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Desenbarco skaven.jpg
Conflicto:

La sombra sobre Albión

Fecha:

2520

Lugar:

Albión

Jugadores

Phil Kelly

Paul Sawyer

Ejercitos

La horda de alimañas de Finkel

Guarnicion de Kazad-Blog

Comandantes

Vidente Gris Finkel

Borga

Fuerzas
  • Asesino Skaven
  • Guerreros del Clan
  • Esclavos
  • Ratas gigantes
  • 5 Guerreros del Clan Enanos
  • 3 Cañones enanos
Bajas

Todo el contingente

Prácticamente todos

"Sí, veo una vela al frente u tres más a los lados -dijo Borga al tiempo que bajaba su catalejo-. Otra vez el maldito Imperio, no me sorprendería que desembarcaran justo aquí".

El Ingeniero había trabajado día y noche desde que los Enanos de Kazad-Blog habían establecido la cabeza de plata y apenas había tenido tiempo de encender una pipa antes de avistar una vela en el horizonte. Tres de sus mejores cañones estaban emplazados detrás de él y los Enanos habían levantado una serie de empalizadas alrededor de su posición. Aunque la mayoría de Enanos se había adentrado en el centro de la isla, un destacamento de cinco Enanos se cobijaba de la persistente lluvia en el interior de la destartalada torre, El cálido resplandor de un fuego esparcía una tune luz entre las sombras de la tarde.

"Fuera todos, se acercan problemas", vociferó Borga, con la vista fija en las velas que se aproximaban. Efectivamente, se trataba del Imperio: cuatro embarcaciones diseñadas para el desembarco. Levantó su catalejo una vez más y enfocó la proa de la nave que dirigía la formación. Sobre ella había una figura oscura, encorvada y envuelta en harapos, que miraba hacia la isla. Cuando ladeó la cabeza, Borga diviso un largo hocico afilado y su corazón se aceleró al reconocer a uno de los antiguos enemigos de su raza: los Skavens se aproximaban a Albión.

"¡Deprisa, en esas barcas hay hombres rata! ¡No preguntéis por qué y abrid fuego! ¡ABRID FUEGO!"

Casi antes de que acabara de pronunciar esa frase, antes incluso de que Lygri quitase la cubierta protectora, detrás de Borga rugió un cañón que escupió una bala a gran distancia hacia el mar. El disparo fue seguido casi de inmediato por una segunda explosión de ruido y luz que iluminó el antiguo cilindro de latón del cañón. Las naves ya se distinguían a simple vista, pues las fuertes corrientes de aire las empujaban hacia la orilla a una velocidad alarmante. Una enorme columna de agua se levanto justo delante de uno de los botes más grandes, que, un segundo después, empezó a ladearse hasta hundirse rápidamente en el agua.

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Vio cómo unas siluetas sombrías se echaban al mar, una serie de ratas mutantes deformes acompañadas de sus encapuchados pastores de alimañas.

La quilla de la nave más lejana también se había roto y el mástil se había partido en dos para el impacto directo de una bala de cañón. Podían adivinarse las siluetas saltando desde la proa al agua al incendiarse el barco, Las llamas lamían las cubiertas destrozadas, iluminando las oscuras aguas que rodeaban las naves. "Bueno, eso ha iluminado muy bien nuestros objetivos", se dijo Borga, volviéndose hacia la dotación. Dos de los cañones ya estaban cargados , pero pudo oír una retahíla de maldiciones procedentes del cañón de Lias, que intentaba frenéticamente sustituir una mecha mojada, "¡FUEGO!". gritó Borga, y un crujido sibilante subrayó la orden, al disparar la batería costera dos balas de cañón más.

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El corazón de Borga se hinchió de orgullo al ver cómo los proyectiles alcanzaban a sus respectivos objetivos y las dos naves restantes se iban a pique con la proa levantada. "Pídeles a esos chicos que le des al Goblin del sombrero grande no te decepcionaran", pensó Borga. Y, si eran capaces de hacer eso, acertar a un barco no debía de ser ningún desafió. Con un poco de suerte, las ratas sólo alcanzarían la orilla como cadáveres hinchados por el agua. Frotó la lente de su catalejo para limpiarla y enfocó las figuras esparcidas alrededor de los botes despedazados, que chapoteaban desesperadamente, Una desapareció de repente, arrastrada con violencia al interior de las aguas. Recortado contra la superficie del mar iluminado por las llamas, un tentáculo largo y sinuoso serpenteó en el aire antes de arrastra a otro Skaven hacia la muerte, Por lo visto, Albión no deseaba en absoluto que los hombres rata pisara sus orillas.

"Bueno, parece ser que no tendremos demasiados problemas, pero mantened las armas a punto por si acaso alguna de esas cosas despreciables alcanza la playa - dijo Borga-. ¿Cuántas balas de cañón han sido, Sladdi? ¿Cuatro? Muy bien, chicos. No aflojéis, hay muchas más." Borga se apoyó en la base de la torre en ruinas y sacó su tabaquera. "No me vendría mal un poco de ejercicio, que fluyera la sangre y todo eso", se dijo. Aspiró profundamente su pipa, desplegó su catalejo y observó el mar.

Las aguas estaban atestadas de alimañas, innumerables cosas con aspecto de rata que nadaban velozmente hacia la orilla. Cada ola parecía llevar más ratas detrás. Una horda de sucias figuras marronosas se dirgía directamente hacia ellos. Borga casi se tragó la pipa por la sorpresa y, atragantado por el humo de su pipa, tosió y gesticuló descontroladamente a sus artilleros. "¡Hay cientos de ellas!- dijo, escupiendo las palabras- ¡A vuestros puestos! ¡AHORA!".

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La primera de las ratas había alcanzado la orilla, una figura sinuosa de pelo liso que medía, prácticamente, lo mismo que un Enano. Corrió entre los defensores mostrando sus dientes con un gruñido. Otra la seguía de cerca, una sombra negra que se escabulló entre la arena. Borga contempló cómo Hrolf corría para interceptar a la bestezuela. La cosa le mordió en el dorso de la mano y, como respuesta, Hrolf e hundió su hocico con un golpe de su gran hacha, Laskji se le unió y, con un revés de su arma, dejó tendida en el suelo a la otra rata, que murió entre terribles conclusiones. Los Guerreros Skaven ya habían alcanzado la orilla (la mayoría había optado, sabiamente, por tirar sus escudos) y se ponían penosamente de pie, empapados y malhumorados, en medio de la resaca de las olas. Otra Rata Gigante alcanzó la playa, luego otras dos, luego diez más. Una figura encapuchada emergió del agua empuñando un látigo y gritando órdenes con voz ronca mientras aguijoneaba a las ratas para que avanzaran, Con una reverberante detonación, el cañón de Lias disparó finalmente y Borga contempló cómo impactaba contra una Rata Gigante y la empujaba de nuevo hacia las aguas, tiñendo de rojo la espuma del mar, Otra dos explosiones hicieron volar por los aires agua y cadáveres, El pánico se empezaba a propagar con rapidez entre los empapados Skavens, quienes veían cómo más de sus congéneres eran reclamados por las cueles olas de las aguas de Albíon.

Borga vio un movimiento fugaz por el rabillo del ojo y se dio la vuelta para ver a unos empapados Guerreros del Clan que buscaban un agujero en la posición defensiva. Un grupo de Ratas Gigantes se dirigió hacia el otro lado, rodeando así el emplazamiento enano.

"¡Cargad metralla! ¡Se están acercando! ¡Rolg, Mjarli, interceptadlos! ¡Vamos!", vociferó Borga por encima del aullido del viento. Los artilleros obedecieron y cargaron con piedras, clavos y gravilla el interior de sus cañones, Los guardias enanos corrieron hacia el muro entonando cánticos de batalla. Aquellos empezaba a parecer serio.

La playa empezaba a llenarse con los cadáveres de los hombres tata que se habían ahogado o que habían caído bajo el fuego artillero y los cuerpos se amontonaban en pilas forestas rodeadas de enjambres de mosquitos que zumbaban alrededor del inesperado festín, Pero más Guerreros Skavens surgían de entre las aguas con la espadas desenvainadas y una mirada homicida. Borga hizo una estimación de la situación: al flaco izquierdo se le había unido un Señor de las Bestias y sus ratas asaltaban el muro, pero muchas más ratas gigantes pasaban de largo para intentar penetrar en el cercado por el lado en el que no había Enanos que las pudiesen interceptar. Borga quedó anonadado al ver cómo una rata gigante cerraba sus fauces sobre el cuello de Hrolf y este caía al suelo arrastrando a la rata con él por encima de la barricada. La sangre manaba del maltrecho cuello del Enano y salpicaba las piernas de Fodel, que arrojaba otra rata al suelo para romperla el cuello con su bota de hierro.

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Más Skavens empezaban a alcanzar las barricadas y a saltar por encima de ellas dispuestos a luchar. Los enanos las abatían, pero ante su superioridad numérica resultaba evidente que, tarde o temprano, acabarían alcanzando los cañones. Justo ante él, Rolg contenía a una rata con su hacha y, finalmente, cuando una rata gigante saltó la barricada, le alcanzó de pleno en la cara y la dejó ciega. Las ratas trepaban a las barricadas y los Skavens gruñían mientras escalaban los parapetos.

"¡Ahora! ¡FUEGO!", grito Borga, y su grito replicado por una serie de silbantes detonaciones al esparcir los cañones su mortífera carga contra los Skavens encaramados a la barrera. La metralla alcanzó de lleno a una fila entera de roedores, arrancándoles la carne de los huesos y convirtiendo a aquellas criaturas malignas en pedazos inidentificables. La playa estaba cubierta de cadáveres de pelaje castaño y de hilillos de sangre que corrían hacia el mar. A su derecha, otro rugido ensordecedor indicaba la muerte de más de estas criaturas. Los Enanos encargados de los otros dos cañones ya estaban recargándolos con lo primero que encontraban a mano: grava, guijarros. sus movimientos apresurados delataban sus nervios.

En el parapeto, Laskji contenía a sus atacantes y abatía a un Guerrero del Clan con su hacha. Mientras apartaba el cuerpo de una patada, apenas logró esquivar el largo cuchillo dentado que blandía un Skaven. La rata vestía de negro y esgrimía la cuchilla con tanta velocidad, que la hoja silbaba con cada sesgo y parecía capaz de cortar por la mitad hasta la más diminuta gota de lluvia. "Un Asesino-pensó Borga- Las cosas se están poniendo feas". La criatura se movió con una velocidad sobrehumana, aferro el hacha de Laskji y lo obligo a bajarla mientras levantaba su propia hoja para asestar un golpe letal. De repente, Laskji se lanzó hacia delante y le propinó al Skaven un tremendo testazo con su dura cabezota que lo arrojó a la arena. Laskji se subió a la barrera y levantó su hacha por encima de la cabeza para dar el golpe de gracia al asesino, pero una rata gigante se le tiró al pecho y lo derribó antes de que pudiera golpear.

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Por todas partes, Enanos y Skavens estaban trabados en mortíferos combates cuerpo a cuerpo, Los gruñidos y los gritos se oían por encima del ululante viento y la lluvia salpicaba por igual las armaduras labradas y las heridas supurantes, No había caballerosidad, valor ni grandes muestras de maestría con las armas en aquellos combates: eran peleas de dientes que mordían cuellos, de hojas que atravesaban cuero y de hachas que se quedaban incrustadas en torsos. Ligri cayó bajo la presión de las ratas gigantes, levantando en un gesto implorante un brazo mientras le mordían y le arañaban; Grimni estampó un bala de cañón en la nuca de un Skaven que estaba a punto de apuñalar a Jeorn; Firgil empaló por el cuello con su espadaa una rata gigante, mientras el asesino seccionaba la garganta de Rogri: la cabeza del desafortunado guerrero cayó a la arena y, antes de que tocará el suelo el Asesino ya había saltado sobre la espalda de Firgil y le había derribado con un golpe en la sien.

Las ratas habían superado las barricadas de la derecha y Borga contempló, horrorizado, cómo Mjarli se enfrentaba a varias ratas gigantes y a un Señor de las Bestias. Una de las ratas colgaba del brazo con el que sujetaba el arma y otra intentaba morderle la cara mientras el Señor de las Bestias no dudaba en azotarle con un látigo de púas. El cruel instrumento se enrolló en su cuello y Mjarli fue derribado de un tirón. Aquello era más de lo que Borga podía soportar, Aferró su hacha y ya estaba a punto de cargar cuando una rata gigante le saltó encima enseñando os dientes, Se abalanzó sobre él, como un saco húmedo de piel y músculos, antes de que pudiera siquiera alzar el arma. La rata, que apestaba terriblemente, escarbaba su túnica en un intento de llegar a la cara. Era más grande de lo que debería haber sido y tenía un cresta ósea en la espalda y dientes amarillentos separados y podridos. No podían atacar a aquello sin golpearse a sí mismo, así que agarró a la ata por el hocico con sus robustos dedos y empezó a retorcérselo con la fuerza de unos músculos conseguidos a base de siglos de duro trabajo. Sintió cómo algo cedía con un crujido y oyó un gorgoteo, y se quitó de encima el cadáver de aquella abominación.

Al mirar alrededor, Borga vio que ningún Skaven más penetraba en el cercado y que el suelo estaba cubierto de ratas y Enanos por igual. El hedor almizclado persistía en el aire a pesar de la lluvia. todos los artilleros que seguían con vida estaban trabados en disputados combates y habían olvidado los cañones: Jens le clavó el cuchillo a una rata gigante, emplazándola sobre la barricada antes de que el Asesino desarmara a Grimni y le atravesara el cuello con su espada corta; Ligri agitaba desesperadamente los brazos para intentar sacarse de encima a la rata que tenía sus repulsivas mandíbulas cerradas en torno a su cuello, pero cayó de espaldas sobre la espada de un Skaven; Borga asesto un potente golpe con el hacha y decapitó a la malvada criatura, cuya sangre salpicó la cara contraída por el dolor de Ligri.

Una por una, las hachas de los Enanos acaba con sus oponentes; uno por uno, las espadas y los dientes de los Skavens enviaban a la tumba a los Enanos. Jeron le dio un fuerte puñetazo en la nuca al Asesino, que perdió el equilibrio por un seguro y cayó al suelo. Borga saltó por encima de un Señor de las Bestias que luchaba con uñas y dientes contra Laskji, recogió la espada de un Skaven y la clavó con fuerza en el pecho del Asesino, que quedó clavado a la arena en medio de convulsiones y escupiendo una espuma sanguinolenta que resbaló por sus agrietados labios. Tres Enanos aislados luchaban desesperadamente contra el mismo número de Skavens. La sangre empañaba la vista de Borga: debían haberle dado, pues no podía ni distinguir sus propios hombres de las ratas.

Una mano se aferró a su pierna mientras evitaba con un quite el ataque de un Guerrero Skaven; tras él, Mjarli tuvo un último estertor al ser finalmente estrangulado por el látigo del Señor de las Bestias. La lluvia arreciaba y los golpes empezaba a ser cada vez más débiles, pues la fatiga se dejaba notar, Borga tubo unas ganas terribles de sentase, pero la bestia jorobada que tenia delante estaba intentado acuchillarle la cara. Tropezó con el cuerpo de Jearn y cayó de espaldas, lo que le salvó, por los pelos, del golpe de la rata. Arrojó un puñado de arena a los ojos del Skaven en cuando este saltó encima suyo, lo agarró por el cuello aprovechando que estaba cegado y le golpeo la cabeza contra un montón de balas de cañón, hasta que notó que la sangre resbalaba copiosamente por sus manos, El clamor de la batalla había cesado y se quedó de pie, temblando. Estaba jadeante. No percibió movimiento alguno. La arena estaba tenida de rojo.

Sin previo aviso, un Skaven encaramado a la torre se le tiró encima profiriendo maldiciones, Borga bloqueó su golpe con el antebrazo, pero percibió un fuerte dolor en todo el cuerpo cuando la hoja oxidada se hundió en su brazo.

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Cuando la cosa cerró sus mandíbulas en torno a su garganta, la agarró del cuello y empezó a apretar. El Skaven se volvió histérico, gruño y se retrocedió mientras intentaba estrangularle a su vez. Todo lo veía rojo y lo único que oía eran unos ruidos cerca de su garganta que no alcanzaban a comprender. Ellos dos eran los únicos supervivientes sobre la playa. Cerro un poco más su presa y las convulsiones de la bestia se hicieron menos fuertes. Se sentía muy cansado. Con un crujido, el cuello del Skaven se rompió. Cayó de rodillas y el mundo se volvió negro al desmayarse y caer sobre el cuerpo de su rival muerto.

No tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado a la intemperie, el Frío de la noche se había apoderado de él, helando sus huesos hasta la médula, sus botas estaban empapadas de sangre. Había sobrevivido. No quedaban Skavens: la playa seguía controlada por los Enanos, No había fallado a sus hermanos, con un esfuerzo supremo, Borga se obligó a subir las escaleras de la torre mientras intentaba recordar cuál era la señal de ayuda. Tenía la mente nublada por la fatiga, pero los de su raza no eran conocidos precisamente por rendirse con facilidad, Desplegando la señal de socorro en un improvisado mástil, contempló los rayos de sol de un nuevo amanecer sobre las aguas. Entonces, cayo de rodillas.

En el horizonte se divisaban unas velas raídas.

FuenteEditar

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