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Matabestias

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Matabestias
Matabestiasgoteek.jpg

Detalles
Título original Beastslayer
Autor William King
Ilustrador de cubierta Adrian Smith(1ª edición), Geoff Taylor (2ª edición)
Diseño de cubierta Valerio Viano]
Traductor Diana Falcón Zas
Saga Las aventuras de Gotrek y Félix
Colección No tiene
Entrega Primer libro
Publicación Febrero del 2001
Precuela Matadragones
Secuela Matavampiros, El Vidente Gris (Spin-off)

Matabestiases la quinta entrega de la saga de aventuras del matador Gotrek Gurnisson y su compañero humano Felix Jaeger escrita por William King.

Tras superar los peligros sufridos en Matadragones, la pareja de héroes parte junto a sus compañeros al norte para hacer frente a la amenaza del caos. Las nubes de tormenta cubren el cielo en torno a la gélida ciudad de Praag mientras las inmundas hordas del Caos ponen cerco a las tierras septentrionales de Kislev. Sólo Gotrek Gurnisson, y Félix Jaeger, se interponen entre la antigua ciudad y las fuerzas del Caos en esta entrega de la épica entrega.

Trama Editar

Plantilla Spoiler Cazador de Brujas.png
Alto, estás caminando por la senda del Hereje. Si continúas, corres riesgo de... perderte.
Este artículo puede contener spoilers de Matabestias

Después de la batalla contra el dragón Skjalandir, Félix y sus compañeros viajan en el Espíritu de Grungni para avisar a la zarina Katarin de la amenaza del Caos, para despues viajar hasta Praag donde hacer frente a la horda caótica. Una vez allí, Malakai regresa con su nave a los reinos enanos para volver con ayuda, mientras el Caos va cercando la ciudad poco a poco.

Un grupo de Lanceros Alados salen de los muros de la ciudad para realizar un ataque relámpago, pero son rechazados, y un grupo de caballeros del caos corren hacia las puertas, todavía abiertas. Gotrek y Félix se interponen ante ellos, ganando tiempo suficiente hasta que llegan refuerzos y los caballeros se ven obligados a regresar. Ambos son felicitados por Villem, hermano del duque Enrik, gobernante de Praag y primo lejano de Ulrika, quien estaba acompañado por un grupo de nobles menores y guardas.

Más tarde Félix y el matador regresan a la taberna, donde se encontraban Ulrika, el hechicero Max, y los también matadores Snorri, Bjorni y Ulli. Allí matan el rato esperando a que suene otra señal de alarma u ocurra algo fuera de lo esperado. Mientras tanto, en las estepas de Kislev Ivan Straghov dirige a un puñado de jinetes para realizar escaramuzas contra la retaguardia y los rezagados de los ejércitos del caos.

A muchos kilómetros de distancia, el Vidente Gris Thanquol se encontraba frustrado de ser un prisionero del clan Moulder en Pozo Infernal. Su antiguo subalterno Acechador Lenguadelatora se había escapado y organizado una exitosa rebelión de esclavos, y las autoridades de la madriguera consideraban al Vidente Gris responsable, o al menos, participe de aquello. Por suerte para él, el control de la situación se le había escapado a los líderes del clan Moulder, que deciden pedirle ayuda para detener a Acechador.

En Praag, Félix, Gotrek, Max y Ulrika se encuentran en las almenas de los muros de la ciudad, teniendo un pequeño altercado verbal con un comerciante hasta que Arek Corazón de Demonio, Señor de aquel inmenso ejército, hace acto de presencia frente alas murallas y promete a todos los presente que destruirá la ciudad y todos su habitante serán asesinado. Acto seguido, ordena un grupo numeroso de hombres bestia asaltar las murallas, pero aquél asalto es fácilmente rechazado por los defensores.

Aquellas pérdidas no preocupan a Arek, que solo estaba tratando de estudiar las capacidades defensivas de la ciudad. Sus dos acompañantes, los hechiceros gemelos Kelmain Báculonegro y Loigor Varadorada hacen comentarios jocosos acerca de todo ello, lo que enerva a Arek. A pesar de haberles sido útiles en el pasado, el Señor del Caos estaba empezando a cansarse de su presencia, las últimas jornadas habían estado cuestionando sus decisiones, diciendo cosas como “no era el momento propicio” y que “las sendas de los Ancestrales aún no estaban abiertas”. Arek aquello le sacaba de quicio pues el rudo invierno kislevita se estaba acercando y necesitaba conquistar la ciudad donde sus fuerzas pudieran guarnecerse de las heladas.

Mientras pensaba sobre cuando llegaría el momento deshacerse de ellos, al ver a Gotrek y a Félix defendiendo la muralla, cambio de pensamiento. Gracias a su visión mágica, pudo comprobar que ambos tenían una gran carga del Destino, además le preocupaba el hacha mágica de Gotrek. Decidió que lo hechiceros aún les eran útiles y se dirigió a su tienda para consultarles acerca del matador y el arma.

Una vez allí, los gemelos usan su magia para tener visiones sobre la historia del hacha y de su portador. Tiene visiones sobre como el arma es creada por un dios-ancestro enano, como dios ancestro la emplea para rechazar a los demonios en la primera incursión del caos, y como finalmente acaba en manos de Gotrek. Ve fragmentos del pasado del matador, como las energías del hacha lo van cambian hasta hacerlo más ceñudo y fuerte, las razones que le llevaron a convertirse en matador, y al día en que conoció al joven Félix. Después tiene visiones de las distintas hazañas de la singular pareja: la destrucción del aquelarre de Slaaeesh, la defensa del fuerte von Dhiel en los Reinos Fronterizos, sus correrías por las profundidades de Karak-Ocho-Picos, su enfrentamiento contra los Skavens en Nuln, su viaje a Karag-Dum, su lucha contra el Dragón y muchas más... y en todas ellos la pareja siempre conseguían salir victoriosa.

La última visión preocupó a Arek, una visión del futuro en la que vio su muerte a manos del matador. Aunque los hechiceros trataron de explicarle que ese tipo de visiones eran crípticas, Puede que solamente sea una proyección de sus propios miedos o una advertencia de su señor. Aún así, Arek ordena a los brujos que contacten con su agentes en el interior de la ciudad para que asesinen a Gotrek y a Félix y hagan desaparecer el hacha.

Ulrika visita el palacio para obtener noticias de su padre pero se marcha con las manos vacías. Allí es espectadora de una escena donde el duque Enrik hace valer su autoridad para que lo comerciantes no se aprovechen de la situación y suban las precios; y tener bajo control a un fanático cazador de brujas, Ulgo Petr, y a su grupo, para evitar que quemaran gente sin su consentimiento.

Mientras tanto, en Pozo Infernal, Thanquol emplea sus poderes para localizar a Acechador, ya que todavía tenía incrustada en la frente la gema localizadora que le había implantado antes de subir como polizón en el Espíritu de Grungni. Una vez hecho, Thanquol queda impresionado por lo exitoso de la rebelión, el cuerpo cambiado de Acechador, y la impresionante mente estratégica de la que hacía gala. Acechador, sin duda se había vuelto mucho más poderoso e inteligente después de su encuentro con Arek y Kalmain y Loigor. Pensando en la opción de cambiar de bando, el Vidente Gris decide congraciarse con los dirigentes del clan Moulder, y les cuenta los planes de su antiguo subalterno.

De vuelta a Praag, un hombre llamado Halek se encuentra en una reunión secreta con un grupo de conspiradores que, como él, son adoradores de Tzeentch. Hablan sobre un plan para envenenar la ciudad cuando llegase el momento, y reciben la orden desde el exterior de asesinar a Gotrek y a Félix, y poner el hacha rúnica del matador fuera de circulación. A pesar de ser un cultista, en su interior, una parte Halek todavía se lamentaba de formar parte de ello.

Pocos días después, la taberna donde se alojaban Gotrek y el resto es interrumpida por el cazador de brujas y el grupo de fanáticos que Ulrika se encontró en el palacio. Ulgo Petr empieza a recriminar a los comensales, pero al ver que el grupo de Félix no se acobarda ante sus amenazas, decide pasar a las manos, pero antes de que haga daño nadie es decapitado por Gotrek, que lleva el cadáver fuera de la taberna.

Al regresar, el matador comenta que los guerreros del caos estás arrojando cadáveres putrefactos por encima de las murallas. Todo ello obedecía a una sugerencia de Bubar Alientohediondo, un lugarteniente de Nurgle, para extender la plaga y la enfermedad por la ciudad. Cuando lo creyó conveniente, el Señor del Caos ordenó el alto el fuego de aquellos proyectiles, pues no quería que Bubar se llevase todo el mérito, y ordenó a Kelmain y Loigor que iniciaran los preparativos para crear un vórtice mágico con el que atraer los vientos de magia.

En los días posteriores, la enfermedad se extiende entre la población y aparecen las primeras victimas. Ulrika cae enferma y Félix la lleva hasta la habitación de Max para que la atienda. El hechicero conocía algunos tratamientos y magias curativas pero necesitaba tranquilidad para llevar a cabo los rituales necesarios con los que curar a la kislevita. Sin poder hacer nada mejor que rezar por su salud, Félix sale de noche hacia el templo de Shallya.

Durante la caminata, Félix nota que es seguido por dos desconocidos. Pensando que podrían ser meros ladrones se oculta en un portal para despistarlos. Esto le permite espiar la conversación entre aquellos desconocidos y saber que en realidad son asesinos profesionales, agentes del caos y que le estaban buscando específicamente a él y a Gotrek. Esto también le permite saber sus nombres, Olaf y Sergei; el de un local, la Rosa Roja; y el de la persona que los contrató para asesinarlo; Halek. Cuando los tuvo a tiro, Félix emboscó a los dos criminales y los mató, regresando cuanto antes al Jabalí Blanco para advertir al resto.

La noche siguiente, mientras Max todavía cuidaba de Ulrika y después que rechazaran otro asalto menor por parte de las fuerzas del caos a los muros de la ciudad, Félix y los matadores van hasta la Rosa Roja, un concurrido prostíbulo, para obtener mas información sobre los dos ex-asesinos. Entrevistando a una de las trabajadoras, Sasha, lo único que pudo sacar claro es que ese tal Halek residía en el propio palacio. Aquello llenó de preocupación a Félix pues indicaba que, al menos, había un agente del caos ocupando una elevada posición.

Por su parte, mientras atendía a Ulrika, quien se recuperaba favorablemente, Max recibe un mensaje en el que el duque Enrik e solicitaba que fuera al palacio. Max escribió un mensaje de respuesta que entrego al alguacil.

A cientos de kilómetros al norte de Praag, en Pozo Infernal, las cosas parecían haber vuelto a su cauce. Gracias a Thanquol, los señores del clan Moulder pudieron contrarrestar las tácticas de Acechador Lenguadelatora y sofocar la rebelión, aunque el instigador había logrado escapar. Por su ayuda, el Vidente Gris quedó libre de toda acusación y se le comunicó que partiera de inmediato a Plagaskaven para que explicara sus últimas acciones ante el Consejo, proporcionándole una escolta para el viaje.

En otras circunstancias, aquello hubiera preocupado a Thanquol, pero debido a que llevaba días notando un incremento del poder mágico procedente del lugar donde estaba localizada la horda del caos, aceptó de inmediato.

Aquella noche, mientras Félix conversaba con Max acerca sobre que descubrir al traidor en el palacio, el hechicero nota que algo está alterando en los vientos de magia y sale inmediatamente de la taberna seguido por Félix, Gotrek y Snorri para saber de que se trataba.

Mientras recorren las frías calles, son testigos de un hecho aterrador. Los fantasmas de las victimas de la caída de Praag durante la Gran Guerra contra el Caos se estaban manifestando y poseyendo a los vivos. Tras unos primeros encontronazos, el grupo siguen a Max mientras otros magos y sacerdotes rechazaban aquella amenaza.

Max y el resto llegan hasta los almacenes de grano de la ciudad, y descubren que los guardias de seguridad habían sido asesinados, empleando para ello magia oscura. Al investigar ven aun grupo de sectarios tratando de envenenar los silos de grano. Ya habían contaminado uno pero fueron interrumpidos y asesinados por Félix y el resto. Ante la gravedad de la situación y la posibilidad de que otros almacenes pudieran ser corrompidos, Max emplea su invitación al palacio para poder entrevistarse con el duque Enrik, quien les agradece la ayuda y las advertencias.

Tras aquel incidente los días pasan. Thanquol se dirige al sur al frente de una fuerza skaven de considerable tamaño, derrotando a pequeñas partidas de guerra del Caos. Ivan Mikelovitch Straghov se reúne con la zarina Katarin y la hueste Gosdopar y parte en dirección a Praag. Por su parte el ejército del Caos empieza prepararse para lanzar el ataque final después varios asaltos menores.

Kelmain y Loigor, siguiendo las órdenes de Arek, empiezan a invocar demonios del caos con la energía que habían estado reuniendo, atrapando a algunos de ellos dentro de las torres de asedio para que las impulsaran y se movieran por si solas. A pesar de esto, los dos hechiceros estaban empezando a cansarse del autoritarismo de Arek y a que este empezara a no hacer caso a sus consejo y advertencias.

Por su parte el hombre conocido como Halek empezaba a ponerse cada vez mas nervioso e inquieto. Los asesinos habían muerto tratando de asesinar a Félix. Se le había encomendado la tarea de aniquilarlos y había fracasado; y lo que es peor el poeta y su compañero Gotrek había descubierto y arruinado el plan de los adoradores de Tzeentch para envenenar los suministros, lo que le hacía parte responsable del mismo. Su creciente paranoia le hizo acordarse de Sasha, la conocida de los asesinos muertos Olaf y Sergei, aunque estaba seguro que ella no supiera nada de su persona, no estaba permitido a correr riesgos así que ordenó de inmediato su asesinato.

Mientras Gotrek y Félix esperaban en la taberna del Jabalí Blanco, un azorado Ulli llegó corriendo para que los acompañaran a la Rosa Roja. Al parecer, Bjorni había acudido al local para “interrogar como es debido” a Sasha acerca de Olaf y Sergei, pero mientras se preparaba para ello en la habitación, el grupo de asesinos enviados por Halek entran en el cuarto para acabar con la vida de la muchacha, sin embargo, no se esperaban la presencia del matador, que dejó inconsciente a uno de ellos e hizo huir al resto.

Félix reconoció al asesino como una de las personas que acompañaban a Villem, el hermano del duque Enrik, el primer día que lo conocieron en las murallas de Praag. Aquello parecía indicar que Villem era el misterioso Halek, la persona que andaba detrás de los últimos acontecimientos en la ciudad. Félix ordenó a Bjorni y a Snorri que vigilaran al prisionero y envió a Ulli a avisar a Max y Ulrika mientras él y Gotrek se dirigían al palacio para confirmar sus sospecha.

Por otro lado, Villem era un manojo de nervios. La captura de su asesino sin duda podría conducir a Gotrek y a Félix hasta él y acusarlo de traición y herejía, y aunque lograse librarse de tales calumnias, sin duda, sus compañeros de culto no estarían contentos por sus recientes fracasos y seguramente le castigarían por ello. De repente, se le ocurrió un plan para poder redimirse y ayudar al mismo tiempo al ejército al otro lado de las murallas: asesinaría a su hermano Enrik.

Tras prepararlo todo, Villem consigue apartar a su hermano de sus quehaceres acerca de la protección y defensa de la ciudad, amparándose en que quería pasar un rato a solas con él. Mientras conducía a Enrik a la trampa preparada, donde esperaban asesinos para emboscarlo, Villem empezó a recordar y a hablar con su hermano acerca de los buenos momentos que pasaron juntos.

En aquel momento Villem se da cuenta de que es incapaz de asesinar a su hermano Enrik. Arrepintiéndose de todo lo que había hecho, trata de protegerlo de las hojas envenenadas de los propios asesinos que él había dispuesto. Acaba mortalmente herido, pero antes de morir, ve como Gotrek y Félix llegan hasta ellos y acaban con los asesinos, salvándole la vida a Enrik.

Después de aquello, todo el mundo se prepara para el asalto final. Arek Corazón de Demonio estaba furibundo por que su horda se estaba desintegrando. Los distintos paladines discutían entre ellos para ocupar una posición de privilegio en la siguiente batalla y le habían llegado noticias de la presencia de un ejército skaven al norte y la llegada del ejército de Kislev por el sur. Aunque eran fuerzas insignificantes podían constituir un peligro, si lo atrapaban en medio mientras asaltaba la ciudad podía ser derrotado. Además, varios de los campeones de la horda se habían marchado con su huestes para hacerles frentes al no poder soportar más la espera.

Por si esto fuera poco, ya estaba harto de Kelmain y Loigor, sospechaba que pretendían usurparle su posición. En los últimos días habían opuesto con mayor vehemencia ante sus decisiones, habían estado reuniéndose en secreto con otros jefes de la horda, y la presencia del ejército skaven le indicaba que su plan para iniciar una guerra civil en Pozo Infernal aprovechándose del mutante Skaven había fracasado. Todo esto le indicaba que ya no les necesitaría para nada y que acabaría con ellos después de tomar la ciudad.

Con todo, preparado, Arek, ordena el asalto final.

Sobre los muros de Praag, los defensores resisten como pueden. Son atacados por arpías, magias y proyectiles procedentes del ejército del Caos. Consiguen derribar dos de las torres de asedio demoníacas pero el resto consiguen alcanzar las murallas permitiendo que guerreros del caos, hombres bestias y demonios de los distintos poderes tomaran posiciones en las mismas.

A pesar de la presencia de Félix, Gotrek, Max y el resto apoyando a los defensores, no consiguen rechazar a los asaltantes y se ven obligados a retirarse al interior de la ciudad cuando las puertas de las mismas son derribadas permitiendo la entrada de más y más miembros de la horda.

El corazón les dio un vuelco a todos cuando Gotrek recibió el impacto de una piedra en la cabeza que lo dejó a un paso de la muerte. Al comprobar que todavía seguía con vida, Félix y los matadores lo llevan hasta un templo de Shallya donde una de las sacerdotisas consigue revivirlo, volviendo de nuevo a la batalla.

Por su parte Arek penetra en la ciudad entusiasmado por su inminente victoria y al ver visto como el matador caía bajo una roca, pero le desagradó comprobar que varios de sus soldados se dedicaban al pillaje y al saqueo en vez de continuar con la batalla. Lo que es peor, varios de los edificios estaban en llamas y eso era contraproducente pues el invierno ya estaba allí y necesitaba que la ciudad no acabase destruida pues tenía intención de convertirla en su base. Así que envió un mensajero a Kelmain y Loigor para que extinguiesen el fuego con su magia.

Usando una proyección astral, Thanquol observaba desde las alturas todos aquellos acontecimientos con una mezcla de regocijo y miedo, no le importaba en absoluto lo que le ocurrieran a la gente de esa ciudad pero estaba atemorizado ante el tremendo poder desplegado por la horda del Caos. Su corazón saltó de alegría al ver como Gotrek caía por el impacto de una piedra en la cabeza, pero gruño de desagrado al ver que todavía estaba vivo.

Estaba tan ensimismado contemplando todo aquello que no se dio cuenta que un ejército de considerable proporciones formado por Guerreros del Caos, Hombres Bestias y demonios se acercaban a la posición donde estaba él y su ejército-escolta, por lo que tuvo que ser despertado con brusquedad de su viaje astral para hacer frente aquella amenaza.

Por otro lado, el ejército de zarina Katarin, en el que se encontraba el padre de Ulrika, también se aproximaba a Praag, por lo que una buena parte del ejército de Arek se retiró para hacerles frente. Para mayor regocijo de los defensores, el Espiritu de Grungni también había regresado de su viaje a los reinos enanos, trayendo en la nave a varios cientos de guerreros apretujados. Además, Malakai había instalado un nuevo armamento de fuego alquímico y bombas con las que empezó a arrasar a las fuerzas del caos que estaban debajo de ellos.

A una distancia prudencial, los gemelos Kelmain y Loigor observaban como se desarrollaban los hechos. Todo estaba perdido, y se negaron a satisfacer la orden de Arek de extinguir el fuego. La magia que mantenía a los demonios en el plano mortal estaba empezando a extinguirse, y la llegada de los refuerzos Kilesvitas y la nave aérea causaba enormes bajas en el ejercito del caos. Comprendieron que allí ya no tenían nada que hacer y dejaron que el Señor del Caos se enfrentara solo ante las nuevas amenazas. Por lo que a ellos respecta, Arek Corazón de Demonio se había buscado él solo ese destino al no hacer caso de sus consejos y esperar a que las sendas de los Ancestrales estuvieran abiertas. Ahora que lo estaban, los hechiceros gemelos se retiraron del campo de batalla para poner en marcha su plan.

A pesar de que el ejército del Caos estaba perdiendo, todavía quedaban muchas pandillas sueltas recorriendo la ciudad y causando estragos, siendo el joven Ulli la víctima de una de estas al caer bajo las armas de los hombres bestias, antes de ser vengado por Félix.

Por su parte, Gotrek Gurnisson se fue abriendo paso a base entre los guerreros caóticos a base de hachazos hasta encontrase frente a frente con Arek. El Señor del Caos se abalanzó sobre el con la idea fija de que la visión que tuvo sobre su muerte a manos del enano no se cumpliera. El duelo entre ambos guerreros fue épico pero, aunque Gotrek combatía con gran furia, poco a poco fue cediendo terreno ante el temible poder de Arek, hasta que este lo arrinconó hasta una casa en llamas.

Sin embargo, cuando se disponía a lanzar el golpe de gracia que acabaría con la vida del matador, Bjorni y Snorri atacaron por sorpresa al Señor del Caos y le hicieron perder el equilibrio. Arek les atacó por instinto con su espada, matando a Bjorni y derribando a Snorri, pero aquella distracción resultó ser fatal por que no pudo ver a tiempo como el hacha de Gotrek le separaba la cabeza del resto del cuerpo.

Con las muerte de su líder, las tropas del caos se desmoralizaron y los demonios empezaron a desaparecer por falta de magia, aquello propició la derrota definitiva de los ejércitos del caos y una gran victoria para las fuerzas de Kislev.

PortadasEditar

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FuenteEditar

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