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Reino del Caos

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Reino Caos John Blanche.jpg
En el lejano norte de las tierras del Viejo Mundo, el Nuevo Mundo y Catai se extiende la región conocida como el Reino del Caos. Este es el hogar legendario de los dioses inmortales y, según se dice, de cosas infinitamente peores que los dioses: las innumerables e innombrables monstruosidades que habitan las llanuras eternas. En realidad, resulta mucho más incomprensible de lo que se pueda expresar con palabras. En términos de mero entendimiento humano, con la leyenda basta.

Viaje hacia el Reino del Caos.Editar

Si un cartógrafo describiera un círculo con un compás alrededor del polo norte del globo cuya circunferencia pasara por la orilla norte del Mar de las Garras, dicho circulo serviría para demarcar los límites de los Desiertos del Caos o Tierras del Norte.

Atravesando los Desiertos del Caos en dirección al centro del Reino del Caos, un viajero se encontraría caminando bajo un cielo azotado por las tormentas: una terrible y turbulenta oscuridad abrazadora que retumba con el estruendo de los truenos y el brillo de los relámpagos. En este lugar seria testigo de la rebelión de la naturaleza, ya que, según se dice, allí incluso los elementos se debaten entre los mundos mortal e inmortal. Gigantescos pilares de piedra negra y agrietada se extienden hasta perderse a izquierda y derecha y más allá en el horizonte. Estas piedras señalizadoras rodean la furiosa oscuridad del Caos como si se tratase de los gigantescos colmillos de las fauces de una entidad de dimensiones titánicas e inabarcables.

RealmOfChaos 1024.jpg

Si nuestro viajero imaginario llegara a atravesar estos límites, ya no se vería sacudido por ninguna tormenta ni envuelto en la oscuridad, sino que sería engullido por una región de espacio infinito separada totalmente del mundo mortal. Dado que las palabras no bastan para describir lo que yace sumido en el velo del olvido, la mente de los mortales no es capaz de expresar mejor lo que supone presenciar la urdimbre de la esencia de dicho multiverso atemporal. De esta forma, tenemos que abandonar a nuestro viajero a las puertas del Reino del Caos, donde nos vemos incapaces de penetrar, ni siquiera con el poder de nuestra imaginación.

Lo que sí sabemos con seguridad es que todos aquellos que han traspasado el umbral quedan atormentados y a la vez poseídos por una comprensión del cosmos absoluta a la que el resto de los mortales no tienen acceso. Sin lugar a dudas, los mortales no fueron hechos para caminar impunemente junto a los dioses, por lo que los que se atreven a entrar en este reino nunca vuelven a ser los mismos. El poder del Caos consiste en cambiar el cuerpo y la mente del mismo modo que el poder del fuego es quemar y consumir, por lo que los vientos que soplan procedentes de este reino no son de aire, sino que su esencia es la magia en estado puro, la energía de la transmutación vital y despiadada.

En el Interior del Reino del Caos.Editar

Realm of Chaos 8 por Tony Ackland.jpg
Lejos de la luz de cualquier sol o estrella se encuentra la región infernal conocida como Reino del Caos. No se trata de un reino material, sino un lugar sin fronteras temporales o físicas, un vasto e informe limbo que existe gracias a los sueños de las criaturas mortales. Este es el hogar de los Dioses del Caos.

En el Reino del Caos no existen leyes físicas como en el mundo mortal. En su interior los sueños se hacen realidad, y la realidad se reconstruye como una febril alucinación. Gravedad, forma, espacio y razón están cambiando constantemente según la voluntad de los Dioses del Caos. Pocos mortales son capaces de percibir el Reino del Caos en todo su esplendor, pues la mente mortal se evade de estos paisajes ultraterrenos. Esta es la causa de que no existan dos visiones iguales del Reino del Caos, pues la mente trata de ocultar lo imposible con fragmentos de memoria robados. El Reino del Caos es un lugar de sueños y pesadillas, donde una causa no tiene por qué tener un efecto, y dentro de cuyos límites todo es posible.

Cada Dios Oscuro del Caos tiene su particular esfera de influencia, sus propios sirvientes demoníacos, y sus propios territorios subdimensionales dentro del Reino del Caos. Todo ello se mantiene exclusivamente por la fuerza de voluntad del dios en cuestión. Sin esta voluntad, los reinos y peones de los Dioses del Caos desaparecerían una vez más en forma de energía amorfa.

El Reino del Caos no es únicamente el hogar de los Dioses Oscuros. También es su campo de batalla, la arena del gran juego de los Dioses del Caos por la supremacía. Los hermanos en la oscuridad están constantemente en guerra entre ellos, buscando el poder en los planos inmateriales. Pese a su gran número de diferencias, los Grandes Dioses del Caos comparten un objetivo común: el control total de todo lo que es. Un poder tan grande no puede ser compartido, ni tan solo entre Dioses.

Los ejércitos demoníacos se enfrentan en llanuras de cristal, bosques venenosos, pantanos de huesos y ríos de entrañas, llevando a cabo grandes guerras de desgaste mientras los dioses ocupan y recuperan territorios y la potencia mágica asociada a ellos. En el Reino del Caos, donde la magia es la materia, la amplitud de un territorio no es únicamente un símbolo de poder, sino el poder en si. Cuando los sirvientes de un dios ocupan una zona, ese territorio se moldea según el humor y la voluntad de su nuevo señor, abandonando su antigua forma para revelar su nuevo rostro. Si los sanguinarios sirvientes de Khorne ocupan una zona del pestilente jardín de Nurgle, la enfermiza vegetación desaparecerá rápidamente, dejando únicamente un duro y desolado desierto. Igualmente, si Tzeentch lograra arrebatarle ese mismo territorio a Khorne, cristalinas estructuras iridiscentes consumirían el agrietado firmamento.

Las alianzas en esta guerra eterna son complejas, pero no inexistentes. De hecho, los Dioses Oscuros habitualmente buscan sus ventajas a través de una causa común. Aunque Khorne es el más poderoso de todos los Dioses del Caos, no es omnipotente. Tzeentch es su máximo competidor, pero en las circunstancias adecuadas Nurgle, o incluso Slaanesh, pueden aumentar su poder hasta convertirse en sus iguales. Y por si esto no fuera suficientemente complicado, existen antiguas rivalidades entre los dioses que pueden influenciar la situación. Khorne desprecia a Slaanesh, cuyas oscuras manipulaciones son una afrenta al sentido del honor y el orgullo marcial del Dios de la Sangre. Igualmente, Tzeentch y Nurgle, las manifestaciones de la esperanza y la desesperanza, respectivamente, no necesitan grandes excusas para enfrentarse.

Cada dios lucha por conseguir la supremacía sobre los demás y, aunque uno puede lograrla por un tiempo, ningún dios ha logrado jamás vencer a otro. Cuando un dios logra demasiado poder, los demás combinan sus fuerzas contra él, y cuando los aliados aumentan su poder se dividen, formando nuevos pactos de necesidad hasta que emerge otro conquistador que a su vez debe ser vencido.

Fuentes Editar

  • Libro de Ejército "Demonios del Caos" 8ª Edición.
  • ​Libro de Ejército "Demonios del Caos" 7ª Edición.

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