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Ogros

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Símbolo Ogro por Wayne England.png

Los Ogros son monstruos grandes, feos y brutales que destacan principalmente en dos actividades: comer y luchar. Un Ogro es fácilmente reconocible por su enorme masa corporal y sus tripas en forma de canto rodado, pero todo aquel que se cruza con uno de ellos sabe muy bien que debe desviarse de su camino, ya que la voluntad de un Ogro la mayoría de las veces se impone a garrotazos y devorando a toda criatura viva que atrapan. Los Ogros proceden del sinfín de dispersos Reinos Ogros de las Montañas de los Lamentos, y más allá, en las tierras lejanas al este del Viejo Mundo. Los Ogros suelen ocupar su tiempo luchando como mercenarios y buscando gresca con seres más débiles que ellos, lo que, para ser honestos, incluye a casi todo el mundo. Para mayor consternación de las razas civilizadas, la población de Ogros en las montañas ha crecido tanto que han empezado a hacer incursiones en el mundo exterior y ya no en grupos de dos o tres, sino de cientos.

DescripciónEditar

Reinos Ogros por Cos Koniotis.jpg
Los Ogros son criaturas grandes y ruidosas, que impresionan de manera terrible a cualquiera que los vea en acción. Incluso en un mundo violento y acostumbrado ala guerra constante, es difícil no estremecerse ante una criatura capaz de aplastar todas las costillas de su enemigo y mandarlo volando por los aires con un limpio golpe de su maza forrada de metal. Y por si alguien no considera esta imagen lo bastante perturbadora, sin duda la visión de un Ogro agarrando a su víctima recién muerta y devorándola cruda a grandes mordiscos logrará horrorizar incluso a los corazones más valerosos.

En batalla, un solo Ogro es rival equiparable a media docena de guerreros humanos. El primer rasgo de los Ogros que llama la atención es lo enormes que son. Un Ogro adulto plenamente desarrollado mide casi el doble que un humano, y es más del triple de ancho (alrededor de 3 metros de altura y casi la mitad de anchura). Su impresionante cuerpo está coronado por una cabeza bestial que emite gruñidos sobre un cuello casi inexistente. El vello que recubre su cuerpo es lacio y grasiento y, aunque es bastante común la calvicie entre los Ogros, es difícil encontrar alguno que no tenga vello facial (presumiblemente para atrapar trozos de comida que puedan escaparse y que con sus manos como palas vuelve a introducir en su boca).

Quienes han tratado alguna vez con Ogros suelen explicar que las dos expresiones más características de estas criaturas son su inquietante mirada intimidatoria y su sonrisa siniestra (la segunda resulta especialmente escalofriante). Aparte de su aliento a carne rancia, capaz de despejar por completo a un Enano borracho, los Ogros tienen una boca llena de dientes planos, superpuestos e inusualmente fuertes, parecidos a los colmillos de una bestia, con los que pueden atravesar de un mordisco incluso un grueso roble del Drakwald tan fácilmente como si fuera un pollo rustido. Así pues, cuando los Ogros sonríen no tiene nada que ver con que se hayan puesto contentos de repente, sino que lo hacen para mostrar a sus víctimas lo que les va a pasar a continuación...

Hay pocas cosas que los Ogros no sean capaces de comer, tal como atestiguan sus enormes tripones. Para los Ogros tener una buena barriga es de extrema importancia, tanto física como socialmente, e incluso a nivel espiritual. Entre los Ogros la panza es un símbolo de estatus que indica la riqueza y el poder de cada individuo; un Ogro con una gran tripa es visto por sus semejantes como un guerrero fuerte y saludable, puesto que se ha alimentado bien para asegurarse esa impresionante circunferencia. Los más espectaculares barrigones pertenecen a los Déspotas, los líderes y reyes tribales que gobiernan sobre los grupos grandes de Ogros.

La religión de los Ogros se basa fundamentalmente en la comida, y los glotones Matarifes mantienen la creencia de que pueden comunicarse con su primitivo dios, las Grandes Fauces, a través de este simple acto. Quizás este convencimiento se debe al hecho de que los órganos vitales de los Ogros están situados en un punto inferior al de los hombres. Sus órganos están protegidos por un grueso entrelazado de músculos y gracias a eso el Ogro puede moler y romper con una fuerza terrorífica todo lo que traga, digiriendo así casi cualquier cosa que se mete en su cavernosa boca.

Pero el Ogro común no deja nada en manos del azar en lo que se refiere a su amado abdomen, así que protegen sus tripas con una gran placa circular, el "protegetripas". Esa placa suele ser de metal moldeado a martillazos con la forma de la tripa de su propietario y normalmente representa un icono importante de la tribu del Ogro. El protegetripas se asegura alrededor de la cintura del Ogro mediante un pesado cinturón que a menudo le sirve para colgar sus utensilios de comer. Los Ogros más pobres pueden utilizar protegetripas hechos con lo que tengan a mano, desde pieles hasta ruedas de carro o incluso huesos.

Fiesta Ogros.jpg

Juerga Ogra

Si bien no se puede negar la tremenda obesidad de los Ogros, solo un demente confundiría la impresionante constitución de un Ogro pensando que se trata de grasa, ya que, bajo la gruesa capa de piel que lo aísla de las inclemencias del tiempo, hay un extenso entramado muscular. Sus anchos brazos, tan gruesos como el pecho de un hombre, terminan en grandes y regordetas manazas, que blanden con una facilidad letal garrotes y espadones de tamaño descomunal y además pueden derribar fácilmente las paredes de una casa. Sus piernas son lo bastante robustas y resistentes como para cargar con su pesada estructura corporal sin apenas cansarse.

Además del protegetripas y de un par de calzones sucios pero funcionales, el atuendo del Ogro es bastante escaso. Su piel es tan gruesa y resistente como el cuero curtido, lo cual les permite sobrevivir sin problemas en climas muy fríos, y también les hace extremadamente duros en combate, ya que prácticamente ignoran las heridas de poca importancia. Es tal su resistencia que empalar a un Ogro con una lanza no es garantía de que no pueda devolver el golpe y aplastar la cabeza de su enemigo. Este es el motivo por el cual sólo los Ogros más ricos o de élite se molestan en llevar algún tipo de armadura (más allá de sus protegetripas), y en vez de eso prefieren ir a la guerra a pecho descubierto. Su calzado consiste en unos zapatos de hierro que les son útiles para patear cosas. Cuando suben a los picos nevados de las montañas, los Ogros cubren su cuerpo con las pieles de los animales que cazan en sus laderas.

Entre muchas tribus de Ogros es común llenarse el cuerpo de tatuajes o de pinturas de guerra, aunque dada la total falta de higiene de la que hacen gala estas criaturas, a menudo es difícil distinguir si lo que llevan son marcas tribales o simples manchurrones sanguinolentos tras haberse dado un banquete.

OrigenEditar

Muchos eruditos llevan siglos preguntándose de dónde vienen los Ogros, y de qué modo encajan con las demás razas del mundo. Los propios Ogros por su parte nunca se han hecho dichas preguntas, pues carecen de la menor erudición; de hecho, ni siquiera saben leer o escribir. Algo que sí valoran son las leyendas, a menudo en forma de exagerados cuentos narrados al calor de las fogatas de campamento, y en ocasiones incluso registran los cuentos importantes mediante pinturas rupestres. Pese a eso, para un Ogro el concepto de "historia" se limita a lo que ha comido en su último ágape (y el concepto de "historia antigua" se refiere al penúltimo). La raza Ogra está mucho más preocupada en obtener su siguiente fuente de alimento que en ponerse a debatir sobre sus orígenes y sus anales.

Los Señores del Conocimiento de los Altos Elfos creen que los Ancestrales, los misteriosos seres que dieron forma a todas las criaturas que pueblan la tierra, crearon a los Ogros a fin de que ayudaran en la lucha contra los emergentes poderes del Caos, pero que dicha creación quedó incompleta cuando los portales de los polos se colapsaron y la gran oleada de energías del Caos penetró en el mundo real. Según los Altos Elfos, esto explicaría la naturaleza ruda e intolerablemente vulgar de los Ogros (a quienes los gobernantes de Ulthuan desdeñan por considerarlos una raza estúpida e inferior). Por su parte, los eruditos humanos, con el filósofo imperial Albrecht de Nuln a la cabeza (un hombre de ideas excéntricas, pero extrañamente profético), aseguran que los Ogros son parientes cercanos de la raza Halfling, e incluso creen que originariamente podrían haber sido una misma raza, que en algún momento de la historia se separó en dos especies divergentes (quizás por culpa de alguna extraña mutación). Para defender esta tesis, apuntan a las numerosas similitudes que existen entre Ogros y Halflings: las dos razas son resistentes a los efectos del Caos, las dos se ven dominadas por una comparable compulsión a engullir comida sin parar, y las dos muestran rasgos de comportamiento inusuales (en el caso de los Ogros la necesidad de destruirlo y comérselo todo, y en el de los Halflings la de robar cualquier cosa que su dueño haya dejado mínimamente descuidada).

La Razón por la FuerzaEditar

Los Ogros tienen un apetito insaciable por la destrucción y por la comida e incluso en épocas de relativa paz cazarán y matarán en las cuevas a las bestias salvajes que habitan en las montañas. Además, suelen estar en guerra constante entre ellos.

Un solo Ogro es capaz de superar en combate a una docena de hombres, y una docena de Ogros pueden arrasar por completo una aldea de humanos (incluyendo comerse a más de la mitad de sus defensores). En cuanto a un ejército completo de Ogros, bueno... eso ya es una cosa realmente seria. Cada regimiento de Ogros es una masa sudorosa y gritona que avanza ganando velocidad hasta impactar contra el enemigo como una tonelada de ladrillos. Los ejércitos de Ogros están formados por un gran número de estos regimientos, y su destructiva potencia de choque que todo lo barre puede compararse ala de una avalancha. Además, los Ogros no marchan solos al combate, sino que llevan con ellos pesadas bestias cavernarias, peludos monstruos montañosos de grandes colmillos, y otros muchos tipos de bestias feroces.

La razón por la que a los Ogros les atrae tanto la guerra es que, mientras se abren paso destruyendo y conquistando, por el camino pueden ir apoderándose de todo lo que necesitan para sobrevivir (y por lo general en grandes cantidades). A la pregunta de "¿A dónde puede dirigirse un ejército lleno de monstruos musculados de tres metros de alto?", sólo cabe una respuesta: "A donde le dé la gana". Así pues, los ejércitos de Ogros (liderados por los más grandes y feroces de su casta) asolan el mundo buscando riquezas y suministros de carne fresca. Y de ninguna de las dos cosas parecen encontrar nunca lo bastante como para quedar saciados.

Ingenio en BrutoEditar

Los Ogros no son grandes constructores. Diversos estudiosos los describen como "tan gruesos como dos tablas cortas". También se los califica como unos seres con la suficiente inteligencia para clavar esas dos tablas y golpear al observador hasta reducirlo a una pulpa sanguinolenta. Según los rumores, si uno pega su oído a la cabeza de un ogro, puede escuchar el océano. Esto, no obstante, ha sido tachado de mera especulación sin sentido, pues nadie en su sano juicio se atrevería a poner su oreja tan cerca de las fauces de una criatura tan voraz.

Hay algo de verdad en ello porque, aunque es cierto que la mayoría de Ogros son un tanto "limitados" mentalmente, y que como raza no son capaces de inventar cosas ni de crear nada bello ni duradero, sin embargo, sí que demuestran cierta habilidad para crear objetos útiles a base de juntar diversas piezas de chatarra y para improvisar toscas armas con todo lo que encuentran a mano, e incluso llegan a manejar las máquinas de guerra que encuentran, comercian u obtienen a costa de otras razas. Se cree que las Montañas de los Lamentos son tan inhóspitas que todo lo que se encuentra en los Reinos Ogros se aprovecha; si un objeto no es comestible inmediatamente, invariablemente servirá para algo unas horas después de que el Ogro lo encuentre.

Los garrotes Ogros son un ejemplo del tosco ingenio de esta raza, pues aunque se trata de instrumentos con un diseño y una funcionalidad de lo más simple, sus creadores les han añadido toda una serie de "mejoras" características, desde rocas, pinchos o filos curvos en la punta hasta refuerzos con cadenas, placas de hierro o remaches metálicos (o incluso la dentadura de algún enorme monstruo que hayan cazado). Cada Ogro posee un garrote que normalmente se usa para aporrear a su presa y después arrastrarla hasta una cueva con una perdida mínima de sangre. Si un Ogro tuviese que utilizar como arma un simple pedazo de madera sin ningún adorno, se sentiría ridículo.

Por tanto, estas sencillas modificaciones pueden encontrarse en todos los objetos fabricados por los Ogros, desde sus máquinas de guerra hasta las tiendas de sus campamentos. Los Ogros tienen una habilidad innata para aprovechar los recursos naturales y mezclarlos con cualquier tipo de chatarra que tengan a mano, lo cual nace de su cultura nómada, y de lo inhóspito de los territorios en los que suelen asentarse.

Nómadas DefinitivosEditar

Los Ogros son famosos por su afición a viajar. Son incansables nómadas, acostumbrados a vagar muy lejos de sus tierras natales y listos para levantar su campamento y volver a ponerse en marcha en cualquier momento, es por ello que pueden encontrarse en las cuatro esquinas del mundo luchando en pequeños grupos de mercenarios, aunque al final suelen dejar pocas evidencias de su paso. En contraste, una migración a gran escala de Ogros puede resultar devastadora, pues arrasan todo tipo de vida de las tierras por las que pasan, devorando poblaciones enteras en cuestión de días.

El repetitivo tronar de pasos de uno de sus ejércitos nunca es un sonido bienvenido, pues se sabe que estas criaturas atacarán y saquearán sin pensarlo dos veces cualquier asentamiento con el que se crucen, dejando tras de sí poco más que un rastro de destrucción. De este modo, los Ogros se avituallan mientras avanzan, zampándose a cualquiera lo bastante insensato como para quedarse a defender su casa, así como a todo el ganado que encuentren (y de hecho todo lo que parezca vagamente comestible). El proceso de recuperación de las tierras asoladas por los Ogros requiere décadas para completarse, aunque las migraciones de Ogros a gran escala son afortunadamente raras.

Cualquier cosa que no se coman de inmediato se la llevarán consigo, y es por esto por lo que a menudo tanto los Ogros como sus enormes bestias de guerra llevan grandes pedazos de carne y costillares colgando por todas partes. No obstante, aunque una tribu de Ogros en marcha pueda parecer muy peligrosa, es mucho peor cuando se detiene...

Algunos Ogros migran de las Montañas de los Lamentos, a menudo siguiendo el lucrativo rastro de la batalla para alquilarse como mercenarios. Por este motivo uno puede encontrar Ogros por todo el mundo, desde los anárquicos Reinos Fronterizos hasta las Tierras Yermas infestadas de pieles verdes, pasando por Arabia o incluso Naggaroth. Estos Ogros viajeros siempre tienen intención de volver a casa algún día (si sobreviven para hacerlo, claro). Los Ogros van haciéndose más civilizados a medida que se hacen mayores. Acostumbran a vivir muchos años y pueden llegar a los 150. En cuanto a los Ogros que se han quedado en las Montañas de los Lamentos, siempre agradecen el retorno de sus congéneres, ansiosos por oír sus historias de las batallas en las que han participado y las cosas exóticas que han devorado en el extranjero.

Quien no paga, cobraEditar

Los Ogros establecen sus campamentos cavando un enorme pozo ceremonial en el centro, y montando alrededor sus tiendas de pieles atestadas de pulgas. Una vez hecho esto, es el momento de "ponerse manos a la obra". Y en el caso de los Ogros, "manos a la obra" significa o bien intimidar a los habitantes de las cercanías para lograr que les den comida, o bien ir a la guerra y tomar directamente lo que quieran. Se colocan vigías en las carreteras, pasos de montaña y demás rutas de viaje obvias, y se cobra un peaje a todo aquel que pase por allí. Aquellos que no pueden pagar, son devorados sin compasión. Mientras tanto, se envían a los asentamientos vecinos ultimátums exigiendo el pago de draconianos tributos.

En la actualidad, la mayoría de Ogros son lo bastante sofisticados como para demandar que el pago de estas extorsiones se haga en oro u otros bienes, pero algunas tribus siguen ancladas en las viejas tradiciones y no han aprendido aún a valorar la utilidad de los sistemas de intercambio monetario. Sea como sea, cualquier asentamiento que se niegue a pagar será despachado rápidamente, masacrado por un ataque en masa liderado por el Déspota. Para evitar esto, la mayoría de las víctimas oprimidas por los Ogros les entregan sin dudarlo todo lo que tienen. En algunos casos, incluso (especialmente entre las razas menos escrupulosas), los asentamientos llegan al extremo de entregar a una porción de su propia población, lo que sea con tal de evitar el exterminio total. Los Ogros interpretan de una manera excelsa este papel de agresivos matones, y son unos negociadores durísimos. Dado que no suelen tener una mente especialmente brillante se les puede acabar timando, pero sólo un Ogro realmente tonto será engañado dos veces con el mismo truco.

Algunos Ogros se pueden establecer durante un tiempo en lugares muy lejanos que sean especialmente fértiles. La tribu Puñohierro, por ejemplo, mantiene su residencia en la cara este del Paso de los Picos, en las Montañas del Fin del Mundo, y muchas tribus frecuentan el Valle del Cartílago, una fortaleza Ogra en las Montañas Grises. Los Ogros errantes son listos: la tribu Rompespaldas desplegó su campamento a pocas horas de marcha de la ciudad de Altdorf; cobrando peaje a todo el que pasaba por allí (y zampándose a quien no pagaba); para expulsarla de allí hizo falta un ejército liderado por el Emperador Karl Franz en persona.

Brutalmente PrácticosEditar

La sociedad Ogra se basa en un simple principio: el que tiene más poder, tiene la razón. El más fuerte quita lo que quiera a los más débiles, incluyendo la vida y la integridad física. Un Ogro que mata a otro en una pelea, no es considerado un delito, ya que sólo ha demostrado este principio y es más fuerte.

Los Ogros son directos, y no les afectan cosas como la conciencia, los remordimientos ni las fantasías de moralidad. Si pueden conseguir lo que quieren (comida y riquezas) sin luchar, así lo harán, pero si les resulta más ventajoso aniquilar y comerse a sus oponentes, tampoco tendrán el menor problema. Los Ogros van a lo suyo y por lo general obran con poca o ninguna malicia. Aunque no sean ni mucho menos brillantes tienen una especie de sexto sentido para los negocios, y saben reconocer de forma instintiva si sus víctimas pueden darles más beneficios vivas o muertas. Para ellos, resulta un chollo tener aldeas cercanas a las que extorsionar de modo que les paguen un diezmo de su ganado cada ciclo de la luna. A largo plazo, este tipo de "tratos" resultan más rentables que si los Ogros se abalanzaran directamente en masa sobre la aldea y devoraran todo lo que encontrasen.

Las tribus particularmente exitosas pueden recibir numerosos tributos a un mismo tiempo, lo cual significa que verán llegar hasta su campamento un flujo constante de comida y riquezas sin tener que mover ni uno de sus regordetes dedos. Por ejemplo, hubo un periodo en que los Ogros de la tribu Tripatruenos, tras haberse asentado en las Tierras Yermas, llegaron a recolectar a la vez botines de seis tribus diferentes de pieles verdes, además de un suculento pago por parte de los asustadizos hombres de la orilla opuesta del Río de la Sangre. Si uno de los tratos que mantienen los Ogros se va al garete (por ejemplo, porque sus víctimas vayan cortas de fondos o se descubra que estaban tratando de engañarlos), a los Ogros no les temblará el pulso a la hora de dar a las víctimas en cuestión un escarmiento ejemplar.

En combate, los Ogros forman grandes líneas de batalla que se lanzan contra el enemigo a una velocidad que desafía sus aparentemente torpes cuerpos. Al atacar muestran la misma satisfacción que cuando están comiendo, y son luchadores realmente competentes, que sobresalen especialmente en el uso de armas contundentes como los garrotes, los martillos e incluso sus propios y masivos cuerpos. El manotazo de uno de estos brutos tiene la suficiente fuerza como para partirle la espalda a un caballo, y la carga de un solo Ogro puede bastar para romper por completo un muro de escudos. Si el impacto inicial de una unidad de Ogros no es suficiente como para dispersar a sus enemigos, la masacre seguirá con el combate cuerpo a cuerpo...Los Ogros son capaces de soportar un nivel altísimo de castigo gracias a su enorme tamaño y su gruesa piel, que los hacen resistentes como las montañas de las que son originarios. Por eso se dice que combatir contra Ogros es como tratar de combatir contra una avalancha.

CulturaEditar

Imagen ejército Ogro.jpg

Hay una creencia que une a los Ogros de todo el mundo, inculcada desde su más tierna infancia y que cumplen a rajatabla hasta la tumba: el poder da la razón. Una criatura fuerte puede coger lo que le apetezca de una criatura más débil, incluidas su vida y sus extremidades. Cada aspecto de la cultura de los Ogros tiene que ver con el principio fundamental grabado en la mente de todos los habitantes de los Reinos Ogros, desde el Gnoblar más debilucho al Déspota más poderoso.

Los Ogros hacen todo lo posible para ilustrar su progreso, aunque su estado puede evaluarse rápidamente a partir de su tamaño físico y las dimensiones de su tripa. No obstante, los Ogros se adornan con trofeos procedentes de las bestias de las cuevas que han derrotado, embadurnan sus cuerpos con pinturas de guerra para indicar su lealtad tribal, adoptan nombres relacionados con su fuerza personal y se practican cicatrices rituales para demostrar que no sienten dolor. La visión de un Ogro Toro adulto dispuesto para la batalla es desalentadora; la de un líder como un Matón o un Déspota, aterradora.

Sin embargo, todo este engrandecimiento no es una simple pose. Con frecuencia, los Ogros se desafían unos a otros en concursos de fuerza bruta, especialmente en los días de festín o durante un concurso de combates. Estos concursos también se usan para que los líderes se desafíen. Las pruebas varían desde las relativamente inofensivas como los concursos de eructos, donde lo peor que puede ocurrir es que un Ogro reciba una ducha de saliva y alimentos a medio digerir, hasta los combates en pozos, un deporte letal y sangriento que goza de una relativa popularidad en el Viejo Mundo. Se permite (de hecho se espera) que un combate en un pozo implique armas de todo tipo. Las armas generalmente empleadas son puños de hierro, cadenas pesadas, dagas parecidas a punzones y cascos afilados. Huelga decir que las luchas en pozos de los humanos palidecen al lado de estas, ya que no suele haber derramamiento de sangre y los Ogros libran combates de violencia extrema en sus concursos.

Otra de las diversiones favoritas de los Ogros es el chocatripas, muy bien considerada como lo fueron en el pasado el rompecaras o el machacapuños, ya que requiere de tanta maña como fuerza. En el chocatripas cada Ogro agarra con fuerza el cinturón de su oponente, trata de tirarlo al suelo con una combinación de fuerza y peso y ha de concentrar sus esfuerzos en la panza. Los tendones y los músculos sobresalen y ninguno de los combatientes cede terreno y tras pasar un buen rato eructando y rugiendo (con una mayoritaria participación del público), uno de los Ogros se dobla y acaba mordiendo el barro.

Si ambos desafiantes sobreviven a un concurso Ogro, al ganador le está permitido comerse parte del perdedor como recompensa por su victoria. La competición podría ser una mera diversión o simplemente servir para dilucidar quién se lleva la primera tajada del enemigo muerto (que suele consistir en un par de dedos, una oreja o una nariz). Sin embargo, si el combate en cuestión era una disputa por el liderazgo, una pelea por tierras o rencillas personales, los rivales se quitarán sus protegetripas antes de empezar (una señal de que las cosas van en serio). El Ogro que gane un concurso de "tripas fuera" invariablemente matará a su contrincante con sus manos comerá su cadáver a continuación frente a una enardecida audiencia. De esta forma, el Ogro no solo obtiene la fuerza de su adversario muerto, sino también el respeto de su tribu. Muchas de estas competiciones se celebran durante un festín de Ogros o después de él, cuando la tribu está bien alimentada y, por tanto, los combates alcanzan una escala brutal. Los festines tienen una importancia religiosa para los Ogros y, en cuanto disponen de carne suficiente, ya tienen la excusa para organizar uno. El invitado de honor en estos festines se sienta a la derecha del Déspota y, por tanto, le está permitido el segundo mejor plato de carne; en la práctica, este Ogro suele ser el cazador que ha traído la carne a la tribu.

Los distintivos de un festín Ogro incluyen chimeneas del tamaño de establos y mesas enormes con caballetes del tamaño de abrevaderos que se sitúan alrededor de un pozo-fauces, un agujero maloliente cavado en el suelo lleno de un cenagal de carne podrida, miembros amputados y armas oxidadas en los que los Ogros libran sus violentos juegos. Aunque otras razas emplearían a juglares para amenizar las fiestas, como los Ogros no entienden el concepto de música, prefieren el volumen a la calidad y, en estos casos, un Ogro que pueda gritar más alto que sus compañeros es considerado un intérprete de valía. Sus festines resuenan con los rugidos, los gritos y los eructos, así como el omnipresente crujir de la carne y los huesos al partirse (la comida devorada en un festín Ogro invariablemente conlleva la carne roja). Sin embargo, los Matarifes saben bien que la tribu aprecia la diversidad de la dieta tanto como una cueva llena de depredadores. Mientras las canciones tradicionales sobre la pitanza resuenan en las salas donde se celebra el festín, los Matarifes sazonan fuentes enormes de carne de bestias de las cavernas con bretoniano crudo y un punto de ajo, correosa carne Enana servida en un plato de gromril, salchichas enormes guisadas con la carne más tierna de los soldados imperiales y –el manjar que consideran más exquisito- piernas tiernas de Elfo fritas en sangre de caballo. Normalmente, los festines suelen regarse con cerveza de Ogro, un brebaje espeso y viscoso que en su composición incluye cantidades iguales de panales y de avispas que tratan de salir del turbio fondo. La cerveza Ogra es lo suficientemente tóxica para hospitalizar a un Enano y normalmente se bebe en cuernos extraídos del cráneo de alguna bestia que su propietario ha matado.

Los mejores festines se celebran tras la derrota y al consiguiente saqueo de una gran caravana, convoyes comerciales que llegan a medir kilómetros que atraviesan las Tierras Oscuras y los Reinos Ogros en dirección a Catai. Estas recuas armadas suelen estar bien defendidas (a menudo por tribus Ogras rivales), pero, cuando una tribu de Ogros hambrientos logra asaltar una con éxito, se encuentra enterrada hasta las rodillas en objetos lujosos, oro y madera de primera calidad. Una tribu Ogra puede subsistir con el saqueo de una caravana durante un mes entero. El festín que sigue al saqueo de la caravana es una orgía de comida y bebida que dura una semana y que puede oírse a kilómetros a la redonda. Lamentablemente, estas ocasiones se dan cada vez con menos frecuencia, ya que el férreo gobierno del Señor del Comercio Grasientus Dientedoro, Soberano de los Reinos Ogros, obliga a las tribus a iniciar una nueva era de actividad mercenaria y cooperación con la raza humana. Con paso lento pero seguro, los Reinos Ogros ahora son conscientes de que el oro es tan valioso como la carne y de que, además, dura más de un invierno.

Clases socialesEditar

Dependiendo de su función y de su estatus social en la tribu, los Ogros reciben un título distinto:

  • Matón - Uno de los principales subalternos del Déspota.
  • Cazador - Experto en cacerías de grandes monstruos.
  • Toro - Cualquier Ogro adulto.

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Reinos Ogros (6ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Reinos Ogros (8ª Edición).

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