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Volkmar empire

Mientras von Korden mide su ingenio con el Siniestro Ghorst, Volkmar marcha hacia el Valle de la Oscuridad en un desafío abierto a Mannfred: enfrentarse a ellos en batalla, o morir como un perro en las sombras. Poco después los No Muertos se levantan contra los intrusos, pero los esbirros del vampiro son despachados con rapidez por la fuerza de la fe del Gran Teogonista.

Tras obligar al Nigromante Ghorst a abandonar sus dominios en Konigstein, el Cazador de Brujas von Korden y sus fieles soldados reciben los refuerzos con las tropas de la Cruzada de Vokmar y estalla una batalla en la carretera. Con los héroes unidos, la victoria está asegurada, y la Cruzada Imperial marcha más fuerte que nunca. Sin embargo, la situación alcanza su momento álgido en Swartzhafen, donde el Gran Teogonista y Mannfred von Carstein se enfrenta en el campo de batalla por primera vez.

Cruzada en Auge Editar

La noticia de la llegada de Volkmar se extiende por todas partes pero, hasta ahora, los aliados de Mannfred no han logrado contener el ataque de los Sigmaritas al valle. No pasa mucho antes de que Mannfred decida tomar cartas en el destino de la cruzada.

La carretera a Oberstyre Editar

Mapa cruzada 2

Marchar junto a Volkmar al frente de su ejército era ser testigo de un hombre poseído. El corpulento anciano prácticamente crujía con la energía acumulada mientras cabalgaba a través del valle, gritando órdenes y golpeando sus puños en previsión de las batallas por venir. Su voz resonó en el silencio. Dejaría a von Korden los pueblos y las aldeas, la élite Sigmarita desterraría a los fantasmas del Fuerte Oberstyre, y entonces se dirigiría al este había Deihstein, Cualquier cosa que se interpusiera en su camino ardería.

En la tierra hendida tras la estela del Gran Teogonista se distinguía la figura agraviada con armadura del lugarteniente más fiel de Volkmar, Kaslain. El Archilector iba rodeado de una escolta de fanáticos descalzos y con los ojos desorbitados, zelotes que acompañaban el Altar de Guerra donde quiera que iba. Volkmar asentía en señal de aprobación a medida que más extraños se unían a ellos procedentes de las desvencijadas granjas y casuchas a ambos lados de la carretera. Fueran o no almas perdidas, si los rumores sobre las huestes etéreas en Fuerte Oberstyre eran ciertos, su fe en el dios guerrero Sigmar resultaría más útil que el simple acero.

La cruzada llegó al Fuerte Oberstyre en las últimas horas de lo que parecía la luz del día en Sylvania. Emergiendo de lo alto del peñasco, la fortaleza se erguía con cientos de aspilleras y troneras. Un reguero de líquido rojo y espeso se filtraba desde cada abertura como lágrimas de sangre. Volkmar sospechó que era todo lo que quedaba de las anteriores víctimas de la fortaleza.

En lo alto, chapiteles salpicados de horcas espeluznantes y doncellas de hierro se pedían en la penumbra. Los cruzados no se detuvieron ni hicieron comentarios, porque si fe era fuerte. En lugar de eso, ascendieron entre las afiladas piedras de la calzada de la fortaleza había la gigantesca puerta Oberstyre.

La Fortaleza Maldita Editar

Mapa cruzada 3

Mientras la Cruzada llegaba a la puerta del Fuerte Oberstyre, unos fantasmas luminiscentes empezaron a rodear las torres. Sus chillidos presagiaban una muerte terrible mientras el Alar de Guerra cruzaba el puente levadizo carcomido.

Volkmar no les prestó atención. Hizo un gesto impaciente a Kaslain para que alcanzara la puerta. En respuesta, el sacerdote con armadura hizo una reverencia y sacó una gran reliquia que llevaba a la espalda, el MArtillo del Reik, una antigua arma forjada en los albores del Imperio. El Archilector balanceó el martillo que brillaba intensamente, describiendo unos arcos a su alrededor con un rugido de esfuerzo, mientras dos haces de luz seguían su estela. La cabeza ancha de metal del arma golpeó con gran fuerza en la gruesa puerta de roble de Sylvania, reduciéndola a astillas con un ruido ensordecedor. Una cortina de polvo y sangre seca cayó de los muros, mientras abajo, los Flagelantes tosían y vitoreaban a partes iguales. Volkmar asintió con gesto brusco y ordenó que el Altar de Guerra avanzara mientras él cruzaba la puerta, sin dar tiempo a que la nube de astillas se disipara y los restos de madera rota cayesen.

La noche en que los cruzados atravesaron los muros del Fuerte Oberstyre fue larga y tensa. Un Gran Exorcismo no se puede tomar a la ligera, y los fantasmas que Mannfred había unido a la fortaleza gritaron hasta que los intrusos empezaron a dudar de su cordura. Aún así, la confianza de Volkmar en sí mismo era contagiosa. El Sacerdote entrecano recorrió los pasadizos y pasillos de la fortaleza como un rey conquistador. La gran intensidad de su fe quemó las sombras retorcidas de casa rincón y los golpes de su martillo de guerra bendito desterraron a los espíritus lo bastante insensatos como para emerger de los muros goteantes.

Los Flagelantes vestidos con jirones que le acompañaban eran simples velas comprados con la hoguera ardiente de fe que era Volkmar, pero su fe era más que suficiente. Encontraron las guaridas de degenerados espeluznantes en los sótanos de Oberstyre, y su fervor y devoción religiosa los hizo luchar con igual fuerza en las bóvedas oscuras o a la luz del día.

Al amanecer no quedaba ni una sola alma oscura entre los muros de la fortaleza. La maldición que consumía Oberstyre desde hacia siglos se había roto.

La larga marcha Editar

Mapa La larga marcha

A pesar de que había logrado una gran victoria de fe, el Gran Teogonista no estaba cerca de encontrar a su presa. Cuando la oscuridad se desvanecía en el tercer día, la cruzada partió una vez mas siguiendo la gran carretera occidental hacia las ruinas de Konigstein. Pasaron junto a un gran numero de carros de bueyes,trineos de lodo y carros de mulas que iban en la dirección opuesta. Los campesinos verrugosos que conducían cada uno de estos con\ oyes tenían la mirada perdida al paso del Altar de Guerra. Refugiados, pensó Volkmar, huyendo de las fronteras antes de que la maldición de Mannfred se apodere de ellos por completo. No podía culparos, ya que incluso la vegetación de la carretera se estaba pudriendo. La tierra se estaba marchitando.

Cuando la cruzada se acercó a la ciudad de Deihstein, el lejano entrechocar de espadas los hizo apresurarse. Levantando salpicones de barro, vieron como desaparecía el cansancio de la larga marcha, reemplazado por la urgencia de la batalla. Desde el Risco Deihstein, el Gran Teogonista observo como se desencadenaba una batalla caótica entre una caravana de nómadas Strigany a caballo y los soldados llenos de barro del contingente de von Korden. A lo lejos, un Carro de Cadáveres se movía a trompicones hacia el sur tras una masa dispersa de muertos; el Nigromante Ghorst huía de los hombres del Cazador de Brujas, asegurado por el ataque de los nómadas a caballo. Los Strigany, hijos de un pueblo del que se rumoreaba llevar generaciones al servicio de los von Carstein, se adelantaron para rodear a von Korden y sus hombres.

Tronando colina abajo, el Altar de Guerra de Volkmar se estrello contra un trío de carros pintados de colores vivos que bloqueaban la carretera, haciéndolos rodar y pisoteando a varios tiradores Strigany en el proceso. Momentos mas tarde, unos Sigmaritas harapientos cayeron desde el risco boscoso sobre la carretera y se arrojaron sobre los arqueros a caballo que se escondían en el camino. Los hombres de von Korden redoblaron su ataque, y el valor de los Strigany decayó. Huyeron hacia el sur, dejando a los heridos en el suelo.

En menos de una hora, von Korden se aproximo al Altar de Guerra que estaba situado junto al camino. El Cazador de Brujas estaba cubierto de sangre hasta los codos, y un brillo feroz destellaba en sus ojos. Su interrogatorio de los Strigany le había servido para descubrir muchas verdades. Según los cautivos, la criatura que los Strigany llamaban el Conde Pálido no era otro que Mannfred von Carstein. Después de todo, el Vampiro no tenia su guarida al este del Valle de la Oscuridad, sino al sur, en Swartzhafen. Había otras criaturas allí también, un trío de diablos alados que tenían atemorizados a los Strigany.

Con las heridas vendadas y los nervios reforzados, los Cruzados marcharon hacia el sur. Pasaron por la ciudad templo de Arfeit sin quejarse ya que ello suponía una noche de sueno reparador. Si Mannfred estaba realmente tan cerca como Swartzhafen, y si podían llegar allí antes de que anocheciera, tendrían una oportunidad de desterrar la maldición del Vampiro antes de que Sylvania se sumergiese en la oscuridad por completo.

Tardaron poco en llegar, pero cuando las torres de Swartzhafen tomaron forma en las tinieblas, ya había anochecido. En la oscuridad creciente, se oían cosas terribles. De repente, una visión que helaba el alma apareció ante ellos. Allí, entre la niebla y las lapidas de los muertos de Swartzhafen, había un ejercito masivo de muertos. Tenían una maldad desconcertante e incluso los Necrófagos de su flanco estaban tan inmóviles como las estatuas conmemorativas diseminadas por las afueras de la ciudad. En el centro del ejercito se distinguía una figura musculosa ataviada con la armadura de alas de murciélago de los von Carstein, y un manto de niebla roja como la sangre le caía sobre los hombros. Unas monstruosas formas aladas sobrevolaban alrededor de la torre del observatorio de la mansión destartalada situada tras el.

La figura encorvada tenia una garra pálida con la que burlonamente invitaba a Volkmar a avanzar para parlamentar, una reminiscencia de una vieja practica aristocrática que puso la piel de gallina a Volkmar. “Desde luego que habrá un parlamento", dijo Volkmar. “iUno de espadas y de fuego!”.

Lunas y sol sangre de sigmar

Tras la batalla, aunque la fuerza de los Cruzados se ha abierto camino a través de la barricada de No Muertos que les bloquea el paso, poco a poco se ven rodeados por los defensores de Swartzhafen. A los soldados Imperiales solo les queda la opción de defenderse hombro con hombro, dispuestos a vender caras sus vidas mientras su destino están cada vez mas cerca.

Entretanto, unos aliados inesperados están luchando una batalla al otro lado del valle…

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