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Matazombies

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Matazombies.jpg
  • Título original: Zombieslayer
  • Autor: Nathan Long
  • Ilustrador de cubierta: Geoff Tylor
  • Mapa: Nuala Kinrade
  • Traductora: Diana Falcón Zas
  • Colección: Las aventuras de Gotrek y Félix
  • Entrega: Decimosegundo libro
  • Fecha de Publicación: 15/03/2011
  • Páginas: 397
  • Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
  • Precedido: Matachamanes
  • Continuación: Matahermanos

Matazombies es la duodecima novela de la saga de aventuras de Gotrek y Félix, y la quinta y última entrega escrita por Nathan Long, antes de pasarle la antorcha a David Guymer


SinopsisEditar

El enano Matatrolls Gotrek y su compañero humano Félix Jaeger, la pareja más famosa de héroes de Warhammer, se embarcan hacia una nueva aventura en la última novela de esta serie fantástica que encabeza las listas de ventas.

Perseguidos por las fuerzas oscuras del nigromante Heinrich Kemmler, Gotrek y Félix llegan al castillo Reikguard, desde donde deberán mantener a raya a las hordas zombies.

El sitio es implacable y oleadas de horrendas criaturas, lideradas por el paladín no muerto Krell, intentan tomar las murallas. Con los suministros a punto de agotarse y la moral hundida, los defensores comienzan a oír aterradores susurros y a sufrir espantosas pesadillas. La sospecha y la paranoia se desatan dentro de los muros del castillo y la resistencia parece imposible. Gotrek y Félix deberán unir las fuerzas del Imperio contra las innumerables legiones de la muerte comandadas por Kemmler.

TramaEditar

Plantilla Spoiler Cazador de Brujas.png
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Este artículo puede contener spoilers de Matazombies

La historia comienza justamente donde terminó la anterior novela, con los cadáveres de los Hombres Bestias y los soldados del Imperio siendo resucitados en grandes cantidades por el misterioso Hans el Ermitaño en plenitud de la Hexensnacht. La situación es desesperada ya que hay centenares de cadáveres a causa del precipitado ataque de los ejércitos del vizconde Oktaf Plaschke-Miesner y del señor Giselbert von Volgen contra la manada de Hombres Bestia. Ahora, Félix y sus compañeros, junto a las tropas supervivientes del ejército del Imperio, se ven obligados a destruir no solo a los zombis de los hombres bestias, sino también de aquellos que anteriormente habían sido sus aliados. Durante la desbandada, se podía oír como el nigromante Hans juraba que pondría al Imperio de rodillas y lo transformaría en un reino de la muerte.

Durante la precipitada huida, Gotrek destruye el cadáver viviente de Giselbert von Volgen, frente a los ojos de su acongojado padre. Gotrek y Rodi deciden quedarse para hallar su fin y dar tiempo a que Félix y Kat huyan con Snorri, que perdió una pierna en el anterior combate, y puedan viajar al templo de Grimnir y que el viejo matador recupere la memoria, tal como le había prometido el poeta. Sin embargo antes de que puedan hacer nada. El señor Rutgen von Volgen, acompañado por el barón Von Kotzebue, ordena el arresto del enano por el asesinato de su hijo. A pesar de que el grupo trata de aclararle la situación, Vol Volgen hace oídos sordos. Antes de que la situación se descontrole, Von Kotzebue consigue convencerlo de viajar al castillo Reiksguard, gobernado por el graf Falken Reiklander. donde celebrar un juicio justo, y dónde hacer frente a las huestes del nigromante. Aunque a regañadientes, el grupo accede.

La marcha hasta el castillo fue penosa y duró varios días, sufriendo escaramuzas por parte de los No-Muertos, y asegurándose de que los cadáveres de los aliados no se levantaran como zombis. Durante una de las escasas paradas para descansar, Un cirujano trató las heridas de Félix y su grupo y encontró un poco de brea caliente para cauterizar y sellar la pierna cercenada de Snorri, obligándolo a usar una prótesis improvisada.

La elección del castillo Reiksguard no fue casual pues, según las acciones y palabras lanzadas por Hans, Von Kotzebue deduce que su objetivo es Altdorf y que tiene intención de tomar las ciudades y castillos que hay por el camino, para acrecentar su ejército. El castillo Reikguard debe ser su primer objetivo, porque es el que tiene la guarnición más numerosa, y no puede permitirse tenerlo a la espalda. No obstante, para tomarlo debe actuar con rapidez, antes de que pueda orquestarse una defensa conjunta contra él.

Justo cuando están a punto de llegar al castillo, son atacados nuevamente por un grupo considerable de jinetes no Muertos. Félix, Gotrek y el resto consiguen destrozar a muchos enemigos antes de ser socorridos por Von Volgen y sus caballeros. Durante la lucha, Von Volgen acaba con el cadáver viviente de su sobrino, el vizconde Oktaf Plaschke-Miesner, lo que es aprovechado por Félix para convencerle de que Gotrek no es responsable de la muerte de su hijo, sino que ya estaba muerto cuando lo destrozó con su hacha. Aunque furioso por ello, Von Volgen finalmente admite que estaba equivocado.

Una vez dentro del castillo, los superviviente son recibidos por el general Taalman Nordling y el comisario Bardolf von Geldrecht. Los supervivientes les advierten de la amenaza del nigromante y que deben preparar las defensas, pero estos les anuncian que la situación del castillo no es buena. Muchos soldados murieron luchando contra las fuerzas de Archaon en el norte y el propio Graf está convaleciente a causa de una terrible herida sufrida en la guerra, por lo que le sustituyen en muchas de sus funciones.

Para saber a qué amenaza se enfrentan, Félix es llevado ante el padre Ulfram, un viejo sacerdote guerrero de Sigmar con los ojos vendados debido a una herida en la guerra contra Archaon, acompañado siempre de su un flaco acólito llamado Danniken. Félix les cuenta todo lo que sabe sobre el misterioso nigromante al que conoce como Hans el Ermitaño, pero el padre Ulfram no parece conocerlo.

Sin apenas otra opción que la de resistir en el castillo Reiksguard lo máximo posible, Nordling decide pasar revisión a la guarnición y soldados allí asentados, para saber el número exacto de tropas con las que cuenta, dado que todos los regimientos han sufrido numerosas de bajas causadas durante la invasión del caos. Se alzan algunas protestas, como la del capitán de arcabuceros Zeismann por el hecho de tener que volver a combatir, pero ninguno como las que proceden de un grupo de milicianos comandados por el capitán Draeger, pero sus quejas caen en oídos sordos pues el comisario Von Geldrecht acompañado por la grafina Avelein, el graf Reiklander a ordenado defender el castillo Reiksguard hasta el fin. Nordling también informa el envío de palomas mensajeras para pedir ayuda pero asegura que pasarán como mínimo seis días antes de que lleguen refuerzos.

Mientras descansan en la fortaleza, tal y como había jurado a Gotrek, Félix acuerda de que él y Kat partirán con Snorri a Karak Kadrin al día siguiente, mientra Gotrek y Rodi se quedan en la fortaleza para hacer frente a la amenaza no Muerta y así encontrar su muerte heroica. Más tarde, el señor Von Volgen, pide disculpas a Félix y a los Matadores por su comportamiento anterior.

Por desgracia para los planes de Félix, el ejército del Nigromante llegó mucho antes de lo previsto a la fortaleza, imposibilitando cualquier plan de huida. Además, lanza cientos de Murciélagos gigantes contra los desprevenidos defensores. Félix, Kat y los matadores corren para ayudar en las almenas, acabando con cientos de criaturas. Durante la lucha, hace acto de presencia un temido campeón no muerto, armado con una siniestra hacha de hoja negra y montado en una serpiente alada zombie, causando numerosas bajas a su paso, igualmente, consigue herir de gravedad al general Nordling. Gotrek, Rodi y Snorri se lanzan a la carrera para enfrentarse a la amenaza y en el combate, Gotrek resulta herido ligeramente en la pierna por el hacha del Campeón no muerto.

Finalmente, el ataque es rechazado, no sin causar antes numerosas bajas, al igual que el Campeón no muerto se retira de su duelo con lo enanos. Estos le identifican como Krell, un antiguo enemigo de su raza que fue resucitado milenios atrás antes de ser derrotado por Sigmar. En cierto sentido, están contentos de poder enfrentarse a él, pues en caso de derrotarlo, podrán tachar cientos de agravios a su nombre, y si fracasan, al menos habrán encontrado la muerte gloriosa que ansían, aunque en su caso, Gotrek informa que él ya está condenado a morir, ya que, a pesar de que la herida de la pierna apenas es un rasguño, el hacha de Krell tiene la capacidad de dejar tras de sí esquirlas de obsidiana que penetran hasta el corazón y provocan una muerte lenta.

A Félix le dio un vuelco el corazón al oír esto y van en busca inmediatamente de un cirujano para tratarle la herida, aunque este y las hermanas de Shallya, dirigidas por la hermana Willentrude, se encontraban muy ocupadas atendiendo a los numerosos heridos de la batalla anterior aunque, por alguna razón, estar parecen estar peor de lo que deberían y en el ambiente de la enfermería flota una sensación intranquila. Mientras esperaban su turno charlando con Zeismann, estalla un discusión procedente de la enfermería, seguido de inmediato por el estruendo de muebles derribados y acusaciones vociferadas. Bosendorfer, el capitán de los Grandes Espaderos, estaba acusando a Tauber, el cirujano de la fortaleza, de envenenador y asesino y de estar conspirando con el nigromante.

Zeismann trata de calmar a Bosendorfer, argumentando que se estaba dejando llevar por su odio hacia el doctor por hechos ocurridos en la guerra en el norte, pero este se niega, e incluso se enemista con Félix cuando este trata de contradecirle. Finalmente, Von Geldrecht interviene para calmar la situación y que Tauber pueda atender al general Nordling, sin embargo, cuando le aplica los primeros cuidados, Nordling muere con gran rapidez. Antes las acusaciones, Tauber explica que lo único que hizo fue emplear el procedimiento estándar: Limpiar las heridas con agua y darle de beber vino fuerte para que no sintiera tanto dolor cuando redujera la fractura. Pero no llegó a esto último pues el general se puso enfermo y murió con demasiada rapidez. A pesar de la situación, Tauber se dispone a tratar la herida de Gotrek, pero antes de que pueda hacer nada, la hermana Willentrude informa de que toda el agua del castillo ha sido envenenada.

Con la muerte del general Nordling, Von Geldrecht es el comandante en funciones hasta que el graf se recupere. Bosendorfer pide la inmediata ejecución de Tauber, acusándolo de conspiración, pero el comisario Von Geldrecht decide arrestarlo a él y a sus ayudantes dado que el asunto no está claro, a pesar de las protestas de la hermana Willentrude de que Tauber es esencial para tratar a los heridos. El comisario ordena una amplia investigación en todo el castillo para saber que más a sido saboteado. Para consternación suya y de los defensores, toda la comida también ha sido envenenada, podrida y corrompida, salvándose solo un poco de harina.

Dado que el agua del castillo está envenenada, el comisario pregunta si se puede emplear el agua del Reik dado que resulta imposible el nigromante pudiera haberla envenenado por completo. Zeismann le explica que no es potable a menos que sea hervida lo suficiente, por lo que Gotrek sugiere hacerlo sin dilación, a lo que Von Geldrecht accede y ordena que se informe a los hombres de la situación, mientras él va a consultarle al Graf sobre qué hacer.

Con todo lo que está ocurriendo, Félix lleva a Gotrek a la hermana Willentrude para que le trate la herida lo mejor que pueda, con los escasos recursos de los que dispone. Ella accede y le hace los primeros tratamientos para eliminar la mayor parte de las esquirlas. Sin embargo se encuentra intranquila debido a la situación por la que atraviesa el castillo. No considera al comisario a la altura de la tarea, deseando que el viejo Graf se recupere o que su hijo Dominic regrese con refuerzos. Cuando Félix le pregunta si el estado del graf es tan malo, ella le contesta que lo ignora, pues desde que regresó herido de la guerra con Archaon, la grafina Avelein no ha creído oportuno permitir que lo vea; dejando entrar solo a Tauber y a Von Geldrecht entrar en sus aposentos, y ellos no me dicen nada más que «su señoría está recuperándose». Cree que esa es la razón por la que el comisario no manda ejecutar al cirujano. Por su parte, los enanos se van a investigar las defensas del castillo pues se supone que contienen magia rúnica que impedirían los no muertos asaltar las murallas.

Tras el asedio, los defensores se hacen cargo de los cuerpos de los muertos y los incineran para que no puedan volver a resucitar. Después de que el padre Ulfram salmodiara por las almas de los difuntos, es consultado por Félix y Kat sobre el Paladín oscuro Krell, por lo que deduce que el misterios Hans el Ermitaño es el temido nigromante Heinrich Kemmler.

Después de hacer el recuento de bajas, se descubre que más de un tercio de la guarnición ha muerto o ha quedado incapacitado después del ataque, y casi todas las compañías han perdido muchos efectivos (salvo los milicianos del capitán Draeger, que apenas han sufrido pérdidas dado que se han mantenido al margen lo máximo posible del combate, lo que genera reproches por parte del resto). Por otro lado, aún quedan muchos días para que pueda llegar ayuda incluso aunque venga con la mayor prontitud.

Con semejantes expectativas, la mayoría de los capitanes sugieren abandonar la fortaleza y retirarse, pero el comisario, hablando en boca del Graf, ordena resistir hasta el final. Antes las protestas de que no tienen ni agua ni comida suficientes para resistir, Von Geldrecht les tranquiliza con que la hermana Willentrude está purificando agua para usarla en la limpieza de las heridas y el personal de las cocinas está preparando agua potable y galletas con la harina que sobrevivió. El capitán Draeger sugiere enviar una de las barcas para que bajen por el río hasta alguna aldea en la que no haya zombies, y regresen con suministros. Von Geldrecht acepta la sugerencia, y ante la sospecha de que Draeger y los suyos quieran aprovechar la misión para escapar, ordena al capitán Zeismann que elija a unos cuantos hombres y parta de inmediato.

Por su parte, Félix y Kat se reúnen con los tres matadores para informarles de la situación del castillo y del peligroso nigromante. Una vez allí, es informado de que las runas de los enanos han sido destruidas y que ha tenido que ser alguien versado en la magia oscura para lograrlo. Con el envenenamiento del agua y las provisiones y ahora la destrucción de las runas, cada vez queda más claro que hay un saboteador dentro del castillo, aliado con Kemmler. Está claro que el nigromante es muy meticuloso, y cuando Félix le habla del plan de las barcas, Gotrek asegura que la misión está condenada al fracaso.

Félix y los matadores corren a advertirle a Von Geldrecht sobre los últimos descubrimientos y la existencia del saboteador, además de recomendarle de que cancele la misión de salir a buscar comida; pero a pesar de la advertencia, el comisario ordena a Zeismann y los suyos que salgan con la barca. Como sospechaba Gotrek, Kremmler había prevenido esa acción, destruyendo la barca y asesinando a toda la tripulación con sus poderes nigrománticos, ante los ojos de los impotentes defensores del castillo.

En vista de la situación Gotrek, decide vigilar los matacanes, pues sospecha que será lo próximo que destruya el saboteador. Por su parte, Von Volgen advierte que, dado que los zombis no pueden ahogarse, tema pueda abrir una brecha en la parte inferior de la muralla que conecta el puerto del castillo y el río Reik. Igualmente, en ese momento, llega al castillo una paloma mecánica con un mensaje, de que la Reiksguard y una enorme fuerza imperial se dirigen hacia allí con Dominic, el hijo del graf Reiklander, con ellos. Eso da un poco de esperanza a los defensores, aunque no saben exactamente cuándo podrán llegar.

A lo largo del día, los defensores se dedicaron a desmantelar todas las dependencia prescindibles del castillo para obtener material suficiente para construir los matacanes y reforzar las defensas de la plaza, al tiempo que se taponaba con piedras lo mejor posible la brecha en el puerto. Al llegar la noche, después de un día de duro trabajo, se retiraron al subterráneo de la torre del homenaje, para poder comer con los escasos alimentos disponibles.

Una vez allí se decide rendir homenaje y brindar por los caídos lo mejor posible. Durante la ceremonia, Bosendorfer aprovecha para acusar al cirujano Tauber de asesinato, lo que genera muchos reproches y discusiones donde el capitán de los Grandes Espaderos sigue acusando a Tauber de ser una asesino y de ser un agente de los poderes oscuros. Félix le pregunta al capitán Volk porqué Bosendorfer odia tanto al cirujano. Este le cuenta que durante la guerra contra los ejércitos de Archaón, cuando él solo era un joven sargento de lanceros, su hermano era el capitán de los Grandes Espaderos. El regimiento fue alcanzado por la magia disforme de un Hechicero del Caos, causando mutaciones en muchos de ellos, incluyendo el hermano de Bosendorfer. El procedimiento estándar ante estos casos era matar al hombre de inmediato, por su propio bien, así que Tauber acabó con su vida cuando empezó a mostrar las mutaciones en la enfermería, empleando veneno para que muriera los más indoloramente posible.

Sin embargo, Bosendorfer no quiso creerlo, y acusó a Tauber de haber provocado los cambios en su hermano, y que había matado a Karl cuando se había negado a jurar lealtad a los Poderes Malignos. El propio graf Reiklander habló con Bosendorfer y logró que reconociera que eso no era verdad, además de darle el puesto de su hermano como un bonito gesto en su memoria. A pesar de ello, Bosendorfer nunca a dejado de sentir rencor hacia Tauber.

Por la noche, mientras Félix descansaba junto a Kat, se produce un gran alboroto. Félix, Kat y los matadores corren para ver que es lo que está pasando Una vez allí se encuentran con que el capitán Draeger y sus hombres habían tratado de escapar, sólo para descubrir en su huida que el saboteador había actuado de nuevo, cerrando las compuertas de la esclusa del dique e inutilizar seriamente el mecanismo de apertura, dejando el foso seco, lo que es aprovechado por los no muertos para asaltar de nuevo las murallas. Cuando el Comisario le pregunta a Draeger sobre su aspecto, este dice que no pudo reconocerlo, pues estaba completamente embozado, lo único que pudo discernir es que se trataba de un hombre grande y bastante ágil.

Von Geldrecht ordena que Drager y los suyos sean encerrados en la mazmorras y que solo sean liberados cuando haya que combatir. Por otro lado, por si las preocupaciones con el saqueador y los no muertos asaltando las murallas fueran suficientes, los Enanos, con su afinado oído, escuchan que los zombis están cavando un túnel con el que poder minar las murallas. Ante esta nueva amenaza, Gotrek sugiere excavar hacia ellos para derrumbar su túnel antes de que lleguen a los muros del castillo. Mientras él, Rodi y Snorri se dedican a esta tarea, el resto de defenderos deben dedicarse a defender las murallas y terminar las defensas.

Menos de una hora después, los zombis empezaron a escalar las murallas. Durante un tiempo, la guarnición se dedico a empujar y derribar las escalera de los zombis fuera de la almenas, pero dado que los no-muertos nunca se cansan, seguirían intentándolo hasta que los defensores no pudieran más, por ello a Kat se le ocurrió idea de arrebatarles las escaleras. El plan dio resultado y los enemigos dejaron de intentar asaltarlos, pero los defensores estuvieron tan absortos en la tarea que nos e dieron cuenta hasta mas tarde de que el nigromante había construido torres de asedio y máquinas de guerra.

Al regresar junto a los enanos, Félix y Kat descubren que habían excavado un asombroso trecho durante la noche, pero se muestran preocupados debido a que Gotrek empieza a mostrar los efectos de las esquirlas negras que no pudieron ser extraídas, aunque éste trate de quitarle importancia. Por otro lado, la hermana Willentrude trata de convencer a Von Geldrecht de que libere a Tauber y sus ayudantes, pues ellas y sus iniciadas son insuficientes para tratar a todos lo heridos, muriendo muchos de ellos que podrían haber sido salvados, aún así el comisario se niega a sus plegarias.

Horas más tarde, el túnel de los enanos consigue llegar hasta el de los No-Muertos. Tras una intensa lucha, consiguen despejar el túnel del enemigo lo suficiente para colocar las cargas y retirarse lo más rápidamente posible antes de que estallen. El túnel de los No-Muertos se derriban, acabando con la amenaza de que puedan minar las murallas, aún así, corren a las almenas dado que las torres de asedio de las fuerzas de Kemmler han empezado a moverse.

Félix, Kat y los lanceros siguieron a los matadores al exterior bajo una lluvia de proyectiles de las maquinas de Kremmler, mientras las torres de asedio se acercaban a las murallas, cargas de necrófagos mientras son arrastradas por zombis. Los cañones de las fortaleza disparan, intercambiando proyectiles con las maquinas del nigromante destruyendo algunas de ellas así como también alguna que otra torre. Los defensores también esperaban que las restante torres se desestabilizaran y cayeran por sí solas al llegar al foso vacío, pero sus esperanzas fueron vanas cuando cientos de zombis se arrojaron al foso y empezaron a apilarse unos encimas de otros para hacer de puentes para las torres. Los cañones siguieron disparando hasta que solo una de ellas consiguió llegar a las murallas.

Se produjo una confrontación entre los necrófagos y los defensores, entre los que se encontraban Félix, Kat, los matadores y el capitán Bosendorfer y sus grandes espaderos. Sin embargo la mayoría de los defensores se vieron afectados por los lamentos de una Doncella Espectral, y Bosendorfer,afectado por el miedo, ordena a sus hombres retirarse, antes de que el espectro fuera destruido por Gotrek, rompiendo el hechizo. Aun así, sin los grandes espaderos, los defensores que quedaban eran insuficientes para resistir ante lo necrófagos, por lo que Félix empezó a dar órdenes a los Espaderos de regresar y resistir, a pesar de los protestas de su capitán, algo que hicieron. Los enanos aprovecharon para asaltar la torre y tratar de destruirla. A pesar de que Krell intervino para tratar de frenar su cometido, se vio obligado a retirarse cuando los enanos cumplieron su objetivo.

Félix agradeció a los Espaderos su ayuda y estos le devolvieron las gracias por hacerlos volver pero Bosendorfer muestra su descontento por el hecho de que Félix revocara una orden suya y sus hombres la obedecieran. La tensión entre los dos hombres crece pero la situación no puede ir a mas, pues los zombis empezaron a pasar por debajo de la puerta del río a pesar de sus esfuerzos por bloquearla.

Estaba claro que el saboteador había vuelto a actuar. Tras una rápida comprobación de los daños, Gotrek del daño, deciden emplear la última barcaza, la puerta del templo de Sigmar y el altar de piedra para tapar el agujero. Los defensores tienen éxito en la operación y consiguen bloquear de nuevo la entrada, acabando poco después con los pocos zombis que había logrado entrar. Al ver todos sus planes fracasados, el nigromante decide finalizar el asalto y reunir sus fuerzas para planear un nuevo ataque, mientras la guarnición del castillo se ocupa de los heridos, queman a los muertos y trata de descansar.

Von Geldrecht se muestra indignado al saber que saboteador ha actuado de nuevo pero que ninguno de su capitanes ha podido comprobar nada sospechoso, Cuando Von Volgen pregunta si el padre Ulfram puede hacer algo con su plegarias, este dice que lamentablemente, que tras su lucha contra los ejércitos del Caos en el norte no solo perdió su vista sino también el poder de sus plegarias, a pesar de los cuidados de su iniciado Danniken. Sin embargo a Von Vogel se le ocurre una idea con la que desenmascarar al traidor. Había tratado de mantener en secreto de la presencia del saboteador los máximo posible, pero ahora requiere medidas drásticas, pero no dice cual es su plan y se limita a ordenar de que se informe a todo el mundo de que se reúnan en el patio por la mañana. Por su parte el grupo de Félix deciden tratar de atrapar al saqueador por su cuenta, sospechando que los matacanes serán su próximo objetivo.

Sus sospechas acabaron ser ciertas, pues aquella noche consiguieron divisar una misteriosa figura en los matacanes. El grupo trata de emboscar y atrapar al saboteador, incluso es alcanzado por una flecha de Kat en el hombro, pero finalmente logra escapar. Con la cantidad de heridos que hay en el castillo será imposible determinar quien es. Tras informar a Von Geldrecht, comprobaron de nuevo los matacanes, marcando unos pocos con símbolos, haciendo que se desplomaran con facilidad.

A la mañana siguiente, tal y como había ordenado el comisario, casi todo el mundo (soldados, refugiados, personal de cocina, shallyanas etc...) se reunió en el patio. Los únicos que no estaban era el Graf, convaleciente en su habitación, y el cirujano Tauber y a sus ayudantes. Poco después llegaron el padre Ulfram y el iniciado Danniken, este último portando un martillo ente envuelto en pieles. El comisario revela la existencia de un saboteador a todo el mundo allí reunido y su plan para desenmascarado consiste en que todos y cada uno tocaran el Martillo del Juicio, un martillo sagrado que tiene el poder de que su mero contacto destruye a los inicuos y los quema con el fuego sagrado del cometa de doble cola de Sigmar. Bosendorfer reclamó que Tauber y los suyos también pasaran la prueba en presencia de todo el mundo y ante la insistencia, el comisario accedió y ordenó que los sacaran de las celdas.

Uno a uno, todo el mundo empezó a tocar el martillo. Cuando se acercaba el turno de Bosendorfer, Félix advirtió que pensaba aprovechar su turno para atacar y matar a Tauber, que aún no había pasado la prueba. El poeta le avisó que no cometiera ninguna locura. Aquello en enfureció a Bosendorfer, y le acusó de tratar de humillarlo. Cuando tocó el turno del capitán de los Grandes Espaderos, pasó la prueba sin atreverse a hacer nada. Más tarde fue el turno de Tauber, que no estalló en llamas al posar sus manos sobre el martillo. El comisario fue el último en tocar el martillo y tampoco ocurrió nada.

La prueba no había demostrado la culpabilidad de nadie. Algunos (especialmente los heridos) exigían que se liberase a Tauber mientras que otros (especialmente Bosendorfer) que continuara entre rejas. Dado que la prueba no había sido concluyente, el comisario ordenó que el cirujano siguiera encerrado y que todo el mundo se retirara a sus funciones. Por desgracia, aquella prueba no solo no había descubierto al culpable sino que también hacía que todo el mundo sospechara de todo el mundo.

Más tarde, en la sala bajo la torre del homenaje, furioso antes las últimas actuaciones de Félix, Bosendorfer trata de desafiarlo, pero el poeta se limita a pedir disculpas y a marcharse junto con Kat para no causar más problemas. Mientras caminaba hasta las almenas, pudo comprobar que habían sustituido los matacanes que fueron saboteados, pero también que hombres de varias compañías lanzaban miradas suspicaces a todas las otras compañías. El padre Ulfram y Danniken iban de un lugar a otro intentando suavizar la tensión, pero no parecía que estuvieran lográndolo.

En las almenas, se reunieron con Rodi y Gotrek que estaban discutiendo sobre un plan para destruir las compuertas del dique y llenar el foso de nuevo con agua. Filialmente acuerdan que el mejor plan de acción es actuar por la noche, cuando la atención del nigromante esté fija en las murallas, un pequeño grupo encabezado por ellos se acercarán al dique y colocarán varias cargas para volarlo. Mientras trataba de relajarse tras la discusión, advirtió que uno de los matacanes tenía el mismo símbolo que había destruido los otros, al preguntar por él le dijeron que era uno de los nuevos, reemplazado recientemente aquella mañana. Aquello significaba que el saboteador estaba actuando en ese mismo momento, y que además se encontraba cerca.

Al escudriñar entre todas las persona allí congregadas, Gotrek advirtió el comportamiento extraño del acólito Danniken y descubrió que era el saboteador. Kat quedó sorprendida ante este hecho pues había tocado el martillo pero Félix le corrigió recordándole que lo hizo con el martillo envuelto en pieles, en ningún momento lo tocó con las manos desnudas. El grupo fue a advertir a Von Geldrecht que pudo comprobar con sus propios ojos lo que hacía el acólito. Gotrek sugería matarlo directamente pero Von Geldrecht lo quería vivo para poder interrogarlo.

En las almenas, tratan de arrestar a Danniken, que al darse cuenta de que ha sido descubierto, amenaza con acabar con la vida del padre Ulfram. Confiesa sin ningún pudor que es discípulo de Kremmler y que es el responsable de todos los actos de sabotaje cometidos, y tambien de haber anulado la visión mágica del padre Ulfram cuando le trató los ojos. Enfurecido por aquello, el ciego sacerdote se enfrenta a su antiguo acólito, y durante forcejeo, ambos hombres caen de las almenas al foso antes de que nadie pueda detenerlos. El primero en levantarse de aquella aparatosa caída es Danniken que ruge de triunfo antes de ser muerto por una flecha de Kat. Después se levanta el padre Ulfram y, para sorpresa de todos, también Danniken, y para horror de todos, ambos son ahora zombis.

Dado que Danniken era el saboteador, Félix pide al comisario que libere a Tauber pues a quedado claro su inocencia, sin embargo este dice que no puede, pues es el propio Graf Reiklander el que pide que continúe en prisión. Indignado ante este hecho, Félix trata de convencer a Von Volgen de que se amotine y sustituya a Tauber como general del castillo, pues este causa más mal que bien con sus vacilaciones. Aunque Von Volgen está de acuerdo opina lo mismo, lo que sugiere es traición y que no puede hacer eso, y le pide que se retire y se prepare para su próxima misión.

Aquella noche, mientras los no muertos tratan de asaltar de nuevo el castillo, esta vez con tres torres de asedio y un ariete, un grupo formado por Gotrek, Félix, Rodi y el capitán de artilleros llamado Volk, se dirigen hacia el dique. Son atacados por murciélagos pero consiguen mantener a las bestias a raya mientras colocan las cargas. Gotrek retrasa encender la mecha lo máximo posible para poder atrapar a un mayor número de no muertos en la tromba de agua cuando vuele las puertas. Cuando llegó el momento adecuado, Volk se dispone a encender las mechas pero es derribado a la corriente por un murciélago, arrastrando a Félix consigo, mientras Krell se lanza en su Serpiente Alada sobre los dos matadores.

Félix consigue salir de la corriente y regresar, mientras Gotrek y Snorri se enfrentan a Krell y bandadas de murciélagos, Kat empieza a lanzar flechas incendiarias para encender las mechas. Los matadores logran derribar al paladín no muerto del monstruo y Kat acierta en una de las mechas. Félix y los matadores salen corriendo y se ponen lo suficientemente a salvo antes de que las cargas exploten, matando a la serpiente alada y múltiples murciélagos a la vez que abren una brecha lo suficientemente grande para permitir que una gran tromba de agua arrase con todo los no muertos y sus máquinas que trataban de asaltar los muros.

Una vez dentro, son vitoreados por los defensores. Al ver a Snorri entre ellos, Rodi reflexiona sobre Gotrek y llega a una terrible conclusión. Félix le pregunta de que se trata, y aunque reacio al principio, Rodi le comenta de que cree que Gotrek está maldito a nunca encontrar su fin, y que necesita la intercesión de Grimnir más que Snorri Muerdenarices. Aquellas palabras dieron mucho que pensar a Félix, ya que podría tener razón, ya que, a pesar de todas las situaciones de peligro en las que se había envuelto, siempre había logrado sobrevivir aun con todo en contra.

A la mañana siguiente, la moral del ejército defensor volvió a desmoronarse al comprobar que Kemmler había empleado rocas y zombis para bloquear la brecha abierta del dique, vaciando una vez más el foso. Aquello supuso un duro golpe para sus esperanzas. Apenas tenían suministros, se estaban quedando sin defensas ni munición, muchos hombres estaban muriendo por falta de atención médica y la ayuda no parece que llegaría pronto. Además el Nigromante está reuniendo y preparando a sus fuerzas para un nuevo asalto. Por su parte el comisario se retiró a los aposentos del graf para consultarle.

A lo largo del día la tensión va en aumento. La desesperación hace que estalle discusiones y muchos son los que optan por abandonar el castillo. También estalla una discusión entre Bosendorfer y Félix. Uno de los hombres del primero acaba de fallecer de las heridas sufridas durante el combate contra los necrófagos y la Doncella espectral, y Bosendorfer le echa la culpa al poeta de ello al darle órdenes a sus hombres aquel día. Por su parte Félix le reprocha que ese hombre murió por culpa del capitán al hacer encarcelar a Tauber por culpa de sus prejuicios, privándolo así de los cuidados médicos adecuados.

Los dos hombres estuvieron a punto de batirse en duelo si no fue por la intervención de Von Volgen, que trata de imponer la calma intentando imponer a su autoridad. Pero esta acción enfada a Von Geldrecht, y empieza haber tensión entre ambos, e incluso el comisario estuvo de estallar un combate entre los supervivientes cuando el comisario ordenó su arresto, pero la cosa no llegó a más por que en ese momento empezó a estallar una tormenta. Aquello hizo que todo el mundo se olvidara del enfrentamiento entre Von Geldrecht y Von Volgen.

Pero mientras los soldados preparaban cualquier recipiente que sirviese para recoger agua, lo que empezó a caer de la tormenta no fue agua, sino una lluvia de una sustancia parecida a la sangre. Por si esto no fuese poco, los No Muertos comienzan su asalto de nuevo al castillo.

En esta ocasión, a pesar de la férrea defensa de la guarnición superviviente del Castillo Reikland, se ven sobrepasados. Son muchos los que caen y también los que resultan heridos, entre ellos Rodi (casi destripado por el gancho de un necrófago), la hermana Willentrude (un murciélago se estrelló contra ella y la mordió en el cuello); y Bosendorfer, herido en una pierna. También Félix y Kat son heridos aunque de menor consideración. Al final los supervivientes se ven obligados a retirarse al interior de la torre del homenaje, mientras los muertos entran por todos lados, incluido Krell.

Gotrek y Rodi deciden quedarse al otro lado de las puertas de la torre para hallar definitivamente su fin mientras los supervivientes se retiran a su interior de forma precipitada. Snorri también quiere quedarse a luchar pero Gotrek se niega a ello porque tiene que ir primero a Karak-Kadrin para que recupere su memoria. Este momento distracción es aprovechado por Rodi Balkisson para empujar a Gotrek dentro del edificio antes de que cierren definitivamente las puertas. Gotrek se enfurece por este acto pero Rodi le dice desde el otro lado que está maldito, que nunca encontrará su fin ni tampoco lo encontrará aquellos cerca de él aun con todas las posibilidades en contra. Gotrek exigen que abran las puertas para poder salir pero sus exigencias le son negadas. Desde el otro lado se escucha como Rodi se abalanza sobre los no muertos y el sonido de lucha antes de ser interrumpido con brusquedad.

Después de eso, lo único que pudo oírse fue el susurro de la lluvia roja, y los golpes de hachas y espadas contra el roble y el hierro de la puerta. Antes de que los hombres apostados en las buhederas obligaran a Krell y los no-muertos a retirarse momentáneamente con disparos de arcabuz y piedras.

La situación ya es desesperada para los supervivientes. Ya quedan muy pocos para defender la torre del próximo ataque y la mayoría de ellos están heridos, sin embargo ya no queda nadie pues la hermana Willentrude murió por las heridas del murciélago y fue destruida por Gotrek cuando se transformó en una zombi. Ante esta situación, Félix le pide a Von Geldrecht de nuevo que libere a Tauber. En esta ocasión el comisario accede, y le entrega las llames de las mazmorras, antes de retirarse y desearles suerte.

Una vez en el calabozo, Félix libera a Drager y a su hombres, y también a Tauber que, a pesar de guardar rencor por lo ocurrido, decide curar a todos los heridos, empezando por el capitán Bosendorfer. Después trataría a Félix y a Kat y al resto de heridos.

El tiempo pasa en la torre, hasta que se produce un alboroto. Von Geldrecht a desparecido por completo. Tauber confirma las sospechas de todos. El comisario ha huido dejándolo a su suerte. En ese momento Tauber cuenta la verdad sobre el comisario, la situación del Graf y su participación en un engaño.

Von Geldrecht ha estado malversado el dinero del graf desde hace años, y cuando Archaon invadió, Von Geldrecht estuvo encantado de quedarse aquí mientras el graf marchaba al norte, porque, con todo el mundo lejos, sus robos podían ser aún más descarados. Por desgracia para él, el graf sufrió una terrible herida en la guerra, y aunque él hizo todo lo posible, murió al cabo de una semana de regresar al castillo Reiksguard. Cuando Von Geldrecht encontró al graf muerto en la cama, acudió a verlo a él antes de ir a ver a la grafina Avelein, y le convenció de que la de que dijera de qué graf no estaba muerto sino en coma, por el bien de la grafina, cuya salud mental estaba muy tocada. Por desgracia, se dio cuenta más tarde que la verdadera razón por la que él quería que la dama pensara que su marido aún estaba vivo era la codicia. Con la muerte del graf, el castillo Reikguard pasaría a manos de su hijo, Dominic, un tipo mucho más suspicaz que su padre, y Von Geldrecht temía que se descubriera la malversación.

Von Geldrecht, decidió marcharse antes de que regresara Dominic, pero como era un codicioso, no quería marcharse sin llevarse todo lo que pudiera, y el tesoro más valioso era un cofre lleno de oro de los enanos que estaba encerrado en una cámara secreta de los aposentos del graf. La dificultad residía en que Von Geldrecht no podía abrirla. Tanto la llave como la cerradura estaban astutamente ocultas, y sólo el graf y la grafina conocía el secreto. Por ello, el comisario dijo a Avelein podía sacar al graf del «estado de coma» un gran médico de Altdorf, pero que el hombre cobraba una fortuna para obrar sus milagros. Le dijo que iba a necesitar todo el oro de la cámara secreta para pagarle.

Sin embargo Avelein empezó a sospechar, por lo que el comisario recurrió a él para apoyar su engaño. Al principio quería negarse, pero Von Geldrecht le recordó que ya había participado en la mentira, y amenazó con acusarlo de ser quien mató al graf, por lo que finalmente accedió. Pero incluso con su opinión, la grafina continuó vacilando y dijo haber tenido visiones de un amable anciano sabio que le decía que si esperaba y le rezaba a Sigmar, su esposo volvería a levantarse del lecho. Von Geldrecht trató de convencerla de que aquello era mentira pero no pudo. Al final, con la horda de Kemmler rodeando el castillo decidió huir por un túnel de escape secreto.

Esa era la verdadera razón por la que Von Geldrecht le hizo encerrar, y por la que no se le pudo convencer de que lo soltaran. Hacía que visitara a la grafina cada día para que le dijera a la pobre lunática que el estado del graf empeoraba, y que él debía partir con rapidez hacia Altdorf, con todo el oro. La artimaña aún fracasó la última vez que lo intentaron, pero parece ser que al final ha decido huir con el tesoro secreto o sin él.

Aquella declaración llenó de consternación a los supervivientes, que ante la situación decidieron dar el mando a Von Volgen. Bosendorfer también secunda la petición pero no sin antes comprobar que el Graf estuviese realmente muerto, algo a lo que Von Volgen está de acuerdo. El grupo entra en los aposentos del graf, para comprobar que la historia de Tauber era cierta. El Graf reiklander estaba muerto y Avelein estaba mentalmente muy deteriorada. Aquella revelación fue un duro golpe para el capitán de los Grandes Espaderos, porque por fin había comprendido que su odio hacia el cirujano había causado la muerte de muchos hombres.

Enloquecida, la grafina cuenta que finalmente accedió a las peticiones de Von Volgen, pero que este huyó con el tesoro. Draeger y los suyos considerando que, como todo ya está perdido y con el comisario huido, ellos también deberían escapar, pero Von Volgen se niega a ello, apoyado por Félix y muchos otros. La pelea está a punto de estallar cuando son interrumpidos por el misterioso anciano de los delirios de la grafina: el propio Heinrich Kemmler.

En su locura, Avelein había revelado el pasadizo secreto al temido nigromante y este lanzó el ataque definitivo con sus fuerzas. Empleó sus poderes para resucitar el cadáver del graf que mató a la grafina, para resucitarla después y llevarselos consigo para emplear ambos cadáveres en un ritual. Dreager y los suyos consiguieron escabullirse y escapar por el pasadizo secreto pero la mayoría se quedaron a luchar. Bosendorfer trata de redimirse a si mismo en el combate para que el resto pueda replegarse. Los no muertos entran en masa y los últimos defensores del castillo Reiksguard van cayendo poco a poco.

Gotrek, Félix, Kat, Snorri y unos cuantos supervivientes se repliegan a las murallas. Gotrek, cada vez más afectado por las esquirlas negras, pide a Félix y a Kat que huyan como pueda llevándose a Snorri con ellos mientras el trata de retener lo máximo posible a las hordas no-muertas comandadas por Krell, pero incluso el matador se ve superado por la enorme cantidad de enemigos, al igual que los últimos hombres vivos.

Aun sabiendo que morir sin haber recordado su agravio impide al matador alcanzar la vida ultraterrena al morir, Snorri no está dispuesto a dejar solo a Gotrek y acude en su ayuda, junto a Félix y a Kat, rescatándolo de una gran masa de no-muertos. Jadeante, Gotrek empuja a Snorri fuera de las almenas, haciendo caer al matador al río, y vuelve para encararse de nuevo con Krell, pero un muy debilitado Gotrek apenas puede hacer frente al paladín no muerto, y en un ataque hace que Gotrek y Félix caigan también al río, quedando Kat sola en las almenas.

La fuerte corriente arrastra muy lejos a los tres, y un inconsciente Gotrek estuvo a punto de ahogarse de no ser por la ayuda de Félix y Snorri. Consiguen llegar a la orilla y recorren varios kilómetros hasta llegara un poblado abandonado. Rebuscando, encuentra un poco de comida y cerveza, pero Gotrek no despierta, a pesar de los intentos de ambos.

El tiempo pasa inconscientemente a los tres, en el que el poeta sufre pesadillas y Gotrek sigue sin despertar. Finalmente la tan esperada fuerza de rescate pasa por el pueblo, y Félix y Snorri salen a su encuentro. Los soldados imperiales son suspicaces ante su presencia y no creen la idea de que el castillo Reiksguard haya podido caer, pero entonces aparece alguien que su presencia para aclarar la situación; el hechicero Max Schreiber. Félix trata de hablar pero acaba desmayándose.

Varias horas mas tarde, Félix despierta y pronto se encuentra frente a los principales comandantes de aquel ejército: Horst von Uhland, general de la Reiksguard y comandante de aquellas fuerzas; Dominic Reiklander, hijo del graf y la grafina; y el hechicero Max, además de un hechicero del Colegio Amatista llamado Marhalt y un sacerdote de Morr llamado Marwalt, hermanos gemelos. El poeta primero se interesa por el estado de Gotrek, y le habla al hechicero de las esquirlas negras en el cuerpo del matador, con esos conocimientos, el hechicero marcha para tratar de salvarle la vida. Por su parte Horst y Dominic se quedan para que les hable de la situación.

Félix les habla de que el castillo a caído bajo una fuerza no muerta comandada por Heinrich Kemmler, y que asesinó a los padres de Dominic para después resucitarlos para un objetivo determinado, aunque no sabe averiguar cual. En cambio tanto el el padre Marwalt como el magíster Marhalt consiguen dilucidar que su plan es resucitar a todos lo muertos de Reikland.

Ambos hermanos explican que en la magia, hay poder en los nombres y los lugares. El castillo Reikguard es la casa familiar de los príncipes de Reikland, el lugar desde el que, en otros tiempos, fue gobernada la provincia, y el graf y la grafina son los gobernantes del castillo Reikguard, por lo que, al menos desde un punto de vista simbólico, son los gobernantes de Reikland. Un ritual llevado a cabo en el castillo Reikguard, sobre los gobernantes del castillo Reikguard, podría ser utilizado para afectar a todo el territorio que conforma sus dominios. El único inconveniente es que para un ritual de semejante calibre requiere días o semanas de preparación, pero no lo saben con exactitud, además de que el ejército de salvación tardó muchos días en llegar allí, por lo que convienen actuar cuanto antes.

En esos momento, Max llega con la noticia de que Gotrek está muriéndose, y se lleva a Félix con él. A pesar que tanto los cirujanos, como las shallyanas como el propio Max han hecho todo lo posible, parece que Gotrek morirá definitivamente. Snorri decidió darle su hacha por que un matador deber morir con su arma en mano, despues él y Félix se quedaron para velar al matador.

Cuando Félix despertó, descubrió que tanto Gotrek como Snorri habían desaparecido. El poeta salió corriendo en su búsqueda y, para su sorpresa, se los encontró a los dos dándose un banquete. Aun sorprendido por la milagrosa recuperación de Gotrek, cuando ya todos le daban por muerto, decidió también comer. Poco después entraron en la sala el general Von Uhland, Dominic Reiklander, Max Schreiber, el padre Marwalt y su gemelo, el magíster Marhalt, para hablar de la situación y trazar un plan de acción.

Los no muertos de Kemmler están desmantelando y derruyendo el castillo Reikguard. Si esperasen durante el tiempo suficiente, derruiría por completo las murallas y podrían entrar a caballo y atacar. Pero la intención es recuperado tan entero como sea posible para que vuelva a ser un bastión del Imperio. Además también está el ritual de Kremmler.

Sin embargo atacar directamente sería un suicidio, por lo que Dominic sugiere emplear un pasadizo secreto para que una fuerza se infiltre y abra los portones de la fortaleza. Félix advierte que Kremmler conoce ese pasadizo (aunque no dice que fue la madre de Dominic quien, en su locura, se lo relevó). A pesar de de que eso implicaría que el pasadizo pudiese estar vigilado, seguía siendo el mejor plan de acción. Gotrek, Félix, Max, Dominic y los gemelos se presentan voluntarios para esa misión. Snorri también se presenta, pero dada su condición, Gotrek le pide a Max que emplee cualquier cosa para dejar dormido a Snorri y que no participe en la operación.

Una hora mas tarde, mientras Snorri roncaba profundamente tras beberse una cerveza drogada, el grupo partió a al entrada secreta, acompañados por seis caballeros escogidos de la Reiksguard. Mientras recorrieron el pasadizo, se encontraron con el cadáver Von Geldrecht, rodeado de todo el tesoro que pudo robar. El esfuerzo de transportarlo fue excesivo para él. Más adelante se encuentran con los cadáveres descuartizados de Drager y sus hombres, asesinados por No-Muertos rezagados.

El grupo continuó hasta llegar a la entrada al castillo. Allí, el padre Marwalt empleó un hechizo que permitía ocultar su presencia a los No Muertos y caminar entre ellos sin ser atacados. El grupo entró en el castillo y lo recorrieron sin incidentes, entre los numerosos cadáveres entre los que estaban muchas de las personas a las que había conocido. Félix buscaba alguna señal de Kat pero de momento no encontró nada

En el comedor de la torre del homenaje se encontraba el nigromante, que había organizado la estancia como una parodia repugnante dé algún antiguo ritual de la cosecha, con símbolos hechos con sangre en las paredes, cadáveres colgando, braseros donde ardían cuerpos descuartizados, viandas y comida putrefacta, etc... Y numerosos No Muertos. En el centro de todo aquello, sentados en tronos, estaban los cadáveres no muertos del graf Reiklander y la grafina Avelein, ataviados con los ropajes de los antiguos príncipes de Reikland. Y de pie ante todo eso, como un sacerdote que diera su bendición, estaba Kemmler, y también su teniente Krell

Al ver los cuerpos de sus padre, Dominic estuvo a punto de delatar al grupo, pero fue Gotrek quien lo hizo quien, indignado al ver que el cadáver de Rodi Balkisson resucitado por la magia del nigromante, le cortó la cabeza. Kemmler se volvió e interrumpió el encantamiento cuando el cuerpo de Rodi y su cabeza sin mandíbula inferior cayeron al suelo. Indignado por las muertes y profanación de su padres, Dominic también se lanzó al combate. El plan había quedado al descubierto, así que no quedaba otra cosa que luchar.

Gotrek se corrió contra el nigromante pero Krell se interpuso en su camino, comenzando un duelo entre ambos. El resto se enfrentaba a los cadáveres ahí reunidos y el magíster Marhalt levantó un muro magico para que no entraran más muertos vivientes en la sala. Kremmler empleó su magia contra el grupo pero Max, el magíster Marhalt y el padre Marwalt realizaban hechizos propios para contrarrestarlo. El enfrentamiento estaba muy igualado, pero poco a poco las fuerzas del nigromante empezaron a prevalecer.

Dominic, con ayuda de Félix, consiguieron llegar hasta los cadáveres del Graf y la Grafina, y siguiendo el ejemplo del matador, decapitó los cuerpos de sus padres. Aquello destruyó el ritual y puso fin a los planes de Kremmler, que al ver como todas sus maquinaciones se derrumbaban, atacó con mas furia. A pesar de ello, Gotrek logró derrotar y destrozar el cuerpo de Krell, y se lanzó después contra el nigromante. En respuesta a la amenaza, Kremmler lanzó un poderos conjuro que hizo que todos los presentes empezaran a envejecer, incluso Gotrek, a pesar de toda su determinación no llegaría a tiempo.

En ese momento, una flecha descendió desde lo alto y alcanzó al nigromante en un hombro, rompiendo el conjuro. Libre ya de la magia, Gotrek se abalanzó sobre él, destrozándole el báculo e hiriéndolo de gravedad con el hacha, pero antes de que pudiera dar el golpe de gracia. Kremmler lanzó un hechizo que lo teletransportó de aquel lugar, jurando que regresaría y se vengaría. Con su huida, su influencia se aleja con él y todos los cadáveres se desploman.

Despues del combate, Félix se dirigió corriendo al lugar del que había procedido la flecha, y allí se encontró con Kat, muy débil, pero todavía viva. Después todos se dirigieron a las puertas del castillo para abrirlas y dejar pasar al ejército Imperial. Todos los zombis y esqueletos del castillo habían caído muertos con la retirada del nigromante, y los necrófagos habían huido. No quedaba horda alguna contra la que luchar, y los soldados del general se encontraron ante la tarea de deshacerse de miles de cadáveres antes de que provocaran una epidemia en toda la región. Una vez en el campamento, Snorri se disculpó por haberse quedado dormido y no haber participado en la batalla, aunque Gotrek le confesó que fue él que pidió que fuera drogado. Por su parte Kat empezó a recuperarse y relató cómo logró sobrevivir.

Una vez aclarado el asunto y puesto todo en orden, Max preguntó a Gotrek cual sería su próxima misión, ahora que la amenaza del nigromante había sido sofocada. El matador dijo que él y Félix partirían hacia Karak-Kadrin, para acompañar a Snorri Muerdenarices en su peregrinaje al santuario de Grimnir.

PortadasEditar

  • Portada inglesa

FuenteEditar

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