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Necrotecto

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Los Necrotectos eran los artesanos de la antigua Nehekhara. No se trataba de trabajadores comunes sino de arquitectos de extraordinaria habilidad, cuya ambición sobrepasaba en mucho lo que podía llegar a lograrse en el periodo de duración normal de una vida mortal. En la no muerte, los Necrotectos no han perdido ni un ápice de su personalidad frenéticamente hiperactiva. Se ven dominados por una necesidad compulsiva de derribar las inferiores y vulgares ciudades de sus enemigos, para reemplazarlas con vastos monumentos de su propio diseño.

Las habilidades de un Necrotecto tenían una gran demanda, pues todo rey necesitaba monumentos con los que dejar patente su majestad, y una gran tumba en la que sus restos mortales pudieran reposar una vez hubiese fallecido. De hecho, los Necrotectos estaban tan bien valorados que, tras completar su trabajo, se les premiaba con una ejecución ritual seguida de una elaborada ceremonia de embalsamamiento. Muchos Necrotectos se vieron inhumados en las mismas pirámides que habían construido ellos mismos, enterrados con sus instrumentos de trabajo y llevando puesta una intrincada máscara mortuoria que habían esculpido con sus propias manos. Para un rey, sacrificar a sus Necrotectos de esa manera tenía dos motivos: en primer lugar, el rey necesitaría artesanos capaces de diseñar y construir sus palacios de oro en la otra vida. En segundo lugar, aquel era un modo de asegurar que ningún rey rival pudiese alquilar sus servicios para que le construyeran una tumba más elaborada y llamativa que la suya. Muchos Necrotectos aceptaban este destino voluntariamente, quizás por sentido del honor hacia su querido rey, o quizás porque serían incapaces de seguir viviendo sabiendo que nada de lo que crearan durante el resto de su vida podría superar en espectacularidad a la tumba de su señor. Otros Necrotectos en cambio, sobre todo aquellos que aún sentían el fuego de la creatividad arder con fuerza en su corazón, no se mostraban tan dispuestos a colaborar, y por tanto tenían cierta tendencia a sufrir desafortunados accidentes, tales como caerse de lo alto de un andamio en mal estado, tropezar en unas escaleras resbaladizas, o beber vino envenenado sin darse cuenta.

Los Necrotectos eran severos capataces encargados de supervisar a decenas de miles de nehekharianos que trabajaban bajo el ardiente sol, desde los ejércitos de albañiles que extraían enormes bloques de piedra de los acantilados de las canteras, hasta las vastas columnas de esclavos que arrastraban las piedras por el desierto y las colocaban en posición. Todos los Necrotectos tenían muy mal temperamento, y estaban dispuestos a dispensar duros castigos sumarios a la menor provocación. Odiaban a todo y a todos los que pudieran representar una amenaza para su arte. Actualmente, mucho del trabajo que llevaron a cabo se encuentra dañado o destruido por la codicia de los ladrones de tumbas y los ejércitos invasores. Los Necrotectos se encuentran en un permanente estado de furia ciega debido a la profanación sin sentido de sus amadas obras maestras, y por ello han jurado tomarse cumplida venganza. En la batalla, lideran a los regimientos de los Reyes Funerarios con la misma rectitud con la que antaño dirigían a sus equipos de trabajo. También transmiten la misma aura de odio que poseían en vida, y su mera presencia genera un extraño estado de furia en los guerreros No Muertos de Nehekhara. Los Necrotectos ya no necesitan extorsionar e intimidar a sus seguidores para hacerles trabajar más rápido, así que han reservado el castigo de sus látigos para aquellos ignorantes que se atreven a profanar su arte, atacándoles con latigazos lo bastante fuertes como para partir en dos la carne de su espalda y dejar su columna vertebral expuesta a los elementos.

Los Necrotectos solían encargarse de ejecutar personalmente los detalles más complejos y delicados de cualquier construcción que planeaban, pues sólo ellos poseían las habilidades necesarias para representar las facciones de los dioses en sus esculturas, y grabar los intrincados jeroglíficos que se requerían en algunas superficies. Esto no eran simples ornamentos, pues los Sacerdotes Funerarios les habían enseñado algunas de sus técnicas mágicas, y aunque los Necrotectos no conocían todo el amplio abanico de encantamientos de los Sacerdotes Funerarios, sí que sabían lo suficiente como para inscribir poderosas protecciones y símbolos de preservación en sus edificios y estatuas. En la no muerte, los Necrotectos están constantemente intentando reparar su trabajo, pues muchos de los jeroglíficos que crearon en vida se han ido borrando con el paso del tiempo. Cuando un Rey Funerario despierta, los Necrotectos redoblan sus esfuerzos para intentar completar estos trabajos de restauración, reparando los deterioros causados a las grandes estatuas de guerra que marchan a combatir junto a las legiones de Esqueletos, y renovando cualquier jeroglífico de protección que ya no tenga efecto. En las batallas, los Necrotectos entonan siniestros mantras para activar la magia imbuida en las inscripciones de las estatuas, haciendo que la piedra que las compone fluya para cubrir cualquier daño o imperfección que puedan haber sufrido durante el combate.

MiniaturaEditar

  • 8ª Edición.

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Reyes Funerarios (8ª Edición).

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