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Reino de Tzeentch

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Castillo Imposible.jpg
Casi tan grande como el dominio de Khorne es el Laberinto de Cristal de Tzeentch, una inmensa e iridiscente meseta cuyo chillón brillo es un fuerte contraste con las rojizas tierras yermas del Dios de la Sangre. Aunque el Laberinto de Cristal no es tan grande como el reino de Khorne, no por eso domina menos el Reino del Caos, aunque lo haga a su manera. Infinitos caminos relucientes surgen del centro del laberinto, filamentos fractales que penetran en los dominios de los otros dioses, manteniendo así unido el Reino del Caos. Es Tzeentch quien mantiene el Reino del Caos fuera del reino material, y es el brillante dominio del Gran Hechicero el que le permite hacerlo. Si el Laberinto de Cristal fuera destruido, el Reino del Caos perdería su cohesión poco después.

Ningún demonio vigila el Laberinto de Cristal, pero pasar por sus caminos y cavernas sigue siendo arriesgado. Solo aquellos de recia voluntad pueden pasar por sus corredores, pues los muros del laberinto reflejan no solo la luz, sino también esperanzas, desesperanzas, sueños y terror. Y por si esto no fuera suficiente reto, no existe un camino fijo a través del laberinto, sino que constantemente hay trampas y obstáculos que cambian de lugar siguiendo la mente inconsciente de Tzeentch. Los que se pierden en el laberinto no sufren ningún daño físico, pero son incapaces de escapar de sus caminos de infinitas posibilidades con la salud mental intacta. A cada paso el aire está saturado de sueños rotos, y por doquier la luz ilumina con fragmentos de personalidades destrozadas.

La Fortaleza Imposible.Editar

El Reino de Tzeentch.jpg
En el centro del laberinto, a salvo de todos excepto aquellos cuya locura les ha dado una visión de su naturaleza, se encuentra la Fortaleza Imposible de Tzeentch. Como sucede con todos los diseños de Tzeentch, el aspecto exacto de la Fortaleza Imposible varía según la naturaleza de las aspiraciones de quien la observa. Algunos la perciben como construida del mismo cristal que el laberinto, mientras otros ven muros de llamas azules o nudosos muros cian. No importa el material, la estructura física de la fortaleza está en constante flujo. Agujas y torres tiemblan y surgen constantemente del núcleo de la fortaleza, para acabar cayendo y siendo reabsorbidas. Puertas, ventanas y otros portales aparecen en las paredes del edificio para desaparecer en su interior segundos después. No existe ninguna secuencia distinguible en este comportamiento, pues su forma cambiante está ligada al estado de las maquinaciones de Tzeentch y es imposible predecir tal complejidad.

Las entrañas de la fortaleza no son menos extrañas que su exterior. Los diversos corredores y salas obedecen distintas leyes físicas o pueden existir en diferentes dimensiones físicas. Lo que la gravedad dice que debe ser "arriba" en una sala puede ser "abajo" en otra, o puede ser un estado totalmente intermedio, como la tristeza o el pasado. Si un mortal llegara a la fortaleza no pasaría mucho tiempo antes de que se volviera completamente loco, pero ¿qué puede esperarse de un lugar en que un hombre puede andar hacia atrás en el tiempo simplemente atravesando una sala? Los que sucumben a la naturaleza del palacio de Tzeentch se sumen completamente en una implosión de conciencia y forma. Tales criaturas renacen como familiares de los hechiceros y son otorgados como regalo a los paladines de Tzeentch en el mundo mortal.

Ni tan solo los demonios pueden soportar fácilmente los deformes horrores de la Fortaleza Imposible. Únicamente los Señores de la Transformación pueden pasar sin peligro por sus corredores. Por tanto, no importa lo abstraído que esté Tzeentch por el Gran Juego, jamás será asaltado en su fortaleza. Los otros dioses han perdido incontables servidores simplemente tratando de pasar la primera habitación de la perplejidad, y los invasores deben pasar por un centenar o más de estas salas antes de llegar a la Biblioteca Oculta y al propio Dios Tzeentch.

El que Cambia las CosasEditar

Tzeentch es el más extrañamente formado de todos sus hermanos. Su piel tiembla con caras constantemente cambiantes que se mofan y ríen de aquellos que osan mirarle. Cuando Tzeentch habla, estas caras repiten sus palabras, muchas veces con engañosamente sutiles diferencias de significado, a veces proporcionando jocosos comentarios que hacen plantearse dudas sobre el significado de las palabras originales. Estas cambiantes caras están en constante flujo, apareciendo y desapareciendo en una oleada de expresiones que recorren la peculiar forma del dios. La arrugada cara de Tzeentch se forma en la parte superior de su torso, por lo que cabeza y torso son uno solo. Por encima de sus ojos surgen dos cambiantes cuernos, las espirales de los cuales crepitan con fuego arcano.

Tzeentch es El que Cambia las Cosas, el Tejedor de Destinos, el Gran Conspirador, el arquitecto del destino del universo. Se deleita con las maquinaciones y los politiqueos de los demás, y favorece a los astutos por encima de los fuertes, a los manipuladores por encima de los violentos. Ninguno de los planes de Tzeentch es sencillo, y de hecho muchas veces parecen contradictorios para los pocos observadores capaces de detectar la influencia del Señor de la hechicería. A Tzeentch no le molesta ensuciarse las manos con la sangre de la guerra, pero prefiere ganar sus batallas utilizando el engaño y hechizos devastadores antes que recurrir a la fuerza bruta.

Tzeentch percibe todos los sucesos e intenciones, y es a partir de esta información que su incomprensible mente puede determinar cómo cada una de las voluntades pueden servirle para manipular el futuro. Únicamente Tzeentch puede ver el tapiz de potenciales futuros que se teje con el paso del tiempo como hilos multicolores. Los planes de Tzeentch se realizan en el tiempo y el espacio, y pueden requerir siglos. Sus planes son complejos e interrelacionados, y él es el principal arquitecto de las alianzas secretas entre los Dioses Oscuros. Para Tzeentch, conspirar no es el medio para llegar a un fin, sino el propio fin. Junto con su control de las fuerzas mágicas, este maestro y artífice de la sutilidad es casi tan poderoso como Khorne.

Únicamente un ataque directo contra el Laberinto de Cristal apartaría a Tzeentch de su introspección, pues muchos de sus conocimientos están guardados en este arcano entramado. De hecho, algunos de estos conocimientos son tan antiguos, que se dice que Tzeentch es la única creación de toda la creación que los recuerda. En cualquier caso, la Biblioteca Oculta jamás está silenciosa o quieta, aunque si que hay una cierta tranquilidad etérea.

Mientras el Gran Conspirador contempla el infinito, emplumados Señores de la Transformación plasman hechizos y palabras mágicas en todo tipo de ígneos tomos. Por doquier, los Horrores Rosas reesculpen la fortaleza, utilizando su magia para reforzar o redireccionar su estructura, esperando la siguiente fase del gran plan de Tzeentch.

El Enigma del Mundo Mortal.Editar

Fortaleza Flotante Octava.jpg
Ocupado como está trazando sus maquinaciones, el Gran Hechicero no suele realizar ningún movimiento superfluo, pues ya tiene servidores para atender hasta sus más mínimas necesidades. Tzeentch puede pasarse muchos siglos sentado en un mar de cambiante niebla multicolor, escrutando las abisales profundidades del Pozo de la Eternidad y examinando cada destello de su brillante superficie en busca de pistas sobre los eventos que han de suceder. Buena parte de su atención se concentra en el mundo mortal pues, de todos los Dioses del Caos, Tzeentch es el más fascinado por este reino.

A ojos de Tzeentch, las criaturas mortales son inmensurablemente aptas para el engaño y la ambigüedad, y sin embargo pasan la mayor parte de su vida sin darse cuenta de las infinitas contradicciones e imperfecciones de sus almas. Para el Gran Conspirador, este lugar de juegos es irresistiblemente atrayente y desafiante. No es sorprendente que no pueda evitar implicarse en el reino mortal, a veces como parte del Gran juego contra sus hermanos, pero más habitualmente para satisfacer su instintiva necesidad de engañar, manipular y controlar. Es muy posible que el Gran Conspirador se enfrasque totalmente urdiendo conspiraciones que tengan consecuencias únicamente en mundos y sueños que solo él percibe. Esta es la más horripilante verdad de todas, pues si Tzeentch está loco ¡qué es el mundo mortal sino una expresión de su locura!

FuentesEditar

  • Libro de Ejército "Demonios del Caos" 8ª Edición.
  • Libro de Ejército "Demonios del Caos" 7ª Edición.

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