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Nehekhara

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Al Sur del Imperio, al Sur de los Reinos Fronterizos, al Sur incluso de las Tierras Yermas y Karak-Azul, se encuentra una tierra de la que pocos hombres hablan. Incluso aquellos que conocen su nombre verdadero no lo pronuncian en voz alta, prefiriendo referirse a ella, con voz queda, con otras denominaciones. Los Asur la conocen como “Tar Uritharhain” mientras que los Enanos la llaman “Grimaz-Ankof”. Por su parte los eruditos del Viejo Mundo prefieren nombrar a esta tierra distante como el Reino de los Muertos.

Nehekhara, que es el verdadero nombre de la primera civilización verdaderamente humana, surgió unos dos mil años antes del nacimiento de Sigmar. Esta vieja civilización se extendió a lo largo de los valles de los ríos del norte de Nehekhara.

Hoy en día no es sino un vasto reino desolado de desiertos sin vida y paisajes áridos. El territorio se compone de un sinnúmero de necrópolis que yacen expandiéndose donde antiguamente había grandes y poderosas ciudades, salas hipóstilas, mastabas y demás monumentos erosionados por la arena y desmoronados por el paso de los eones, marcan los lugares de descanso eterno de poderosos reyes, príncipes y señores. Aunque sus ciudadanos murieron hace mucho tiempo, estas necrópolis abandonados están lejos de estar sin vida.

Geográficamente Nehekhara es un enorme desierto que encuentra muy al sur del Viejo Mundo, más allá de las Tierras Yermas infestada por Pielesverdes. Limita con Arabia hacia el oeste y con las Tierras del Sur hacia el sur, atravesando las Montañas del Fin del Mundo por el Valle de los Huesos. Los límites de Nehekhara están delineados por torres negras.

TerritorioEditar

Obeliscos Reyes Funerarios por Ted Beargeon.jpg
Aunque en el pasado las tierras de Nehekhara fueron fértiles, prósperas y bien pobladas, en la actualidad son un reino desolado. Además de los siglos de guerra, saqueos y falta de atención, la región quedó mancillada para siempre por los encantamientos del Gran Ritual de Nagash. La Tierra de los Muertos es actualmente un reino fantasma en el que incontables espíritus y elementales acechan revoloteando en torno a los grandes templos y tumbas funerarios. Sus lamentos son transportados por el viento que cruza los vastos desiertos nehekharianos, atrayendo a cualquiera que sea lo bastante estúpido como para aventurarse en estos lugares malditos en busca de tesoro.

Nehekhara es un reino hostil, hasta el punto de que el ardiente calor del sol del desierto es el menor de los problemas para cualquier viajero errante. Las venenosas aguas del Gran Río Mortis, del color de la sangre, no sirven para saciar la sed. Las zonas de arenas movedizas pueden tragarse a regimientos enteros, y las asfixiantes tormentas de arena soplan con fuerza suficiente como para arrancar la carne de los huesos a cualquier criatura en cuestión de segundos. Los torbellinos de polvo, calaveras y hambrientos insectos del desierto asolan y consumen todo lo que encuentran a su paso, al igual que las marabuntas de escarabajos carnívoros que se desplazan arrastrándose como una mortífera alfombra. Hay llanuras enteras cubiertas de huesos y cráneos que se reaniman de repente y sin previo aviso, agarrando a los vivos y arrastrándoles hacia sus arenosas fosas bajo tierra.

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Existen unos pocos oasis repartidos aquí y allá por el árido desierto, pero muchos de ellos han sido corrompidos: en lugar de agua fresca sus pozos y estanques bullen y borbotean con sangre, su vegetación oculta a todo tipo de terroríficos monstruos, y sus cuarteados árboles son en realidad criaturas malévolas que estrangulan a sus víctimas con sus alargados zarcillos, absorbiendo hasta la última gota de fluido de sus cuerpos.

Nehekhara es en su mayor parte una vasta extensión de arenosas dunas, una tierra de topografía siempre cambiante y que incluye algunos fenómenos extraños como cataratas de arena que fluyen hacia arriba, desafiando el paso del tiempo y la lógica. Algunas de las dunas y hondonadas que llenan la región son lo bastante grandes como para acomodar a ejércitos enteros, y de hecho muchas de las legiones de los Reyes Funerarios reposan bajo la superficie de arena, esperando pacientemente que los encantamientos de los Sacerdotes Funerarios los reanimen de nuevo. Una súbita tormenta de arena puede llegar a desenterrar una estatua monolítica, o incluso una ciudad entera (cuya localización quizás se había perdido y olvidado desde hacía siglos), sólo para volver a enterrarla de nuevo en pocos días. Según se dice, uno de estos lugares enterrados en paradero desconocido es la misteriosa Ciudad de Bronce, un complejo que al parecer está cubierto de glifos y protecciones grabados por seres más antiguos que la propia región de Nehekhara.

A pesar de esta desoladora imagen, todavía existen lugares donde la vida aún puede sobrevivir, y es algo que agradecer pues a pesar de sus peligros, Nehekhara atrae a numerosos aventureros y saqueadores de tumbas para hacerse con sus tesoros que aún aguardan dentro de las ruinas y pirámides. Dichas expediciones raramente prosperan.

MapasEditar

AsentamientosEditar

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Además de los desiertos abiertos, en los que la arena se extiende hasta donde alcanza la vista, hay vastas necrópolis y numerosos enclaves donde es incluso difícil avanzar debido a la cantidad ingente de estatuas y esculturas que sobresalen del suelo, cada una cubierta por escalofriantes imágenes de la muerte. Estos monumentos son muchos más grandes que cualquiera de los que se alzan en el Viejo Mundo, y los que más destacan entre ellos son las enormes figuras de los grandes reyes e iracundos dioses de Nehekhara, espeluznantes moles de piedra y mármol que cobran vida para aplastar a los intrusos sin contemplaciones.

Cuando los Reyes Funerarios se despertaron, ordenaron a sus sicarios No Muertos que reconstruyeran las antiguas ciudades y llenaran sus mercados con todo tipo de objetos y mercancías que recordaban de cuando estaban vivos. Dado que en la Tierra de los Muertos apenas crecen árboles, muchas de estas reconstrucciones se han tenido que hacer a base de piedra, oro o estructuras de huesos unidos. Esqueletos animados caminan por la tierra enfrascados en tareas aparentemente sin sentido, como acarrear cubos de fétida agua estancada, sembrar semillas que se pudrieron hace ya mucho tiempo, o cruzar el Río Mortis remando de un lado a otro en grandes barcazas. Los ejércitos de Esqueletos patrullan constantemente las fronteras de su reino igual que hacían en vida, buscando incansables la presencia de enemigos o intrusos en el árido paisaje.

CiudadesEditar

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Hay numerosas ciudades en Nehekhara, Las cuales se encuentran totalmente en ruinas y desprovistas de todo rastro de vida. Algunos de estos incluyen:

Al oeste de las Montañas del Fin del Mundo:

Al este de la Montañas del Fin del Mundo:

Localizaciones ImportantesEditar

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También hay varios puntos de referencia diferentes dentro Nehekhara. Lo que va entre paréntesis es el anterior nombre de estos lugares antes de que Nagash destruyera la civilización por completo:

ImágenesEditar

HistoriaEditar

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Los Reyes de Nehekhara y los Reyes menores de otras ciudades gobernaron el país durante unos 1500 años. Estos soberanos gobernaban desde las grandes y magníficas ciudades, y Nehekhara pasó por períodos de prosperidad y riqueza, así como también épocas de crisis, revueltas y guerras. Pero Settra, el primer y más grande Rey de Nehekhara, deseaba la inmortalidad y ordenó a sus sacerdotes encontrar y descubrir el secreto de la vida eterna. Aunque no lo lograron, prometieron a Settra, que con los rituales y conocimientos necesarios, se podría volver de la muerte.

Settra ordenó la construcción de una gigantesca pirámide en la que albergar su cuerpo momificado hasta el día en que pueda despertar en el paraíso prometido por los sacerdotes. A partir de entonces los siguientes reyes y reinas, así como príncipes y nobles de Nehekhara pidieron un mismo trato a su muerte y pronto, el país se lleno de pirámides donde reposan las momias de los gobernantes de Nehekhara. Esta obsesión por la muerte impregnaría la cultura de Nehekhara hasta extremos nunca vistos, naciendo de esta manera el Culto Mortuorio, que se compaginaba con la veneración a los numerosos dioses de Nehekhara.

Desde entonces, los Nehekharianos enterraban a sus muertos en ciudades de pirámides construidas en el interior del desierto, en las afueras de sus pueblos. Estas agrupaciones de pirámides fueron denominadas necrópolis. y a menudo eran más grandes que los pueblos que las construyeron. Cada ciudad Nehekhariana estaba gobernada por un Rey Sacerdote que tras morir era momificado y enterrado en un gran sarcófago dentro de una de las grandes pirámides. Con el paso de las generaciones, el culto a la muerte creció desmesuradamente y finalmente, los Nehekharianos empezaron a dedicar sus vidas a construir tumbas más grandes y mejores para tener una vida confortable después de la muerte.

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Nagash nació en esta tierra. La historia de Nagash es verdaderamente terrible y extensa: de momento es suficiente decir que fue él quien destruyó al país, a los habitantes y a la civilización en que nació. Todas las antiguas ciudades fueron abandonadas y engullidas por el desierto, y los monumentos Nehekharianos fueron mutilados y destruidos. Tan sólo sobrevivieron las necrópolis. las ciudades funerarias habitadas por las criaturas No Muertas que Nagash reanimó al llevar a cabo el Gran Ritual.

Cada Necrópolis está compuesta por incontables mausoleos y pirámides dentro de las cuales habitan los poderosos Reyes-Funerarios, obsesionados en siniestros sueños de su antigua gloria. Ocasionalmente hacen un esfuerzo para ordenar a sus amortajados cortesanos que se pongan en marcha y ataquen a los habitantes de otras ciudades funerarias que, como ellos, murieron hace muchas años. Con frecuencia. los soberanos de los No Muertos hacen pactos y alianzas entre ellos y sus hordas invaden Arabia o las tierras del Norte.

FaunaEditar

Numerosas criaturas No Muertas vagan por lo más profundo del desierto, desde enjambres de pequeños pero letales escorpiones hasta ciempiés gigantes, cada uno de ellos del tamaño de una esfinge. Grandes bandadas de buitres vuelan en círculos, y jaurías de salvajes tiburones de la arena se mueven justo por debajo de la superficie de las dunas. En los siglos transcurridos desde el Gran Ritual de Nagash, muchos monstruos terribles se han visto atraídos por este reino maldito por la magia. Así, en el desierto nehekhariano pueden encontrarse Mantícoras, Basiliscos, e incluso Dragones. Los bandidos nómadas se ganan la vida saqueando las tumbas de los antiguos reyes, y las tribus de incursores Orcos cruzan constantemente la Tierra de los Muertos en busca de batallas y botín. Puede que Nehekhara sea un reino desolado, pero no está ni mucho menos vacío ni deshabitado.

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: No-muertos (4ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Reyes Funerarios (8ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Reyes Funerarios (6ª Edición).
  • Liber Necris.

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