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Mordheim by undermound-d59wez0

Mordheim, Ciudad de los Condenados, guarida del caído Señor de las Sombras, morada de seres diabólicos, objeto del juicio divino de Sigmar... Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo (antes del advenimiento del cometa que barrió todo con su furia de fuego) en el que la antigua capital de Ostermark era una ciudad próspera y rica que rivalizaba con cualquiera de las ciudades del Imperio: Marienburgo, Nuln, Talabheim e incluso Altdorf.

OrígenesEditar

Mordheim se asienta junto al gran río Stir, que recorre la ciudad de Waldenhof bajando desde los titánicos picos de las Montañas del Fin del Mundo. La ciudad de Mordheim fue fundada por los caballeros de la Orden del Cuervo hace miles de años, tras la conquista de la tierra de los Goblins. Estos llamaron Mordheim a su fortaleza en memoria de su líder caído, el conde Gotthard Angelos. Aunque el asentamiento prosperó en el comercio (principalmente de pescado y madera), la población estaba compuesta básicamente de guerreros veteranos expertos en el manejo de la lanza, el hacha y el arco. Durante siglos, Mordheim fue un baluarte frente a las incursiones emprendidas por Orcos y otras diabólicas criaturas que atacaban en gran número desde las montañas del Este. El propio Sigmar regaló la provincia de Ostermark a los ancestros de la casa noble de los Steinhardt, quienes durante muchos años se dedicaron a construir y establecer los cimientos de su estirpe en esta tierra salvaje.

Mordheim fue una de las pocas ciudades de Ostermark que pudo escapar de la destrucción causada por el ¡Waaagh! del poderoso señor de la guerra orco Gorbad Garra de Hierro en el año 1707. Cada provincia del Imperio tuvo que enviar tropas para hacer frente a la inmensa invasión orca y se libraron muchas batallas desesperadas. En la última batalla, los soldados se dirigieron a la zona elevada de la ciudad desde la que discurría el río y comprobaron que los pieles verdes del Waaagh! de Gorbad se aproximaban por el flanco derecho. La mayor parte del ejército de Mordheim pereció en la Batalla del Campo de Valen, pero el Conde Steinhardt logró sobrevivir y la ciudad se salvó mientras el Waaagh! orco se dirigía a Averheim, que no tuvo tanta suerte.

ComercioEditar

Catacumbas Mordheim

En la mayoría de las ciudades y las aldeas imperiales, los muchos ríos y vías navegables que existen son la base del comercio. Enormes barcazas e incluso veleros penetran en el interior de las tierras imperiales siguiendo las rutas de los grandes ríos. En aquella época, Mordheim era una ciudad marítima bulliciosa por la que discurrían barcas, barcazas y otras embarcaciones pequeñas, que bajaban desde las zonas más rurales llevando madera y lana del Este y mercancías poco frecuentes en Altdorf. La gente llegaba desde muchos kilómetros a la redonda para comerciar en los grandes mercados y muelles de la ciudad y el gremio de mercaderes traía mercancías difíciles de encontrar a los lugares más aislados de la provincia de Ostermark. Al ser la única ciudad importante del Este en muchos kilómetros a la redonda, los mercaderes de Mordheim se enriquecieron rápidamente. Construyeron almacenes gigantescos cerca de los muelles, en los que guardaban las mercancías que enviaban en barco a Altdorf, donde eran cargadas por sudorosos estibadores que también descargaban veleros que iban en dirección opuesta. Además del comercio textil, la madera y la lana, las aguas cristalinas del río Stir proporcionaban buena pesca, por lo que en Mordheim también disponían de un bullicioso y gran mercado de pescado.

Mordheim al descubiertoEditar

Al hallarse junto a las Montañas del Fin del Mundo, Mordheim mantiene un rico comercio con los ancestrales y venerables Enanos. Desde la guerra con los Goblins, muchos Enanos habían emigrado de su hogar ancestral y se habían establecido en Mordheim, donde prestaban servicios como magníficos herreros y albañiles. Muchos edificios en Mordheim reflejan la influencia de los Enanos por su firme diseño y por la alta calidad del trabajo en metal (desarrollado por los herreros enanos a lo largo de muchos años).

Antes de la aparición del cometa y de la llegada de tiempos oscuros, la prosperidad y la riqueza que había alcanzado la ciudad de Mordheim la habían convertido en la segunda ciudad más importante del Imperio después de Altdorf. Mordheim, además, era un centro cultural y artístico gracias a su biblioteca y a la gran cantidad de monumentos y edificios con altas bóvedas.

PolíticaEditar

Mordheim era la capital de la provincia de Ostermark y la segunda ciudad más grande del sur del Imperio (solo por detrás de la ciudad de Nuln). La provincia era gobernada por la honorable y noble familia Steinhardt. El palacio del Conde Steinhardt estaba en la zona rica de la ciudad. La estirpe Steinhardt provenía de los orgullosos Unberogenos y había gobernado Ostermark desde la época de Sigmar. Los Condes de Steinhardt habían probado su valía en batalla enfrentándose a muchos enemigos del Imperio. Habían masacrado a innumerables Orcos y Goblins, habían limpiado las tierras de los abominables Hombres Bestia y habían sofocado innumerables revueltas e insurrecciones.

La provincia de Ostermark había estado siempre escasamente poblada, ya que se trataba de una tierra baldía que ofrecía pocas oportunidades de sostenimiento o de riqueza. Por tanto, el pilar del poder político estaba en los robustos muros de Mordheim. Aquí, las familias nobles gobernaban sobre grandes extensiones de territorio y los campesinos vivían y trabajaban para ellos. La nobleza de Ostermark siempre vivía alejada de los simples campesinos y se despreocupaba de sus siervos del feudo.

El año de la locuraEditar

En 1979, el Imperio era una tierra dividida y sin un líder, ya que el Gran Teogonista de Sigmar no reconocía el derecho de Lady Magritta de Marienburgo a reclamar el trono del Imperio. Los Condes Electores discutían entre ellos durante años y formaban alianzas que rompían una y otra vez en su propio beneficio. Fue una época oscura para el Imperio y Mordheim pagó un alto precio.

El último Conde Steinhardt se recluyó en su palacio negándose a enfrentarse a la anarquía que se extendía por todo el territorio. El Conde Amadeus Steinhardt prefería organizar fiestas en su palacio mientras la guerra y la pestilencia devastaban la tierra.

Mordheim prosperó gracias a la miseria en que vivían sus habitantes. Los mercaderes llenaron sus bolsillos y su panzas vendiendo sus mercancías a precios exorbitantes mientras los pobres se precipitaban en espiral a nuevos niveles de pobreza en su lucha por sobrevivir. El hedonismo causó la decadencia de las clases superiores de la ciudad maldita y se dice que rituales ancestrales y oscuros se practicaban en muchas casas de nobles. Desesperados por escapar de sus amargas existencias y de las tareas pesadas, se unieron a sus retorcidos nuevos maestros en un vano intento de buscar un futuro mejor. Sus actos depravados de autoindulgencia provocaron la ira de los dioses.

En 1999, el martillo de Sigmar golpeó la abarrotada ciudad de Mordheim tomando la forma de un cometa de doble cola mientras el pueblo se regocijaba en su sórdida rebeldía. Solo las devotas Hermanas de Sigmar lograron sobrevivir a la bola de fuego que envolvió la ciudad escondiéndose y rezando en el interior de su abadía, conocida como la Roca. Desde entonces, se conoce a aquellas ruinas encantadas con el nombre de Mordheim, la Ciudad de los Condenados…

La CiudadEditar

El Barrio del TemploEditar

"¿Quieres visitar el Barrio del Templo? Antes de lanzarte de cabeza a tu perdición, deberías saber unas cuantas cosas. Cuando Mordheim era una ciudad floreciente, se decía que solo iban allí los moribundos y los muertos. Y las cosas no han cambiado mucho desde entonces. El único problema es que los muertos de Mordheim no descansan jamás. En los alrededores de la ciudad hay una gran demanda de cerebros, pues se consideran un manjar exquisito. Pero, si insistes en explorar este barrio, presta atención a mis palabras y procura no acercarte al cementerio, ya que está lleno de tumbas que necesitan ser alimentadas".

Mordheim Barrio del Templo
El barrio suroeste de Mordheim fue una vez el centro neurálgico de la ciudad, donde se discutían los temas relativos a la religión, la ley y el orden. En esta zona se trataban todos los problemas relativos al gobierno de la ciudad. Durante el reinado del Conde Leopold Steinhardt eran pocos los que lograban burlar la estricta disciplina de la guardia de la ciudad. Por desgracia, mientras la clase gobernante se enriquecía, en esta zona se acabaron los recursos. Los nobles ricos y los mercaderes se apartaban cada vez más de su gente. No les preocupaba nada excepto el siguiente baile que iban a organizar y los extravagantes ropajes que en él iban a lucir. Sin el dinero necesario para mantener patrullas constantes por la zona, la ley y el orden de antes se acabaron en poco tiempo.

Los habitantes de Mordheim tenían que hacer frente a unos impuestos abusivos, por lo que empezaron a desesperarse y los crímenes se pusieron a la orden del día. En la época en la que gobernaba el hijo de Leopold, Amadeus Steinhardt, las cárceles estaban tan repletas de criminales que estos no cabían en el interior de sus muros. Los oficiales de la ciudad decidieron emprender una medida drástica y decretaron por ley que cualquier delito sería castigado con la pena de muerte. Por razones obvias, la medida supuso un aumento de las ejecuciones. Se dice que "la miseria y la pena de la mano vienen" y los depravados ciudadanos de Mordheim disfrutaban viendo el sufrimiento de otros. Por esta razón, se congregaban en gran número para presenciar las ejecuciones públicas. Los oficiales, viendo la oportunidad de ingresar unas cuantas monedas en sus ya abultadas arcas, comenzaron a cobrar entrada al público que quería presenciar estas macabras manifestaciones públicas. Para mantener el interés de la multitud y su afluencia a la plaza, inventaban espantosas formas de despachar a los criminales.

Cuando sucedió el desastre, una ingente multitud se había reunido en la plaza de las ejecuciones para presenciar la ejecución de Gunther Griswald. Este ladrón insignificante iba a ser devorado vivo por gusanos. Al hallarse en plena calle, pocos espectadores sobrevivieron al desastre. La mayor parte del barrio fue devastada, pero, increíblemente, la Prisión quedó intacta.

Muchos de los prisioneros quedaron confinados en sus celdas y durante meses se oyeron sus gritos enloquecidos en plena noche, aunque cientos de ellos fueron liberados por el impacto. En las calles reinaba una total anarquía; crueles psicópatas y dementes asesinos vagaban por ellas sin miedo a la guardia de la ciudad. Pronto se hizo evidente, por la forma en que se realizaban los ataques, que un líder desconocido estaba al mando de las bandas que causaban estragos en toda la ciudad.

Mordheim Cementerio de St. Voller
Pero aún aguardaba algo todavía peor a los desafortunados supervivientes del barrio suroeste. Unos nigromantes malignos que escaparon de la prisión juraron vengarse de los que les habían encerrado allí y disponían de los cadáveres que se amontonaban por doquier. En el apogeo de los disturbios que se extendían rápidamente por las destrozadas calles, los cadáveres que llenaban los cementerios salieron de sus tumbas para alimentarse de la carne de los vivos. Tan solo un puñado de sacerdotes de Morr salió valientemente en defensa de la ciudad para ofrecer el eterno descanso a los muertos que rodeaban las ruinas de su templo sagrado. Reunieron a los ciudadanos de Mordheim para tratar de hacer frente a este mal y se dice que los sangrientos combates en las calles entre vivos y muertos duraron tres días. Al principio parecía que los vivos ganarían la batalla y los nigromantes se dieron cuenta de que los supervivientes de Mordheim no resultaban presa fácil. Sin embargo, cuando parecía que la balanza se decantaba del lado de los vivos, una oscura sombra se cernió sobre aquel barrio de la ciudad.

Un oscuro vampiro deforme había permanecido escondido en los sótanos y bodegas de la prisión durante años. Los cazadores de brujas no habían descubierto su cubil y el vampiro y sus esclavos habían sobrevivido llevando una existencia miserable y alimentándose de ratas y animales perdidos. Esta criatura ancestral juró vengarse de los que habían intentado destruirle y los de su especie. El oscuro conde y sus servidores, otros vampiros menores a los que había dado el beso de la muerte, salieron de su cubil para alimentarse de la carne de los vivos. El cometa había provocado toneladas de escombros y una nube de polvo cubría el cielo. Gracias a esta densa polvareda, los vampiros se encontraban a salvo de los rayos del sol. Tanto de día como de noche, el vampiro y sus sirvientes se atiborraban de la cálida sangre de los habitantes de Mordheim. Los supervivientes de la sangrienta matanza inicial huyeron de la zona presos del terror y en poco tiempo, lo que antes había sido un barrio apacible y tranquilo se convirtió en una de las zonas más horribles de Mordheim.

Mordheim La Roca
Solo las Hermanas de Sigmar de la fortaleza abadía conocida como La Roca habían logrado escapar a la destrucción de la zona. , el único edificio que resistió en pie tras el holocausto que causó el cometa en Mordheim. Se dice que las Hermanas sobrevivieron a la ira sagrada de Sigmar gracias a sus oraciones y a su penitencia (¡y también porque se escondieron en las catacumbas existentes en el subsuelo de la abadía!).

Interpretaron la salvación de su santuario como una señal de intervención divina. Cientos de habitantes de la ciudad se dirigieron a la abadía en busca de la protección que brindaban sus muros, pero las hermanas permanecieron firmes, ya que tenían el convencimiento de que todos los habitantes de Mordheim eran unos pecadores que merecían desaparecer. Así que rehusaron acudir en ayuda de la multitud de gente desesperada. Además, conocían la existencia de los muertos vivientes, a los que consideraban una abominación de todo lo sagrado, y no podían ignorar esta amenaza a sus creencias. Las hermanas se aventuraron a salir a través de unas catacumbas que recorrían el subsuelo de la abadía y obligaron a retroceder a los vampiros y sus hordas no muertas. Incluso los vampiros más poderosos se lo pensaron dos veces antes de atacar a una banda de monjas guerreras, ya que estas representaban el último rayo de luz en esta oscura ciudad.

Las Hermanas de Sigmar consideraban que toda criatura viviente que habitaba en ese barrio era pecadora y debía permanecer en ese lugar maldito, donde el martillo del justo castigo de Sigmar se encargaría de juzgarla. Debido a esta vigilia constante, un gran número de hermanas continúa vigilando el barrio y enfrentándose a vampiros, nigromantes y criminales perturbados que solo buscan hacerse con el control del barrio para sus mezquinos fines.

Desde La Roca, estas fanáticas hijas de Sigmar vigilan las ruinas de la ciudad maldita, se enfrentan a los seguidores del Señor Oscuro y recogen fragmentos de piedra bruja para posteriormente destruirlos en el interior del edificio sagrado de la abadía.

Muchos objetos arcanos y herejes se guardan bajo los techos de La Roca, a salvo de ojos codiciosos que querrían usarlos en su provecho. Es el rumor de estos tesoros lo que causa que los codiciosos y los sedientos de poder intenten infiltrarse en la abadía. Pero las catacumbas de La Roca son muy extensas y apenas han sido exploradas; hay miles de túneles que llevan en todas direcciones. Hace poco se descubrió un túnel largo tiempo olvidado que conduce hasta la cripta de La Roca y los rumores de la existencia de un tomo de poderosa magia han atraído a todo tipo de escoria como las polillas al fuego.

El Barrio RicoEditar

"¿Todavía no has tenido suficiente? ¿Quieres más? ¿Los cementerios abarrotados de cadáveres andantes no te asustan lo suficiente? Bien. Una vez que hayas explorado el Barrio del Templo, ¿estás preparado para aventurarte ahora en el Barrio Rico? Puedo asegurarte que allí vas a encontrar algo más que unos simples zombis. Hubo un tiempo en que el lugar resplandecía como una gema preciosa, rica y opulenta. Hubo un tiempo en que el trono de poder de Mordheim lo componía la corte del conde. Algunos dicen que el Conde Steinhardt (o aquello en lo que se haya convertido) aún mantiene la corte en este palacio negro. Así que mucho cuidado muchacho o acabarás muerto".

Mordheim Barrio Rico
Durante las décadas que precedieron a la caída del infame cometa que devastó Mordheim, la ciudad había prosperado hasta el punto que era considerada la segunda ciudad más rica e influyente del Imperio (solo superada por Altdorf). Los nobles se habían enriquecido gracias al trabajo de los granjeros y obreros de la ciudad y el barrio rico de Mordheim era conocido como la zona más extravagante de todo el reino. La cantidad de riquezas que generaba la ciudad era tan grande que se decía que el suelo del palacio del gobernante en aquella época, el extravagante Conde Steinhardt, estaba cubierto con oro.

En 1979, el Imperio se vio envuelto en una cruenta guerra civil. El Gran Teogonista no quiso reconocer el derecho al trono de Dama Magritta y en poco tiempo reinó la anarquía, que desembocó en una guerra. Durante este estado de agitación, el Conde Steinhardt no quiso decantar sus fuerzas por ninguna de las tres facciones combatientes. Pensaba que permaneciendo neutral ganaría una fortuna en sobornos y donativos y, lo más importante, no quería ver a los relucientes soldados de Mordheim recubiertos del barro y la sangre de una batalla. Como el Imperio emprendió la guerra, necesitaba gastar gran parte de sus recursos en armas y tropas, por lo que la ciudad de Mordheim se enriqueció gracias a la venta de armas y suministros a todos los bandos a precios desorbitados.

El conde vendía todos los productos que obtenía de la tierra, como alimento, madera y minerales, al bando dispuesto a pagar el precio más alto. Sus arcas rebosaban con el oro de los condes electores que se hallaban en la contienda y, en poco tiempo, el Conde Steinhardt se convirtió en la persona más rica del reino. El conde era un hombre extremadamente vanidoso y disfrutaba siendo el centro de atención. Disponía de una fortuna inconmensurable, así que la empleó en organizar lujosas fiestas en las que hacía regalos extravagantes a sus invitados. Una vez regaló a una de sus amantes un hermoso anillo de diamantes. Cuando ella vio el anillo, se quejó de que no tenía nada que ponerse a juego, así que el conde encargó que le hiciesen un vestido de seda de Catai bordado en hilo de oro que habría significado la ruina de más de un conde elector.

Cientos de nobles acudían a sus bailes de máscaras y disfrutaban de los suntuosos banquetes en los que el conde servía asado de águila y filete de grifo. Incluso se rumoreaba que el conde era responsable de la extinción del dragón de fuego menor después haber probado sus huevos.

Durante este tiempo, los pobres sufrieron miserablemente. El conde y sus nobles habían vendido toda la producción a las facciones en guerra y a los plebeyos solo les habían dejado los restos podridos para su subsistencia. La guardia de la ciudad estaba totalmente corrupta y no existía ningún tipo de ley u orden. El conde se encerró tras los muros de su elegante palacio sin mostrar la más mínima preocupación por los asuntos de estado.

Mordheim Estatua del Conde Gotthard
El conde ordenó a sus vasallos que retirasen la estatua del Conde Gotthard, fundador de Mordheim y un héroe para su pueblo, y en su lugar pusiesen una suya. Esta vanidad indulgente del conde fue la gota que colmó el vaso de los ciudadanos oprimidos, que, al final, tomaron las armas y se rebelaron. Atacaron a los guardias del Acuartelamiento del Cuervo y de la Puerta Oeste, donde los soldados de la ciudad, borrachos, se entretenían jugando a los dados. Los guardias eran tan complacientes que ni siquiera habían dispuesto vigilancia. Al lanzarse rápidamente sobre los sorprendidos defensores del barrio noroeste, la turba enfadada inundó las calles de Mordheim. Se dice que, cuando sucedieron los primeros disturbios, el conde estaba observando desde un balcón de palacio y pensó que se trataba de un magnífico entretenimiento.

En cuestión de poco tiempo, la anarquía dominó la ciudad. Los ricos comerciantes y los nobles del barrio noroeste habían contratado a muchos mercenarios y les pagaban sus servicios con los gastos de mantenimiento asignados a los guardias de elite. Los métodos implacables que utilizaban para deshacerse de los alborotadores calmaron la situación y se restauró el orden en la ciudad. Estas pequeñas bandas de guerreros fuertemente armados no eran mucho mejores que los vigilantes y los matones contratados que vigilaban y se aseguraban de que las callejuelas y calles del barrio noroeste siguieron libres de la miseria y suciedad que infestaba el resto de la ciudad. Un puño de hierro gobernaba este barrio. Todo aquel que pareciese un vagabundo recibía una paliza en los astilleros, se le conducía a una barcaza y era expulsado de la ciudad.

Tras sofocar los disturbios, la ciudad estaba limpia de vagabundos, no había mucho trabajo que hacer y los guardias tenían pocas ocupaciones, así que en poco tiempo volvieron a estar aburridos. A menudo los soldados buscaban entretenimiento luchando con los guardias de otros nobles o en duelos concertados de antemano. El conde prohibía esta actividad oficialmente, pero en realidad alentaba las peleas entre familias nobles porque tenían un espíritu extravagante con el que disfrutaba. El estado de una familia particular lo dictaba la fuerza de sus soldados y los nobles malgastaban auténticas fortunas contratando a tiradores expertos.

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Cuando aconteció el gran desastre, el conde se hallaba en medio de la fiesta más extravagante que hubiera organizado jamás. En ella se habían congregado más de dos mil invitados con sus mejores galas y también habían acudido los mejores músicos de todo el Imperio. El palacio no sufrió daños serios debido al cataclismo, pero sus huéspedes no tuvieron tanta suerte.

Sus mentes eran particularmente sensibles a los efectos de la mutación del Caos y, mientras caía sobre la ciudad una lluvia de piedra bruja, la nobleza sufrió un destino espeluznante. Se dice que al principio pocos notaron los cambios que se produjeron en los empolvados petimetres. La mayoría creyó que las brutales mutaciones que surgían de sus cuerpos, brazos y piernas eran simplemente parte de sus elaborados trajes e incluso el conde ordenó que la banda siguiese tocando. Las máscaras se retorcían grotescamente fundiéndose con los rostros de sus portadores y se convertían en deformadas imágenes de odio y amenaza. El terrible poder del Caos inundó las mentes de los nobles poseídos con visiones terroríficas y estos se sumieron en una orgía de violencia. La lujosa sala se convirtió en un baño de sangre cuando comenzó la carnicería general. Se dice que el propio conde sucumbió a los efectos mutantes del Caos y su barriga, ya oronda, empezó a hincharse hasta alcanzar un volumen enorme. Su cuerpo se cubrió de granos y pústulas y se hizo tan obeso que era incapaz de moverse. De sus brazos salieron unos enormes tentáculos que se retorcían intentando agarrar a los aterrorizados invitados. El conde se arrastró hasta ellos y los devoró a todos.

Mientras continuaba la lluvia de brillantes fragmentos verdes, una nube de polvo y escombros comenzó a cubrir el cielo de todo el barrio noroeste y, a través de ella, empezaron a hacerse patentes otros extraños y mortales efectos mutantes de la piedra bruja. Una gran cantidad de habitantes codiciosos pensó que estas piedras eran gemas preciosas y empezaron a acumular piedra bruja en cantidades enormes. Y de esta forma se llevó a cabo el gran plan del temido Señor Oscuro. La corrupción del Caos que había irradiado la piedra bruja era muy pura y los habitantes que las habían guardado siguieron el mismo camino que los invitados a la fiesta del conde. Las calles se llenaron de horribles criaturas mutantes hambrientas de la carne de los mortales.

Mordheim Jardines memorial Steinhard
En los famosos jardines conmemorativos del conde empezaron a ocurrir efectos aún más extraños que los que había producido la piedra bruja. En una excéntrica muestra de cómo dilapidar una fortuna, el conde había importado todo tipo de plantas exóticas desde lejanas tierras como la mítica Lustria y sus jardines eran conocidos por ser los más hermosos del Imperio. Muchas parejas solían reunirse en el parque central de estos exóticos jardines para celebrar el Año Nuevo. Pero como el granizo de piedra bruja también cayó sobre ellos, las plantas comenzaron a desarrollar vida propia, las raíces y viñas agarraban a las parejas y se enroscaban sobre ellas para arrastrarlas y hundirlas en el suelo, donde sus raíces bebían ávidamente su sangre. Otras plantas desarrollaron púas venenosas que clavaban sobre los infortunados que se acercaban demasiado. El agua cristalina de la fuente central cambió a un brillante color verde y las estatuas de los querubines aullaban terribles maldiciones de condena y desesperación. El gran roble que una vez se irguiera próximo a las puertas de entrada del jardín se desarraigó de su lugar y comenzó a atacar dejando a su paso un reguero de muerte y destrucción. Este monstruo de 300 metros de altura atravesó destrozando la valla que rodeaba los jardines y empezó a abrirse camino hacia la Puerta Oeste, donde la multitud se había congregado en un intento desesperado de huir del desastre.

No pasó mucho tiempo antes de que los aterrorizados habitantes de la ciudad, convencidos de que el conde y sus nobles habían traído la maldición, recorrieran el barrio rico saqueando y robando todo lo que encontraban. Atacaron el palacio, pero, cuando los habitantes de Mordheim vieron las terribles bestias que aparecieron en la sala, le prendieron fuego. Las llamas se extendieron con rapidez y pronto todo el barrio ardió pasto de las llamas. Los archivos relatan que una luz infernal de color naranja era visible desde Bechafen.

Mordheim La Fuente de Sangre
Puesto que el fuego se propagó, la gente intentó abandonar la ciudad en masa. Los pocos guardias que permanecían en el Acuartelamiento del Cuervo trataron de restaurar el orden en la Puerta Oeste, pero la multitud los arrolló. Cientos de ellos fueron aplastados debido al pánico de la muchedumbre. De pronto, irrumpió el terrible roble-bestia. Sus ojos diabólicos brillaban con destellos de color rojo, puesto que el árbol era el instrumento que el Señor Oscuro había utilizado para atacar a la atemorizada multitud. El árbol rompía y destrozaba los cuerpos que encontraba a su paso y los lanzaba por el aire mientras sus enormes ramas daban latigazos a la gente. Muy pocos lograron escapar del barrio noroeste de la ciudad durante el desastre, ya que el monstruo había plantado sus raíces justo en la entrada de la puerta para aniquilar a todo el que se atreviera a pasar por allí...

En la actualidad, toda esta zona es una parodia horrible de su pasada elegancia. Los majestuosos edificios de antaño ahora son tan solo unas ruinas. La mayoría de los objetos de valor que no habían sucumbido al fuego hace ya mucho que desaparecieron, robados con el paso del tiempo por carroñeros desesperados. A menudo una banda suele volver del barrio con tesoros encontrados en el interior de los sótanos de una vieja casa. Y basta esto solamente para atraer el interés de los aventureros. La estructura del palacio carbonizado del conde resulta una visión espeluznante y corren historias de que el conde y muchos de sus invitados han sobrevivido a las llamas. Los rumores sugieren que el conde aún sigue allí, en el interior de aquellos muros lujosos, y, como es incapaz de moverse debido a su volumen, envía a sus servidores a la calle en busca de víctimas de las que alimentarse. Algunos dicen que en mitad de la noche todavía puede oírse el sonido distorsionado y deformado de los violines y los cuernos de los músicos que antaño fueron elegantes melodías.

La Puerta Oeste sigue vigilada por el oscuro árbol bestia y, para entrar en la ciudad desde este punto, los aventureros deben franquear la puerta guardada por esta monstruosidad. De sus ramas cuelgan esqueletos y quién sabe cuántos cráneos están confinados bajo sus oscuras raíces.

Solo los más osados se atreven a entrar en los antiguos jardines conmemorativos en busca de piedra bruja, aunque son pocos los que logran regresar con vida. Los que han sobrevivido cuentan que vieron montones enormes de fragmentos de piedra bruja protegidos por las plantas devoradoras del Caos. Resulta notable el hecho de que la estatua del Conde Gotthard aún se mantiene en pie sobre los restos de la que una vez fuera una espléndida ciudad, que ahora son un vestigio del paisaje del pasado. Sus habitantes dicen que por las mejillas de la estatua se deslizan lágrimas de sangre como si el conde llorase por su orgullosa ciudad, conocida ahora como la Ciudad de los Condenados.

El Barrio de los MercaderesEditar

"Has sobrevivido a tus excursiones por el Barrio de los Templos y por el Barrio Rico, ¿verdad, chico? ¿Estás seguro de que estás preparado para los horrores del viejo Barrio de los Mercaderes? Antaño fue el centro cosmopolita de la antigua Mordheim, un lugar repleto de concurridos mercados y bulliciosos muelles. Se decía que no había nada que no pudieras comprar en Mordheim por el precio adecuado. Hoy en día, el precio a pagar por explorar las ruinas del Barrio del Nordeste es la muerte o algo peor a manos de cosas más terribles que los antiguos cobradores de impuestos…".

Mordheim Barrio de los Mercaderes
Antaño, cuando Mordheim todavía era una ciudad activa, el concurrido laberinto de calles y plazas de mercados situado al nordeste de la ciudad formaba el Barrio de los Mercaderes, más conocido como el Distrito del Caballo Volador. Se trataba de un lugar lleno de movimiento y animación, cuyas calles se llenaban día y noche con miles de visitantes de toda la provincia. Se decía que aquella parte de la ciudad nunca dormía y que muchos de los puestos de los mercados seguían abiertos hasta altas horas de la noche. Aquel distrito tan bullicioso se enorgullecía de contar con más tabernas en una zona de pocos kilómetros cuadrados que cualquier otra ciudad del Viejo Mundo y, en la mayoría de los casos, ni siquiera los más sucios tugurios de mala muerte llegaban alguna vez a estar vacíos. Las calles de este barrio solían estar repletas de color y de celebraciones y sus habitantes eran famosos por su abierta hospitalidad.

Hoy en día, muchos estudiosos del tema aseguran que el verdadero centro de poder de Mordheim yacía entre las familias de los mercaderes adinerados. A pesar de que, oficialmente, el conde gobernaba la ciudad y la provincia que la rodeaba, ni a él ni a sus representantes oficiales les interesaban demasiado los asuntos del gobierno. La aristocracia de Mordheim era hedonista y demasiado estrecha de miras, así que dejaba la gestión diaria del comercio de la ciudad en manos de las docenas de gremios que actuaban en el Distrito del Caballo Volador y de los altos jueces que nombraban. Estos gremios ejercían su poder con mano de hierro y se esforzaban por conocer los asuntos cotidianos, es decir, los asuntos de la gente que vivía en la ciudad. Mientras recibiera sus lucrativos diezmos en todas las transacciones comerciales, el conde dejaba a los gremios gestionar el comercio y gobernar la ciudad como ellos consideraran más adecuado.

Mordheim Los Muelles
La situación de Mordheim junto al río Stir la convirtió en el lugar ideal para comerciar. Fue gracias al comercio que la ciudad empezó a florecer y a crecer. Barcazas enormes cargadas hasta los topes con mercancías de Altdorf, Marienburgo y del otro lado de los océanos bajaban por el río para descargar su género en la opulenta ciudad, de modo que el muelle pronto se convirtió en una próspera comunidad. La situación ideal de la ciudad en el Este facilitaba que los mercaderes de tierras lejanas pudieran acudir en gran número a la ciudad para intercambiar mercancías y realizar trueques en nombre del beneficio económico.

Mordheim consiguió a ser conocida como la mejor ciudad mercantil de todo el Imperio y llegó incluso a rivalizar con los puertos más activos, como el de Marienburgo. Había muchos comerciantes que afirmaban que, por el precio adecuado, podían localizar cualquier objeto que quisieran en el plazo de un solo día. Visitar la plaza del mercado era una experiencia realmente increíble que superaba con mucho los sueños de la mayoría de los mortales. Allí podían encontrarse todo tipo de mercancías extrañas y exóticas procedentes de los lugares más recónditos del mundo. Desde raras sedas y especias de oriente hasta bellos metales y gemas extraídas de las Montañas del Fin del Mundo, cada puesto era un espectáculo para la vista. Ricos terratenientes y mercaderes de lejanos lugares acudían para contemplar, llenos de asombro, los fantásticos objetos que se mostraban en los puestos.

Los vendedores de los mercados no tardaron en percatarse de que las bestias exóticas constituían uno de los bienes más preciados entre los clientes acaudalados, por lo que cazadores y tramperos de todo el Viejo Mundo empezaron a importar criaturas extrañas para venderlas a los ricos por precios exorbitantes. Así es como el Barrio de los Mercaderes obtuvo su nombre: el Distrito del Caballo Volador. Un pudiente comerciante bretoniano llegó a Mordheim a finales del año 1818 trayendo consigo una cimarronada de pegasos grises y los jefes de los gremios quedaron tan impresionados con aquellas bestias que bautizaron al Barrio de los Mercaderes con su nuevo nombre poco después.

Siempre que aparece algo nuevo y, sobre todo, lucrativo, suele haber una sórdida capa de la sociedad interesada en ello y la verdad es que en Mordheim la avaricia y la corrupción eran especialmente abundantes. A cambio de pequeñas "donaciones", los líderes de las bandas callejeras hicieron tratos para proporcionar protección personal a determinados comerciantes del mercado y derechos exclusivos para poder vender sus mercancías. Los que se negaban a pagar se encontraban con que sus puestos eran acosados por los ladrones y carteristas y, si aquello no bastaba para convencerlos, al acabar la jornada de comercio les tendían emboscadas y los atracaban o, aún peor, los asesinaban.

Los estafadores se dieron cuenta de las grandes posibilidades que ofrecía la ciudad para ganar dinero y no tardaron en unirse para ayudarse mutuamente. Una noche, los cabecillas de las bandas se reunieron en un oscuro sótano y se convencieron de que, si lograban acabar con sus rencillas y unirse entre sí, los beneficios que podrían conseguir serían impresionantes. A su vez, esto fomentó la formación de los gremios de comercio. Los líderes de las bandas acordaron compartir el poder y, en una valiente jugada, se unieron y se pusieron a regular y proteger el transporte de mercancías hacia fuera de la ciudad y hacia su interior. Ante una fuerza tan grande e incontrolable, la guardia de la ciudad, que estaba mal pagada y poco motivada, cayó fácilmente presa de los sobornos para trabajar con ellos. En poco tiempo engatusaron, asesinaron o sobornaron lo que les hizo falta para abrirse paso entre los gremios de mercaderes existentes. En cuestión de semanas, los nuevos cabecillas de estos gremios se encontraron en posiciones de gran poder y riqueza.

Determinados gremios como la casa de comercio, el gremio de los ladrones y el gremio de los herreros se hicieron muy poderosos y acabaron por ejercer una gran influencia en los asuntos cotidianos de Mordheim. Muchos otros gremios fueron adquiriendo cada vez más poder y, poco después, parecía que todo mercader o artesano de la ciudad tenía que pertenecer a un gremio para poderse ganar la vida. Los que se negaron a unirse a un gremio no tardaron en verse incapaces de encontrar trabajo y a menudo se vieron expulsados de la ciudad o encarcelados por delitos leves. Todavía peor, aquellos "criminales" desaparecían por completo y no se volvía a saber nunca más de ellos.

Poco antes de que tuviera lugar la gran catástrofe, los jefes de los gremios gobernaban toda la región (siempre en el nombre del Conde Steinhardt, claro…). A través de las redes de espías y de subordinados, los gremios estaban perfectamente enterados de todo lo que acontecía en Mordheim. No es ninguna coincidencia que el ayuntamiento estuviera situado junto a la plaza del mercado, pues era en aquel magnífico edificio donde se reunían los jefes de los gremios y los altos jueces. Su poder era tal que los criminales de la más baja estofa tenían que solicitar un permiso antes siquiera de intentar vaciar los bolsillos a alguien.

El gremio imponía fuertes impuestos en todas las mercancías que llegaban a Mordheim y se llevaba un porcentaje de los beneficios de cada transacción. Para ello tuvieron que controlar cuidadosamente las provisiones que llegaban a la ciudad. Fue con este fin que los gremios decidieron levantar una muralla alrededor de la ciudad, no para mantener alejados a los intrusos, sino para controlar las mercancías que entraban.

Cada una de las cuatro puertas estaba controlada por soldados que seguían órdenes estrictas de los oficiales corruptos de inspeccionar cuidadosamente todas las mercancías que entraban y salían de la ciudad. En la entrada del río Stir se construyó una gran puerta para impedir que los barcos y las barcazas pudieran entrar o salir de la ciudad sin ser antes inspeccionados. Todo el que trataba de luchar contra la corrupción y el poder de los gremios acababa en una situación muy peligrosa. El gremio de asesinos resultaba especialmente útil a la hora de tratar con estos individuos.

Otro aspecto notable del Barrio del Nordeste era su gran biblioteca. Cuando el primer conde de Mordheim fundó la ciudad, declaró que quería que la gente fuera "kúlta y sávia". Ordenó la construcción de una biblioteca y quiso que fuera la más grande de todas las que habían existido nunca. Con el tiempo empezó rivalizar con la gran biblioteca de Altdorf. Los siguientes gobernantes de la ciudad le fueron añadiendo alas o incluso pisos enteros para luego enterarse de que el Emperador había diseñado una estructura todavía más majestuosa para añadirla a la biblioteca de la capital en Altdorf.

Durante el gobierno del extravagante Conde Ignatius Steinhardt, la biblioteca creció a pasos agigantados hasta convertirse en el edificio más grande de toda la ciudad. El único problema era que no había libros y manuscritos suficientes en todo el Imperio para poder llenar todas sus estanterías, de modo que a menudo se utilizaba una única ala para albergar un solo libro especialmente extraño o peculiar en opinión del conde. Le gustaba, sobre todo, hacerse con libros místicos y religiosos. Lógicamente (y sin quererlo), la gran biblioteca logró hacerse con una de las mayores colecciones de conocimientos demoníacos y necrománticos de todo el Imperio.

La gran catástrofe se produjo muy cerca del Barrio del Nordeste y como resultado toda la zona acabó arrasada. En un instante, siglos de sudor y duro trabajo para construir la gran biblioteca fueron aniquilados al producirse el cataclismo. Un inmenso infierno envolvió las ruinas del edificio y los cientos de miles de valiosos libros que contenía se vieron presos de las llamas. En muy poco tiempo, el fuego quedó fuera de control en todo el barrio. Los desorientados supervivientes, aturdidos, confusos y aterrorizados por el impacto del cometa, se vieron atrapados en un torbellino de llamas. De acuerdo con los versos de los Cantos de Macadamnus, la muerte y la destrucción provocados por el cometa liberaron a los demonios y a los espíritus malévolos contenidos en los misteriosos libros que ardían en las rugientes llamas de piedra bruja. Muy pocos llegaron a sobrevivir al fuego y a los deambulantes demonios del Barrio del Nordeste. Únicamente en el punto del impacto, donde hoy se encuentra el Pozo, la destrucción llegó a ser más completa.

Mordheim Ruinas
Hoy en día, el barrio es una parodia diabólica de todo lo que fue antaño. Las calles desiertas y destrozadas están repletas de los restos quemados de lo que anteriormente fueron espléndidos edificios. Los incendios sobrenaturales que envolvieron la zona siguen ardiendo en muchos lugares y de noche toda la zona brilla con un macabro candor anaranjado. Las ruinas de la gran biblioteca dominan el paisaje de restos carbonizados como si se tratara del ennegrecido esqueleto de alguna bestia gigantesca. Cuando el fuego alcanzó el centro de conocimiento, se liberaron gran cantidad de fuerzas arcanas alrededor del edificio y ahora en el interior de sus muros en ruinas habitan toda clase de malignos demonios. Solo los más valientes se atreven siquiera a acercarse a las ruinas. Con todo, la atracción que suponen los libros antiguos basta para convencer a los magos de todo el Imperio de que contraten bandas de mercenarios para tratar de recuperar todos los libros que puedan encontrar allí. Y, por un buen puñado de oro, hay necios que pueden reunir la valentía suficiente como para arriesgarse a penetrar en un lugar tan lleno de misterio como de peligros.

Quizá una prueba del poder de los gremios o de la avaricia del hombre es que estos siguen reteniendo un cierto grado de control sobre la ciudad y sobre los asentamientos de los alrededores. Muy pocos saben desde dónde operan los gremios, pero, aun así, siguen manteniendo el dominio completo de la región. Actualmente, los gremios tienen un recurso mucho más poderoso que controlar: la piedra bruja. Mucha gente cree (la verdad es que no hay demasiadas pruebas para apoyar la versión contraria) que lo que queda de los gremios está lleno de miembros del Culto de los Poseídos o directamente controlado por este.

Mientras todos los gremios luchaban por hacerse con el poder, una amenaza mucho más siniestra se introdujo en la ciudad pasando desapercibida. Antaño, la ciudad había tenido a su disposición a varios cazadores de ratas y luchadores de los túneles para mantener a raya el peligro de las alimañas. Al desaparecer estos, emergieron los hombres rata mutantes llamados Skavens. Durante muchísimos años, estas criaturas habían conseguido sobrevivir alimentándose de la descomposición y de la miseria de la opulenta ciudad, demasiado temerosas de dejarse ver por miedo a sucumbir a una muerte rápida. Sin embargo, ahora han salido en masa de sus guaridas para hacerse con el poder. La primera oleada masiva de hombres rata apareció procedente de las cloacas alrededor de la zona de los muelles. La plaga se extendió rápidamente por todo el barrio hasta las calles que lo rodeaban.

Durante muchos días, los Skavens lucharon contra los patéticos restos de la población de Mordheim y los esclavizaron. No obstante, a medida que iban pasando las semanas, los supervivientes se fueron transformando irreversiblemente debido al contacto con la piedra bruja que ahora abundaba en la ciudad. En muy poco tiempo, las presas fáciles que los Skavens se dedicaban a ir cazando se transformaron en bestias temibles y con horribles mutaciones. Al final, la multitud de voraces mutantes acabaron obligando a las ingentes hordas de Skavens portadores de la plaga a retirarse hacia los muelles, aunque en aquella zona los hombres rata eran demasiados para que pudieran ser expulsados del todo de Mordheim.

En la actualidad, esta batalla se encuentra en un incómodo punto muerto. Los Skavens han consolidado su control de los muelles. Ahí es donde son más poderosos y solo un necio trataría de aventurarse en las proximidades de esa zona. A pesar de que de vez en cuando hay algún barco pirata que busca un refugio tranquilo en los muelles abandonados de Mordheim (dado que en un puerto sin oficiales se pueden realizar multitud de transacciones ilícitas), nadie puede afirmar con seguridad quién se encuentra al mando de las inmensas hordas de alimañas. Lo que sí está claro es que la cantidad de hombres rata está aumentando y mucha gente teme que sea solo cuestión de tiempo que salgan en masa en un número tan grande que consigan hacerse con el control de todas las ruinas. Incluso ahora se esconden en los campamentos y las tabernas ocultando sus repugnantes rasgos bajo capuchas y túnicas. No hay prácticamente nada de lo que sus espías no puedan enterarse e informar más tarde a sus amos, por lo que estas criaturas son sin duda la mayor amenaza para la humanidad a la que se ha enfrentado nunca la ciudad.

Incluso ante el peligro que acecha entre las sombras, los gremios siguen luchando entre sí. Tal es su avaricia y ruindad que continúan tratando de ganar cada vez más poder para hacerse con el dominio total. Posiblemente sean los efectos mutantes de la piedra bruja en sus cerebros, pero los líderes de cada gremio pueden llegar a romper viejas alianzas si ello les conlleva algún beneficio.

La Plaza del Mercado, antaño un lugar bullicioso y animado, se encuentra actualmente abandonada y desierta. Tan solo los muy valientes o los rematadamente tontos se atreven a cruzar la plaza empedrada en la que hace años miles de comerciantes vendían sus mercancías. Adentrarse en la Plaza del Mercado implica exponerse a los ataques de todos los que la vigilan de cerca ocultos entre las sombras. Hay muchos ojos observando desde las callejuelas oscuras y los edificios en ruinas buscando la oportunidad de cometer un rápido asesinato. Además, sigue habiendo una gran cantidad de mercancías valiosas y exóticas guardadas en los sótanos semiderruidos de las casas de los comerciantes esperando a quien quiera llevárselas.

Se dice que varios de los pegasos sobrevivieron a la destrucción y lograron escapar de sus jaulas y que ahora tienen sus guaridas alrededor de esta zona. Algunos han sufrido horribles mutaciones y no son más que diabólicas parodias deformes de lo que fueron antaño. Se cree que la más terrible de estas criaturas es un enorme pegaso negro con varias cabezas adicionales, una de serpiente y otra de carnero. El hambre ruge en los estómagos de tales monstruos y son capaces de enfrentarse a un gran número de enemigos con solo husmear a su presa.

Por un extraño capricho del destino, el Barrio de los Mercaderes sigue siendo la zona más opulenta de toda la ciudad maldita. En caso de que algún alma aventurera le apetezca visitar la biblioteca en ruinas o probar suerte y darse un paseo por la plaza del mercado, es altamente probable que descubra alguna extraña mercancía que sobreviviera al desastre. Sin embargo, volver de ese barrio con vida ya es otra historia, pues el Distrito del Caballo Volador también es muy buen lugar para los que desean derramar la sangre ajena.

El Barrio PobreEditar

"Hay muchos caminos que conducen a la muerte y a la condenación en la tres veces maldita Ciudad de los Condenados, pero ninguno de ellos es más peligroso que el sendero que lleva a la zona pobre del Barrio del Sudeste. Permanece alerta, chico, porque esto no es cosa de niños. Ahí es donde el Martillo de Sigmar golpeó contra Mordheim; ahí es donde dejó el cráter que todavía humea. Ese es el lugar que los temerosos llaman el Pozo Negro entre susurros, pues, ¿no es ahí también donde se dice que habita el temido señor de la noche, el Señor Oscuro?".

Mordheim Barrio Pobre
Antaño, en una época que ya se ha ido, el Barrio del Sudeste de la ciudad de Mordheim fue famoso por ser uno de los lugares más divertidos y pintorescos al este del Imperio. Era una zona muy frecuentada en la que el dinero no era escaso y que atraía a artistas callejeros de todos los continentes, los cuales llegaban a aquella parte tan festiva y radiante de la ciudad en busca de fama y de fortuna. Desde artistas sobre zancos y malabaristas hasta actores y bardos, las calles de aquel barrio eran un verdadero espectáculo.

Durante el día, las calles eran como un mar reluciente de disfraces de mil colores, ya que los artistas callejeros trataban de superar a sus vecinos con trajes cada vez más exóticos y actuaciones cada vez más extravagantes. Por la noche, las calles principales se iluminaban con enormes braseros en los que ardían aceites perfumados de todo tipo de colores. Las calles estaban constantemente abarrotadas de gente y, por orden estricta de los jefes de los gremios, los molestos ladrones y carteristas tenían prohibido llevar a cabo sus despreciables actividades allí. Todos aquellos elementos se combinaban para convertir el Barrio del Sudeste de Mordheim en uno de los sitios más seguros y más populares de todo el Imperio.

En este barrio se hospedaban los acaudalados mercaderes y nobles que visitaban la ciudad. Mientras llevaban a cabo sus negocios en otras zonas de la ciudad, sabían que sus familias estarían bien entretenidas por los bufones y los payasos disfrazados. El barrio fue floreciendo a la par que aumentaba la fama de la ciudad. La necesidad de ocuparse de los clientes adinerados hizo que la mayoría de los hostales y tabernas adquirieran una decoración lujosa y que el precio de una simple jarra de cerveza y una comida llegara a subir mucho más de lo que la mayoría de habitantes de la ciudad podía ganar en una semana. Los posaderos se fueron haciendo ricos y alquilaron los servicios de los mejores artistas callejeros para que actuaran en sus tabernas. Algunos de estos espectáculos llegaban a hacerse tan famosos que se mantenían durante meses y atraían a las multitudes sin parar. La actuación que más tiempo duró en cartel fue la de una pintoresca taberna conocida como el Nido del Hipogrifo. En ella, el espectáculo "El chaleco de mallas deslustrado de Johann" se mantuvo durante tres décadas después de la muerte del autor, cuyo nombre hace ya años que se perdió en el olvido.

Mordheim Anfiteatro de Ruprecht von Endon
En el centro neurálgico del barrio se alzaba el Anfiteatro de Ruprecht Von Endon, llamado así en honor al famoso dramaturgo. Se trataba de una mole de imponente tamaño con un aforo para varios miles de espectadores, lo que lo convertía en el edificio más visitado de toda Mordheim. Tal vez la característica más sorprendente de aquella descomunal atracción turística era que todo el exterior estaba recubierto de láminas de oro. De día se celebraban espectáculos para entretener a los visitantes.

Los dramaturgos de todo el Viejo Mundo traían sus grupos a Mordheim con la esperanza de poder convencer a algún patrón o mecenas de que les financiara su actuación en el Globo Dorado. Una de las formas de entretenimiento más populares eran los enormes títeres (de unos 6 m de alto cada uno) que divertían a los niños en los espectáculos matinales. Cuando se ponía el sol, el Globo brillaba con tonos naranjas y rosas y, cuando por fin llegaba el ocaso, quedaba bañado de un profundo color carmesí. Aquello anunciaba de muchas maneras lo que estaba por venir. Al principio, los espectáculos del anochecer consistían en reconstrucciones de batallas históricas famosas. Sin embargo, en los últimos años antes de que se produjera el desastre, las obras se hicieron mucho más macabras. Muchos de los que conocían el anfiteatro de día como el Globo Dorado por la noche lo llamaban el Teatro Sangriento.

De noche el anfiteatro era el más grande circo de gladiadores del mundo (a pesar de estar prohibido en cualquier otra parte del Imperio). Algunos de los escenarios de vivos colores se cambiaban por crueles pinchos y pozos y acudían miles de espectadores ansiosos de ver derramar la sangre por el mero espectáculo que ello representaba. Sus gritos llenaban el aire nocturno hasta que al final se liberaba a los gladiadores de las celdas que había bajo el anfiteatro. Se organizaban todo tipo de combates para entretener a las masas. Unas bestias salvajes inmensas, traídas de todos los confines del mundo conocido, se dejaban libres en la arena para que se enfrentasen a los mejores luchadores de los pozos. No era extraño ver a un solitario luchador de pozo enfrentarse a una de las temibles hidras de Naggaroth. En determinadas ocasiones, los monstruos atacaban al público, pero el riesgo y el peligro solo servían al parecer para aumentar la atracción de dichos combates.

Los combates al anochecer continuaron y cientos de esclavos desarmados pudieron disfrutar de unos momentos de libertad de sus grilletes antes de enfrentarse a un grupo de luchadores de pozo de gran experiencia. En aquella matanza se recompensaba con puntos a los luchadores por eliminar a los esclavos de la forma más original posible. Al último esclavo en sobrevivir se le ofrecía la posibilidad de entrenarse en los pozos y transformarse en uno de los guerreros del Imperio mejor entrenados y más hábiles. Una de las mayores extravagancias de la noche se producía cuando a hechiceros y magos capturados en batalla se los obligaba a luchar entre sí en impresionantes duelos mágicos. Aquellos combates nunca decepcionaban al público con sus prometedores exhibiciones de colores centelleantes, sobre todo si el brujo en cuestión transformaba a su oponente en un sapo o algo parecido antes de darle el golpe de gracia. Al haber acudido en busca de sangre, las masas de espectadores eran saciadas siendo testigos de muertes espeluznantes que repugnarían incluso a los veteranos de guerra con mayor experiencia en combate.

De todos los luchadores de los pozos, Khaardun el Glorioso era el más fuerte y el más mortífero. No había nadie capaz de superar su destreza y poder y fue el mejor durante años. Había quien aseguraba que adoraba a los dioses prohibidos y que obtenía su fuerza de ellos. Pero aquello no importaba en absoluto a los dirigentes del anfiteatro mientras siguieran sacando beneficios de sus combates.

Por todo el Imperio (y en la mayor parte de los reinos del hombre), la magia es recibida a la vez con horror y supersticiones. La mayoría de hechiceros y brujos son gente muy solitaria, ya que la hechicería está penada con la muerte y realizar exhibiciones en público de sus habilidades es algo insensato y peligroso. Por esta razón, cada ciudad del Imperio cuenta con logias de practicantes y, en el caso de Mordheim, fue en el Barrio del Sudeste donde apareció por primera vez el culto a la magia. En casas oscuras y en torres apartadas, entre los arrabales de los pobres, los hechiceros renegados podían llevar a cabo con seguridad sus experimentos prohibidos. Estos experimentos solían realizarse sobre aprendices involuntarios. Se rumorea que los sótanos y subterráneos de las mansiones de los hechiceros albergaban toda clase de abominaciones resultado de los hechizos que habían salido desastrosamente mal.

Durante los últimos años de Mordheim, cuando el Templo de Sigmar se alzaba silenciosamente vacío después de que los sacerdotes hubieran desaparecido misteriosamente, el culto de la magia se reveló a sí mismo. Los magos que antes habían sido tan reservados se hicieron construir lujosas mansiones y se paseaban por las calles ignorando con arrogancia los edictos imperiales. No solo los toleraban las autoridades, sino que, además, ahora realizaban ciertos trabajos para los distintos cuerpos administrativos y militares. A pesar de que las calles de las mansiones de los hechiceros estaban libres del crimen que azotaba a las demás zonas de la ciudad, no dejaban de ser un lugar peligroso para los desprevenidos. Los hechizos a menudo salían mal y sus desastrosas consecuencias salían despedidas de las torres y las mansiones de los magos saturando la zona con todo tipo de efectos extraños. No era extraño que llovieran peces en sus calles o que bolas de fuego descontroladas arrasaran los estrechos callejones.

Parece irónico que, en fuerte contraste con el glamour y la pomposidad que demostraba poseer, aquel barrio tuviera un lado mucho más sombrío, pues era al sur de este barrio, bajo techos quebradizos, donde los pobres tenían sus hogares. Las razones sociales y económicas de su existencia no estaban muy claras; quizá fuera la posibilidad de obtener riquezas fácilmente lo que los atrajera hasta allí, aunque la razón más probable de su situación era el hecho de que la parte más al sur de Mordheim se alzara sobre terreno pantanoso. Las casas estaban constantemente inundadas y, lejos de las calles brillantemente iluminadas y perfumadas, existía un perenne hedor a descomposición. Allí vivían docenas de personas apretujadas en una sola habitación durmiendo en el frío suelo. Era en aquel barrio donde vivían y morían las masas que trabajaban día y noche para hacer de Mordheim una ciudad de tanta opulencia. Muy pocos conseguían salir de las cloacas hasta alcanzar una posición de riqueza. La enfermedad y la miseria hacían pagar una alto precio a las gentes hambrientas que habitaban en aquellas viviendas destartaladas, mientras que los ricos ni se fijaban en ellos.

Mordheim Torre del Reloj
Dominando sobre la ciudad, la Torre del Reloj se podía ver desde muchos kilómetros a la redonda según el visitante se acercaba a Mordheim. Era un edificio magnífico y el más alto de todos. La torre estaba abierta al púbico y cada día cientos de personas subían por su empinada escalera de caracol. Al llegar al último piso, la recompensa que obtenía el espectador era una vista impresionante de toda la ciudad y sus alrededores. Siempre había guardias apostados en lo alto de la torre para detectar el acercamiento de ejércitos enemigos. En la cima de la torre se encontraba una campana de latón de proporciones gigantescas. La campana se instaló ahí en honor a la esposa del Conde Fervinord, cuyos actos de caridad eran famosos en toda la región. Cada hora, la campana repicaba con un sonido tan alto que las ciudades y pueblos situados a muchos kilómetros de distancia de Mordheim podían oír el retumbante repicar de la Gran Dama. Por encima de la enorme campana había una pequeña sala en cuyo interior se encontraba un potente telescopio con el cual los astrónomos observaban los movimientos de las estrellas. Fue desde este punto donde se vio el cometa por primera vez, muchos meses antes de que cayera contra la tierra. Ninguno de los astrónomos se percató del catastrófico destino que aquella maravilla celestial iba a comportar para la ciudad. Los astrónomos montaron tiendas de campaña alrededor de la base de la torre y cada mañana realizaban la ardua ascensión hasta arriba del todo para contemplar llenos de asombro el fantástico espectáculo que ofrecía el cometa al irse haciendo cada vez más grande.

A medida que las celebraciones del próximo año nuevo se fueron extendiendo por toda la ciudad, el ambiente festivo que impregnaba el Barrio del Sudeste aumentó todavía más. Miles de personas entraron por las puertas de la ciudad para unirse a la diversión y a la fiesta. No fue hasta el último momento que los astrónomos situados en lo alto de la torre se dieron cuenta del peligro al que se enfrentaban. En un intento desesperado de avisar a la gente, hicieron sonar la Gran Dama, pero la gente que estaba abajo lo consideró una efusión más de jolgorio. El cometa impactó en el centro del Barrio del Sudeste. El impacto inicial acabó con la vida de miles de personas en un abrir y cerrar de ojos y derrumbó prácticamente todos los edificios del barrio. Un enorme cráter de más de trescientos metros de diámetro y de casi tres mil metros de profundidad hendió la tierra en el punto de impacto. El cometa explosionó creando millones de fragmentos que fueron igualmente letales, pues aplastaron a miles de personas en toda la ciudad maldita. Se dice que el aire se llenó con un rugido ensordecedor que ahogó totalmente el repicar de la Gran Dama. Unas ondas descomunales de fuego verdoso se extendieron a partir del cráter y envolvieron a los que tuvieron la mala suerte de no haber muerto tras el impacto.

Los que no acabaron incinerados por las mortíferas llamas sufrieron un destino muchísimo peor. Los zancudos y los artistas callejeros vieron cómo sus disfraces empezaban a mutar a su alrededor hasta unirse a ellos como un solo ser. Garras, cuernos, tentáculos y toda una retahíla de otras cosas repugnantes brotaron de los disfraces, que se fundieron después con la carne de los afectados. Tras volverse locos, se vieron imbuidos de una cólera asesina y se dedicaron a abrir en canal a los pocos supervivientes que momentos antes se habían emocionado con sus actuaciones acrobáticas. Del cráter salieron cientos de criaturas terroríficas y demonios aullantes presos de un deseo insaciable de carne humana y sumieron a la ciudad en un baño de sangre total. De toda la ciudad, la matanza fue más salvaje en el Barrio del Sudeste, donde simplemente no hubieron supervivientes.

Tampoco el Barrio Pobre escapó a la casi total devastación de la ciudad, aunque lo que ocurrió allí tuvo un giro final morbosamente irónico. El polvo de piedra bruja pura que despidió el cometa tuvo un profundo efecto en los pobres, que por lo general estaban enfermos o desnutridos. En cuestión de minutos, todos los que habían sufrido duramente bajo el peso de las enfermedades vieron sus fuerzas renovadas. Su piel empezó a sufrir mutaciones y les salieron forúnculos y granos. De las heridas sin tratar emergieron larvas y moscas y los pobres se transformaron en portadores de las plagas más contagiosas conocidas por el hombre, aunque ellos mismos quedaron inmunes a ellas a pesar de su inmunda apariencia. Formando un mar de putrefacción y suciedad, los pobres infectados abandonaron la ciudad en ruinas en un éxodo masivo que los llevó hacia el Sur y fueron extendiendo las enfermedades allí por donde pasaron.

Los hechiceros trataron desesperadamente de reunir fuerzas y usar sus poderes para minimizar la destrucción que estaba azotando a Mordheim. En su engreimiento, creyeron que podrían combinar su magia para hacer retroceder a los demonios y enviarlos de vuelta a la oscuridad de la que procedían. Sin embargo, no contaban con la suficiente disciplina y la influencia de la gran cantidad de piedra bruja hizo que sus poderes se volvieran contra ellos. En el mismo momento en que los hechizos salieron despedidos de las puntas de sus dedos, vieron cómo se retorcían y escapaban a su control. Bajo destellos de luz incandescente, cada uno de los hechiceros se vio transformado en una grotesca estatua. Estas estatuas pueden verse todavía junto a las calles y en los balcones de sus torres, pero lo peor de todo fue que los magos no murieron en la transformación. Debido a un perverso efecto caótico, los magos quedaron atrapados en cuerpos de piedra y metal, aunque sus ojos aún se mueven y posan sus maliciosas miradas sobre todo aquel que se atreve a traspasar las ruinas de sus mansiones. Se dice que estas estatuas siguen reteniendo sus habilidades mágicas y castigan a aquellos que tratan de hacerse con sus tesoros.

Por algún extraño capricho de los dioses, la Torre del Reloj sobrevivió al impacto del cometa y quedó prácticamente intacta. Los astrónomos contemplaron presos del horror las escenas de devastación que se desarrollaban a su alrededor. Muchos días después, estos astrónomos abandonaron la ciudad. Protegidos de la carnicería que se había producido en las calles, ni siquiera ellos pudieron escapar a la condenación que abatió a todos y cada uno de los habitantes de Mordheim. Tales fueron los horrores que presenciaron que se convirtieron en retrasados balbuceantes incapaces de decir ni pensar nada coherente. Hoy en día, viajan por la desértica tierra de Ostermark. Los portadores de la desgracia cegadora (tal y como se los conoce actualmente) describen con cánticos la condena que recaerá sobre todo el que trate de penetrar en la ciudad y maldicen a todo el que no hace caso de sus dementes advertencias. En ocasiones han llegado a atacar a los que buscan las ruinas de Mordheim gritando a sus víctimas que la paliza es por su propia salvación.

En los últimos días de la ciudad maldita estaban teniendo lugar los combates de gladiadores más espectaculares en el anfiteatro. Cuando el cometa cayó sobre la ciudad, el Rey del Pozo, Khaardun el Glorioso, se encontraba en la arena atravesando con su arma a doscientos esclavos para saciar la sed de sangre de la muchedumbre que aullaba sin cesar cuando, de repente, una oscura sombra cayó sobre él. Según se cuenta, cuando echó la espalda hacia atrás soltando un grito inhumano y ululante, el cuerpo mortal de Khaardun se abrió en canal. Se dice que le salieron unos grandes pinchos en la espalda, de sus dedos desgarrados aparecieron unas enormes garras y en la cabeza le surgió una corona de espinas. Según los discursos de los locos, Khaardun creció hasta alcanzar un tamaño colosal y se transformó en un gigantesco demonio infernal, la encarnación de todas las pesadillas. Posteriormente, este ser (al que muchos han llamado el heraldo, el aviso o el portador) pasó a conocerse como el Señor Oscuro. Creando una parodia de las calles antes repletas de diversión en la que los artistas actuaban libremente, los diabólicos secuaces del Señor Oscuro han establecido su propio circo deformado.

Estos grupos demoníacos vagan por el Barrio del Sudeste en busca de víctimas con las que realizar sus espantosas representaciones. Nadie salvo los más estúpidos se atreven a acercarse al Pozo, dado que ese es el lugar más peligroso de toda Mordheim. Los sobrenaturales incendios causados por el cometa siguen ardiendo ahí con su color verde pálido. Cada día emerge del Pozo un nuevo monstruo, siempre más grotesco que el anterior y siempre hambriento de carne. Las promesas de riquezas y aventura siempre consiguen atraer a los que son lo bastante necios como para entrar en la Ciudad de los Condenados; a los que se atrevan a hacerlo la muerte o la fama les estarán esperando tranquilamente…

Barrio del Sudeste Editar

Tan solo las bandas más valientes o temerarias se atreven a explorar el Barrio del Sudeste de la ciudad. Muy pocas de las que lo hacen vuelven a ser vistas, ya que esta zona de Mordheim es famosa por ser el dominio del Señor Oscuro. Las bandas de los Poseídos tienen aquí las riendas del poder y cuanto más se acerca una banda al cráter todavía ardiente que dejó el cometa, más posibilidades existen de que atraiga la muerte o la condenación eterna sobre todos sus miembros.  

A pesar de todo, aquellos cuya avaricia no tiene límites o aquellos que creen a pies juntillas que el mapa que han comprado (o robado) es una guía fidedigna a un sinfín de riquezas arriesgarán sus almas por ello. Para el iluminado capitán, una zona de especial interés, que según se dice rebosa de riquezas, es la zona cercana a la Puerta del Este, que antaño estuvo habitada por hechiceros y brujos. Los rumores dicen que esta zona está llena, sobre todo, de artefactos mágicos, aunque a los guerreros se les aconseja ir con cuidado con las estatuas… Sin que los guerreros lo sepan, las estatuas aparentemente inofensivas de los hechiceros siguen todavía con vida, aunque son víctimas de un tormento eterno, y lanzan hechizos a aquellos que se acerquen demasiado. 

FuentesEditar

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