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Reino de Slaanesh

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Slaanesh Palacio.jpg
El último dominio del Reino del Caos pertenece a Slaanesh, el decadente Príncipe Oscuro del Caos. El reino de Slaanesh es la pequeña esquina de las regiones infernales, pues es el más joven de los Dioses del Caos, y su poder aún está muy eclipsado por sus hermanos. No es coincidencia que un pequeño abismo separe el dominio de Slaanesh del resto del Reino del Caos, pues el poder del Príncipe Oscuro no es sino una fracción que el de los otros Dioses del Caos, y siempre busca cualquier ventaja que pueda obtener, incluida una posición defensiva.

Los Círculos de la Seducción.Editar

El reino del Príncipe Oscuro está dividido en seis dominios distintos, organizados en círculos concéntricos alrededor del Palacio del placer de Slaanesh. Su reino generalmente es considerado como un paraíso por las almas mortales atraídas hacia allí, pero nada es lo que parece. Cada una de estas regiones está formada a partir de una de las seis seducciones letales de Slaanesh: Avidez, Glotonería, Deseo, Poder, Vanagloria e Indolencia.

Estos círculos no son solo una constante celebración de las necesidades y deseos de Slaanesh, sino también su principal defensa. Un intruso debe pasar por cada uno de estos círculos, uno tras otro, para llegar al centro del dominio de Slaanesh, una acción que pocas almas, mortales o demoníacas, pueden llevar a cabo. Cuando alguien se mueve de círculo en círculo, el deseo de sucumbir se hace cada vez más irrefrenable. Cuando los mortales han saboreado los placeres del reino de Slaanesh, no pueden detenerse, empujados a cometer excesos, no piensan en las consecuencias, solo en el placer que les proporciona satisfacerlos. Algunos descubren demasiado tarde la trampa en la que han caído, pero eso no importa le a Slaanesh, que considera los gemidos de éxtasis y los gritos de terror igualmente satisfactorios si son emitidos de corazón.

Reino de Slaanesh.jpg

El círculo de la Avidez forma los límites exteriores del dominio. Las tentaciones en su interior buscan despertar la avaricia del intruso. Hay mucho oro, incontables lingotes y monedas. Gemas preciosas encastadas en todas las paredes, y esculturas doradas a lo largo de cada camino. Todo aquel que intenta coger estas riquezas está condenado. Las gemas dan a luz criaturas demoníacas que se meten bajo la piel y devoran a la víctima desde el interior, llevando para siempre la forma robada como trofeo. Poner un dedo sobre las estatuas de Slaanesh es unirse a ellas, inmortal, pero atrapado en su dorada forma para toda la eternidad.

Si no se sucumbe a la avaricia, el siguiente círculo es la Glotonería, con suntuosos banquetes y ríos de vino. Un simple sorbo reduce a la víctima a un loco hinchado que únicamente desea atiborrarse hasta que su cuerpo explota por la presión. Más allá del círculo de la Glotonería se encuentra el del Deseo, un depravado lugar en la que pueden cumplirse todos los placeres carnales. Esbeltas doncellas caminan por los verdes campos con caras y cuerpos aparentemente sacados de los más profundos deseos del intruso. Pero catar a estas criaturas es un desatino, pues bajo todo este glamour poseen garras en las manos y dientes de serpiente, y un apetito por los placeres de la carne de otro tipo.

Reino del Príncipe Oscuro .jpg
Al entrar en el siguiente círculo, el viajero es recibido por el clamor de una multitud aduladora, pues se trata del círculo del Poder, donde los intrusos son tentados con todo tipo de poder y sus aplicaciones. Ejércitos tan numerosos que cubren todo lo que abarca la vista reciben a los que favorecen el poder marcial, mientras que los que prefieren la política son recibidos por naciones para guiar y habitantes que gobernar. Un viajero que realmente desee el poder personal este es un paraíso, un lugar en que hasta su más nimio deseo es atendido y todas sus órdenes rápidamente obedecidas. Pero demorarse en este círculo representa quedar dominado por la paranoia, ver una daga bajo cada sonrisa y veneno en cada cáliz, y el entusiasta pueblo se convierte en una tortuosa e ineludible prisión.

El círculo de la Vanagloria es un jardín, un laberinto de caminos cubiertos de bellas flores cubiertas de pinchos. Aquí, voces invisibles susurran pasadas glorias, logros grandes y pequeños. Lo más letal es el recordatorio de los círculos superados y de las tentaciones controladas. Cada paso que realiza el intruso con orgullo en su corazón le adentra más en el camino, arrastrándole más y más profundamente en la espesa maleza, donde rápidamente sucumbirá a las desgarradoras ramas y raíces, mientras las voces infantiles del jardín comentan cada uno de sus fracasos como epitafio burlón.

Por último, el más peligroso de todos los círculos, el de la Indolencia, un sereno dominio de coros celestiales y mares perfumados. Todo en este círculo, desde una rama o raíz a una piedra, colabora a serenar la mente y los sentidos. Un mero sorbo de la ambrosía de sus aguas roba a cualquiera su voluntad. Dormirse aquí significa no volver a despertar jamás. Las solitarias arenas que se pisan son en realidad los cuerpos desecados de todos los que han sucumbido, y las voces etéreas son sus atormentadas almas. Si este último e insidioso círculo es atravesado, el viajero llegará finalmente al centro del poder de Slaanesh.

Slaanesh no posee una fortaleza como tal, simplemente un lujoso palacio en el que sus seguidores demoníacos festejan con su amo. Este resplandeciente alcázar persigue los sueños y pesadillas de los mortales como ningún otro lugar. Se dice que se celebran concursos de todo tipo de excesos y que sus muros carnosos vibran con el ritmo interior. Estas desenfrenadas competiciones tienen lugar en seis grandes salas, cada una de las cuales está dedicada a una de las seis letales seducciones de Slaanesh. Es tan profunda la depravación que se vive en ellas, que al practicarlas, los más depravados pecadores mortales pasan del placer a una tortura tan terrible, que únicamente los más devotos de Slaanesh pueden sentir regocijarse por ello.

El Principe del Caos.Editar

Slaanesh es el señor de las pasiones crueles, los vicios ocultos y las tentaciones terribles. De todos los Dioses Oscuros, Slaanesh, es el único divinamente glamuroso; de extremidades largas y elegantes, con una hechizadora belleza andrógina. Es imposible que un mortal mire su divina cara sin perder su alma, pues todo el que mira a Slaanesh se convierte en esclavo de sus más nimios deseos. Slaanesh puede adoptar forma masculina, femenina o hermafrodita a voluntad, aunque generalmente se manifiesta como un hombre joven, con piel tersa y el vigor de la juventud. Slaanesh es seductor como solo puede serlo un inmortal, desarmante en su inocencia y totalmente engañoso en sus gestos. Conocido generalmente como el Señor del placer, Slaanesh se dedica a buscar los excesos, despreciando cualquier posible comportamiento moderado.

Los sensuales placeres del arte, la música y la compañía le fascinan, por lo que se siente atraído por los mortales que poseen gran encanto y belleza física. Al contrario que los otros Dioses del Caos, Slaanesh acude personalmente en busca de los amaneramientos de los mortales, tratando de atrapar sus almas en su red de excesos. Es por ello que en su palacio no hay solo demonios y almas condenadas, sino también mortales a los que quiere tentar. El Príncipe Oscuro es un maestro manipulador de sueños para atraer la mente corruptible de los mortales a su reino. De hecho, muchos recurren a Slaanesh en busca de ayuda, y el Príncipe Oscuro se regocija tanto por su adoración como por su debilidad. Donde Tzeentch ve un mundo lleno de oportunidades, Slaanesh ve un potencial cuarto de juegos.

La Ciudad Inevitable.Editar

Ciudad Inevitable.jpg
La ciudad estaba construida con siniestra locura. Se extendía por toda la tierra para llenarme de miedo, pues el camino que seguía me llevaba a sus puertas. Las piedras de la ciudad se habían extraído de la noche y todos sus detalles y motivos celebraban las debilidades. La eternidad había actuado de arquitecto, ingeniero y capataz de los albañiles de la ciudad, y había guiado todos sus niveles y plomadas.

Giré mis pasos hacia el lejano horizonte, y la ciudad seguía ante mí. Me giré otra vez, y otra, y aún otra más. Con cada nuevo rumbo me acercaba más a las puertas de la ciudad, y sus torres y murallas parecían más altas. La puerta se encontraba al final de cualquier carretera, y la desesperación se instaló en mi corazón.

Al detenerme para buscar una nueva huida, vi que no estaba solo en el inevitable y horripilante camino. Entre mi posición y la ciudad había un hombre, su cabeza estaba ladeada y sus ojos miraban al suelo, perdido en alguna profunda meditación. Mientras miraba, se giró hacia la ciudad. Sus pasos eran firmes, pero no se acercó a la puerta. Le observé mientras pasaba junto a mí y se alejaba de las puertas hasta desaparecer en la lejana niebla. Así pues, era posible evitar la ciudad y su sombría oscuridad, por lo que decidí avanzar, contra toda lógica, hacia la ciudad. Y cuando lo hice, la ciudad no se encontró más próxima, y pronto se perdió de vista.

Liber Maleficus.

FuentesEditar

  • Libro de Ejército "Demonios del Caos" 8ª Edición.
  • Libro de Ejército "Demonios del Caos" 7ª Edición.

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