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Ranald

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Sede: Ninguna (por el momento Marienburgo)

Líder del culto: Nadie

Principales órdenes: la Hermandad, los Limosneros, los Dedos Torcidos

Principales festividades: Día del Disparate, Peregrinación de los Dedos

Libros sagrados: Los diez acertijos, La medianoche y el gato negro

Símbolos sagrados: Una mano con los dedos cruzados, una X, cuervo, gato

Ranald es el Dios de los Embaucadores, protector de Bribones y Tahúres y también el dios de la suerte. Normalmente se le representa como un hombre, un encantador granuja que es un Incomparable ladrón y timador, pero también puede aparecer como una urraca, una corneja o un gato negro. Es más sinvergüenza que malvado, y se deja llevar por su irreprimible sentido del humor. Se dice que su interés por el robo se debe más al placer que siente al molestar a los mer­caderes arrogantes y pomposos, que ala avari­cia. Ranald aborrece la violencia de cualquier tipo, y nunca aprobará el crimen violento, el asesinato o la tortura. El crimen perfecto es, a sus ojos, el que no deja huellas y sólo es descu­bierto semanas o meses más tarde.

RanaldEditar

Ranald no recibe apenas culto en templos. Sus seguidores invocan su nombre murmurando entre dientes o rezando en santuarios privados. Predilecto de los mercaderes, tahúres, ladrones y todos aquellos cuyo quehacer cotidiano implica dinero. Ranald es una deidad mucho más popular de lo que pueda parecer a juzgar por el número de templos. De hecho, todo el que busque fortuna, sienta que le han estafado o humillado, desee romper una racha de mala suerte o simplemente quiera conservar las riquezas que ha acumulado, reza a Ranald.

Los líderes ortodoxos de los demás cultos se refieren a él como el perverso dios embaucador, patrón de bribones y tahúres y demás “personajes soeces”. Las autoridades del Imperio no piensan gran cosa del culto de Ranald y no acogen a su clero como hacen con los demás cultos. Aunque las figuras de autoridad desprecian el culto a Ranald, para las masas es un héroe. Es venerado por todo el Viejo Mundo, y el pueblo llano le reza cada vez que necesita algo. A diferencia de la mayoría de los dioses, se cree que si rezas lo bastante a Ranald, te oirá y te concederá lo que le pides. Es el dios de los débiles, los olvidados, aquellos que necesitan que cambie su suerte.

Ranald aparece como un hombre humano, normalmente un bribón encantador con una sonrisa traviesa. También puede tomar la forma de un cuervo, una urraca o un gato negro. Es un granuja embustero y siempre está dispuesto a quitar al pobre para dar al rico. En lugar de ser maligno o malicioso, se le conoce por su impresionante sentido del humor. Tanto placer le produce ver caer a los poderosos que los mercaderes prósperos que han amasada su fortuna a base de rezar a Ranald donan una gran parte a su culto. Ranald aborrece todo tipo de violencia, y nunca aprobará los crímenes violentos, el asesinato ni la tortura.

AspectosEditar

El caprichoso Dios de la Fortuna y la Buena Suerte, el bribón por excelencia, la deidad del pueblo llano; Ranald es todas estas cosas y muchas más. Su culto es peculiar, pues carece de solemnidad, pompa o majestuosidad, incluso de la estructura de los demás cultos. Sus sacerdotes son ladrones, embaucadores y tahúres, en lugar de la frívola élite ilustrada tan preferida por otros. Sus templos son las casas de juego, los burdeles, las tabernas y demás antros de iniquidad, y no hermosas estructuras de oro y mármol. Pues Ranald y sus sacerdotes son diferentes a cualesquier otros (hecho que resulta tan inquietante como encantador).

Bribón by piemasterxl-d5r1irf.png

Bribón

Parte de la curiosa naturaleza de Ranald se debe al hecho de que es un dios con varios aspectos distintos. Ranald tiene cuatro aspectos distintos: Ranald el Acechador Nocturno, patrón de los ladrones y otros Bribones. Ranald el mentiroso, patrón de embaucadores, Charlatanes y por extensión, Ilusionistas. Ranald el Jugador, patrón de la suerte y las apuestas, y Ranald el Protector, que protege a sus seguidores de la intervención oficial, la opresión y la tiranía.

La mayoría lo conocen como el Acechador Nocturno, Dios de los Ladrones y patrón de bribones y pícaros. Es venerado por los criminales del Viejo Mundo, y sus símbolos y proverbios sirven de base para gran parte de la lengua secreta empleada por los ladrones.

Ranald es también el Embustero, aquél que protege (o más bien inspira) a charlatanes y estafadores. De este modo, Ranald es más una fuerza de la naturaleza, la personificación de la ironía, pero también de la ilusión (de ahí que los hechiceros grises sientan predilección por él). Además, Ranald es el dios protector del juego, los tahúres y, por encima de todo, de la suerte. A este aspecto es al que rinden culto los habitantes del Imperio, y para granjearse su favor los viejomundanos recurren a una apabullante diversidad de refranes y gestos supersticiosos; de este modo se aseguran de conservar o recibir la atención de la divinidad.

De todas las formas que puede presentar Ranald, ninguna se reprime tan brutalmente como la del Protector. El símbolo de la libertad frente a la tiranía, la liberación del despotismo y la revolución; este aspecto de Ranald es adorado por alborotadores, demagogos e incluso algunos políticos. De hecho, cuando desempeña este papel, Ranald es la fuerza impulsora del movimiento democrático que se ha extendido por las mayores ciudades del Imperio.

CarácterEditar

Aunque para las autoridades del Viejo Mundo no piensan gran cosa de este culto, el pueblo llano le reza cada vez que necesitan algo. A diferencia de la mayoría de dioses, los adoradores devotos de Ranald creen que si realmente necesitan algo y se reza lo suficiente, él se lo concederá. Es el Dios de los débiles, los olvidados, aquellos que necesitan que cambie su suerte. Aquellos que señalan que sus admiradores son unos miserables pordioseros que se ganan la vida escarbando en los excrementos de los cerdos (y cuya situación no va a cambiar) suelen tacharse de cínicos. Y a veces reciben palizas a manos de turbas de enfurecidos escarbadores de excrementos de cerdo.

SímboloEditar

Símbolo de Ranald.png
El símbolo de Ranald es el de los dedos Índice y corazón cruzados. Hacer este signo equivale a una especie de invocación u oración silenciosa, y se supone que da buena suerte. En sus santuarios y templos se le representa con el cuervo y el gato.

Por razones obvias, en muchas zonas del Viejo Mundo los sacerdotes de Ranald no llevan símbolos sagrados ni ropajes distintivos. Algunos seguidores pueden dárselas de inteligentes y llevar algún diseño en “X” recurrente en toda su ropa, siempre estarán escondidas en otro diseño, siendo difíciles de descubrir.

Un colgante de metal con un diseño adornado en “X" es un típico amuleto de buena suerte en el Viejo Mundo. Lo lleva tanta gente que es una clara muestra de la popularidad de Ranald como deidad folclórica. Sin embargo, son tan frecuentes que no levantan sospechas, salvo en lugares en los que la represión del culto a Ranald ha alcanzado las proporciones de una caza de brujas. En cualquier caso, casi nunca se muestran abiertamente estos colgantes; la creencia general es que el efecto del amuleto se amortigua si se exhibe públicamente.

Area de cultoEditar

Ranald es adorado en todo el Viejo Mundo, y por lo general en los pueblos y grandes ciudades. Sus adoradores suelen ser esforzados mercaderes, bribones, tahúres y las clases bajas.

CultoEditar

Ladrón de Eric Lofgren.jpg
El culto de Ranald ve al resto del mundo como un devenir continuo de la suerte, de la buena a la mala y vuelta a empezar. Dado que no existe un clérigo “típico” de Ranald, poco puede describirse el funcionamiento de su culto. La mayoría confían únicamente en su propio ingenio y capacidades, cogiendo lo que pueden y rezando a Ranald para que los mantenga a salvo de cualquier peligro. Los miembros del culto se ríen de las restricciones y limitaciones que se les imponen, y a menudo quebrantan la ley y entran en zonas prohibidas por el mero placer de hacerlo, para luego volver a desvanecerse en las sombras o entre las abigarradas masas antes de ser atrapados.

Tanto los demás cultos como las clases gobernantes recelan del culto de Ranald, aun cuando todas ellas lo defienden de boquilla. Los cultos muestran poco respeto por sus sacerdotes, aunque esto suele venir bien a los seguidores de Ranald, pues les importa bien poco el aire pomposo que gastan la mayoría de estas organizaciones. De hecho, uno de los preceptos del culto es proyectar la luz de la hipocresía sobre aquellos con un ego desmesurado o un cargo sobrevalorado. Debido a esto, los sacerdotes de Ranald permanecen siempre ocultos, llevando a cabo su obra en callejones, puntos de encuentro clandestinos y demás antros de mala muerte.

Aunque el culto se ha ganado una merecida reputación de acoger a jugadores, ladrones y estafadores, muchos de sus sacerdotes son también simples hedonistas que viven la vida a] máximo. Los que participan en asuntos ilegales siempre ceden al culto una generosa porción de sus ganancias, o en algunos casos, a los más necesitados. El culto aborrece la violencia y considera un fracaso tener que recurrir a ella. Sus mejores “crímenes” son los que pasan desapercibidos incluso meses después de haberlos cometido. Los partidarios de la violencia y la crueldad hallan mejor patrón en Khaine o en otros dioses más siniestros que en el espíritu libre que es Ranald.

Charlatán by piemasterxl-d5r1k38.png

Charlatán

La personalidad de los seguidores de Ranald suele reflejar los cuatro aspectos del dios. Los que veneran al Acechador Nocturno son ladrones y rateros que cometen delitos no tanto por el botín como por la emoción del golpe perfecto. Los adoradores de Ranald el Embustero son expertos estafadores que se mueven cómodamente por todos los estratos sociales, sin echar raíces en ningún sitio, siempre al acecho de nuevas víctimas a las que desplumar mediante su astucia y sus zalameras mentiras. Los fieles de Ranald el jugador son consumados tahúres y personas a las que les encanta el riesgo, y pasan sus días jugando a juegos de azar y urdiendo planes para ganar más dinero que seguir derrochando en su pasión. Para ellos el dinero no es el fin, sino un medio para la felicidad. Por último, están los feligreses que creen en Ranald el Protector y asumen el papel de guardián de aquellos que no pueden defenderse por sí solos. Son infames por robar a los pudientes para ayudar a los pobres, por exponer la hipocresía y los excesos de los poderosos, y por defender los derechos de la plebe ante la extorsión, las persecuciones irracionales y la explotación. La mayoría de los cultos ven a los miembros de esta “secta” como los peores de todos, ya que suelen intentar romper el statu quo en el nombre de la libertad y la justicia, sin tener en cuenta el precio que paga por ello el resto de la sociedad.

Sin embargo, por su propia naturaleza, los miembros del culto de Ranald son sumamente individualistas, y puede resultar difícil describir como se convierte alguien en uno de ellos. La mayoría son expertos del disfraz y el engaño, y ocultan su verdadera identidad al resto del mundo. El culto de Ranald es perseguido implacablemente en otras regiones del Viejo Mundo. Concretamente, Bretonia es infame por los severos castigos que se imponen a los ranaldianos por el mero hecho de viajar por sus tierras.

CreenciasEditar

Los miembros del culto de Ranald creen en la individualidad, la libertad ante la opresión y el flujo constante de la suerte y la fortuna. Se adhieren a la creencia de que, si bien Ranald suele conceder su bendición a quienes apelan a él, es más propenso a ayudar a quienes se valen por sí mismos. Sus seguidores tratan de alcanzar un equilibrio entre el pragmatismo y una actitud irreverente, pues son conscientes de que lo que tienen un día podrían perderlo al siguiente (y viceversa). Los más altruistas se esfuerzan por mejorar las vidas de los demás, para lo que suelen emplear las riquezas y el poder de otros individuos más adinerados.

Aunque el robo, la estafa, las mentiras y los fraudes son aceptables a ojos de Ranald, toda violencia (especialmente el asesinato) debe evitarse a toda costa. Si un vulgar rufián degüella a un rico mercader para robarle su bolsa de monedas al tiempo que invoca el nombre de Ranald, es muy probable que pierda su favor.

Los fieles aceptan el hecho de que Ranald sea conocido por muchos nombres y títulos, así como que puede aparecer bajo cualquier forma.

IniciaciónEditar

Adepto de Ranald.jpg
Por extraordinario que parezca, el culto apenas impone restricciones; pero convertirse en sacerdote de Ranald es mucho más difícil de lo que cabría esperar. A menudo, los candidatos ni siquiera desean formar parte de su clero, pero son abordados por otros sacerdotes tras ser observados desde una distancia prudencial y durante varios meses. Aquellos individuos que demuestran un gran celo e interés por la iniciación suelen tratarse con recelo, ya que en varias ocasiones se han infiltrado en el culto otros clérigos y agentes de la ley con la intención de acabar con él desde dentro.

Cuando un sacerdote encuentra a un posible iniciado, se presentará ante él bajo una identidad que no tenga nada que ver con el culto. El sacerdote le ofrece su tutela y su amistad, pidiéndole a cambio “algo de ayuda en unos asuntillos sin importancia” con los que pondrá a prueba las habilidades y la valía del candidato a la hora de mentir, robar, encandilar y moverse sigilosamente. Si el candidato no pierde la calma bajo presión y muestra la actitud y destreza apropiadas, le revelará sus verdaderas intenciones. Si está interesado, comienza su instrucción formal. Si no lo está, el sacerdote se escabulle discretamente para no regresar jamás, aunque informará del “fracaso” a los demás sacerdotes del lugar para no repetir el intento.

La iniciación final al sacerdocio suele consistir en un robo temerario, una gran estafa o cualquier otra actividad delictiva que requiera de gran valor. A menudo se entrena y prepara al iniciado para un tipo concreto de misión, para luego enviarlo a otra completamente distinta: su éxito dependerá de lo bien que se adapte al cambio de planes. Si el iniciado se desenvuelve con éxito en la nueva misión sin ser aprehendido (ni morir) en el proceso, es ascendido a sacerdote y se celebra una suntuosa fiesta.

Miembros del CultoEditar

Los miembros del culto de Ranald se hallan en todos los estratos sociales, desde los nobles más poderosos a los más abyectos indeseables. Sin embargo, la mayoría logran llegar a una clase social más elevada de aquella en la que nacieron, mediante una combinación de fuerza de voluntad, talento y, por supuesto, suerte.

Los seguidores de Ranald casi siempre llevan puesto un collar del que pende una X o una mano con los dedos cruzados. El símbolo de la X es el más habitual, y de hecho es tremendamente popular: lo lucen innumerables ciudadanos. Estos collares son tan comunes que casi nunca levantan sospechas, aunque todos procuran ocultarlos cuando se acerca un cazador de brujas o un sacerdote de otro culto. La creencia general es que los símbolos de Ranald pierden su eficacia si se exhiben abiertamente. Los fieles más audaces (o estúpidos) llegan incluso a tatuarse estos símbolos en el cuerpo, aunque la mayoría lo hacen de forma que sólo los iniciados y los más avispados puedan interpretarlos como lo que son en realidad.

EstructuraEditar

De todos los cultos reconocidos en el Viejo Mundo, el de Ranald es el más descentralizado y el menos organizado. Está compuesto casi en su totalidad por individuos que le veneran a cambio de favores, en vez de por una congregación unida de fieles. Debido a esto, es difícil encontrar nada parecido a un credo único para los miembros del culto (aparte de “haz lo que quieras”, con el añadido tácito de “y que no te cojan con las manos en la masa”). El culto carece de estructura y la mayoría de los sacerdotes operan independientemente, respondiendo a su propia vocación. Huelga decir que esto dificulta su presencia en el Gran Cónclave, cosa que exaspera a los demás cultos, cada vez más irritados por el constante cambio de sumos sacerdotes y motivaciones del clero ranaldiano.

Cuando los seguidores de Ranald se reúnen, suelen hacerlo en pequeñas células de diez individuos o menos, y siempre mantienen en secreto sus asuntos. Estos grupos no duran mucho tiempo y se valen por sí solos, del mismo modo que un grupo tradicional de criminales expertos podría colaborar en un único delito para luego dispersarse a los cuatro vientos, llevando consigo sus riquezas y sus ganancias (claro que la mayoría de los miembros de este culto son, de hecho, criminales expertos).

Guarida de los Ladrones SamManley web.jpg
Otras células poseen una actitud claramente anárquica y pasan el tiempo urdiendo planes para derrocar a diversas organizaciones. Envían alborotadores para que despotriquen entre el populacho, saborean infraestructuras y descubren evidencias incriminatorias para chantajear y difamar a gobernantes tiránicos. Estas células establecen relaciones con otras células mediante conexiones cuidadosamente protegidas. Lo normal es que un miembro de una de las células conozca a un único miembro de otra, pero a nadie más, para así evitar posibles filtraciones y discusiones que disuelvan todo el grupo.

Pero, con todo, los sacerdotes de Ranald son en su mayoría solitarios por naturaleza, y las noticias de sus actos y hazañas se transmiten verbalmente mediante fábulas, canciones populares y chistes verdes. Por lo general los sacerdotes de Ranald se limitan a actuar en zonas concretas, pero vagan por sus territorios con una facilidad extraordinaria, ya sean los barrios más bajos o los suntuosos hogares de los acaudalados.

Aunque el culto tiene pocos templos y aún menos clérigos formales, los seguidores de Ranald hacen acto de presencia en el Cónclave, y a menudo aprovechan para recordar a los demás cultos que existen y que su voto es igualmente válido. Los representantes que comparecen en estos eventos son apasionados, elocuentes y hacen lo posible por aliviar las preocupaciones de los demás cultos, al tiempo que justifican los peores rumores y acusaciones como poco más que intolerancia y malentendidos.

Amigos y enemigosEditar

Hay dos grupos básicos de enemigos: las autoridades, que proscriben con frecuencia el culto de Ranald, y los Bribones violentos, como Asaltantes y Cortagargantas, que dan mala fama a los Bribones en general y tienden a atraer una desagradable “temperatura” en las zonas donde operan. Entre los amigos hay todo tipo de Bribones no violentos, incluyendo Artistas de cualquier clase.

FaccionesEditar

La mayoría de los seguidores de Ranald tienen sus propias creencias personales, por lo que no existen facciones ni órdenes principales que le rindan culto. Cuando dos o más fieles se unen suele ser por un motivo específico, y cuando lo han cumplido sus caminos se separan. La camaradería que transpiran quienes siguen los aspectos principales de Ranald es superior a la que profesan hacia quienes prefieren a otros dioses.

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La primera, y con diferencia la mayor, está compuesta por mercaderes, regateadores y aquellos que se ganan la vida tratando con dinero. Conocida sencillamente como la Hermandad, esta facción es similar a un gremio de hombres de negocios, que se reúnen para resolver sus diferencias, buscar oportunidades mutuas y planear cómo incrementar sus fortunas. La mayoría son honrados mercaderes que imploran a Ranald prosperidad en sus negocios y un comercio abundante, aunque también existe una orden menor más avariciosa. La Hermandad imparte una doctrina de cooperación y competitividad: ayudan a sus hermanos cuando lo necesitan, pero sólo los mejores alcanzan lo más alto.

La segunda facción se conoce informalmente con el nombre de los Limosneros. Está formada por individuos altruistas, amantes de la libertad y con un fuerte sentido de la justicia. Pasan el tiempo privando a los ricos de su dinero para dárselo a los necesitados. Aunque los burgueses adinerados y las clases nobles los consideran poco más que bandidos, son muy queridos por la plebe. Estos ranaldianos suelen vivir vidas muy cortas, ya que las necesidades y penurias de los oprimidos pesan cada vez más en sus corazones, impulsándoles a cometer delitos cada vez más temerarios que a menudo les acarrean penas de prisión o incluso de muerte. La mayoría de los miembros de esta facción desean derrocar a la nobleza y sustituirla por colectivos populares que se traten mutuamente con igualdad. El grueso de los Limosneros sabe que esta meta no es más que un sueño, pero ello no impide que unos pocos individuos con exceso de celo se propongan firmemente destruir las instituciones sobre las que se sustenta el Imperio.

La última, y curiosamente la menos habitual, es una de auténticos ladrones, carteristas y estafadores que ven a Ranald exclusivamente como el Dios de los Ladrones y los Mentirosos. Se hacen llamar los Dedos Torcidos, y se concentran en tomar lo que quieran y cuando lo quieran. Su código de honor es similar al de otros ladrones: todo el mundo saca tajada de un golpe, jamás delates a tus compinches y, en definitiva, que cada uno mire por sí mismo.

Ordenes MenoresEditar

Dado que el culto carece de estructura real, no posee ninguna orden menor destacable. Los grupos que se reúnen durante breves periodos de tiempo casi nunca permanecen juntos para formar una orden cohesiva, aunque a lo largo de su historia ha habido “bandas” que han cometido osados robos particularmente impresionantes, casi suicidas.

Sectas extremistas RanaldianasEditar

Las sectas siguientes representan dos grupos extremistas pertenecientes al culto de esta deidad.

Los Favorecidos por la FortunaEditar

Los Favorecidos por la Fortuna creen que Ranald castiga con penurias económicas a quien viola sus preceptos. También opinan que todo infortunio económico es señal de que el individuo que lo padece es culpable de algo a ojos de Ranald. La única forma de complacer a la deidad consiste en encomendarse completamente a su merced. Una vez finalizada la penitencia, creen que Ranald cambia la suerte del infortunado.

Estos fanáticos se someten a la piedad de Ranald confiando en la suerte para todo. No buscan comida ni ropa; se limitan a recoger lo que encuentran en su camino. No les preocupa el hecho de que pueda pertenecer a alguien, ni tampoco se molestan en tomar precauciones para que no les pillen. Eso es decisión de Ranald y de la suerte. Los Favorecidos por la Fortuna están formados por una gran variedad de flagelantes, aunque las mortificaciones suelen administrárselas los agentes de la ley.

Los Favorecidos por la Fortuna no tienen una esperanza de vida demasiado larga, pues se supone que no deben tomar medida alguna para evitar el peligro o proteger sus vidas. Los que abandonan las ciudades no tardan en morir en las tierras salvajes, pero los que se quedan suelen tener problemas con la ley. Muchos Favorecidos por la Fortuna tergiversan ligeramente las normas, permaneciendo en zonas donde tienen más probabilidades de “tener suerte”, o manteniéndose cerca de adoradores de Ranald que podrían hacer la vista gorda. Los verdaderos fanáticos creen que esto desvirtúa el propósito de la penitencia, pero como son los que suelen morir antes su opinión no ejerce demasiada influencia.

Los seguidores ortodoxos de Ranald suelen pensar que los Favorecidos por la Fortuna están un poco locos, pero que no son peligrosos; incluso puede que les ayuden de vez en cuando en un acto de piedad. A cambio, los flagelantes les explican sus creencias, cosa que ayuda a perpetuar la existencia de la secta. Aunque los Favorecidos carecen de organización central, la sencillez de sus creencias fundamentales facilita su identificación allí donde se venere a Ranald.

Los HumildesEditar

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Todos los seguidores de Ranald creen que los ricos y orgullosos merecen una cura de humildad. Los Humildes opinan que esta cura debería ser a fuego, y que luego habría que echarlos a un montón de estiércol de granja.

Los Humildes suelen actuar en grupos pequeños de entre tres y seis miembros. Eligen a una figura destacada y adinerada del pueblo y conspiran para destruir su vida. Como seguidores de Ranald que son, jamás emplean la violencia directa; prefieren recurrir al robo, la calumnia, la estafa y las encerronas. En algunos casos, el objetivo acaba siendo ejecutado por crímenes que no ha cometido, pero el hacha de la justicia que siega su vida jamás es empuñada por un Humilde.

Normalmente no suelen conformarse con destruir la propiedad de sus víctimas, pues siempre les quedan amigos y contactos. Lo primero que hacen los Humildes es tratar de arruinar su reputación, fingiendo relaciones con prostitutas, tahúres y sectarios del Caos, o dando el cambiazo a cargamentos de mercancías para hacer ver que el sujeto intenta engañar a sus socios. A menudo se disfrazan como su objetivo para dejarse ver mientras se implican en negocios turbios. Los Humildes están dispuestos a adoptar la apariencia de casi cualquiera con tal de arruinar a su víctima.

El culto de Ranald no está lo bastante organizado como para condenarlos oficialmente, pero la mayoría de sus seguidores ven a los Humildes como fanáticos obsesivos que extraen demasiado placer de la miseria de los demás. Todo grupo que sobrepasase los límites delimitados por los preceptos de Ranald sería eliminado en el acto por los demás miembros del culto, pero la mayoría de los Humildes ponen mucho cuidado en respetar sus mandamientos. Después de todo, se ven a sí mismos como seguidores ortodoxos del Dios Embaucador.

TemplosEditar

A diferencia de los demás cultos oficiales del Imperio, el de Ranald carece de organización formal en este sentido y no tiene templos consagrados a su divinidad; al menos, no para el ojo inexperto. Los miembros del culto casi nunca erigen edificios en su nombre, sino que ocultan sus símbolos, altares y santuarios en lugares al descubierto.

Santuario de Ranald.jpg
En cierto modo, toda sala de juegos se considera santuario de Ranald, pero siempre de forma sutil y clandestina Irónicamente, cuanto mayor es una casa de juegos, pista de carreras o foso de gladiadores, más difícil resulta hallar estos símbolos: a Ranald no le gusta darse a conocer. Es práctica habitual que los jugadores que ganen premios cuantiosos dejen una pequeña parte de sus ganancias en alguno de estos altares parcialmente ocultos. Por lo demás, los únicos lugares “permanentes” de adoración a Ranald son pequeñas capillas construidas en los barrios bajos y chaboleros de las grandes ciudades, o bien en algún que otro cruce en pleno campo. Los santuarios de Ranald nunca son muy elaborados y, por lo general son sencillos bancos cubiertos, decorados con una X. Estos santuarios son pequeños y se construyen de forma que puedan ser apartados y escondidos fácil y rápidamente, para poder mantenerlos ocultos en caso de que las autoridades se acerquen demasiado. A menudo, cuando se descubre un santuario, los lugareños lo desmantelan con fingido disgusto, para luego volver ha reconstruido cuando no haya moros en la costa.

Hay pequeños santuarios de Ranald el Acechador Nocturno en varios Gremios de Ladrones, y santuarios públicos de Ranald el Protector, en las zonas inferiores de muchas ciudades, mantenidos por la población en general o por pequeños e informales (clubes de santuario), que operan como organizaciones religiosas y sociales. Normalmente no habrá más de un santuario por barrio, generalmente situado en alguna callejuela trasera u otro lugar apartado. Los Ilusionistas suelen tener santuarios de Ranald el Mentiroso en sus hogares, y hay pequeños santuarios dedicados a Ranald el Jugador en muchas casas de Juego.

PreceptosEditar

Los devotos de Ranald obeden los siguientes preceptos, aunque si se infringen solo parece haber consecuencias para iniciados y sacerdotes.

  • Una de cada diez monedas pertenece a Ranald (Los devotos deben pagar un diezmo (el 10%) de todos sus ingresos por el robo y el juego a los santuarios de Ranald)
  • Ranald desaprueba la violencia innecesaria, excepto como último recurso en defensa propia. Ranald es contrario al asalto y al asesinato; son el tipo de crímenes que dan mala fama a los ladrones.
  • Gánate la vida con tu ingenio, no con tu espada.
  • Informar a las autoridades está estrictamente prohibido: es el peor de los pecados a los ojos de Ranald.
  • Un verdadero devoto de Ranald usa la daga y el estilete; sólo los aficionados y los pazguatos necesitan armaduras y espadas largas.
  • Es mejor vivir libre y morir que sufrir opresión.
  • No hay honor entre ladrones, pero has de confiar en tus hermanos y hermanas.

FuentesEditar

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