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Recaudador de Impuestos por Pat Loboyko
"¿Ha perdido el recibo de impuestos de este año? Qué desgracia, maestro zapatero. ¡Registrar la casa, muchachos! ¡Quiero que encontréis cada centavo! Es hora de pagar, amigo "."
Recaudador de impuestos anónimo

Todas las ciudades requieren de tasas e impuestos para funcionar. El constante flujo de moneda asegura trabajo publico y los sirvientes reciben el financiamiento que precisan, así como forrar los bolsillos de los políticos. Pero no importa que buena sea la causa o que noble el acto, nadie quiere pagar impuestos. Siendo así esta realidad, la mayoría de los legisladores se desvinculan de la recogida de impuestos relegando esta función a recaudadores de impuestos bien entrenados para este desempeño.

De todas las personas en la ciudad, el recaudador de impuestos es probablemente el menos popular, junto a los tintoreros, los mendigos y el resto de gentuza similar. No importa lo benévolo que pueda ser el gobierno, o las grandes obras públicas que lleve a cabo -el hecho es que a nadie le gusta pagar impuestos, y los Recaudadores se llevan la mayor parte de este resentimiento. No obstante, son una rama muy necesaria del servicio civil, y ningún gobierno podría sobrevivir mucho tiempo sin ellos.

Con todo, los Recaudadores tienden a sentirse insatisfechos con su trabajo, al encontrarse diariamente ante gestos hostiles, pero los recaudadores saben que su labor es necesaria. Pese a esto, raramente son bien pagados por su ingrato trabajo. Como resultado, pocos de ellos disfrutan con su trabajo y tratan constantemente de mejorar su posición, esto significa inevitablemente que algunos acaban corrompiéndose, tanto rascando cuanto pueden de los cofres, mientras que otros llegan al extremo opuesto, trabajando muy duro haciendo muchas horas extras con la vana esperanza de asegurarse una mejor posición en el gobierno.

Un día en su vida Editar

Recaudador

A nadie le gusta un recaudador de impuestos. Incluso los ciudadanos respetuosos con la ley con mucho dinero rara vez dan la bienvenida al recaudador mientras hace su ronda. Su día comienza con una severa llamamiento de su jefe de equipo para que no pase desapercibida ninguna moneda, que no se evada ningún deber, y que cumpla su cuota de ingresos o sea enviado al hospicio. El cobrador tiene entonces una opción: cumplir detenida y escrupulosamente la ley, tomando solo lo que le corresponde a las personas que realmente deben; o desplumar a los extranjeros, los impotentes y los que apenas tienen de suficiente dinero para pagar su cuota. En la historia del Imperio, es indudable que algún recaudador en impuestos ha tomado la primera opción, nadie puede recordar exactamente cuándo, pero seguramente ha sucedido.

Los cobradores más afortunados y mejor conectados se asignan a las puertas de una comunidad. Con un flujo constante de tráfico y comerciantes, es bastante fácil cumplir con las cuotas. Además, si las cosas se ponen feas, la guardia de la ciudad está allí para salvarle el cuello. El recaudador que debe ir entre la población lo tiene mucho más difícil. Para él, este es un asunto difícil: sacudir a los extraños, peinar los mercados para los comerciantes que no puedan presentar un recibo de impuestos actual y golpear las puertas en los peores barrios de la ciudad para localizar a los evasores de impuestos. A menos que quiera desafiar las calles solo, debe contratar matones o vigilantes fuera de servicio. Dado que los legisladores y los políticos son generalmente reacios a sancionar abiertamente a tales escuadrones de matones, a menudo tienen que ser pagados con monedas procedentes de la recaudación.

Organizaciones Editar

FuentesEditar

  • Warhammer Fantasy JdR: Career Compendium (2ª Ed. Rol).