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Malekith

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El Rey Brujo de Naggaroth

Malekith ha gobernado sobre los Elfos Oscuros, extendiendo su siniestra sombra por todo Naggaroth, su tierra natal. Hay quienes creen que, de perecer Malekith, la raza entera de los Elfos Oscuros desapareceria con él. Él es su Amo y Señor, todos los Elfos Oscuros se inclinan ante él e incluso sus consejeros más cercanos tiemblan ante la idea de que se haya aburrido de ellos y los degrade rápidamente de su elevada categoría, arrojándolos a una de sus terribles mazmorras. Los Elfos Oscuros son suyos para hacer con ellos lo que desee y no hay nadie que se atreva a desafiar la voluntad de Malekith. Nadie puede adivinar si su corazón siempre ha sido tan frío.

Al igual que su padre, el famoso Aenarion de los Altos Elfos, el primer Rey Fénix, Malekith es un maestro en el arte de la guerra y uno de los mejores generales de su época. Su madre es la infame Morathi, una hechicera de prodigioso talento que se convirtió en la segunda esposa de Aenarion después de que este la rescatara de una partida de guerra de incursores del Caos.

HistoriaEditar

Malekith se crió entre las intrigas políticas de la corte, aunque nunca tubo el más mínimo interés en este aspecto de la noble sociedad élfica. En lugar de ello prefirió demostrar su valía en el campo de batalla, hasta convertirse en un guerrero poderoso un general brillante, obteniendo gloriosas victorias en nombre de su padre. Además, heredó parte de las aptitudes para la magia de su madre, así que se convirtió en un buen mago bajo la tutela de Morathi.

Rey Brujo Malekith Elfos Oscuros.jpg
Tras la muerte de su padre, el reino de Ulthuan quedó sin gobernante. Malekith era el sucesor más obvio para el trono, un guerrero despiadado que había probado su valía en las duras y devastadas tierras de Nagarythe. Aunque, sin que nadie lo supiera, Malekith había estado experimentando con el poder de la Magia Oscura, y este contacto con su maligna energía había corrompido su espíritu y creado un insaciable deseo por obtener el poder supremo. Sin embargo, sus experimentos secretos fueron afectando lentamente a su aspecto y a su carácter. Fue volviéndose más introvertido; su piel cada vez era más pálida, y su personalidad fue haciéndose progresivamente más siniestra y temible. Para su desgracia, las intrigas políticas que había ignorado durante tanto tiempo fueron su perdición. Entre la corte de Lorhern había quienes creían que Malekith no era adecuado para el cargo. Era cabezota, como su padre, y prefería solucionar las disputas utilizando la violencia. Los Elfos se encontraban en un periodo extrañamente pacífico, así que muchos nobles pensaron que no encajaría bien en el nuevo orden.

Asumiendo que el legado de su padre le garantizaría el ascenso al trono, Malekith accedió a permitir que el consejo votase para decidir si debía gobernar o no. El consejo votó en su contra y escogió a Bel Shanaar como segundo Rey Fénix y ocupo su cargo. Malekith aceptó con amargura esta derrota y fue elegido Comandante de los ejércitos élficos. Ocultando su resentimiento y frustración, se juró esperar hasta que pudiera conseguir el trono. Nadie sospechó de sus malignas intenciones o de su insaciable ansia de poder.

Demostró ser un brillante joven general y obtuvo poder y aliados con sus gloriosas victorias. En las colonias, dirigió con éxito a los ejércitos Altos Elfos contra los Orcos y las fuerzas del Caos. Sus expediciones lo llevaron más allá de las frías colonias del Norte del Nuevo Mundo. Allí, entre las ruinas de una ciudad prehumana abandonada, Malekith encontró la Corona de Hierro, un talismán de increíble poder mágico. Finalmente, después de muchas décadas en las que demostró su valía como brillante y joven general al cosechar victorias gloriosas, consiguió alcanzar una posición sólo superada en poder por el Rey Fénix. Durante todo este tiempo, ansiaba el trono para sí y urdía un plan para conseguirlo. Así, finalmente en el oscuro invierno del año -2751 (CI), hizo su movimiento para reclamar la corona que le pertenecía por derecho.

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Malekith ardiendo en la llamas de Ashuryan

La corte élfica en pleno se había reunido con motivo de la celebración del Banquete de la Pureza, un festival religioso cuyo objetivo es celebrar el poder y la gloria del Gran Fénix. En el apogeo del festival, Malekith se puso en pie, como si fuese a proponer un brindis por el Rey Fénix, pero, en lugar de ello, lo denunció con un odio emponzoñado. Afirmó, a voz en grito, que el Rey Fénix era un adorador del Caos. La culpabilidad de Bel Shanaar pareció confirmarse cuando acabó con su propia vida, aunque de hecho había sido Malekith el que había envenenado la copa del Rey Fénix con un veneno indetectable. A los que se atrevieron a desafiar las afirmaciones de Malekith se les llevó al exterior, donde fueron ejecutados por su guardia personal de élite. Nadie se atrevió a oponerse a Malekith y este para demostrar su pureza y lo mucho que merecía llevar el título de Rey Fénix, el cual le pertenecía por derecho y que sólo hacía falta coronarse a sí mismo como Rey Fénix, Malekith se introdujo en la sagrada Llama de Asuryan, la última prueba que todos los Reyes Fénix deben superar para demostrar que son dignos de la Corona. Malekith estaba seguro de que podría superar la prueba, como su padre había hecho antes que él, pero estaba terriblemente equivocado. Las llamas no aceptaron su cuerpo corrupto, el fuego sagrado lo encendió, quemando su alma y dejando su cuerpo mortal quemado y lleno de terribles cicatrices.

Morathi recogió el maltrecho cuerpo quemado de su hijo, lo montó en la grupa de su Pegaso y huyó del templo para ocultarse en las montañas del Norte de Ulthuan. En su retirada hacia el norte, Malekith no había sido perseguido pues los Elfos no contaban con un líder que los dirigiera. Tras algunas reuniones apresuradas, se decidió que el tercer Rey Fénix debía ser Imrik, el cual tomó el nombre de Caledor Primero después de su coronación. Mientras tanto, Ulthuan estaba dividida por la guerra civil. El hermano luchaba contra el hermano. Algunos se unieron a la causa de Malekith, ya que creían que era necesario un guerrero fuerte como líder de Ulthuan, mientras que otros luchaban por Caledor. Las fuerzas de ambos bandos estaban igualadas, y fue un periodo de gran confusión y rumores conflictivos. En las lejanas colonias nadie sabía quién era realmente el rey. Algunos defendían a Caledor, otros a Malekith.

Mientras rugía la guerra, Morathi se ocupo de su hijo y cuidó de él hasta restablecer su salud. Con ayuda de los poderes oscuros de la hechicería consiguió que su hijo se recuperase rápidamente. No obstante, su ya de por sí torturada mente quedó alterada hasta rebasar los límites de la cordura. Malekith sabía que debía dirigir en persona a sus seguidores, pero sabía también que su cuerpo estaba demasiado débil como para soportar los rigores de la batalla.

Mientras Malekith se recuperaba gradualmente, hizo acopio de sus fuerzas e hizo llamar a los armeros. Con ayuda de los hechiceros que había entrenado en las artes de la Magia Oscura y Hotek, un Sacerdote renegado de Vaul que había desembarcado en las costas de Nagarythe, ordenó que forjara para él una armadura que diera fuerza a su ajado y quemado cuerpo. En el momento de su fabricación, hizo que los armeros fundieran la armadura directamente sobre su cuerpo. Después de soportar el fuego de Asuryan, ni tan sólo el infernal calor de sus forjas podía herirle. En la frente de su gran casco con cuernos soldó la Corona de Hierro, aquel talismán de increíble poder mágico. Desde ese día, aquellos que miraban a Malekith temblaban, porque era una figura terrible. A partir de entonces, fue conocido como el Rey Brujo.

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Entonces Malekith ordeno a todos sus seguidores que se reunieran con él en la fortaleza de Anlec y, la víspera de la batalla, apareció ante ellos. Hasta sus seguidores mas incondicionales dieron un respingo de horror ante los oscuros conjuros que sostenían aquella terrible forma plagada de cicatrices. Desde ese día, se le conoció con el nombre de Rey Brujo.

Durante una década, los ejércitos de Malekith lucharon contra los nobles que se habían unido a Caledor. A pesar de su ferocidad y de que su capacidad como general era muy superior a la de su enemigo y consigo muchas muchas victorias, pero Malekith no logró derrotar definitivamente a los Altos Elfos. Caledor demostró ser un astuto general, preparando trampas y emboscadas a las fuerzas del Rey Brujo. Otro factor era la cantidad limitada de recursos que podía reunir el ejercito del Rey Brujo, lo que significaba que ninguno de los dos bandos podía vencer, de modo que los parientes lucharon y se asesinaron entre si y la guerra se recrudeció.

En un intento de detener las hostilidades, Caledor desafió a Malekith y su ejercito a encontrarse en el Campo de Maledor. Los dos ejércitos se miraron de frente a frente a través del campo de batalla. Ambos generales montaban en sendos dragones y, en cuanto empezó el combate, alzaron el vuelo. La batalla fue encarnizada y miles de elfos murieron aquel día: vecinos que, en el pasado, habían bebido alegremente juntos, ahora se mataban los unos a los otros. Mientras la guerra rugía en el suelo, Malekith y Caledor libraban un salvaje duelo en las alturas. Muchos de los combatientes detuvieron su lucha para contemplar, maravillados, como un dragón atacaba a otro dragón. Justo cuando pareció que Caledor iba a flaquear, su lanza atravesó el corazón de Kaliphon, la montura del Rey Brujo, y ambos cayeron del cielo.

Malekith sobrevivió a la caída, pero no se encontraba en condiciones de seguir luchando. Su ejercito, al ver como su general era derrotado, huyo para atrincherarse en el interior de sus fortalezas. Pero, incluso en la derrota, Malekith desafió a los Altos Elfos. Si el no iba a sentarse en el trono de Ulthuan, nadie lo haría y tomó una drástica decisión. Ordeno a cada uno de sus nobles que pidiera a sus hechiceros que concentraran sus poderes mágicos para lograr deshacer los hechizos que confinaban el Reino del Caos en los Desiertos del Norte con el objetivo de llamar a los Dioses del Caos para que le ayudaran a derrotar a Caledor. Durante horas, el cielo se estremeció con un miliar de colores distintos mientras el y sus seguidores libraban la batalla, pero ni siquiera su potencia combinada fue lo bastante fuerte como para romper los hechizos, poco a poco se hizo evidente que incluso todo su poder combinado era insuficiente para romper las barreras mágicas que contenían el Reino del Caos.

Al debilitarse los poderes de la hechiceras, una oleada de energía mágica en bruto golpeó al Rey Brujo y a los suyos, matando a muchos de los hechiceros a causa de la explosión mágica que los engulló. La tierra tembló y se revolvió como un caballo aterrorizado, desquebrajándose y una tormenta de magia maléfica barrió la tierra, descargando sus poderosas fuerzas sobre el reino. Los terremotos derribaron montañas y devastaron las hermosas ciudades a lo largo y ancho de Ulthuan y una gran ola de más de cuatrocientos metros de altura se estrelló contra la costa septentrional de Ulthuan, arrojando al mar decenas de miles de elfos que murieron ahogados, dejando la mayor parte del norte del continente sumergido bajo el agua. Los efectos pudieron percibirse incluso en las Montañas del Fin del Mundo, donde quedó escrito en los archivos de los Reyes Enanos.

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El poder del Rey Brujo quedó muy debilitado, pero no destruido. Mientras las aguas devoraban sus tierras, Malekith y sus seguidores lanzaron terribles hechizos. Cuando las aguas chocaron contra las montañas, los palacios y las fortalezas de aquellos que habían seguido a Malekith se desgarraron de la tierra, pero, protegidos por poderosos hechizos, flotaron y se alejaron de Nagarythe. Grandes como icebergs, flotaron hacia el Norte, llevando consigo los supervivientes de los seguidores del Rey Brujo. Flotaron a la deriva por el océano hasta que tomaron tierra en un continente situado al noroeste de Ulthuan. Cada fortaleza se convirtió en una ciudad de los Elfos Oscuros. Las hechiceras aprendieron a unir las fortalezas mas pequeñas, que, a su vez, se convirtieron en ciudadelas flotantes, creando las infames Arcas Negras. El Rey Brujo reclamo para si el nuevo continente y lo llamo Naggaroth, la Tierra del Frió. El reino de los Elfos Oscuros había nacido y la muerte y la destrucción serian su legado para con todas las razas del mundo. Las hechiceras esclavizaron entonces a los monstruos de las profundidades marinas que habían despertado tras el hundimiento de Nagarythe y Tiranoc y, hasta la fecha, estos monstruos sirven a sus oscuros amos.

El cataclismo destruyó gran parte de lo que había sido construido durante el largo reinado de Bel-Shanaar, y dejó a los Altos Elfos temporalmente demasiado débiles para perseguir a sus oscuros parientes. Las Arcas Negras llegaron al desolado Norte del Nuevo Mundo, cerca del punto donde Malekith había encontrado la Corona de Hierro. Los Elfos Oscuros llamaron a su nuevo hogar Naggaroth, las Tierras del Frío. Sus torres formaron el núcleo de las nuevas ciudades. Otras Arcas Negras se utilizaron para patrullar los tormentosos mares, donde atraparon a monstruos marinos expulsados del fondo oceánico por los corrimientos de tierras y que fueron obligados a servir a su nuevo y maligno amo. El infernal reino de los Elfos Oscuros había nacido: la muerte y la destrucción eran el legado que llevarían a todas las razas del Mundo de Warhammer.

Durante cinco mil años, Malekith y sus seguidores han seguido combatiendo a los Reyes Fénix. Una innumerable cantidad de elfos perdió la vida durante esa amarga guerra civil y Malekith estuvo en numerosas ocasiones muy cerca de conseguir el trono que considera suyo por derecho. Su última incursión en las tierras de Ulthuan fue rechazada tras dos años de guerra incesante. Ahora, el Rey Brujo posee un arma nueva con la que lanzar una sombra de miedo y destrucción sobre el reino de los Altos Elfos. Durante miles de años ha estado cuidando en secreto una nidada de huevos de dragón. Ahora, la primera nidada ha madurado. Adiestrados por los hábiles Señores de las Bestias durante varios siglos, estos jóvenes dragones han crecido fuertes y, por fin, están preparados para la batalla. Ahora Malekith monta en Seraphon, el más fuerte de los dragones de la primera nidada. Sólo sus mejores Caballeros podrán montar estas terribles bestias y conducirlas a la batalla. Gracias a ellas, Malekith planea desencadenar un ataque mortal contra las fuerzas de Ulthuan.

El Fin de los Tiempos Editar

Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos.jpg

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

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La historia de Malekith es una historia de venganza y traición. Nacido de Aenarion y Morathi durante la guerra contra los demonios, se crió en las cortes de Nagarythe. Morathi siempre tuvo la intención de que Malekith tomara el lugar de su padre en el Trono del Fénix, y preparó a su hijo para este destino. Sin embargo, tras la desaparición de Aenarion, la Corte del Fénix decidió que la posición del Rey Fénix no debía ser hereditaria, sino que debía pasar al mejor candidato. Tal como dijeron, eligieron a uno de entre sus propias filas - Bel Shanaar de Tiranoc - para entrar en las llamas de Asuryan y emerger como el nuevo Rey Fénix.

A diferencia de su predecesor, Bel Shanaar no tenía que soportar la llama de Asuryan sin protección. Los magos se dispusieron a su lado, con sus hechizos protegiéndolo de lo peor del fuego y curándolo del daño que recibiera. Así comenzó una tradición que continuaría durante miles de años. Ningún Rey Fénix después de Aenarion tenía la bendición de Asuryan, ya que ninguno de verdad había resistido las llamas. Si alguien se dio cuenta de que estaban interfiriendo con el santo propósito, no dijeron nada.

La verdad de lo que siguió está poco clara, aunque ha habido muchas historias escritas. Algunos dicen que Malekith ya estaba incluso entonces conspirando para reclamar su derecho de nacimiento, otros que verdaderamente pretendía servir a Bel Shanaar al principio. En cualquier caso, pronto partió al extranjero, donde iba a actuar como embajador en la corte de Karaz-a-Karak. Malekith ganó mucha gloria en aquellos días, forjando una leyenda que le permitió escapar de la sombra de su ilustre padre. Perfeccionó sus habilidades marciales junto a los enanos, y por primera vez profundizó en el saber prohibido de la hechicería, con sus estudios ayudándole a descubrir la corona de hierro en el helado norte. En el momento en que Malekith volvió a Ulthuan, estaba muy cambiado, y todos podían ver que estaba marcado para la grandeza. No todos vieron un futuro a su gusto. Allisara, una sacerdotisa con la que Malekith se había casado durante su tiempo en las tierras del este, huyó de él después de vislumbrar una sombra de lo que estaba por venir.

Ciertamente hubo oscuridad en el corazón de Malekith, pero pocos salvo Allisara la habían vislumbrado. En efecto, a su regreso a Ulthuan, Malekith se lanzó a perseguir a los cultos del placer que Morathi había fundado en su ausencia. Con tanto celo persiguió Malekith esta causa, que la Corte del Fénix estaba deseosa de concederle cada vez mayores poderes. Sólo cuando Bel Shanaar fue acusado de traición sospechó alguno de las intenciones de Malekith.

Para entonces, ya era demasiado tarde. Bel Shanaar murió envenenado - aunque por su propia mano o por la de Malekith se ha debatido durante mucho tiempo. Ciertamente, la Corte del Fénix creyó que Malekith había matado a su señor. A pesar de que los ejércitos de Nagarythe se alzaron en su apoyo, Malekith aprovechó la oportunidad para ascender al trono de su padre, y se arrojó a las llamas de Asuryan.

El trono de Ulthuan podría haber sido un derecho de nacimiento de Malekith, pero Asuryan no estaba preparado para ascenderlo sin probarse. Mientras la agonía atormentaba su carne quemada, la voluntad de Malekith se rompió. Al darse cuenta que no podía pasar por el fuego, se lanzó hacia afuera. A medida que los ejércitos de la Corte del Fénix convergieron en el Templo de Asuryan, los seguidores más cercanos de Malekith llevaron a su amo norte a Nagarythe. Su piel ennegrecida por el fuego nunca se curaría, y tampoco lo harían las heridas que ese fallo había infligido a su orgullo. Sólo cuando la hechizada armadura de la medianoche fue sellada sobre su carne se difuminó la agonía, con el frío abrazo trayendo claridad a sus deseos. En ese momento, Malekith renació como el Rey Brujo, y juró venganza contra todos los que le habían abandonado. Retomando Destructora - una hoja de obsidiana forjada en imitación de la temida Hacedora de Viudas - comandó los ejércitos de Nagarythe y se dispuso a reclamar su trono.

Así se inició una guerra que duraría miles de años, luchada por una parte por los seguidores de Malekith, y por la otra por los que permanecieron leales a los sucesores de Bel Shanaar. Fue un conflicto que vio miles de millones muertos, dividiendo la raza élfica en dos, y el lecho de roca de Ulthuan destrozado por la brujería. Aunque Malekith y sus seguidores - para siempre conocidos como los elfos oscuros - fueron conducidos a menudo de vuelta a la tierra fría de Naggaroth, siempre volvían, impulsados por un odio que se hundió más en la sangre con cada generación que pasaba.

Nueve Reyes Fénix más siguieron a Bel Shanaar, y Malekith se opuso a ellos implacablemente. Se apoderó de muchas victorias a lo largo del camino, pero éstas nunca fueron superadas en número por sus derrotas. Mientras los milenios pasaron, y las aguas del gran océano se pusieron rojas con la sangre de los elfos, Malekith se sumergió dentro y fuera de la desesperación, pero su orgullo - y la lengua aguijoneadora de Morathi - siempre lo vieron resurgir para infligir un nuevo dolor a sus enemigos. Aunque Malekith no se diera cuenta, su exilio en Naggaroth no era más que una prueba establecida por Asuryan. Si Malekith hubiera sido capaz de soportar las llamas un latido del corazón más, todo el poder del Creador habría sido suyo. Por lo tanto que a Malekith hubiera sido rechazado no era por la complicidad de los demás, sino por su propia debilidad. Asuryan estaba decepcionado por ese fracaso, pero no había abandonado Malekith. Envió sueños acosadores a ​​todos los que tomaron el Trono del Fénix después de Bel Shanaar, avivando su orgullo y la paranoia hasta que la locura o el hastío los superaron. Si el Rey Brujo podría demostrar que era digno, decidió el Creador, el Trono del Fénix aún sería suyo - hasta ese día, a ninguna nueva dinastía se le permitiría establecerse. Sólo Finubar se dio cuenta de la causa de su tormento, y no veía ninguna manera de acabar con ello salvo su propia muerte.

Así fue que incluso las derrotas de Malekith lo llevaron más cerca de su largamente buscado destino. Cada una forjó la determinación del Rey Brujo en algo más fuerte que el acero; la determinación de que un día Malekith se vería liberado de la influencia de Morathi, echaría fuera a la línea de usurpadores y reclamaría su derecho de nacimiento como Rey Fénix.

Sin embargo, el Trono del Fénix no sobreviviría mucho tiempo a la ascensión de Malekith. Con el Rhana Dandra que se avecinaba, el mago Teclis proyectó deshacer el Gran Vórtice, y usar su poder para hacer a ocho mortales elegidos los contrarios a los dioses del caos. Teclis tenía la intención de conceder a Malekith el poder del fuego, completando así para siempre su transformación en un ser de luz y esperanza. Por desgracia, la traición y la mala fortuna hicieron que esto fuese imposible, y en su lugar Malekith fue unido con el poder cambiante de la sombra, y ahora un camino más oscuro le esperaba.

Sin embargo, Malekith todavía lucha para salvar a los elfos. Fue coronado como el Rey Eterno en Athel Loren, y las tres razas luchan a su lado, unidas como una sola por primera vez en muchos miles de años. No los lidera con bondad, ni compasión. Malekith el Rey Eterno es tan implacable como Malekith el Rey Brujo lo fue siempre. Más bien, ha llegado a reconocer el completo horror de los tiempos, y entiende que si alguien quiere sobrevivir a lo que se acerca, entonces todos los elfos deben permanecer unidos.

ORIGINAL:

Malekith’s story is one of vengeance and treachery. He was born to Aenarion and Morathi during the war against the daemons, and was raised in the courts of Nagarythe. Morathi had always intended for Malekith to take his father’s place upon the Phoenix Throne, and groomed her son for this destiny. However, upon Aenarion’s disappearance, the Phoenix Court decided that the position of Phoenix King should not be hereditary, but should rather pass to the best candidate. Thus saying, they elected one from amongst their own ranks - Bel Shanaar of Tiranoc - to enter the Flames of Asuryan and emerge as the new Phoenix King.

Unlike his predecessor, Bel Shanaar did not have to endure Asuryan’s flame without protection. Mages stood close at hand, their spells shielding him from the worst of the fire and healing what damage they could. Thus began a tradition that would continue for thousands of years. No Phoenix King after Aenarion had Asuryan’s blessing, for none had truly withstood the fires. If any there realised that they were interfering with holy purpose, they said nothing.

The truth of what followed is little-understood, though there have been many accounts written. Some say that Malekith was even then plotting to reclaim his birthright, others that he truly intended to serve Bel Shanaar at first. Whatever the case, he soon departed overseas, where he would act as ambassador to the court of Karaz-a-Karak. Malekith earned many glories in those days, forging a legend that allowed him to escape the shadow of his illustrious father. He honed his martial skills alongside the dwarfs, and for the first time delved into the forbidden lore of sorcery, his studies aided by the discovery of the Circlet of Iron in the frozen north. By the time Malekith returned to Ulthuan, he was much changed, and all could see he was marked for greatness. Not all saw a future to their liking. Allisara, a priestess Malekith had married during his time in the eastern lands, fled him after glimpsing a shadow of what was to come.

There was certainly darkness in Malekith’s heart now, but few save Allisara glimpsed it. Indeed, upon his return to Ulthuan, Malekith threw himself into persecuting the cults of pleasure that Morathi had founded in his absence. So righteously did Malekith pursue this cause, that the Phoenix Court was eager to grant him ever-greater powers. Only when Bel Shanaar was accused of treachery did any suspect Malekith’s intentions.

By then, it was too late. Bel Shanaar died by poison - though whether at his own hand or at Malekith’s has long been debated. Certainly the Phoenix Court believed that Malekith had slain his liege. Even as the armies of Nagarythe rose up in his support, Malekith seized the chance to ascend to his father’s throne, and threw himself into the Flames of Asuryan.

The throne of Ulthuan may have been Malekith’s birthright, but Asuryan was not prepared for him to ascend untested. As agony wracked his burning flesh, Malekith’s will broke. Realising he could not pass through the fire, he hurled himself clear. As the armies of the Phoenix Court converged upon the Shrine of Asuryan, Malekith’s closest followers carried their master north to Nagarythe. His fire-blackened skin would never heal, and nor would the wounds that failure had inflicted upon his pride. Only when the ensorcelled Armour of Midnight was sealed about his flesh did the agony dim, the cold embrace bringing clarity to his desires. In that moment, Malekith was reborn as the Witch King, and swore revenge against all who had forsaken him. Taking up the Destroyer - an obsidian blade forged in imitation of the dread Widowmaker - he marshalled the armies of Nagarythe and set out to claim his throne.

Thus began a war that would last for thousands of years, fought on the one hand by Malekith’s followers, and on the other by those who remained loyal to Bel Shanaar’s successors. It was a conflict that would see billions slain, the elven race split in two, and the very bedrock of Ulthuan shattered by sorcery. Though Malekith and his followers - ever after known as the dark elves - were often driven back to the cold land of Naggaroth, they always returned, driven by a hatred that settled deeper in the blood with every passing generation.

Nine more Phoenix Kings followed Bel Shanaar, and Malekith opposed them relentlessly. He seized many victories along the way, but these were ever outnumbered by his defeats. As the millennia passed, and the waters of the Great Ocean turned red with elven blood, Malekith dipped in and out of fugues of despair, but his pride - and Morathi’s goading tongue - always saw him resurface to inflict fresh woe upon his enemies. Though Malekith realised it not, his exile in Naggaroth was but a test set by Asuryan. Had Malekith been able to endure the flames a heartbeat longer, the full power of the Creator would have been his. Thus was Malekith ultimately denied not by the collusion of others, but through his own weakness. Asuryan was disappointed in that failure, but had not forsaken Malekith. He sent dreams to beset all those who took the Phoenix Throne after Bel Shanaar, fanning their pride and paranoia until insanity or ennui overcame them. If the Witch King could prove himself worthy, the Creator decided, the Phoenix Throne would yet be his - until that day, no fresh dynasty would be permitted to establish itself. Only Finubar realised the cause of his torment, and he saw no way to end it save his own death.

So it was that even Malekith’s defeats brought him closer to his long-sought destiny. Each forged the Witch King’s determination into something stronger than steel; a determination that would one day see Malekith free himself from Morathi’s influence, cast out the line of usurpers and claim his birthright as Phoenix King.

However, the Phoenix Throne would not long survive Malekith’s ascension. With the Rhana Dandra looming, the mage Teclis schemed to unmake the Great Vortex, and use its power to make eight chosen mortals the equal of the Chaos Gods. Teclis had intended to grant Malekith the power of fire, thus forever completing his transformation into a being of light and hope. Alas, treachery and ill fortune made this impossible, and instead Malekith was wedded to the shifting power of shadow, and a darker path now awaits him.

Yet Malekith still fights to save the elves. He was crowned the Eternity King in Athel Loren, and three races battle at his side, united as one for the first time in many thousands of years. He does not lead them out of kindness, nor out of compassion. Malekith the Eternity King is as ruthless as Malekith the Witch King ever was. Rather, he has come to recognise the full horror of the times, and understands that if any are to survive what is coming, then all elves must stand united.

Batallas del Fin de los Tiempos Editar

Batalla de la Isla Marchita Editar

Malekith Fin de los Tiempos Libro de Khaine.jpg
El Rey Brujo estaba con el estado de ánimo triunfal a su llegada a la Isla Marchita, viendo siglos de derrotas por fin barridas por una victoria significativa. La alianza con Caledor, imprevista como era, al fin había dado a Malekith la ventaja que necesitaba, y creía que la Hacedora de Viudas le haría casi imparable. Sin embargo, Malekith todavía tenía dudas. Aunque no lo admitiría, el Rey Brujo estaba preocupado de que Teclis le hubiera engañado - que de alguna manera hubiera sido conducido a una trampa. No importaba. Malekith no podía dar marcha atrás ahora, ya que ya no tenía Naggaroth a la que retirarse. ¡La Batalla de la Isla Marchita terminaría en victoria, o terminaría en muerte!

ORIGINAL:

The Witch King was in triumphal mood as he arrived at the Blighted Isle, seeing centuries of defeats at last swept away by meaningful victory. The alliance with Caledor, unforeseen as it was, had at last given Malekith the advantage he needed, and he believed that the Widowmaker would make him almost unstoppable. Nevertheless, Malekith still had doubts. Though he would not admit to it, the Witch King was concerned that Teclis had deceived him -  that he was somehow being led into a trap. It mattered not. Malekith could not turn back now, for he no longer had Naggaroth to retreat to. The Battle of the Blighted Isle would end in victory, or it would end in death!

Batalla Final Editar

Malekith rey fenix.png
Muchas veces a lo largo de los milenios, Malekith había soñado con como sería volver a Ulthuan rodeado de gloria, para alcanzar el Trono del Fénix y reparar siglos de indignidad. Ninguna de sus fantasías nunca se acercó a la realidad actual, ya que ni una vez el hijo de Aenarion consideró que un día sería la salvación de los odiados altos elfos. A pesar de que se desvanecía rapidamente, el poder de Asuryan aún ardía sobre la frente de Malekith, otorgándole los dones del Creador del fuego y la fortuna. El actual Rey Brujo no sabía si esto sería suficiente para provocar la derrota de Tyrion, pero lucharía igualmente: la historia de la vida de Malekith estaba llena de derrotas, y no iba a tolerar fácilmente otra.

ORIGINAL:

Many times over the millennia, Malekith had dreamed of what it would be like to return to Ulthuan in glory, to seize the Phoenix Throne and repay centuries of indignity. None of his imaginings ever came close to the reality at hand, for not once did the son of Aenarion consider that he would one day be the salvation of the hated high elves. Though it was fading fast, the power of Asuryan still blazed upon Malekith’s brow, granting him the Creator’s gifts of fire and fortune. The former Witch King did not know if this would be enough to bring about Tyrion’s defeat, but would fight all the same: the tale of Malekith’s life was scattered with failures, and he would not easily countenance another.

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Miniaturas Editar

ImágenesEditar

  • Imagen Malekith 4º / 5ª edición
  • Imagen de Malekith en la Portada Elfos Oscuros 6ª
  • Imagen de Malekith en el 6ª edición
  • Malekith, Rey de la Eternidad de todos los Elfos

Relatos relacionadosEditar

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Elfos oscuros (5ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Elfos oscuros (6ª Edición).

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