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Luchador del Pozo (Relato)

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Pitfighter by piemasterxl-d5vukn0.png

Boris el Imparable lanzó al Goblin escaleras abajo y desarmo al Orco que se encontraba detrás de él. Con un crujido repugnante, golpeo con su rodilla en la cara del Orco, cuando el piel verde se inclinó para recuperar su espada.

A su izquierda estaba el elegante Caballero Elfo con su armadura dorada y azul, luchando frenéticamente a través de la masa de Orcos Negros que le habían rodeado.

Tomando un respiro, el ex-Luchador de Pozo se detuvo a admirar la técnica del Caballero de Revenant. Lo que le faltaba en finura era compensado por una gran furia. Cuando el último de los Goblins embocados fue despachado de un golpe por la enorme espada del Alto Elfo, Kordrak salió de las sombras. A Boris no le gustaba el extrañó guerreo con armadura pesada, y siempre pensó que ese hombre estaba rodeado por un extrañó olor a corrupción y descomposición. Fuera cuales fueran su razones para unirse a los Aventureros, Kordrak era un guerreros consumado y, a veces luchaba tan rápido que parecía que le había brotado un brazo extra.

Al bajar las escaleras, el grupo se encontró con el Elfo Explorador, Tothallion. Él estaba ocupado examinado las runas grabadas en un cofre de piedra. Boris le aparó a un lado y golpeó con su puño rodeado por cota de malla, hacia abajo, sobre el cofre, rompiéndolo. Entre los remolinos de polvo yacía una piedra enorme, del tamaño de un corazón humano. antes de que alguien pudiera detenerlo, Kordrak se adelantó y le arrebató la joya para, rápidamente, guardarla en algún rincón de su sumamente adornada armadura.

En ese preciso momento sonó una campana a lo lejos. Los Aventureros se pusieron, instantáneamente, alerta. Sus ojos se entrecerraron intensamente, explorando el entorno inmediato, para detectar cualquier signo de ataque.

De un arco enorme de la izquierda llegó un grito escalofriante, y un resplandor verde pálido comenzó a emanar de la sala que había más allá. Los aventureros reunidos una vez más, miraron a su alrededor con cautela, al entrar en la cámara de alta cúpula, que era la fuente de la luz.

Sentado en el centro de la sala abovedada había un hombre delgado, sus ojos parecían estar hechos de oro fundido, mientras les miraba. Boris recordó una pelea en Nuln, cuando su oponente le bloqueó, en el foso de lucha, y recordó su espera para iniciar el ataque. Entonces era muy joven y casi perdió, pero su resistencia le ayudó a ganar. Fue traído de regreso de su nostalgia, por el cruce de espadas, y paró de milagro, un frenético ataque de la Bestia que tenía frente a él.

Boris el Imparable estampó su duro talón en el piso de mármol, y una larga hoja de acero se deslizó, hacia fuera, desde la puntera de sus botas de metal. Con una patada circular destripó a la Bestia con la que combatía. El hechicero del Caos intentaba controlar al Caballero de Revenant, y chispas de electricidad salen de la armadura esmaltada del Alto Elfo.

El hechicero empuña una espada de hoja brillante que parpadea con brillantes ratos de energía azul. Sin darse la vuelta, el hechicero desliza la hoja en el estomago de Kordrak, enviándolo, herido de muerte, al suelo. Sin dejar el intento de control sobre el Caballero Elfo, el Mago del Caos inicia un conjuro. Detrás del hechicero, el aire se arremolina y oscuras sombras demoníacas se arremolinan en la sala de torturas por arte de magia.

Como Tothallion comenzó a lanzar contra hechizo, la atención del brujo se fijó en el Elfo Explorador, tratando de impedir su invocación. Rápidamente, Boris se acercó al usuario de magia maligna, y llevó su brazo hacia atrás. Si amenazante puño-pincho brillaba en la sala, saturada de magia, cuando él estrello el arma en la cara del brujo, mientra rugía su famoso grito de guerra;

"!Dejad a las Damas!"

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