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Mataelfos

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Mataelfos
Gotrek y Felix - Mataelfos.jpg
Detalles
Título original Elfslayer
Autor Nathan Long
Ilustrador de cubierta Geoff Tylor
Diseño de cubierta Desconocido
Traductor Diana Falcón Zas
Saga Las aventuras de Gotrek y Félix
Colección No tiene
Entrega Décimo libro
Publicación Octubre del 2008
Precuela Matahombres
Secuela Matachamanes

Mataelfos es la décima novela de la saga de aventuras de Gotrek y Félix, y la tercera entrega escrita por Nathan Long. El mapa interior esta ilustrado por Nuala Kinrade.

SinopsisEditar

Cuando viajaban hacia Marienburgo para cumplir con la última voluntad del agonizante padre de Félix Jaeger, éste y el Matatrolls enano Gotrek se encontraron con un viejo conocido, Max Schrieber, y su bella acompañante, la vidente Claudia Pallenberger. Los dos hechiceros imperiales habían sido enviados a investigar unos inquietantes portentos que se estaban produciendo ante la costa norte del Imperio, y pidieron a Gotrek y Félix que se unieran a ellos. Juntos, los cuatro se embarcaron en dirección al mar de las Garras, donde descubrieron un aterrador complot que amenazaba al Imperio y al mundo.

¿Podrán Gotrek y Félix abrirse paso con las armas a través de un arca negra atestada de elfos oscuros, a tiempo para impedir que un aquelarre de hechiceras lance un conjuro destinado a destruir todo lo que les es querido?

Trama Editar

Plantilla Spoiler Cazador de Brujas.png
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Este artículo puede contener spoilers de Mataelfos

Después de los acontecimientos del anterior libro, que llevaron a la destrucción del Espíritu de Grungni tras descubrir un complot. Gotrek y Félix pasan varios meses recuperándose en Altdorf por las heridas sufridas. Durante este tiempo de convalecencia, la invasión de Caos ya ha sido rechazada. Lamentándose porque aquello suponía que acababa de perder la oportunidad de encontrar una muerte gloriosa, Gotrek se dedica a matar el tiempo bebiendo.

Por su parte, Félix va visitar a su padre quien se encontraba muy enfermo a causa de su edad. Lamentándose de que su hijo no consiguiera nada en la vida (al menos nada que a él le gustaría) le niega la herencia a Félix. Para que pudiera recuperarla, deberá viajar a la ciudad de Marienburgo para recuperar una carta comprometedora en manos de Hans Euler, el hijo de un antiguo socio que le estaba haciendo chantaje. Félix decide aceptar aunque no se muestra realmente interesado en la herencia.

Al regresar a la taberna donde se alojaba, le comenta aquello al matador que, al no tener nada mejor, decide acompañarlo. En esos momentos son atacados por un grupo de personas que tratan de capturarlos con vida. El dúo consigue zafarse y matar a varios de ellos. Un guarda de la ciudad trata de detenerlos por aquello pero cae muerto al ser alcanzado por unos dardos. Gotrek y Félix ven una misteriosa silueta en los tejados y la persiguen, aunque no tardan en perder su rastro. Debido a todo lo ocurrido, deciden marcharse cuanto antes de Altdorf y deciden subirse a una barca de pasajeros con destino a la ciudad portuaria. Allí se reencuentran con el hechicero Max, quien iba acompañado por varios miembros de la Reiksguard y de una joven hechicera.

Mientras tanto, un asesino Skaven, Colmillo Sombrío, informa al Vidente Gris Thanquol del fracaso en la captura de Gotrek y Félix. Thanquol se enfurece y el asesino achaca el fracaso a los esclavos humanos y le pregunta si no hubiese sido mejor asesinarlos. El Vidente Gris le recrimina y le ordena que los capture vivos por que quiere vengarse de ellos torturándolos personalmente. Dado que sus objetivos no se encuentran en la ciudad, Thanquol ordena al asesino que vaya a la mansión del padre de Félix a averiguar a donde se dirigen.

Tras celebrar su reencuentro, Max le presenta a sus antiguos compañeros a su acompañante. Se trata de Claudia, una joven hechicera de la orden celestial. Se trata de una vidente de gran talento que recientemente ha tenido la visión de un gran peligro para el Imperio procedente de Marienburgo, así que estaban allí junto a su séquito para investigar la región. A lo largo del viaje, Claudia se siente atraída por el poeta, y tienen conversaciones con él en la que habla acerca de su vida. Sin embargo, dado que Max estaba allí para cuidarla, el poeta trata de evitar en la medida de lo posible estos encuentros.

Una vez en Marienburgo, el grupo se separa para realizar sus respectivas misiones. Félix, acompañado de Gotrek , va la casa de Hans Euler para recuperar la comprometedora carta, pero este se niega dado que le resultaba muy beneficiosa. Entonces el poeta se marca un farol en el que asegura que tiene en su posesión una carta comprometedora del padre de Hans y que estará dispuesto a realizar un intercambio. Cuando Félix asegura de que tiene la carta en la posada en la que se aloja, Hans ordena a sus subordinados que se deshagan de ellos, desencadenando una pelea en la que buena parte del mobiliario acaba destrozado. Al llegar la guardia de Marienburgo, Félix y el matador se regresan a la posada.

Una vez allí, descubren que la posada había sido recientemente atacada con gas procedente de las alcantarillas que había dejado a muchos de los huéspedes inconscientes. Gotrek y Félix consiguen entrar en su habitación para recoger sus cosas, descubriendo que esta había sido desvalijada y removida a consciencia. Al parecer, quienes los atacaron el Altdorf les habían seguido.

Max se encuentra con ellos y les pide que les acompañe para llevar a cabo una misión, aunque sin especificar en detalles. Pensando que aquello podría evitar que más gente inocente pudiera verse involucrada deciden aceptar. Una vez en el puerto, descubren por que el hechicero no había sido muy específico con los detalles.

Resulta que acompañarían a Aethenir Hojablanca, un joven hechicero elfo de Ulthuan con su séquito de guardias élficos, que estaban allí en misión secreta para recuperar un libro robado de la Torre Blanca. Dado que se dirigían al mismo destino, habían acordado colaborar juntos. Debido a la animadversión que siente Gotrek por los Elfos, el matador se niega a acompañarlos, pero Claudia consigue convencerlo al contarle que tuvo una visión sobre su un gran peligro que podría suponer la muerte del matador. Gotrek acepta bajo la condición de estar todo lo lejos posibles de los Elfos.

No lejos de allí, el Vidente Gris Thanquol es informado de las últimas actuaciones del grupo, que en estos momentos viajan por barco por el mar de las Garras, a lo que ordena que sean perseguidos.

El viaje en el Orgullo de Skinstaad resulta ser bastante problemático dado que Aethenir no para de protestar y despotricar por las condiciones del barco. Para evitar que el elfo acabe siendo arrojado al mar por una más que molesta tripulación, Max decide hacer de niñera y asegurarse que no hubiera más problemas. Esto hace que relaje la vigilancia que tiene sobre Claudia, quien aprovecha la situación para acercarse más a Félix, lo cual crea ciertos conflictos en él debido a sus anteriores relaciones.

En uno de estos encuentros es interrumpido por Max y, a pesar de reprochar aquella situación, tiene una conversación con Félix. Es acerca del hecho de que tenga un aspecto tan joven a pesar de tener ya más de 40 años y de que se recupere con rapidez de las heridas. Entre diversas conjeturas, sospecha que quizás sea una propiedad del hacha de Gotrek, que lo mantiene a él, y a Félix, en plena forma para algún importante propósito. Cabe la posibilidad de que pueda mantenerlos con vida indefinidamente, aunque le advierte de las consecuencias de eso. Max deja Félix pensativo en relación a ese asunto.

El viaje continúa cerca de la costa, y el vigía advierte de la presencia de un barco que les sigue, si bien, no parece interesado en acercarse. Unas horas más tarde, se produce un desencuentro entre Gotrek y Aethenir en el retrete del barco, el primero quiere entrar y el otro quiere salir pero ninguno quiere dejar pasar al otro primero. Antes de que se produzca una pelea entre el matador y la guardia élfica, Félix consigue convencer a Gotrek para que ceda, ya que si pelea allí podría no tener la oportunidad del gran peligro que visionó Claudia.

Aquella noche, la vidente entra en el camarote de Félix ya que quiere tener relaciones con él antes de envejecer, ya que dentro de la orden se pasa la mayor parte del tiempo dentro de sus muros sin apenas poder salir. Aunque en un principio rechaza la idea, al final, el poeta decide dejarse llevar por la situación, pero justo cuando ya estaban a tono, Claudia se ve asaltada por una visión, proclamando a viva voz que ya se encuentran en el lugar donde tendrá lugar la catástrofe que destruirá Marienburgo primero, y el Imperio después. Debido a los gritos, varios miembros de la expedición entran en el camarote de Félix, pillándolos en una situación incómoda.

Al día siguiente, Félix, Gotrek, Max, Claudia y Aethenir, junto con los miembros de la Reiksguard y los soldados élficos desciende a tierra para investigar el lugar a pesar de la niebla. El poeta y la vidente estaban incómodos por la situación de la noche anterior. Gotrek encuentra pruebas que indica la presencia de más elfos y cuando informa al resto de su descubrimiento, Aethenir se muestra preocupado.

En ese momento Claudia tiene otra visión donde advierte un peligro inminente para el barco. Al llegar allí, descubren que el barco había sido destruido y su tripulación asesinada por los Skavens, quienes atacan el grupo de Félix, pero evitando en todo momento enfrentarse directamente contra el Matador y el poeta, a quienes, de nuevo, tratan de capturar con vida. A pesar de matar a varios de los compañeros, los Skavens fracasan y son rechazados, huyendo a nado a través de la espesa niebla. A Félix le queda claro que los hombres rata son los responsables de los ataques en Altdorf y en Marienburgo, y que van específicamente a por él y Gotrek.

Al examinar uno de los cadáveres de los Skavens descubre con horror que llevaba el anillo de su padre, lo cual solo podía indicar que lo habían asesinado solo para dar con él. Félix es consolado por sus compañeros. Sabiendo que ya era demasiado tarde para hacer nada, decide continuar con la misión.

La expedición continúa navegando con la barca con la que bajaron a tierra hasta encontrarse con un enorme agujero en medio del mar. El grupo trata de escapar de la corriente del vórtice pero una nave corsaria de los Elfos Oscuros les empuja para que cayeran por el vórtice. Gracias los poderes de Claudia, el grupo consigue salvarse de morir al estrellarse contra el fondo. Una vez allí, descubren una antigua ciudad sumergida de los Altos Elfos. Aethenir la reconoce como Lothlakh, un asentamiento que se hundió durante la secesión.

Al investigar el lugar, el grupo se encuentra con una banda de Elfos Oscuros, dirigida por una cábala de hechiceras y varios miembros de los Infinitos, la guardia personal de Malekith. Aethenir se sorprende al reconocer a una de las hechiceras.

Cuando Rion, el capitan de su guardia le pregunta de qué conoce a aquella Druchii, el novicio decide confesar su crimen. Resulta que aquella hechicera, se acercó él disfrazada bajo el nombre de Belryeth Eldendawn. Mediante engaños, le dijo que necesitaba un libro de la Torre Blanca para encontrar un tesoro perdido de su familia, y dado que no estaba permitido llevarse libros prestados de la Torre de Hoeth, Aethenir lo robó, pero la noche en que le llevó el libro fueron atacados por unos asesinos enmascarados, quienes robaron el libro y aparentemente asesinaron a Belryeth.

Cuando se dio cuenta de lo que había acontecido mintió sobre lo acontecido. Dijo a su padre que había descubierto que el libro había desaparecido, y que los maestros del saber le habían enviado a buscarlo como prueba de valía para recibir enseñanza en las artes de Saphery. Sin embargo, los señores del saber no saben nada, y abrigaba la esperanza de que, con la ayuda de la guardia de su familia, podría encontrar el libro y devolverlo a la biblioteca antes de que supieran que había desaparecido. Aunque lo que ha hecho es un crimen imperdonable a pesar de que pueda enmendarlo, el resto se compromete a impedir que los elfos continúen con su labor.

El grupo ataca a la banda de Elfos Oscuros, pero las hechiceras y los Infinitos consiguen matar a varios de ellos y retenerlos el tiempo suficiente, hasta que las Druchii consiguen recuperar un objeto mágico conocido como el Arpa de la Destrucción, una peligrosa arma capaz de generar terremotos y de destruir ciudades con un toque de sus hilos. Habiendo logrado su objetivo, las hechiceras se largan dejando a sus soldados que voluntariamente sacrifican sus vidas para evitar que el plan fracase. Una vez fuera del agujero, deshacen el hechizo que retenían las aguas, que empiezan a inundarlo y arrasarlo todo.

Siguiendo un consejo de Gotrek, los supervivientes de la banda de Félix se refugian en una bóveda construida por Enanos que consigue soportar aquella fuerza destructora, sin embargo ahora se encuentran atrapados a varios metros bajo el mar sin posibilidad de escapar. El Enano se las ingenia para crear una especie de salvavidas con las que regresar a la superficie, aunque el barco de los Elfos Oscuros ya se había marchado.

Desgraciadamente, durante el ascenso, son atacados por tiburones, que matan a más miembros de la expedición hasta que solo quedan Félix, Gotrek, Max, Claudia y Aethenir. En esos momentos llega un barco que dispersa a los tiburones con cañonazos y rescatan a los supervivientes, aunque para sorpesa del poeta, el barco estaba comandado por Hans Euler, quien le había seguido a él y al enano, para vengarse de ellos y hacerse con la carta.

Félix consigue convencer a Hans para que les deje subir apelando a su codicia y convenciéndole para que persiga al buque de los Elfos Oscuros, a lo que el comerciante acepta. Durante la travesía Claudia trata de acercarse nuevamente a Félix, pero en esta ocasión, el poeta la rechaza, lo que le sienta muy mal a la hechicera. Antes de que pueda solucionar la situación, son atacados nuevamente por los Skavens quienes, en esta ocasión, consiguen capturar tanto a Félix como a Gotrek, llevándolos a su submarino.

Cuando despiertan, descubren que los hombres rata también capturaron a Aethenir, a quien confundieron con Félix debido a que ambos son rubios. En ese momento aparece Thanquol, feliz de que sus principales enemigos estén por fin en sus manos y pueda vengarse de ellos. Para su consternación, ni el humano ni el enano saben de quien se tratan aunque consiguen dilucidar que pudiera tratarse del líder Skaven que atacó Nuln muchos años atrás.

Protestando por la situación en la que se encuentra, a Aethenir se le escapa lo del Arpa de la Destrucción. Intrigado por aquel arma, el Vidente Gris tortura al elfo hasta que al final consigue que este suelte todo lo que sabe sobre el arpa. Deseoso de hacerse con ella, Thanquol decide usar a los tres y los libera para que puedan infiltrase en la nave Druchii.

Tras ser dejados nuevamente inconscientes, el trío despierta en un bote a la deriva con sus armas en mitad de una espesa niebla. En ese momento, son atacados por un Dragón Marino gobernado por un Elfo Oscuro, aunque Gotrek consigue encargarse tanto del monstruo como del jinete, pero la confusión del combate atrae a una enorme masa que se va vislumbrando en la niebla, hasta que descubren con horror que se trata de un Arca Negra. Antes de que puedan hacer nada, son capturados y llevados al corral de esclavos, donde se encuentran con Hans Euler, junto con varios de sus hombres, que le reprocha a Félix por haberle engañado. Hans les explica lo que aconteció después de que fueran secuestrados por los Skavens y como fueron capturados por los Elfos Oscuros, llevándose con ellos a Max y a Claudia para algún oscuro propósito dado que son magos. También les dice que el capitán que les capturó, Landryol Alaveloz, se ha llevado sus armas mágicas y sus objetos de valor. Además, la suma hechicera que se hizo con el Arpa también se encontraba allí. Decididos a no quedarse encadenados para siempre, el trío deciden esperar el momento oportuno para escapar.

El tiempo pasa y Félix se da cuenta de las condiciones infrahumanas a las que están sometidas los esclavos. También se sorprende de encontrase con esclavos enanos encargados de llevar la comida a las jaulas, lo que consterna de gran manera a Gotrek. La próxima vez que vuelven aparecer, el matador consigue comunicarse con ellos empleando código minero, a lo que más tarde, el enano más joven le responde sin que el capataz Druchii sea consciente. Gotrek les explica a Félix y a Aethenir que, además de insultar, reprochar e injuriar a aquellos enanos por vivir como esclavos, les ha preguntado por sus armas, sus amigos hechiceros y por el Arpa. Gotrek ahora sabe cómo llegar hasta sus armas, y hasta Max y la muchacha, pero ignota el paradero del Arpa. Consiguen convencer a Hans y a sus hombres para que les ayude en el motín, hasta que lleguen al puerto del arca negra, donde podrán hacerse con una nave y escapar.

Más adelante, son testigos de una compra de esclavos y Aethenir consigue espiar la conversación entre el esclavista y el comprador. Al parecer, muchos Druchii están enfadados con el señor Tarlkhir, el comandante de esta arca, porque ha cedido a los deseos de la suma hechicera Heshor, la jefa de las hechiceras que conocieron en la ciudad hundida, y está llevando el arca hacia el mar de Manaanspoort en lugar de regresar a Naggaroth. Al parecer Heshor tiene intención de usar el Arpa para destruir la ciudad de Marienburgo y buena parte del Imperio. Sabiendo que no pueden esperar más, deciden que ha llegado el momento de actuar. Cuando llega la ronda de repartir de nuevo la comida, Félix y los demás, junto a un buen numero de esclavos, consiguen amotinarse y escapar. Consiguen llegar hasta el puerto del Arca Negra, donde como prometió, le da la oportunidad Hans Euler y a sus piratas de escapar, mientras el se encargaba de detener a los Elfos Oscuros de emplear el arma.

Dado que el poeta no tenía intención de acompañarlos en su huida, Euler trata de asesinar a Félix para vengarse de todo los problemas que le ha causado pero es quien acaba muerto en la lucha. Sus hombres, a pesar de eso y de ser conscientes de lo que estaba a punto de acontecer, deciden seguirlo a él y los otros dos para evitar la destrucción de Marienburgo.

Suena la señal de alarma, pero Farmir, el joven esclavo enano que conocieron anteriormente, decide ayudarlos. A pesar de las protestas de otro esclavo Enano y reticencias del Matador por ser un enano si honor, los lleva por los corredores de esclavos hasta las dependencias de Landryol. Tras asaltar primero la cocina, el grupo entra en sus dependencias donde le matar, y recuperan todo lo que les había quitado.

Varios enanos esclavos deciden ayudarles a pesar de lo que Gotrek piense de ellos. Birgi, el padre de Farmir, les dice donde se encuentran los Max y Claudia, aunque no exactamente, y además es un lugar lleno de Elfos Oscuros. Al parecer, están en poder de Heshor y de los Infinitos los han llevado a un templo secreto en lo profundo del Arca. Para poder encontrarlos y poder pasar desapercibidos, deciden disfrazar a Aethenir como un Elfos Oscuro que lleva una remesa de esclavos para la suma Hechicera. Farmir quiere acompañarlos, pero su padre no se lo permite, cosa que hace que Gotrek, antes de marcharse, les reproche por su cobardía y que deberían haberse afeitado la cabeza y morir luchando.

No si grandes dificultades, consiguen llegar hasta el templo secreto, que resulta estar consagrado a Slaanesh. Allí se encuentran con Max y Claudia, maniatados y demacrados, pero vivos y el arpa de la Destrucción. Las hechiceras allí presentes, estaban llevando a cabo una orgía ritual con el que invocar a un demonio y Max y Claudia serían los sacrificios. Por desgracia, son descubiertos cuando varios de los piratas caen bajo el influjo de aquella depravada ceremonia.

El demonio es invocado dentro de un circulo protector y es entonces cuando empieza la lucha. Mientras el matador se encarga de él, el resto se enfrentan a los Elfos Oscuros, recibiendo la inesperada ayuda de todos los enanos esclavos del arca, que habían decidido seguir el consejo de Gotrek. Por su parte, Aethenir se encarama a Belryeth para vengarse de su engaño.

El Guardián de los Secretos, al darse cuenta del peligro que atañe el hacha de Gotrek, decide regresar a su dimensión, pero Heshor le retiene para que cumpla su parte mientras ordena a las hechiceras que mate a Félix que estaba tratando de rescatar a Max y a Claudia. Durante el combate entre Gotrek y el Demonio de Slaanesh se rompe parte del circulo protector, permitiendo al demonio moverse libremente por la sala, y lo primero que hace es dirigirse hacia Heshor para vengarse por haberle retenido contra su voluntad.

La Suma Hechicera trata de huir llevándose el arpa mientras sus acólitas tratan de defenderla, pero mueren fácilmente al ser alcanzadas por el demonio. Aethenir intenta detener a Heshor pero Belryeth se lanza sobre el siendo pisados por el demonio. Justo cuando el Guardián se disponía a matar a la hechicera, es atacado por Gotrek, que le provoca profundas heridas con el hacha. El demonio se ve obligado a huir a su realidad para no ser destruido, no sin antes advertirle al enano que uno más grande que él está destinado a morir al matarlo.

Cuando la cosa se calmó, se pudo comprobar que Heshor había escapado con el arpa. Los restantes druchii, así como los piratas y los esclavos enanos habían muerto. Felix consiguen rescatar finalmente a los hechiceros, y cuando se disponían ayuda a Aethenir, descubren con horror que, al ser pisado por el demonio mientras estaba agarrado a Belryeth, se habían convertido en uno sólo. El toque del demonio los había fusionado en una permanente parodia del abrazo entre amantes. Sabiendo que su condición es irreversible y consciente que merecía un castigo por todo el daño causad, el Elfos pide al matador que acabe con su vida, a lo que este accede, aunque dejan a la Druchii viva en esa lamentable condición.

Salen en busca de una herida Heshor para recuperar el Arpa, encontrándose con Tarlkhir, el comandante de esta arca y sus soldados, mientras una herida Heshor trata de escapar en un diván transportado por esclavos, con el arpa en su poder. Durante el enfrentamiento, Gotrek lanza su hacha, alcanzando a uno de los esclavos que transportaba el mueble. Su esquina del diván cayó y Heshor chilló y soltó el peligroso instrumento para sujetarse.

El grupo recupera el arma que por desgracia había sido tocada, liberando las energías de forma incontrolable y empezaba a desgarrar el Arca Negra. Todos tratan de huir, mientras la nave se hunde y en la confusión reaparecen los Skavens que se hacen con el instrumento. También es en esos momentos cuando Claudia se disculpa ante Félix, ya que había previsto el ataque de los Skavens en el que él, Gotrek y el elfo fueron capturados, pero no se lo había advertido en venganza por haber sido despechada por el instrumento, pensando que solo sufrirían heridas (había previsto el ataque, no sus resultados).

El grupo consigue escapar mientras el Arca Negra se va hundiendo, y una vez en la superficie, ven el sumergible Skaven y al Vidente Gris Thanquol en posesión del instrumento. El grupo nada a su encuentro pero antes de que pueda hacer nada, reaparecen Heshor y Tarlkhir sobre un Dragón Marino y rodeados por otros jinetes de reptiles, para recuperar lo que los Hombres Rata les habían arrebatado. El hechicero skaven lanza un hechizo que enloquece a los Dragones marinos desarzonando sus jinetes y atacándose entre ellos. Heshor y Tarlkhir fueron lanzados al agua mientras los caballeros gritaban e intentaban recuperar el control de las monturas.

Thanquol consigue someter el poder del arpa y se dispone a regresar a la escotilla, pero antes de lograrlo, Heshor, Tarlkhir y varios Druchii reaparecen de nuevo y les detienen, además, un par de naves de los Elfos Oscuros que habían logrado sobrevivir al desastre se estaban acercando al sumergible Skaven. Mientras el Vidente Gris se enfrenta en un duelo mágico contra la hechicera Elfa Oscura, los soldados Skavens peleaban contra sus homólogos Druchii. Esto es aprovechado por Gotrek y Félix para asaltar la nave sumergible. Gotrek mata a la Rata Ogro guardaespaldas del Videntes Gris, antes de cercenarle la mano que todavía sujetaba el hacha. Antes de pudiera acabar con su vida, el Vidente Gris es arrastrado por un sirviente al agua, para alejarlo del peligro.

Gotrek y Félix se volvieron a regañadientes. El arpa, con la pata cortada del viejo skaven aún aferrada a ella, había despertado otra vez y estaba danzando y temblando en medio de una enloquecida refriega, mientras el sumergible comenzaba a sacudirse una vez más con su resonancia. Tarlkhir y sus caballeros luchaban por su posesión con una horda de skavens armados con espadas, mientras por babor y estribor se acercaban cada vez más los dos barcos de guerra druchii. Los Dos aventureros corrieron hacia el arpa, acabando con todo lo que se interpusiera en su camino, mientras Max los protegía de la hechicería de Heshor.

Gotrek se enfrentó a Tarlkhir, mientras más y más enemigos se unían a la refriega por la poseisón del arma. Finalmente, tras acabar con el comandante del Arca Negra, el Matador descargó la pesada hacha sobre el infernal instrumento con un golpe ensordecedor. El arpa se rajó y empezó a liberar las energías contenidas, mientras una discordante nota ascendía rápidamente hasta convertirse en un alarido demoníaco. Tanto Skavens como Elfos retrocedía mientras Heshor, con el rostro convertido en una blanca máscara de terror, dio media vuelta y saltó al mar.

Siguiendo su ejemplo, todo el mundo también saltó al mar pero el enano se quedo en cubierta, quien descargó el hacha otra vez y cortó el arpa por la mitad. Estó provocó una enorme explosión de luz púrpura que lanzó al enano por los aires, pero milagrosamente sobrevivió. Sin embargo, aquello también daño el motor de piedra de disformidad del sumergible Skaven.

El grupo sube a uno de los buques de los Elfos Oscuros, dado que su tripulación agonizaba a causa de la explosión de luz. Claudia usó su magia para alejar la nave lo máximo posible del condenado sumergible Skaven. Aquel ingenio finalmente estalló y Max usó su magia para protegerlos de la energía contaminante generada por la explosión.

Cuando la cosa se calmo, Félix se alegró de que hubieran logrado detener los planes de los Elfos Oscuros y de los Skavens y de destruir la peligrosa arpa, con lo que evitaron la destrucción del Viejo Mundo. Sin embargo, aunque todos los Druchii y los Hombres Rata habían muertos, también cientos de inocentes esclavos habían perecido; además todavía le quedaba por saber lo que le había ocurrido a su padre. La nave de los Druchii de la que se habían apoderado había resultado dañada pero todavía era operable. Tras liberar a los esclavos supervivientes pusieron rumbo al Viejo Mundo.

A varios metros de allí, un solitario barril flotaba en el mar del Caos. En su interior el Vidente Gris Thanquol juraba que se las haría pagar al Enano por haberle amputado la mano. Aunque Thanquol no tenía nada ahora, porque había gastado todo su dinero e influencias en alquilar el sumergible y soldados, volvería a rehacerse, y regresaría para vengarse. Con este pensamiento en mente, ordenó al otro superviviente skaven que empezara a remar con las petas hasta tierra firme.

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