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Necroesfinge

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Las Necroesfinges son bestias de pesadilla, que cruzan el aire planeando en largos saltos antes de caer sobre sus aterrorizadas presas, rajándolas con limpios cortes de sus armas, de manera similar a como los mortales siegan un campo de trigo. Nadie puede resistir un combate contra estos destructivos seres, que sólo se detienen cuando comprueban que todos los enemigos que tienen ante ellos yacen hechos pedazos.

Una Necroesfinge es una extraña y horripilante estatua, una extraña amalgama de las diversas bestias míticas que, según las leyendas, habitan el Inframundo de Nehekhara para mantener el orden entre los honorables muertos. La Necroesfinge tiene el torso y la cara de un hombre, y en sus brazos lleva gigantescas cuchillas curvas capaces de decapitar a un Dragón de un solo tajo. De su espalda surgen un par de ornamentadas alas similares a las de los halcones que sobrevuelan los niveles superiores del inframundo, vigilando que las almas de los condenados no se escapen. Finalmente, muchas Necroesfinges tienen una cola de escorpión que les ayuda aún más en su misión de montar guardia contra el mal. Según decía la creencia, al combinar todas estas características fantásticas las Necroesfinges eran el guerrero definitivo, lo bastante fuertes y versátiles como para destruir a todos los enemigos de Nehekhara. Sin embargo, muchos de los Sacerdotes Funerarios del Culto Mortuorio pensaban que las Necroesfinges no eran otra cosa que una abominación, cuya presencia sin duda suponía una maldición y un mal augurio, pues bestias como aquellas no deberían existir en el plano mortal. Tras un siglo seguido de plaga y hambrunas, a los supersticiosos reyes de Nehekhara no les quedó más remedio que mostrarse de acuerdo en que la culpa era de las Necroesfinges. Sin embargo nadie se atrevía a destruidas para no enfadar a los dioses del Inframundo, así que en vez de eso los reyes mandaron excavar grandes pozos en el desierto, en los cuales las Necroesfinges fueron enterradas y olvidadas por completo con el paso de los siglos.

Las Necroesfinges no volvieron a ver la luz de sol hasta milenios más tarde, cuando un poderoso ¡Waaagh! Orco descendió a Nehekhara desde las Tierras Yermas. La horda de pieles verdes atacó con una vanguardia de monstruosas Serpientes Aladas, que destruían todo lo que encontraban a su paso. Viendo que el ¡Waaagh! empujaba más y más hacia Khemri, Settra ordenó al Culto Mortuorio que despertase a las antiguas Necroesfinges. Más temerosos de la ira de su señor que de cualquier otra amenaza, los acobardados Sacerdotes Funerarios le obedecieron, y empezaron una ceremonia mágica que duraría una semana. Tras completarla, un rumor creciente empezó a reverberar por todo el desierto. Momentos después, se desencadenó una serie de espectaculares explosiones de tierra seca, y una docena de Necroesfinges surgieron del suelo. Sin la menor pausa, los monstruos de piedra se abalanzaron sobre los pieles verdes, provocando una verdadera masacre con cada golpe de sus masivas garras. Ni siquiera las poderosas Serpientes Aladas pudieron detener su furia asesina, pues las Necroesfinges atravesaban fácilmente sus duras pieles escamosas con limpios tajos de sus cuchillas. Desde aquel día todas las Necroesfinges fueron sacadas de las arenas del desierto para volver a disfrutar de la luz del sol, pasando a formar una parte importante de los orgullosos ejércitos eternos de los Reyes Funerarios, llevando la muerte y la destrucción allí donde les manden sus señores.

Los Sacerdotes Funerarios no creen que ninguna Necroesfinge se vea animada por el alma de un guerrero valiente, como sí ocurre con el resto de estatuas de guerra que marchan junto a las legiones esqueléticas de Nehekhara. En vez de eso, su teoría es que han sido los siniestros dioses Pha'a y Usekph quienes les han insuflado vida. Según aseguran los Sacerdotes Funerarios, estas malévolas deidades habitan en el interior de ciclópeas tumbas bajo las arenas, enterrados por los demás dioses debido a su comportamiento destructivo. Si todo esto es cierto, entonces es que los misteriosos dioses Pha'a y Usekph han hallado finalmente un modo de liberar su furia contra el mundo. Sea cual sea la verdad, no obstante, está claro que en el interior de cada Necroesfinge late una ardiente necesidad de destruir, y que los encantamientos de esclavitud que se han lanzado sobre estas horribles estatuas son lo único que impide que se vuelvan contra sus creadores y acaben arrasando toda Nehekhara.

MiniaturaEditar

ImágenesEditar

  • Boceto de Mark Harrison
  • Boceto de Mark Harrison

FuenteEditar

  • Ejércitos Warhammer: Reyes Funerarios (8ª Edición).

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