Fandom

La Biblioteca del Viejo Mundo

Perros del Desierto

6.020páginas en
el wiki
Crear una página
Comentarios0 Compartir
Arabia.jpg
Capitán:

Al Muktar, el Hijo del Desierto

Lema:

Los Perros del Desierto tienen dos lemas famosos. Existe la versión oficial favorecida por Al Muktar en persona, “¡Poderosos son los Muktarhin!”, y también existe una no tan oficial empleada a menudo por el Jeque Ahmed Shufti, “Los Perros del Desierto corren más deprisa porque los árboles están más separados”.

Grito de Guerra:

¡Al Muktar!

Aspecto:

Los Perros del Desierto cabalgan sobre caballos blancos, y están cubiertos de la cabeza a los pues con ropajes voluminosos que los protegen del terrible sol del desierto. Insisten en utilizar este tipo de ropajes sin importar el clima del lugar donde se encuentran, o sin importar que sea de día o de noche. Las únicas partes de su cuerpo que son visibles son los ojos y las manos.

Patrones:

Cualquier ejército puede reclutar a los Perros del Desierto.

"Nunca tuvimos una oportunidad, Señor. Salieron de la nada, y antes de que pudiéramos girarnos estaban entre nosotros, lanzando sus escalofriantes gritos de guerra mientras nos abatían. Es cierto que huimos, señor, pero es que no son hombres, son demonios a caballo."
Mercenario Gunter Friesheim, explicando su participación en la famosa Desbandada de Rifraffa

El joven Werner Glook fue enviado por sus padres a una selecta escuela de Marienburgo, un destino muy común para los hijos de padres ricos y famosos que no querían molestarse en criar ellos mismos a sus hijos. Como consecuencia, su infancia fue solitaria y extremadamente triste. Los profesores de la escuela le golpeaban con frecuencia y los chicos mayores le adoptaron como su esclavo personal. Werner vivió esperando recibir en cualquier momento una buena paliza. Aprendió a soportar sus desgracias sumergiéndose en sueños de viajes y tierras exóticas.

Años más tarde, Werner Glook bajó de una nave mercante Tileana en el puerto de Lashiek, la ciudad de los Corsarios árabes. Su deseo de viajar por el mundo le había llevado hasta la ciudad más grande de Arabia. Harapientos chicos de tez morena pululaban a su alrededor, ofreciéndose para llevar sus bolsas e intentando hurgar en sus bolsillos.

Los despidió con una sola orden. Los chicos quedaron boquiabiertos por la sorpresa y huyeron rápidamente. No se esperaban que un extranjero rubio de ojos azules hablara su idioma, y aún menos con el fuerte acento de Arabia. Quizá no fuera en absoluto un extraño, sino el misterioso Al Muktar, el Elegido, ¡cuya venida había sido predecida para ese mismo año!

Werner no conocía en absoluto esa antigua leyenda. Estaba encantado de que la gente de Arabia fuera amable y amistosa, al menos después de hablar con ellos, tras lo cual solían dejar de intentar robarle sus posesiones. La noticia se empezó a propagar por la ciudad. Werner siguió sin enterarse de su creciente fama.

Un día decidió emprender un viaje por el desierto para visitar unas famosas ruinas. Contrató guías y camellos, y partió hacia el Este. Tres días después, la caravana fue atacada por bandidos. Los guías de Werner huyeron tan pronto como los bandidos atacaron, excepto Ibn, el chico mendigo, que al ser ciego no se dio cuenta de qué era lo que estaba pasando y entonces corrió en dirección equivocada, por lo que le atraparon fácilmente. Werner, demasiado tozudo para huir, fue capturado después de una feroz pelea en la que hizo una gran demostración de pugilismo, una habilidad aprendida por necesidad en sus días de colegial.

Perro del desierto.jpg

El jefe de los bandidos era el Jeque Ahmed Shufti, un avieso hijo del desierto vestido, al igual que sus guerreros, con una voluminosa y flotante túnica. El Jaque nunca había visto antes a un habitante del Viejo Mundo, ¡pero estaba impresionado por el coraje de su cautivo! El Jeque decidió atarlo a una estaca en el desierto, y golpearlo lentamente varios días hasta que muriera. Mientras se entretenían con sus gritos y sus súplicas de clemencia, los bandidos asarían uno de los camellos.

Después de tres días de tortura y sin agua, Werner no se había quejado ni una sola vez, y las únicas palabras que había pronunciado eran para desafiar a sus captores y maldecir a sus parientes cercanos. El Jeque estaba impresionado, y sus hombres empezaron a ponerse nerviosos. Era seguro que ningún hombre normal podía resistir aquello. No sabían que Werber estaba acostumbrado a las palizas, y que había sufrido cosas peores a manos de sus compañeros en la escuela. Una vez le colgaron durante tres días en el tiro de la gran chimenea en el estudio del director... tampoco se había quejado entonces, ni siquiera cuando el viejo Meistergriek había encendido el fuego para calentar sus viejos huesos.

Werner podía oír a los bandidos murmurar “Al Muktar”, pero no tenía ni idea de qué significaba "El Elegido". “¡Al Muktarrrrr!”, gritó tan alto como pudo. Los bandidos, que estaban agrupados alrededor del fuego del campamento, comenzaron a temer al habitante del Viejo Mundo cuando Ibn les contó la leyenda acerca del Elegido y varios supuestos hechos maravillosos que habían tenido lugar en Lashiek. Además, empezaron a desaparecer cosas, principalmente pequeños objetos valiosos, y Ibn tuvo buen cuidado de explicar que era una señal segura de que los bandidos sufrían la maldición de Al Muktar. Por ello, cuando oyeron el grito de Werner, se postraron inmediatamente, gritando “Al Muktar... Perdónanos, Al Muktar...”

Perros del Desierto de Al Muktar por Paul Herbert.jpg

No hace falta decir que Werner les perdonó. De hecho se convirtió en uno de ellos: la vida de guerrero del desierto le parecía que podía ser excitante y divertida. Abandonó su antiguo nombre, ropas y hábitos, y se convirtió en Al Muktar. Pronto los bandidos fueron conocidos y temidos a lo largo de toda la costa de Arabia. Se hicieron famosos como los Perros del Desierto, jinetes de ferocidad inigualable que blandían grandes cimitarras de brillante acero. Su grito de guerra de “Al Muktar” llegó a ser temido por toda la tierra.

En poco tiempo los Perros del Desierto se convirtieron en una molestia tal que el Jeque de Lashiek tuvo que reclutarlos mediante una gran suma. Al principio los envió al Este a combatir contra los No Muertos. Al Muktar disfrutó mucho viajando por la tierra de los No Muertos, pero sus Perros del Desierto estaban intranquilos, así que poco después se dirigieron hacia el Norte a través de las Tierras Yermas hasta los Reinos Fronterizos. Los veloces jinetes demostraron estar idealmente adaptados al tipo de guerra móvil habitual en esta tierra, ¡y pronto Al Muktar fue tan famoso en las fronteras del viejo mundo como lo era en Arabia!

Sólo la continua desaparición de pequeños pero valiosos objetos de los bolsillos y alforjas de los Perros del Desierto sigue preocupando a los guerreros. Está claro que deben luchar mejor y con mayor lealtad para acabar con la maldición que sufren por su maltrato a Al Muktar.

Objetos Mágicos Editar

  • Cimitarra de Dakisir: Esta cimitarra es la herencia de los jeques tribales de los Perros del Desierto. Fue forjada hace siglos en la Kasbah de Dakisir, saqueada y destruida tiempo ha por los No Muertos. La hoja está decorada con textos mágicos recubiertos de oro.
  • El Estandarte Negro de los Muktarin: El Estandarte Negro es transportado al viento por Ibn, el chico mendigo ciego, quien no puede ver el peligro en el que se encuentra, por lo que siempre esta en primera linea de batalla.

Miniaturas Editar

  • Perros del Desierto

FuenteEditar

  • Ejércitos Warhammer: Mercenarios (5ª Edición).

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

También en Fandom

Wiki al azar