los descendientes de Neferata pueden hallarse en todo el Viejo Mundo, acompañando a duques y barones, como consortes y consejeros de mercaderes ricos y de líderes militares. De esta forma Neferata extiende su dominio para llevar a cabo un misterioso plan que solo ella conoce.

Las historias del palacio de la Reina de las Sombras se han recogido durante siglos: pueden hallarse en las baladas de Bretonia, en los escritos del Imperio y en los poemas de Tilea. Rumores similares han circulado desde las kasbahs de Arabia hasta las cabañas de Kislev. Nadie ha podido ver directamente a la reina de la montaña o hablar con ella. Ella trata todos sus asuntos con el rostro oculto tras siete velos y su voz es engañosa.

Se dice que cría gatos. Se cuenta una historia acaecida a un mercader Tileano al que le regalaron un gato negro. A medio camino de regreso a Tilea, el gato desapareció; pero, sentada en el carro junto a él, encontró a una dama de gran belleza. No tenía ni idea del lugar de donde había salido, pero la condujo hasta Tilea sin hacerle ninguna pregunta. Cuando llegaron, ella le pagó el viaje, se despidió del mercader y entró en el monasterio de una orden religiosa femenina. También se conoce otra historia, que se cuenta en Bretonia, en la que un caballero andante volvió a su hogar con una dama de sublime belleza y pálido rostro que eran alabados por los trobadores bretonianos. La convirtió en su esposa y señora de su castillo. Los huéspedes del castillo comentaban que la dama sólo aparecía de noche en los banquetes, bebía copas de vino tinto y no probaba bocado. Estas y muchas otras historias similares revelan a aquellos lo suficientemente sabios, cómo se ha extendido el clan vampírico de Neferata a través de los siglos por muchas tierras diferentes.

Desde allí, Neferata coordinaba al resto del clan y sus manipulaciones. Conforme evolucionaba la civilización humana, también ellas se fueron adaptando, pasando de consortes y ermitañas a nobles excéntricas y seductoras espías. Recluida en su fortaleza, Neferata también experimentó ciertos cambios, volviéndose cada vez más fría y ociosa.

Cuando se sumió en el malestar que acaba con la existencia de muchos vampiros ancianos, comenzó a perder el control sobre sus agentes. Sus lealtades fueron puestas a prueba, y algunas (como lady d'Acques de Bretonia) desafiaron sus leyes para engendrar progenie a su gusto. Otras como Kattarin, Zarina Vampira de Kislev y nieta tenebrosa de d'Acques, desafiaron a Neferata con intención de amasar poder, pues preferían gobernar a los humanos en aquel entonces a esperar el momento lejano e indefinido en que su reina lo estimase oportuno. Durante un tiempo, las vampiras del clan Lahmia discutieron y se enfrentaron entre ellas. Las leales a Neferata conspiraron contra las rebeldes en un conflicto clandestino que casi ningún ojo mortal pudo percibir.

Con el tiempo, la sabiduría de Neferata resultó ser acertada. La Zarina Vampira fue derrocada por una organización kislevita y se convirtió en un símbolo del peligro que entrañaba mostrar públicamente los poderes vampíricos antes de que el mundo estuviera preparado para arrodillarse ante ellas. Sin embargo, el cisma perduró, y hoy día aún existen vampiras rebeldes que no pertenecen a la hermandad de Lahmia. Desconocen su ascendencia, actúan independientemente, se niegan a participar en las intrigas de Neferata y no se inclinan ante nadie.

La hermandad permanece oculta, amasando poder e influyendo discretamente en todo acontecimiento para conseguir sus propios fines. Han estado presentes en muchos de los sucesos más importantes de la historia, aunque nadie sabe en qué medida han contribuido a ellos. Lady Lenore, señora de Mousillon, estuvo presente en la caída de dicha ciudad, pero nadie sabe con certeza si fue ella quien la orquestó o si se limitó a observar desde las sombras. De igual modo, se tiene constancia de la presencia de la condesa Chevaux en las calles de Mordheim poco después de que quedase maldita, y la vampira Serutat tenía gran influencia en la corte de Arabia durante las Cruzadas. Los historiadores que profundizan en estos asuntos no hallan más que su propia muerte, y la curiosidad de muchos eruditos les ha hecho desaparecer misteriosamente mientras investigaban cosas que es mejor no conocer.

Conjuras y MaquinacionesEditar

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El objetivo definitivo de la Hermandad de Lahmia es el de la propia Neferata: su regreso triunfante a la ciudad de Lahmia, donde pueda gobernar como reina de una nueva Secta de Sangre que la venere exclusivamente a ella. Lahmia, y de hecho toda la Tierra de los Muertos, está bajo el control de los Reyes Funerarios. Pero aun así la hermandad patrocina expediciones a dicha región para luchar contra esos temibles reyes o recuperar artefactos que les pertenecen. Los saqueadores de tumbas, cruzados y exploradores que conforman estas expediciones ignoran los verdaderos motivos de las misteriosas mujeres que las subvencionan.

Pero no basta con recuperar Lahmia mediante la fuerza de las armas si sigue estando en ruinas. No, debe recuperarse tal y como era en su apogeo, habitada por innumerables esclavos sumisos y serviciales. A tal fin, la hermandad cuenta con fieles seguidores entre la nobleza, ilusos peones y amantes que un día, cuando su dominio sea completo, conducirán a los suyos hacia el sur.

Además, estas personas deben ser ganado voluntario, incapaz de resistirse. Para ello, el clan manipula los conflictos religiosos, acrecentando la antigua enemistad que enfrenta a los cultos de Sigmar y Ulric, Ulric y Ranald, Ranald y Shallya, y así sucesivamente. Al mismo tiempo fomentan las ideas humanistas, ayudan a los alborotadores a difundir el mensaje de que los dioses son unos embaucadores que se han vuelto viejos y débiles, y a quienes hay que dar la espalda. Con todo esto abrigan la esperanza de crear un mundo en el que no existan los dioses; así, sin protección divina, sus presas no osarán resistirse.

El clan Lahmia también ha protegido a la humanidad fortaleciéndola contra otras amenazas. No les serviría de nada gobernar a los humanos únicamente para ver cómo sucumben contra las fuerzas del Caos. Y tampoco desean que el Viejo Mundo caiga en poder de los von Carstein, cuyo control de la nobleza de Sylvania e intentos periódicos de librar la guerra contra el Imperio son espinas clavadas en el costado de Neferata.

Con el paso de los años la antigua reina vampírica ha llegado a odiar a todos los demás clanes vampíricos por no haber logrado defender Lahmia, por su traición cuando cedieron el mando de líder a Vashanesh en lugar de a ella, y por el pecado de existir y atreverse a rivalizar con ella. Uno de sus objetivos es propiciar la ruina y esclavitud de los demás clanes vampíricos. Fue Neferata quien hizo que las tribus primitivas atacasen Strigos, quien permitió que Nourgul hallase la forma de entrar en el templo de Myrmidia donde le aguardaba la muerte, y quien ha empujado a la Sociedad de Zarevich Pavel a luchar contra la infiltración de los von Carstein hasta el día de hoy.

SociedadEditar

Lahmia y lacayo

A diferencia de los demás linajes vampíricos, las vampiras del clan Lahmia viven entre los humanos, y no en lejanas torres, castillos o criptas, sino en las mansiones y palacios de la alta sociedad, tal y como corresponde a seres de su categoría. Se mueven entre sus víctimas sin ser vistas, ejecutando una danza con infinidad de normas y complejos pasos.

En el más alto nivel de la jerarquía del clan se halla Neferata. Aunque raras veces abandona el Pináculo de Plata, siempre se mantiene en contacto con su hermandad a través de una red de mensajeros mortales y escrutinios mágicos. Sus sirvientes predilectos reciben el nombre de nuncios: son sus emisarias, las diplomáticas secretas que se encargan de moldear la historia. Suelen disponer de una numerosa y leal servidumbre compuesta por hermanas de menor categoría y mortales que las ayudan a mantener su ilusión de nobleza. Inmediatamente por debajo de ellas están las internuncios, que en lugar de vivir en sus propias mansiones y hacerse pasar por damas excéntricas como las nuncios, viven en las casas de otros como esposas e hijas leales, recopilando información y manipulando sutilmente a quienes les rodean.

Ocultarse a simple vista entre la nobleza es mucho más sencillo de lo que pueda parecer. Las damas nobles deben acatar un estricto protocolo de conducta, y todas las excentricidades se toleran siempre que se respeten las normas de etiqueta. Algunas de las cosas que las damas decentes no deben hacer son participar en cacerías, hacer recorridos turísticos por las fincas, inspeccionar las aldeas circundantes ni ir a la guerra. Han de permanecer en casa, cuidando del hogar y preservando su estado físico. Las pocas veces que abandonan sus mansiones se deben a eventos sociales como bailes de gala o estrenos en el teatro. Y la mayoría de estos eventos suelen celebrarse de noche.

Como trasnochar es un privilegio de la clase gobernante, que no necesita madrugar para emprender un duro día de trabajo, los ricos consideran perfectamente normal (incluso elegante) permanecer despiertos hasta el amanecer. Sólo los campesinos comen antes del anochecer; la alta sociedad cena a medianoche. Cuando tienen la necesidad de salir de día, un afeminado parasol puede evitar que una vampira del clan Lahmia eche humo visiblemente en caso de verse obligada a bajar de su palanquín o carruaje.

La luz del sol no es lo único que ha de evitar una hermana del clan. Los símbolos sagrados y espejos pueden revelar la verdadera naturaleza de un vampiro. Aunque algunas de ellas tienen la suerte de ser inmunes a la santidad, no es así para el resto del clan. Parte de la formación que reciben las hermanas en el Pináculo de Plata consiste en una insensibilización parcial a todo lo sagrado, para evitar el estremecimiento instintivo que provoca su presencia. Sin embargo, es posible que jamás logren superar completamente esta susceptibilidad, por lo que deben procurar evitar y minimizar de forma sensata la exposición a los templos, santuarios y sacerdotes tan comunes en el Viejo Mundo. Ninguna de las vampiras de este clan desea ser descubierta accidentalmente por el colgante sagrado de un torpe sacerdote que se haya acercado más de la cuenta.

Los espejos de mano que llevan algunas son discos de acero bruñido que distorsionan toda imagen que no esté extremadamente cerca de ellos, por lo que no son un método fiable para detectar vampiros. Los espejos de verdad son demasiado caros para el pueblo llano, pero en los hogares pudientes en los que moran las hermanas son un símbolo de prestigio social. Otro de los aspectos de la formación de Neferata es el arte de evitar sutilmente estos espejos agachándose para alisar un pliegue de la falda en el momento adecuado o distrayendo la atención de todo el que esté observando. A veces las hermanas recurren al burdo método de romper "accidentalmente" un espejo que pudiera delatarla.

Además de la Hermandad, también pertenecen al clan las doncellas de Neferata, la Corte Inmortal del Pináculo de Plata. En él aprenden las artimañas del clan Lahmia, practicando sus ardides con los imprudentes mortales que visitan el Pináculo con la esperanza de comerciar con esa comunidad de damas excéntricas y aisladas, descubrir los conocimientos que supuestamente ocultan, o regalarse la vista contemplando a las más bellas mujeres del Viejo Mundo. Las doncellas también se disputan el favor de Neferata, practicando sus artes manipuladoras con el resto de la Corte Inmortal, traicionándose mutuamente mientras sostienen una dulce sonrisa.

También hay vampiras en el resto del mundo que no son miembros leales de esta hermandad, sino agentes rebeldes que no se inclinan ante Neferata. Algunas emplean sus habilidades para sus propios fines, pues rechazan el sueño de Neferata de restaurar la gloria de Lahmia. Otras desobedecen a su reina por razones más afectuosas: como ilustran los ejemplos de Neferata y Vashanesh, o incluso de Vlad e Isabella, el corazón de los vampiros no sólo es vulnerable a las estacas afiladas. Incluso los no muertos pueden conocer algo parecido al amor. En más de una ocasión, una vampira del clan se ha encariñado con su presa mortal y se ha negado a poner fin a su vida al recibir la orden, o incluso le ha otorgado el Beso de Sangre contraviniendo los deseos de Neferata. Estas rebeldes son despreciadas por sus hermanas hasta el punto de ser perseguidas y destruidas, aunque las hijas leales de Neferata no disfrutan deshaciéndose de sus congéneres descarriados.

Alimentación y EngendramientoEditar

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Para evitar atraer una atención no deseada, el clan Lahmia suele alimentarse exclusivamente de víctimas voluntarias. Algunas de ellas son hombres que creen estar viviendo aventuras apasionadas, ignorando que cada recuerdo tórrido que han atesorado no ha sido más que una sugestión inculcada por una vampira saciada. Otros son conscientes de aquello en lo que participan, pero se muestran dispuestos a exponer sus cuellos a cambio de los favores que la poderosa hermandad está dispuesta a conceder. Estos acólitos del clan pueden desempeñar otros servicios para sus amas: el amor y la lealtad les empuja a hacer cualquier cosa, desde cargar con sus palanquines hasta protegerlas mientras duermen. Todos ellos sueñan con llegar a ser sus amantes eternos, pero sólo unos pocos lo consiguen. Estas vampiras pueden ser veleidosas, y cuando se hartan de sus juguetes no tienen reparo alguno en deshacerse de ellos.

Las vampiras del clan Lahmia procuran no dejar secas a sus víctimas demasiado a menudo, pero a veces ocurre, y cuando se da el caso nunca cometen la imprudencia de dejar un cadáver exangüe tirado en la calle. Este tipo de cosas suscita toda clase de preguntas e investigaciones que pueden resultar difíciles de cubrir, y que incluso podrían atraer a esos horribles y desaliñados vigilantes a los suntuosos salones de los sospechosos.

Existe una distinción entre los miembros del clan y los de la Hermandad de Lahmia. Las muchachas jóvenes con atributos deseables (la capacidad de seducción es uno de ellos) son "invitadas" a unirse al clan y enviadas al Pináculo de Plata para ejercer de doncellas al servicio de Neferata. Allí son adiestradas en diversas artes tanto mágicas como de manipulación bajo la estela de su reina. Las estudiantes más sobresalientes se incorporan como miembros de la Hermandad y son enviadas al mundo exterior para propugnar los intereses de Neferata, aunque también hay algunas que no se unen a ella y permanecen en el Pináculo para servir a su reina y transmitir sus conocimientos a las nuevas progenies. Las favoritas de Neferata incluso gozan del privilegio de cuidar de sus numerosos gatos.

Algunas vampiras eluden este periodo de formación y saltan directamente de la vida mortal a pertenecer a la Hermandad. Por lo general se trata de mujeres en posiciones de poder que pueden ser de utilidad inmediata para el clan, como viudas herederas de las fincas de sus difuntos esposos o jóvenes doncellas a punto de contraer matrimonio con personalidades de gran prestigio. Estas vampiras se incorporan directamente en la Hermandad y son adiestradas sobre la marcha por sus mentoras para que puedan conservar sus identidades anteriores y mantener la ilusión de mortalidad.

Es muy poco frecuente que un varón impresione a la Hermandad hasta el punto de ser invitado al clan. Se tiene constancia de que algunos hombres excepcionales han sido aceptados por este linaje, pero aunque se les concede el Beso al amparo del clan, jamás se le permite acceso pleno al círculo interior del Pináculo de Plata, y desde luego nunca se les considera miembros de la Hermandad.

Miembros DestacadosEditar

MiniaturasEditar

  • Lahmia Miniatura 5ª edición
  • Lahmia Miniaturas 6ª edición (1)
  • Lahmia Miniaturas 6ª edición (2)

FuentesEditar

  • Libro de ejército: Condes Vampiro (5ª edición).
  • Libro de ejército: Condes Vampiro (6ª edición).

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