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Matanza en Grimminhagen

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Khazrak el Tuerto A.Smith.jpg
El Bosque de Drakwald acoge a innumerables manadas de guerra y los caudillos de cada una aspiran a conseguir el título de Caudillo de los Hombres Bestia para unir a todos los Hombres Bestia de la región y levantarse contra la odiada raza de los hombres. Muchos son los nombres invocados por los chamanes: Kartok Grancuerno, Urgorgoth el Minotauro de la Condenación y el caudillo Graktar. En los últimos años, otro nombre ha aparecido en la lista invocada ante las piedras de la manada del Drakwald. Su nombre es Khazrak el Tuerto.

Los hechos que han llevado a Khazrak al poder son muy conocidos por los hombres de la región, a causa de los hechos acontecidos en la Batalla de Grimminhagen. Los ejércitos de Middenheim han estado persiguiendo a las manadas de guerra del norte del Drakwald durante varias estaciones, y un grupo de caudillos ha tratado de unir a la manada de guerra para poder contraatacar. Pero Middenheim está situada en lo alto de la meseta del Ulricsberg, una de las ciudades más defendibles del Imperio. Miles de Hombres Bestia han perdido sus vidas en ataques inútiles contra ella. Khazrak, más astuto, pensó que los hombres no podían ser derrotados a través de la fuerza bruta, sino mediante el ingenio animal. Dicho y hecho, Khazrak lanzó una serie de ataques contra las aldeas menos fortificadas del Drakwald, quemándolas hasta convertirlas en cenizas, matando a miles de súbditos del Emperador y convirtiendo a muchos más en refugiados. Las manadas de Khazrak cometieron tantas atrocidades que a los hombres no les quedó otra opción que buscar venganza. El plan de Khazrak solo necesitó de dos semanas para empezar a cobrar sus frutos.

Khazrak reunió a una manada de diez mil Hombres Bestia y con ella atacó la fortaleza de Sternhauer. A continuación, ordenó a su horda que se retirara tan pronto como recibieran noticias de sus exploradores informándoles de que llegaban refuerzos humanos a la fortaleza. Khazrak dividió su horda en dos ejércitos. Lideró al primero en dirección norte, a través de un bosque oscuro y hasta un lugar cerca del camino en el que el ejército de los hombres se viera cercado por unos peñascos rocosos. La segunda horda de Hombres Bestia enviada por Khazrak se dirigió al sur, hacia un lugar en el que el camino quedaba atravesado por un vado sobre un ancho río.

Mientras su ejército se reunía en la parte de atrás de la colina que dominaba el camino, Khazrak vio al ejército humano que se aproximaba en una larga columna, liderado por una falange de caballeros con armadura. Era el ejército de Middenheim, que había salido al exterior de sus fortificaciones seguras para acudir en ayuda de sus compañeros de la fortaleza Sternhauer. El caudillo de los Hombres Bestia vio que el ejército enemigo estaba formado por miles de guerreros e instantáneamente vio como sus Gors sentían el ansia bestial de salir a la carga presos de toda su furia animal. Pero Khazrak echó una mirada atrás a su ejército, controlando a sus manadas con un gruñido animal grave. Un centenar de caballeros pasaron bajo ellos seguidos de un regimiento tras otro de soldados a pie. Khazrak volvió a dominar sus tropas y permanecieron obedientes y ansiosos a la espera de una señal de su caudillo.

Cuando el último de los regimientos pasaba por el camino de abajo, Khazrak escuchó un bramido procedente del otro extremo de la carretera. Sabía que la vanguardia del ejército humano había alcanzado a la otra mitad de su horda. Los gors habían sucumbido a su naturaleza bestial, tal y como Khazrak había pensado que harían, y habían cargado directamente en campo abierto y en estos momentos estarían destrozando al ejército de Middenheim. Entonces, bramó su propio grito de guerra y se deslizó por las rocas hasta el camino, yendo a parar tan solo a unas yardas de distancia de la columna de retaguardia del regimiento. Un instante después, su ejército aterrizó con el sonido atronador de varios miles de pezuñas golpeando el suelo. En cuestión de un momento, los Hombres Bestia estaban cargando a los sorprendidos hombres, irrumpiendo en las filas del regimiento desorganizado con un abandono salvaje.

La batalla que siguió vio como el ejército de Middenheim recibía una sonora derrota. El centenar de yardas que quedaba a ambos lados de la carretera quedaron convertidas en un campo de batalla cubierto de sangre. Los caballeros tuvieron poco o ningún tiempo para aguantar la carga. Los ungors se lanzaron a la carga a por sus caballos, mientras las hachas a dos manos de los bestigors hacían trizas a los caballeros. La horda de Khazrak atravesó la retaguardia de tropas enemigas matando a los hombres con una barbarie enfebrecida, porque ahora ya quedaba atrás el tiempo para la astucia. La matanza fue tan brutal que las dos hordas de Hombres Bestia llegaron a encontrarse cara a cara después de haber masacrado a todo el ejército humano, y su sed de sangre era tan fuerte que a punto estuvieron de enzarzarse la una contra la otra. Al parecer, solo la fuerza dominante de Khazrak y la amenaza de su látigo hizo que los Hombres Bestia se detuvieran y no se arrojaran los unos contra los otros.

Despues de observar la masacre, Khazrak atravesó el campo de cadáveres destrozados y ensangrentados de hombres y caballos, y levantó una bandera ajada y manchada de sangre. Era un estandarte mágico que portaban los caballeros con armadura que lideraban el ejército. Khazrak sabía que cosas como aquella tenían un gran valor para los hombres, de modo que ordenó que se lo llevasen de aquel lugar de matanza y lo plantaran delante de una de los Pilares del rebaño en la espesura del Drakwald. Una acción como aquella sería un gran honor para el Caos y serviría de burla de todo lo que los hombres estimaban tanto.

Desde entonces, Khazrak se ha convertido en una figura muy respetada por los Hombres Bestia y temida por los hombres, y su fama cada vez es mayor. Los chamanes de los Hombres Bestia del Drakwald invocan su nombre cuando se reúnen las manadas y su influencia sobre la tribu es enorme. Su fama también se ha extendido entre los hombres, que vilipendian al Caudillo por haber profanado su estandarte y haber masacrado a los suyos. Se han enviado muchas expediciones al bosque con la esperanza de recuperar el estandarte, aunque se halla en un lugar oscuro protegido por bestias gigantescas. Ninguna de ellas ha regresado y, al parecer, solo han servido para proporcionar más ofrendas a los Dioses Oscuros y más gloria a Khazrak el Tuerto. Cada mes que pasa, los ataques de Khazrak se vuelven más devastadores ya que concentran a más manadas del Drakwald y de los alrededores, que acuden a su llamada. Si las victorias continúan, en poco tiempo Khazrak habrá unido a todas las manadas de guerra del Viejo Mundo. Será entonces cuando el fin del hombre este cerca.

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Hombres Bestias (7ª Edición).

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