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Las Cámaras del Invierno

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Slaanesh vs Elfos Silvanos.jpg

Los Elfos Silvanos de Athel Loren tienen numerosos relatos relacionados con los demonios del Caos. Las historias más importantes son contadas por los bailarines guerreros, bardos guerreros que dan forma a las historias por medio de danzas de vida y muerte. Para ellos la historia con más poder se refiere a uno de ellos, una joven bailarina guerrera cuyo orgullo trajo la ruina a los suyos.

El Relicario de los SueñosEditar

Cirienvel, pues este era el nombre de la bailarina guerrera, había sido bendecida con una habilidad en la danza que pocos podían igualar, pero eso no era suficiente para colmar sus ambiciones. Ella rezaba a Loec, patrón de los bailarines guerreros, pidiéndole ayuda para superar a sus compañeros y convertirse en la mayor contadora de historias y bailarina de todos. Durante semanas Cirienvel suplicó en sus oraciones. Finalmente, una presencia carismática que Cirienvel creyó era el propio Loec, entró en sus sueños. Llamando a Cirienvel por su nombre, la bella persona le ordenó entrar en las Cámaras del Invierno y buscar el Relicario de los Sueños.

Al despertar, Cirienvel buscó el consejo de Naieth la vidente, la más sabia de los videntes Elfos Silvanos. Preocupada por las palabras de Cirienvel, Naieth prohibió a la joven bailarina guerrera entrar en las Cámaras. Las cavernas estaban plagadas de maldad que solo las atentas dríades guardianas podían contener, y la vidente no creía que nada bienintencionado pudiera hallarse en sus gélidas profundidades. Pero las palabras de la vidente no convencieron a Cirienvel, pues las promesas de la visión habían endurecido su corazón ante los buenos consejos. Al despedirse de la profetisa, Cirienvel se dirigió a las Cámaras del Invierno. Tratando de no ser vista por las dríades que vigilaban la entrada, Cirienvel se coló en su interior.

El tiempo pareció detenerse cuando Cirienvel recorrió las gélidas cavernas. Los guardianes eran muchos y malignos, impregnados del olor de la magia maligna. Algunos acechaban en las sombras y entonaban seductoras canciones con amargas promesas que se congelaban en el aire, pero Cirienvel les hizo caso omiso y siguió avanzando. Otros se abalanzaban sobre ellas con garras, armas y terribles lances, pero Cirienvel era la más rápida, y evito todos los ataques de los habitantes de las cavernas, abatiéndolos con sus espadas.

Cirienvel superó indemne las tentaciones y tormentos hasta que en lo más profundo de la caverna encontró el dorado Relicario de los Sueños bajo un manto de hielo. Sin prestar atención a lo que le rodeaba ni al peligro que le acechaba, Cirienvel liberó el relicario de su prisión de hielo. Sin dudarlo un instante, Cirienvel abrió los cerrojos, levantó la tapa y jadeó cuando el poder del relicario la inundó. En un instante vio los sueños de millares, de historias no contadas y de las danzas que podían contar esas historias. Mientras Cirienvel soñaba con su recompensa, una sardónica risa resonó por toda la caverna. Despertando repentinamente de su ensoñación, Cirienvel sintió que se aproximaba un enemigo al que no podía combatir, por lo que sosteniendo con fuerza su premio, Cirienvel huyó de las Cámaras del Invierno.

La Danza de los SueñosEditar

Esa noche, imbuida del poder del relicario, Cirienvel danzo en el Claro del Rey para el Consejo de las Estirpes y una audiencia de miles. Observando desde el segundo círculo del claro, Naieth supo que algo iba mal en cuanto empezó la danza. Cirienvel se movía tan rápido que las borrosas imágenes permanecían tras ella, cada postura imposible captada por un destello de luz. Mientas la bailarina guerrera seguía moviéndose más y más rápido, las silenciosas figuras que formaba cobraban vida. Al hacerlo, su verdadera naturaleza quedaba revelada; ya no eran más que ecos de Cirienvel, sino Diablillas de Slaanesh liberadas por la magia de la danza y atraídas por el olor del orgullo de Cirienvel.

Las Diablillas atacaron a los allí reunidos sin piedad, con sus garras golpeando y sus gritos aullando en concordancia con la danza de Cirienvel. Mientras los Elfos Silvanos luchaban por sus vidas, los árboles del claro se ajaron como si estuvieran agonizando por las Diablillas que los rodeaban. Y el tempo de la danza seguía aumentado. Horrores Rosas surgieron de la carne de los arboles, creando sombras imposibles con la luz de sus hechizos. El suelo estaba resbaladizo por la sangre pero las Diablillas seguían moviéndose y golpeando. Allí donde la masacre era mayor surgían Desangradores, surgiendo de la empapada de sangre tierra. Y en medio de todo esto, Cirienvel seguía bailando, tan incapaz de detenerse como de reparar el daño que había causado. Una gigantesca figura empezó a cobrar forma en el centro del claro, traslúcida, casi invisible, pero haciéndose más sólida con cada movimiento de la danza.

Los arcos silbaron respondiendo al ataque. Algunas flechas se rompieron contra la piel de los demonios, pero otras lograron penetrar profundamente en ella. Los líderes de las estirpes gritaban sus órdenes. Las lanzas se enfrentaban a las espadas infernales y las espadas bloqueaban los ataques de las garras. Murieron cientos en cada bando, pero los demonios no se preocupan por sus bajas. Por su parte, los Elfos Silvanos no podían permitir que los demonios vagaran libremente por las tierras de Athel Loren. Nudosos y ancianos Hombres Árbol se unieron a la lucha con sus rugosas formas creando malignas sombras a la luz de los fuegos. Las dríades surgían del límite del claro para desgarrar y empalar a las Diablillas. Pero ni con su ayuda pudo remediarse la apurada situación de los elfos.

Y Cirienvel seguía moviéndose aún más rápido. Cuanto más rápido danzaba, mas rápidamente aparecían los demonios. Cirienvel era una mancha de luz, moviéndose más rápidamente que ningún mortal. La figura cornuda en el centro de la danza levantó la cabeza y sus grandes carcajadas se propagaron por el claro. Fue entonces cuando Naieth vio una posibilidad de salvación. Vio el Relicario de los Sueños, curiosamente inalcanzado por la violencia de la batalla. La vidente recurrió a la magia salvaje que flotaba sobre el claro, ligándola a su voluntad para golpear por tres veces el relicario con fuego arcano. Al tercer golpe el relicario explotó. Sus fragmentos salieron volando por el claro y Cirienvel cayó al suelo como una marioneta a la que acaban de cortarle los hilos. La figura cornuda desapareció. El aire crepitó y se deformó allí donde se hallaba el relicario, y los demonios fueron arrastrados al aullante agujero, empujados por un viento invisible que no afectó a ningún mortal. En segundos todo habia acabado.

Aunque las acciones de Naieth habían salvado Athel Loren, Cirienvel llevaría el estigma de su locura durante el resto de su vida. Aunque había sobrevivido, un terrible entumecimiento se apoderó de su cuerpo y, desde entonces, todos sus movimientos han sido dolorosos y torpes. Su habilidad para la danza la había abandonado, sacrificada al creador del Relicario de los Sueños. Durante el resto de su vida, Cirienvel fue perseguida por los recuerdos de lo que había hecho, y de la bestia cornuda que esperaba para reclamar su alma.

FuenteEditar

  • Libro de Ejército de 7ª Edición, Demonios del Caos.

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