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Matarifes y Maestros Carniceros

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"Trincha, pica, cocina y comé. Los matarifes saben lo que se hacen, pero procura no acercarte a sus ollas."
Consejo popular Ogro.

Los Matarifes son criaturas inmensas y corpulentas cubiertas de asaduras y sangre seca. Su higiene personal deja mucho que desear, pues les encanta revolcarse en carne, tripas y entrañas sin importarles para nada su procedencia. Los matarifes tienen una apariencia horrible y mezquina y son el equivalente ogro del chamán de una tribu, aunque su función se parece mucho más a la de un personaje sagrado que a la de un mago.

Los Ogros enfocan la magia y la adoración de sus dioses de un modo que no resulta fácil de entender para quienes les observan desde fuera. En cada tribu de Ogros hay un Matarife que adopta el rol tanto de hechicero como de profeta, pues es el único que disfruta de una conexión directa con las Grandes Fauces. Mediante la sangrienta preparación y consumición ritual de carne, los Matarifes canalizan una pequeña porción de las insaciables glotonería y violencia de la terrorífica deidad ogra, convirtiéndola en manifestaciones mágicas, una práctica denominada Panzamagia. Gracias a esta energía, los Matarifes pueden imbuir a sus camaradas con una vitalidad sobrenatural, inflando sus músculos y endureciendo su piel. Incluso pueden llegar a encauzar la ira de su dios contra sus enemigos, haciendo que rompa sus huesos o que el suelo se abra bajo sus pies y los engullan.

Aunque no sean tan poderosos como los Déspotas, los Matarifes son emisarios de las Grandes Fauces y por lo tanto personajes muy temidos y respetados por todas las tribus. Además son los encargados de preparar los festines, actividad ogra lo más parecida a un festival religioso y que se cuentan entre los eventos favoritos de todos los Ogros. Por último, durante su iniciación al culto de las Grandes Fauces, a los matarifes se les enseña a manejar el fuego. Como maestros del fuego, chamanes y cocineros jefe, cuentan con una gran influencia en su reino ogro que solo es superada por la del propio déspota. Y, con su retorcido intelecto maligno, no resulta raro que los susurros roncos del matarife de una tribu dicten las órdenes a su déspota. En el campamento de cualquier tribu todo el mundo tratará de mantenerse a buena distancia del Matarife, pues si éste resulta andar corto de ingredientes para alguno de sus guisos no dudará en cercenar dedos (o incluso extremidades enteras) a cualquiera que se le acerque demasiado. En cambio, durante las batallas el Matarife suele situarse en la zona más densamente poblada de las líneas Ogras, donde podrá sacar mayor partido tanto a sus habilidades de combate como a su magia.

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Los matarifes son tan distintos de los simples Ogros toro de su tribu, que son tratados con una mezcla de reverencia, temor y sospecha. Los candidatos a nuevo Matarife se eligen desde pequeños. Se dice que un Ogro recién nacido que extrae sangre en lugar de leche del pezón de su madre está marcado por las Grandes Fauces. Cualquier infante Ogro que se ajuste a los augurios necesarios será entregado de inmediato al actual Matarife de la tribu, que lo marcará con un mordisco en la panza para reclamarlo en propiedad. Tras eso el Matarife procederá a cebar al retoño con sangre y carne fresca de forma constante, a fin de que crezca fuerte y gordo. Entre los demás procesos que el Matarife llevará a cabo para iniciar al aspirante en "los secretos de las Grandes Fauces" y se le enseñará a engullir y digerir las sustancias más repugnantes y venenosas, desde trozos inmensos de carne podrida, lechos de rocas o los intestinos viscosos y tóxicos de los trolls de piedra (a fin de desarrollar tolerancia al veneno), y enseñanzas tales como el arte de triturar huesos para cocinarlos, o de saber reconocer qué partes de una bestia se deben devorar según el tipo de efectos mágicos que quieran potenciarse.

Gracias a esta “educación”, un matarife adulto se enorgullece de poder consumir sustancias que destrozarían los sistemas digestivos del resto de los Ogros. Además, los matarifes, tradicionalmente, no intentan ocultar sus panzas hinchadas y fofas con protegetripas porque confían en que la bendición de las Grandes Fauces bastará para protegerlos. Esta fortaleza gastronómica es una gran fuente de respeto para los demás miembros de la tribu, que creen que cruzarse con un matarife equivale a cruzarse con las mismísimas Grandes Fauces y, por tanto, condenarse a una reencarnación prematura en forma de estofado caliente y nutritivo.

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Por lo general los Matarifes tienen un físico más rotundo que el del Ogro medio, y su higiene personal es aún peor. Su aspecto suele ser el de despensas andantes, pues aparte de estar bañados de pies a cabeza en sangre seca y restos de vísceras, gustan de adornarse con grandes trozos de carne. Generalmente, ostentan una desconcertante variedad de ganchos para la carne, cuchillas, cuchillos para trinchar y filetear la carne, martillos ablandadores y otras herramientas culinarias que el matarife usa tanto con presas vivas como muertas, y que suele llevar encajadas en su delantal de cuero; o incluso colgadas atravesando su flácida piel.

Los Matarifes cargan con todo esto a fin de poder llevar a cabo uno de sus sangrientos rituales en cualquier momento y situación que así lo requiera. Incluso el matarife más novato es capaz de mezclar todo tipo de brebajes en su olla, un gigantesco caldero metálico que para los Ogros representa un artefacto religioso. Pero es en la Panzamagia donde verdaderamente se demuestran los conocimientos y la verdadera fuerza de un matarife, ya que, simplemente devorando el objeto apropiado e invocando el poder de las Grandes Fauces, el matarife es capaz de aunar su fuerza y la de sus camaradas y proyectar pesadillas reales o hacer añicos los huesos de sus enemigos en el interior de sus cuerpos.

Existen Matarifes que muestran preferencia por algún tipo de magia diferente al de las Grandes Fauces. Por ejemplo extraen su poder de los animales a los que sacrifican, o tienen extraños sueños sobre la llegada de un fiero cometa que les permiten interpretar el futuro y controlar el clima de forma destructiva. Otros Matarifes se deleitan en extremo en el acto de la matanza, y por tanto sus hechizos se centran con la muerte. No obstante, sea cual sea su especialización mágica, los Ogros creen que enemistarse con un Matarife equivale a enemistarse con las propias Grandes Fauces, lo cual es sin duda la receta perfecta para una muerte dolorosa. Los Matarifes más grandes, poderosos y temibles reciben el título adicional de "Maestros Carniceros"; existen sobre la tierra (o bajo ella) pocas criaturas a las que estos expertos carniceros no hayan trinchado y cocinado para servirlas en algún banquete ritual.

MiniaturasEditar

FuentesEditar

  • Libro de ejército: Reinos Ogros (6ª Edición).
  • Libro de ejército: Reinos Ogros (8ª Edición).

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