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Malok

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La Sangre del Dragón por Clint Langley Malok.jpg

Malok el Destructor es un milenario y enorme dragón rojo que habita en el Viejo Mundo. Había sido la montura de un príncipe dragonero del reino de Caledor durante la Guerra de la Barba, pero al morir este, Malok partió y creó su guarida en una isla al norte de Estalia.

Al tratarse de un Dragón de miles de años de antigüedad, Malok tiene un tamaño colosal. Medía aproximadamente unos sesenta metros desde el extremo del hocico hasta la puntiaguda púa que remataba su inmensa cola. Tiene las extremidades y los flancos recubiertos por escamas rojas que se oscurecen hasta transformarse en una gruesa coraza de negras placas óseas al llegar al lomo, de las que se alzaba una hilera de afiladas púas. Cada una de las patas del dragón es una mole gruesa como un tronco de árbol, hinchada de músculos y poder bajo su cobertura escamosa. Desde los hombros se extendían unas alas colosales, grandiosas telas correosas tensadas sobre una estructura de huesos como dedos.

Malok tiene el cuerpo lleno de cicatrices, fruto de su vida de conflictos, aunque dos de ellas destacan frente al resto, dolosos recuerdo de su participación en la guerra entre los Altos Elfos y los Enanos, que sirven para identificarlo con más facilidad.

Historia Editar

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Este artículo puede contener spoilers de La Sangre de Dragón

Cuando los Dragones empezaron a caer en un sueño profundo y eran cada vez menos los que acudían a la llamada de la guerra.  Algunos miembros de la nobleza de Caledor se resintieron a causa de la merma de poder resultante del largo sueño de sus aliados draconianos, y ordenaron la creación de una serie de talismanes mágicos, los Colmillos Crueles, pequeños instrumentos musicales hechos con los colmillos de estas bestias y que les permitieran controlar a los dragones según su voluntad, esclavizándolos y obligándolos a despertar cuando sus señores los llamaran. Pero aquello fue considerado tanto un crimen por el uso egoísta de la magia así como un acto de traición contra unas criaturas que eran amigas y aliadas de los elfos. Por ello, aquellos nobles,  conocidos con el nombre de Señores Grises, fueron condenados al exilio y se les prohibió volver a Ulthuan.

Además, los Colmillos Crueles eran artefactos peligrosos. Se requería una enorme fuerza de voluntad para poder controlar un Dragón en su totalidad, y en el mejor de los casos el control no es muy fuerte. Es más fácil y requiere menos esfuerzo cuando hay que obligar a un dragón a hacer algo que es propio de su naturaleza, pero resulta mucho más difícil dominar sus impulsos cuando se les obligaba hacer algo contrario a ellos. Y lo que es peor, una vez perdido el control, el orgulloso dragón solía desatar su ira sobre quien poseyera el Colmillo Cruel, en venganza por haber sido sometido de aquella manera, sin importarle la muerte y destrucción que pudiera causar en el proceso

Uno de estos nobles era antiguo jinete del dragón, que se había establecido en los territorios actualmente conocidos como Montañas Grises tras su expulsión de la isla continente. Al estallar la guerra de la Barba, el príncipe exiliado usó a la bestia contra los enanos, por lo que toda una página del Libro de los Agravios en la que figura su nombre. Fue en aquel conflicto donde fue bautizado con el nombre por el que se le conoce ahora, ya que «Malok» significa «malicia» en khazalid antiguo, desplazando a su nombre eltharin que acabó siendo olvidando.

La gran cicatriz de su cuerpo y la más característica fue producida cuando fue alcanzado por una lanza rúnica durante la batalla de la colina de Ilendril. Tal era la potencia de las runas que los herreros enanos habían grabado en la enorme lanza, que incluso siglos más tarde, el dragón todavía conserva la cicatriz. En el hombro y flanco izquierdos tenía una gran zona de carne ennegrecida, otro doloroso recuerdo sufrido durante el asedio de una plaza fuerte de los enanos denominado con el nombre de «Pico de Hierro», cuando fue alcanzado por un zigzagueante rayo mágico conjurado contra Malok por un herrero rúnico. Los Enanos recuerdan bien ese día, pues se tragó a uno de los más ancianos y sabios herreros rúnicos del reino.

Tras la muerte de Caledor II en Tor Alessi y el ascenso de Caradryel al trono de Ulthuan, el nuevo Rey Fénix, decidió poner fin a la guerra con los Enanos y ordenó que los Elfos del Viejo Mundo abandonaran las colonias y regresaran a Ulthuan. El príncipe elfo que controlaba a Malok le encargó al monstruo la custodia y guardia de su pueblo durante la marcha hacia la costa. Pero la protección y preservación no eran cosas que a Malok le resultaran fáciles de hacer; el dragón anhelaba matar y destruir como hacía cuando libraba la guerra contra los enanos, empezó a resistirse y el príncipe fue perdiendo poco a poco el control de la bestia hasta que finalmente se liberó.

En el ardiente corazón de un dragón reside un orgullo tremendo, y Malok tuvo que haber despreciado el estigma de formar parte de aquella retirada. Tal vez fue ese orgullo herido lo que al fin le permitió vencer el control del Colmillo Cruel. Como sea que llegara a suceder, el caso es que Malok mató a su amo y luego se puso a destruir a todos los elfos que pudo encontrar, lanzando una lluvia de fuego sobre los refugiados que avanzaban lentamente hacia el mar.

Tras dar por satisfecho sus ansias de venganza, Malok viajó hasta un árido trozo de roca volcánica que asomaba del mar a unos trescientos kilómetros de la costa de la actual Estalia, arrasando con todo lo que hubiese en ella, y estableciendo su residencia en su interior. El peñasco pasó a ser conocido por lo humanos como la Isla de Sangre, debido a la arena roja de la playa, siendo un territorio evitado y del que surgieron miles de historias y leyendas en torno a su desolado paisaje.

Durante milenios, el dragón dormitó en el interior de la isla volcánica, despertándose de tanto en cuanto a lo largo de este tiempo para alimentarse y conseguir tesoros con los que los dragones construyen sus nidos. Y la cosa hubiese continuado así si no fuera por que un criminal bretoniano llamado Gobineau se hizo con el Colmillo Cruel de Malok, e inconscientemente, invocó al monstruo.

La Bestia todavía recordaba furiosa como estaba obligada a obedecer la llamada, por lo que se juró que mataría a la persona que estuviera en posesión del talismán. El dragón había arrasado por completo los lugares donde había sentido la llamada, generando una gran destrucción a lo largo de Bretonia en su búsqueda por encontrar el artefacto.

Malok pudo ser detenido cuando una hechicera Elfa se hizo con el Colmillo Cruel. Empleando los métodos adecuados para hacerlo funcionar, la hechicera desató todo el poder del Colmillo, aumentando el deseo del Dragón por regresar a su hogar. Aquello consumió la vida de la Elfa pero consiguió frenar la escala de destrucción que estaba provocando la bestia.

Fuente Editar

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