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"Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. Y detrás de esas grandes mujeres estoy yo."
Neferata, Reina de Clan Lahmia

Puede que el clan Lahmia no posea la fuerza bruta de algunos de los demás linajes vampíricos, pero lo compensan de sobra con su astucia, su perfidia y el control que ejercen sobre los demás. Estos vampiros mueven los hilos del mundo desde las sombras, y han protagonizado indecibles manipulaciones a lo largo de la historia. Los efímeros humanos tienen grandes dificultades para descubrir sus planes inmortales, y algunos de los que se fraguaron en la antigüedad todavía no han dado sus frutos.

HistoriaEditar

En la antigua Nehekhara, las mujeres tenían prohibido ingresar en el clero y, en consecuencia, aprender magia. Esto cambió en la ciudad de Lahmia bajo el reinado de la soberana Neferata, la cual fundó una hermandad femenina que permitiría a las mujeres aprender lo que previamente les había sido negado. La hermandad atrajo a numerosas aspirantes, que incluso acudían de otras ciudades para estudiar bajo la tutela de Neferata. Al vetar a las mujeres el acceso a la magia, los sacerdotes de Nehekhara las habían impulsado sin saberlo al estudio de la brujería más oscura: la nigromancia de Nagash. Neferata seleccionó como progenie a las alumnas más prometedoras y las convirtió en vampiras dotadas de belleza ultraterrena y conocimientos arcanos.

Vampiresa por Andrea Uderzo Condes Vampiro

Cuando Lahmia cayó, los pocos miembros de la hermandad que lograron sobrevivir escaparon junto a su señora. Primero huyeron de Alcadizaar, y luego de Nagash cuando el nigromante trató de convertirlas en sus soldados y esclavos. Rechazando a Nagash y a los demás clanes vampíricos, Neferata y sus tenebrosas hijas se dirigieron al Viejo Mundo. Haciéndose pasar por ermitañas y exóticas consortes de los jefes tribales, la hermandad ofreció consejos proféticos al tiempo que acumulaba poder e influencia sobre las tribus primitivas que encontraron. La primera vez que se sirvieron de aquel poder fue para atacar el reino de Strigos, que había sido conquistado por el hermano de Neferata. Tras la caída de Strigos, el clan Lahmia empleó su poder una segunda vez para reunir un ejército con el que arrebataron el Pináculo de Plata a los enanos.

Desde allí, Neferata coordinaba al resto del clan y sus manipulaciones. Conforme evolucionaba la civilización humana, también ellas se fueron adaptando, pasando de consortes y ermitañas a nobles excéntricas y seductoras espías. Recluida en su fortaleza, Neferata también experimentó ciertos cambios, volviéndose cada vez más fría y ociosa.

Cuando se sumió en el malestar que acaba con la existencia de muchos vampiros ancianos, comenzó a perder el control sobre sus agentes. Sus lealtades fueron puestas a prueba, y algunas (como lady d'Acques de Bretonia) desafiaron sus leyes para engendrar progenie a su gusto. Otras como Kattarin, Zarina Vampira de Kislev y nieta tenebrosa de d'Acques, desafiaron a Neferata con intención de amasar poder, pues preferían gobernar a los humanos en aquel entonces a esperar el momento lejano e indefinido en que su reina lo estimase oportuno. Durante un tiempo, las vampiras del clan Lahmia discutieron y se enfrentaron entre ellas. Las leales a Neferata conspiraron contra las rebeldes en un conflicto clandestino que casi ningún ojo mortal pudo percibir.

Con el tiempo, la sabiduría de Neferata resultó ser acertada. La Zarina Vampira fue derrocada por una organización kislevita y se convirtió en un símbolo del peligro que entrañaba mostrar públicamente los poderes vampíricos antes de que el mundo estuviera preparado para arrodillarse ante ellas. Sin embargo, el cisma perduró, y hoy día aún existen vampiras rebeldes que no pertenecen a la hermandad de Lahmia. Desconocen su ascendencia, actúan independientemente, se niegan a participar en las intrigas de Neferata y no se inclinan ante nadie.

La hermandad permanece oculta, amasando poder e influyendo discretamente en todo acontecimiento para conseguir sus propios fines. Han estado presentes en muchos de los sucesos más importantes de la historia, aunque nadie sabe en qué medida han contribuido a ellos. Lady Lenore, señora de Mousillon, estuvo presente en la caída de dicha ciudad, pero nadie sabe con certeza si fue ella quien la orquestó o si se limitó a observar desde las sombras. De igual modo, se tiene constancia de la presencia de la condesa Chevaux en las calles de Mordheim poco después de que quedase maldita, y la vampira Serutat tenía gran influencia en la corte de Arabia durante las Cruzadas. Los historiadores que profundizan en estos asuntos no hallan más que su propia muerte, y la curiosidad de muchos eruditos les ha hecho desaparecer misteriosamente mientras investigaban cosas que es mejor no conocer.

Conjuras y MaquinacionesEditar

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El objetivo definitivo de la Hermandad de Lahmia es el de la propia Neferata: su regreso triunfante a la ciudad de Lahmia, donde pueda gobernar como reina de una nueva Secta de Sangre que la venere exclusivamente a ella. Lahmia, y de hecho toda la Tierra de los Muertos, está bajo el control de los Reyes Funerarios. Pero aun así la hermandad patrocina expediciones a dicha región para luchar contra esos temibles reyes o recuperar artefactos que les pertenecen. Los saqueadores de tumbas, cruzados y exploradores que conforman estas expediciones ignoran los verdaderos motivos de las misteriosas mujeres que las subvencionan.

Pero no basta con recuperar Lahmia mediante la fuerza de las armas si sigue estando en ruinas. No, debe recuperarse tal y como era en su apogeo, habitada por innumerables esclavos sumisos y serviciales. A tal fin, la hermandad cuenta con fieles seguidores entre la nobleza, ilusos peones y amantes que un día, cuando su dominio sea completo, conducirán a los suyos hacia el sur.

Además, estas personas deben ser ganado voluntario, incapaz de resistirse. Para ello, el clan manipula los conflictos religiosos, acrecentando la antigua enemistad que enfrenta a los cultos de Sigmar y Ulric, Ulric y Ranald, Ranald y Shallya, y así sucesivamente. Al mismo tiempo fomentan las ideas humanistas, ayudan a los alborotadores a difundir el mensaje de que los dioses son unos embaucadores que se han vuelto viejos y débiles, y a quienes hay que dar la espalda. Con todo esto abrigan la esperanza de crear un mundo en el que no existan los dioses; así, sin protección divina, sus presas no osarán resistirse.

El clan Lahmia también ha protegido a la humanidad fortaleciéndola contra otras amenazas. No les serviría de nada gobernar a los humanos únicamente para ver cómo sucumben contra las fuerzas del Caos. Y tampoco desean que el Viejo Mundo caiga en poder de los von Carstein, cuyo control de la nobleza de Sylvania e intentos periódicos de librar la guerra contra el Imperio son espinas clavadas en el costado de Neferata.

Con el paso de los años la antigua reina vampírica ha llegado a odiar a todos los demás clanes vampíricos por no haber logrado defender Lahmia, por su traición cuando cedieron el mando de líder a Vashanesh en lugar de a ella, y por el pecado de existir y atreverse a rivalizar con ella. Uno de sus objetivos es propiciar la ruina y esclavitud de los demás clanes vampíricos. Fue Neferata quien hizo que las tribus primitivas atacasen Strigos, quien permitió que Nourgul hallase la forma de entrar en el templo de Myrmidia donde le aguardaba la muerte, y quien ha empujado a la Sociedad de Zarevich Pavel a luchar contra la infiltración de los von Carstein hasta el día de hoy.

SociedadEditar

Lahmia y lacayo

A diferencia de los demás linajes vampíricos, las vampiras del clan Lahmia viven entre los humanos, y no en lejanas torres, castillos o criptas, sino en las mansiones y palacios de la alta sociedad, tal y como corresponde a seres de su categoría. Se mueven entre sus víctimas sin ser vistas, ejecutando una danza con infinidad de normas y complejos pasos.

En el más alto nivel de la jerarquía del clan se halla Neferata. Aunque raras veces abandona el Pináculo de Plata, siempre se mantiene en contacto con su hermandad a través de una red de mensajeros mortales y escrutinios mágicos. Sus sirvientes predilectos reciben el nombre de nuncios: son sus emisarias, las diplomáticas secretas que se encargan de moldear la historia. Suelen disponer de una numerosa y leal servidumbre compuesta por hermanas de menor categoría y mortales que las ayudan a mantener su ilusión de nobleza. Inmediatamente por debajo de ellas están las internuncios, que en lugar de vivir en sus propias mansiones y hacerse pasar por damas excéntricas como las nuncios, viven en las casas de otros como esposas e hijas leales, recopilando información y manipulando sutilmente a quienes les rodean.

Ocultarse a simple vista entre la nobleza es mucho más sencillo de lo que pueda parecer. Las damas nobles deben acatar un estricto protocolo de conducta, y todas las excentricidades se toleran siempre que se respeten las normas de etiqueta. Algunas de las cosas que las damas decentes no deben hacer son participar en cacerías, hacer recorridos turísticos por las fincas, inspeccionar las aldeas circundantes ni ir a la guerra. Han de permanecer en casa, cuidando del hogar y preservando su estado físico. Las pocas veces que abandonan sus mansiones se deben a eventos sociales como bailes de gala o estrenos en el teatro. Y la mayoría de estos eventos suelen celebrarse de noche.

Como trasnochar es un privilegio de la clase gobernante, que no necesita madrugar para emprender un duro día de trabajo, los ricos consideran perfectamente normal (incluso elegante) permanecer despiertos hasta el amanecer. Sólo los campesinos comen antes del anochecer; la alta sociedad cena a medianoche. Cuando tienen la necesidad de salir de día, un afeminado parasol puede evitar que una vampira del clan Lahmia eche humo visiblemente en caso de verse obligada a bajar de su palanquín o carruaje.

La luz del sol no es lo único que ha de evitar una hermana del clan. Los símbolos sagrados y espejos pueden revelar la verdadera naturaleza de un vampiro. Aunque algunas de ellas tienen la suerte de ser inmunes a la santidad, no es así para el resto del clan. Parte de la formación que reciben las hermanas en el Pináculo de Plata consiste en una insensibilización parcial a todo lo sagrado, para evitar el estremecimiento instintivo que provoca su presencia. Sin embargo, es posible que jamás logren superar completamente esta susceptibilidad, por lo que deben procurar evitar y minimizar de forma sensata la exposición a los templos, santuarios y sacerdotes tan comunes en el Viejo Mundo. Ninguna de las vampiras de este clan desea ser descubierta accidentalmente por el colgante sagrado de un torpe sacerdote que se haya acercado más de la cuenta.

Los espejos de mano que llevan algunas son discos de acero bruñido que distorsionan toda imagen que no esté extremadamente cerca de ellos, por lo que no son un método fiable para detectar vampiros. Los espejos de verdad son demasiado caros para el pueblo llano, pero en los hogares pudientes en los que moran las hermanas son un símbolo de prestigio social. Otro de los aspectos de la formación de Neferata es el arte de evitar sutilmente estos espejos agachándose para alisar un pliegue de la falda en el momento adecuado o distrayendo la atención de todo el que esté observando. A veces las hermanas recurren al burdo método de romper "accidentalmente" un espejo que pudiera delatarla.

Además de la Hermandad, también pertenecen al clan las doncellas de Neferata, la Corte Inmortal del Pináculo de Plata. En él aprenden las artimañas del clan Lahmia, practicando sus ardides con los imprudentes mortales que visitan el Pináculo con la esperanza de comerciar con esa comunidad de damas excéntricas y aisladas, descubrir los conocimientos que supuestamente ocultan, o regalarse la vista contemplando a las más bellas mujeres del Viejo Mundo. Las doncellas también se disputan el favor de Neferata, practicando sus artes manipuladoras con el resto de la Corte Inmortal, traicionándose mutuamente mientras sostienen una dulce sonrisa.

También hay vampiras en el resto del mundo que no son miembros leales de esta hermandad, sino agentes rebeldes que no se inclinan ante Neferata. Algunas emplean sus habilidades para sus propios fines, pues rechazan el sueño de Neferata de restaurar la gloria de Lahmia. Otras desobedecen a su reina por razones más afectuosas: como ilustran los ejemplos de Neferata y Vashanesh, o incluso de Vlad e Isabella, el corazón de los vampiros no sólo es vulnerable a las estacas afiladas. Incluso los no muertos pueden conocer algo parecido al amor. En más de una ocasión, una vampira del clan se ha encariñado con su presa mortal y se ha negado a poner fin a su vida al recibir la orden, o incluso le ha otorgado el Beso de Sangre contraviniendo los deseos de Neferata. Estas rebeldes son despreciadas por sus hermanas hasta el punto de ser perseguidas y destruidas, aunque las hijas leales de Neferata no disfrutan deshaciéndose de sus congéneres descarriados.

Alimentación y EngendramientoEditar

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Para evitar atraer una atención no deseada, el clan Lahmia suele alimentarse exclusivamente de víctimas voluntarias. Algunas de ellas son hombres que creen estar viviendo aventuras apasionadas, ignorando que cada recuerdo tórrido que han atesorado no ha sido más que una sugestión inculcada por una vampira saciada. Otros son conscientes de aquello en lo que participan, pero se muestran dispuestos a exponer sus cuellos a cambio de los favores que la poderosa hermandad está dispuesta a conceder. Estos acólitos del clan pueden desempeñar otros servicios para sus amas: el amor y la lealtad les empuja a hacer cualquier cosa, desde cargar con sus palanquines hasta protegerlas mientras duermen. Todos ellos sueñan con llegar a ser sus amantes eternos, pero sólo unos pocos lo consiguen. Estas vampiras pueden ser veleidosas, y cuando se hartan de sus juguetes no tienen reparo alguno en deshacerse de ellos.

Las vampiras del clan Lahmia procuran no dejar secas a sus víctimas demasiado a menudo, pero a veces ocurre, y cuando se da el caso nunca cometen la imprudencia de dejar un cadáver exangüe tirado en la calle. Este tipo de cosas suscita toda clase de preguntas e investigaciones que pueden resultar difíciles de cubrir, y que incluso podrían atraer a esos horribles y desaliñados vigilantes a los suntuosos salones de los sospechosos.

Existe una distinción entre los miembros del clan y los de la Hermandad de Lahmia. Las muchachas jóvenes con atributos deseables (la capacidad de seducción es uno de ellos) son "invitadas" a unirse al clan y enviadas al Pináculo de Plata para ejercer de doncellas al servicio de Neferata. Allí son adiestradas en diversas artes tanto mágicas como de manipulación bajo la estela de su reina. Las estudiantes más sobresalientes se incorporan como miembros de la Hermandad y son enviadas al mundo exterior para propugnar los intereses de Neferata, aunque también hay algunas que no se unen a ella y permanecen en el Pináculo para servir a su reina y transmitir sus conocimientos a las nuevas progenies. Las favoritas de Neferata incluso gozan del privilegio de cuidar de sus numerosos gatos.

Algunas vampiras eluden este periodo de formación y saltan directamente de la vida mortal a pertenecer a la Hermandad. Por lo general se trata de mujeres en posiciones de poder que pueden ser de utilidad inmediata para el clan, como viudas herederas de las fincas de sus difuntos esposos o jóvenes doncellas a punto de contraer matrimonio con personalidades de gran prestigio. Estas vampiras se incorporan directamente en la Hermandad y son adiestradas sobre la marcha por sus mentoras para que puedan conservar sus identidades anteriores y mantener la ilusión de mortalidad.

Es muy poco frecuente que un varón impresione a la Hermandad hasta el punto de ser invitado al clan. Se tiene constancia de que algunos hombres excepcionales han sido aceptados por este linaje, pero aunque se les concede el Beso al amparo del clan, jamás se le permite acceso pleno al círculo interior del Pináculo de Plata, y desde luego nunca se les considera miembros de la Hermandad.

Miembros DestacadosEditar

MiniaturasEditar

  • Lahmia Miniatura 5ª edición
  • Lahmia Miniaturas 6ª edición (1)
  • Lahmia Miniaturas 6ª edición (2)

FuenteEditar

  • Warhammer Fantasy JdR - Amos de la Noche (2ª Ed. Rol)

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