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Sigmar (religión)

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Sigmar statue.jpg

Sede: Altdorf

Líder del culto: Gran Teogonista Volkmar el Sombrío.

Principales órdenes: Orden del Yunque, Orden de la Llama Purificadora, Orden del Martillo Plateado, Orden de la Antorcha

Principales festividades: Día de Sigmar (28 de sigmario)

Libros sagrados: El libro de Sigmar, Deus Sigmar, El Geistbuch

Símbolos sagrados: Ghal-maraz (el martillo de guerra de Sigmar), el cometa de dos colas, un grifo.

Hace más de dos mil quinientos años, Sigmar Heldenhammer, cuyo nacimiento había sido precedido por el paso de un cometa de dos colas, fue coronado Emperador en Altdorf (por aquel entonces conocida como Reikdorf) por el sumo sacerdote de Ulric. El martillo de guerra mágico Ghal-maraz colgaba de su cinto; los enanos se lo habían regalado por salvar al rey Kurgan de Karaz-a-Karak. Sigmar gobernó a su pueblo durante muchas décadas de prosperidad.

En su quincuagésimo año como Emperador, Sigmar renunció a su corona y se marchó de Reikdorf. La historia no ha logrado recoger las razones de su partida, pero cuenta la leyenda que fue avistado dirigiéndose hacia el este, a las Montañas del Fin del Mundo, con pesadas pieles sobre sus anchos hombros y sus rubios cabellos colgando en tupidas trenzas. Otras leyendas afirman que caminaba con un enorme lobo gris a su izquierda y un gigantesco jabalí de colmillos negros a su derecha, y que en su rostro había una expresión de férrea determinación. Sea cual sea la verdad, el hombre más ilustre que jamás haya conocido el Imperio se había marchado.

Poco más de veinte años después de la marcha de Sigmar, su pueblo ya había nombrado sumo sacerdote a Johann Helstrum, un fraile exaltado que afirmaba que el mismísimo Ulric había convertido a Sigmar en dios. Su incipiente culto (que predicaba unión y obediencia incondicional al Emperador y a sus Condes Electores) no tardó en crecer hasta convertirse en la religión predominante y gozar del apoyo absoluto del estado.

En la actualidad, el culto de Sigmar domina el Imperio. Posee templos y santuarios incluso en los más pequeños asentamientos, e innumerables millones invocan el nombre de Sigmar para que proteja sus almas de la corrupción. Como parte de su deber de defender el Imperio creado por Sigmar, los sacerdotes suelen organizar al pueblo en tiempos conflictivos, y por ello los extranjeros los consideran adoradores de un dios de la guerra, si bien esto no es estrictamente cierto.

La Iglesia de Sigmar predica la doctrina del guerrero basada en el deber, el honor y el valor. Establecida poco después de la fundación del Imperio, la hermandad de sacerdotes de Sigmar es una de las organizaciones más poderosas del Imperio.

Sigmar el DiosEditar

El reinado de Sigmar fue justo y equilibrado y el Imperio floreció bajo su mandato. Las que antaño fueran toscas aldeas se convirtieron en pueblos y ciudades florecientes y su población se multiplicó. Los habitantes del Imperio tuvieron que soportar una época de privaciones y guerra, pero bajo el liderazgo inspirador de Sigmar el Imperio creció como nunca antes había crecido. Hay pocos documentos históricos sobre el reinado de Sigmar, pero después de cincuenta años de mandato, abandonó su corona y se encaminó hacia el este, a la fortaleza enana de Karaz-a-karak para encontrarse con su viejo amigo, Kurgan Barbahierro. Sigmar viajó solo y se desconoce si logró llegar a la fortaleza enana ya que no hay testimonios escritos que lo confirmen.

La época de Sigmar terminó y el primer gobernante del Imperio se convirtió en una leyenda, un antepasado heroico de su pueblo. Se erigieron templos en su memoria y en poco tiempo se desarrolló un culto basado en las hazañas míticas de Sigmar en la creencia de que algún día volverá a su pueblo en un momento de necesidad. Su regreso será presagiado con la aparición de un cometa de doble cola.

El Culto de SigmarEditar

Estatua de Sigmar por Andrew Phelan Total War.jpg

El culto de Sigmar fue sustituido en muy poco tiempo por el de un héroe convertido en leyenda cuando un misterioso ermitaño llegó a las puertas de Reikdorf, la ciudad que crecería para convertirse en Altdorf. El ermitaño proclamaba que había tenido una visión de Sigmar rodeado por otros dioses. En el corazón de la ciudad se erigió un hermoso templo y tal era el poder de la leyenda que durante una generación fue adorado como dios. A su debido tiempo, el culto se convirtió en un clero liderado por el primer Gran Teogonista Johann Helsturm. El auge del Culto de Sigmar fue muy rápido y en poco tiempo, contaba con miles y miles de seguidores. Helsturm se convirtió en uno de los hombres más poderosos del Imperio. El poder de la iglesia de Sigmar aumentaba con el paso de los años y su organización se hizo más estructurada y unificada. Sigmar se convirtió en el patrón del Imperio y de sus habitantes, que se denominan a si mismos el pueblo de Sigmar. El culto a Sigmar llega a todos los lugares del Imperio, incluso a lugares donde existe el culto a otros dioses como Ulric y Taal. Todos los habitantes del Imperio se reconocen como el Pueblo de Sigmar o los Hijos de Sigmar, e incluso el Emperador es el Heredero de Sigmar, independientemente de cuáles sean sus ancestros.

Como la relación de Sigmar con el Imperio sigue manteniéndose activa, suele representársele como el símbolo de la nación. La iglesia de Sigmar está íntimamente asociada con el estado y la familia imperial. De todos los dioses, Sigmar se considera el dios del Imperio como una entidad política y, para muchos de sus seguidores, este alto nivel de reconocimiento del estado es uno de los aspectos menos atractivos de los templos sigmaritas. Los individuos más espirituales lo contemplan como una imposición sobre el dios personal. Como resultado, se han desarrollado muchas subsectas que adoran a Sigmar a su propia manera. Por consiguiente, de todos los dioses del Imperio, Sigmar es el que inspira una mayor discusión teosófica el que cuenta con una mayor variedad de credos y prácticas religiosas. Además del Templo Sagrado de Sigmar, hay muchos grupos y varias disciplinas teológicas. Y, aunque podría darse un sentimiento de rivalidad entre ellas por las diferencias de pensamiento tan profundas, existe una creencia universal en el poder de Sigmar que es respetada por todos. Solo en ocasiones, en las sectas más radicales esta rivalidad se convierte en disensión. En los casos más extremos, ha provocado la aparición de cultos de autoflagelación, mendicantes, estilitas, eremitas, apocalípticos, procesionales, bandas de zelotes errantes, etc.

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En todo el Imperio está bien visto honrar a todos los dioses. La muestra de respeto a los dioses es una señal de buenas manerasy está asociada al desarrollo de la ética y la inteligencia. La irreverencia a los dioses o el desconocimiento expresado abiertamente Se considera una señal de poca educación e ignorancia y, además, se considera mala suerte. Incluso los sacerdotes de un dios particular muestran el respeto adecuado hacia los otros dioses y espíritus en situaciones apropiadas. Los habitantes del Imperio rinden culto a muchos dioses, aunque Sigmar es, sin lugar a dudas, el más ampliamente venerado.

El Gran Teogonista ha continuado dirigiendo el Culto de Sigmar desde los primeros días del Imperio y ha designado a dos archilectores a su cargo. Bajo estos archilectores hay un buen número de lectores normales que administran las regiones del Imperio. Cuando Sigmar pasó de la mortalidad a la divinidad, los caudillos de las tribus controladas hasta entonces por el Emperador, temieron por el futuro de sus tierras. Pero, en lugar de caer en una guerra civil, decidieron que los próximos emperadores serían elegidos y de esta forma, apareció la figura del primer conde elector imperial.

El poder de la iglesia creció y se expandió con rapidez, y no pasó mucho tiempo antes de que el Gran Teogonista fuese elegido elector, por lo que su decisión tenía gran relevancia a la hora de decidir un nuevo emperador. Con una voz tan poderosa en el Imperio, los dos archilectores a cargo del Gran Teogonista fueron designados electores, para disgusto del Culto de Ulric.

La Herejía SigmarianaEditar

Aunque unidos en su creencia, el Culto a Sigmar se ha dividido en diferentes facciones de seguidores. Las diferentes prácticas de cultos por todo el Imperio ha provocado varios cismas que han amenazado con destruir la iglesia, aunque, de momento, ha podido evitarse este destino terrible.

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La política interna referente a la elección de los lectores y archilectores ha provocado mucha controversia, aunque estos hechos solo tienen una importancia relativa comparados con los intentos deliberados de dividir la iglesia. De acuerdo a algunas leyendas, Sigmar solo era mitad mortal ya que era hijo de Ulric y una mujer. Esta historia se promulga abiertamente por el Culto de Ulric, que también destaca que el propio Sigmar fue coronado emperador por el gran sacerdote de su orden. Hubo un momento en el que los sacerdotes de Sigmar llegaron a ser considerados herejes durante una época denominada la Herejía sigmariana.

En el año 1360 Ottilia de Talabecland se autoproclamó Emperatriz, contando con el apoyo del gran sacerdote de Ulric que era un Elector (designado como contrapeso ante el poder creciente del Gran Teogonista). Durante algún tiempo, las relaciones entre los dos cultos fueron tensas y, cuando el Conde de Stirland, el antiguo rival de Ottilia, fue elegido Emperador, ella se puso en contacto con el gran sacerdote de Ulric y le convenció de que la iglesia de Sigmar se había fundado sobre una mentira y que la visión no era más que una señal de que el reinado de Sigmar había sido bendecido por el Culto de Ulric. Esta afirmación encajó a la perfección con las ambiciones políticas del gran sacerdote de Ulric, que declaró herejes a todos los seguidores del Culto de Sigmar y a continuación fue prohibido en Talabecland. Los templos de Sigmar fueron quemados y sus seguidores fueron perseguidos por los cazadores de brujas. Esta situación se prolongó durante cientos de años hasta la aparición de Magnus el Piadoso.

La Iglesia de la ActualidadEditar

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En los oscuros tiempos que corren en la actualidad, se necesita más que nunca de la fe en Sigmar. Las tribus del norte han sido replegadas a sus frías estepas, pero el precio pagado a cambio de esta proeza ha sido el del hambre, la enfermedad y las privaciones a gran escala. Muchos habitantes del Imperio se han volcado en la iglesia en busca de guía y otros, se han convertido en flagelantes (recorriendo los caminos del Imperio para propagar su mensaje apocalíptico). Son tiempos oscuros para el Imperio, aunque, la fe en Sigmar y el valor, pueden ayudarles a sobrevivir.

Hay un conflicto político entre los líderes de los cultos de Sigmar y Ulric pero dentro de los ejércitos del Imperio de los seguidores de ambos cultos se encuentran a menudo luchando codo con codo. Los templos de Sigmar se pueden encontrar en todo el Imperio, el más grande esta situado en Altdorf: el Gran Templo de Sigmar. Otro templo de Sigmar se encuentra en el Paso del Fuego Negro, en el lugar donde Sigmar hizo su pacto histórico con los Enanos después de la gran victoria sobre los orcos. El jefe del Culto de Sigmar es el Gran Teogonista, que es asistido por dos Arco lectores de Sigmar, que actúan como Gran Teogonista sustitutos cuando es requerido, y cada una de estas posiciones tiene un voto en el Consejo Electoral para determinar un nuevo emperador.

Los Sigmaritas, por no mencionar los Ulricanos, están profundamente preocupados por el papel del culto Sigmarita en la política del Imperio. A pesar de que Sigmar hizo hincapié en la necesidad de la unidad del Imperio, y probablemente nunca de la abstinencia predicada de la mundanalidad, estos Sigmaritas tratan de expresar su piedad por medio de abandonar sus artículos personales y las riquezas para vivir como ermitaños, monjes, mendigos o alistarse en el ejército imperial para difundir su "Palabra de Dios". Sin embargo, los generales por lo general no les gustan los fanáticos religiosos entre sus filas, por lo que estas personas a menudo se forman sus propias partidas de guerra, los más fanáticos incluso se unen a una de las bandas errantes de flagelantes.

Miembros del CultoEditar

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No hay dos clérigos de Sigmar iguales. Las diversas órdenes, templos individuales y costumbres locales divergentes exigen que los representantes de Sigmar vistan una amplia variedad de atuendos ceremoniales distintos y luzcan cortes de pelo verdaderamente estrambóticos.

Los sacerdotes guerreros de la Orden del Martillo Plateado casi siempre visten túnicas negras con detalles en amarillo sobre protecciones de cuero. Corazas sagradas (engalanadas con grifos, cometas o cruces) y amplias golas de cuello alto son las piezas de armadura predilectas, aunque a menudo se sustituyen por cotas de malla más baratas. El pelo suele afeitarse cuando el novicio es aceptado en la orden, aunque algunos sacerdotes lo dejan crecer en algunas zonas y luego las afeitan para representar en ellas símbolos sagrados o liturgias solemnes.

Los diferentes monasterios de la Orden del Yunque varían en cuanto a las vestiduras y cortes de pelo de sus monjes. Normalmente visten sencillos hábitos grises o negros, aunque en el este del Imperio también se usa el color marrón, y en algunos monasterios aislados de Talabecland y Reikland visten túnicas verdes o naranjas. La cabeza suele afeitarse (los novicios se tonsuran), aunque también esto varía; en algunos monasterios es costumbre dejarse el pelo largo y desgreñado, afeitárselo a listas o recogerlo en centenares de estrechas trenzas. Los cuellos altos y amplios también son comunes y emulan las golas de los sacerdotes guerreros.

La populosa Orden de la Antorcha presenta una diversidad aún mayor. Las túnicas negras son posiblemente el atuendo más habitual, aunque también se usan marrones y grises, pero en algunos templos se visten hábitos blancos, naranjas, rojos o incluso morados, según dicten las tradiciones y supersticiones locales; no obstante, toda variante ha de recibir tarde o temprano el beneplácito del Gran Teogonista. Los cuellos altos y anchos también son comunes, pero están mucho menos extendidos; lo mismo ocurre con las cabezas afeitadas. Los típicos martillos, cometas, grifos, sellos sagrados y pergaminos con oraciones suelen exhibirse de una u otra forma, aunque algunos templos enseñan que semejantes manifestaciones de fe no sirven más que para idolatrar a tales objetos en lugar de glorificar a Sigmar. Otra costumbre muy frecuente consiste en llevar libros sagrados colgados de la ropa, a veces de la cintura y otras a la espalda, como carga simbólica. Algunos sacerdotes llevan esto al extremo y se colocan textos sagrados en miniatura sobre la frente para proteger sus mentes de la herejía, sujetándolos con tiras de cuero a modo de bandana.

La Orden de la Llama Purificadora, menos numerosa, ejerce un férreo control sobre sus atuendos ceremoniales, del mismo modo que vigila muy de cerca a sus miembros. Sus túnicas son negras con detalles en rojo, y el pelo se corta al rape, dejando elaboradas tonsuras en el caso de los miembros de alto rango. También se cubren con mantos negros provistos de capuchas y que llegan hasta el suelo, aunque los novicios tienen prohibido alzarse la capucha. A diferencia de las demás órdenes principales, este hábito ceremonial únicamente suele vestirse en ocasiones importantes. En sus viajes, los sacerdotes de la Llama Purificadora utilizan cualquier indumentaria que les permita cumplir el propósito de su orden, y esto incluye vestir túnicas de otras órdenes o disfrazarse de campesinos o mercaderes ambulantes. Pero lleven lo que lleven, todos los miembros de la orden portan consigo un amuleto sagrado con una única llama en el centro; se trata de la insignia de su orden, que les sirve para demostrar que están promoviendo la obra de Sigmar.

Estructura del Culto SigmaritaEditar

Mid Gran Teogono o Teogonista Volkmar.jpg

El Gran Teogonista se halla en la cima de la complejísima jerarquía del culto de Sigmar. Su cargo es tremendamente influyente: goza de autoridad absoluta sobre los cultos más grandes y poderosos del Imperio, tiene la potestad de designar a los líderes de las mayores órdenes, y además ejerce una considerable influencia laica.

El Gran Teogonista es el líder directo del organismo dirigente del culto, la Orden de la Antorcha, que es mayor que todas las demás órdenes sigmaritas combinadas. Es él quien selecciona a todos los altos cargos de la orden, entre los que se incluyen los dos archilectores, dieciocho lectores, cuatro grandes capitulares, doce capitulares, varios teogonistas e innumerables sumos sacerdotes. Existen muchos más cargos (tales como sumo confesor, maestro de sciptorium, guardián de la campana sagrada y archiadjutor), pero la mayoria pertenecen al gigantesco gran templo de Altdorf o a otros próximos a él. La Orden de la Antorcha gestiona casi todos los templos y santuarios que hay diseminados por todo el Imperio. La mayoría de estos templos cuenta con un sumo sacerdote designado por el lector o gran capitular local. Este sumo sacerdote es el responsable de todo el culto sigmarita de su región, y también nombra al sacerdote encargado de atender los templos locales y ocuparse del mantenimiento de los santuarios más importantes.

En comparación con tan amplia y generalizada influencia, los sacerdotes guerreros de la Orden del Martillo Plateado carecen de templos propios. Los pocos edificios que poseen suelen estar anexos a los templos y casas capitulares de otras órdenes. Esto es así porque los pocos sumos sacerdotes de esta orden son tan itinerantes como sus sacerdotes, y vagan de aquí para allá ven conveniente, enviando a los representantes locales de la orden a donde se les necesita. Es la más extendida de todas las órdenes sigmaritas, y a menudo se hallan bajo el mando de los teogonistas de la Orden de la Antorcha, encabezando misiones del culto en otros países. La orden carece de cuerpo de gobierno, y supuestamente está dirigida por altos cargos de la Orden de la Antorcha, pero casi nadie se hace una idea aproximada de cuántos sacerdotes guerreros campan por sus dominios en todo momento. El Gran Teogonista suele ascender a los sumos sacerdotes más eficientes de la orden a cargos electorales, acontecimiento que ninguno de los sumos sacerdotes de la Orden de la Antorcha considera venturoso.

La monástica Orden del Yunque es más populosa de lo que cabría esperar, y al controlar tanto las leyes eclesiásticas como las imperiales, también son más influyentes de lo que les gustaría a las demás órdenes. El Guardián de la Palabra dirige la orden desde el monasterio de Helstrum, en el Distrito del Templo de Altdorf. Su cargo es vitalicio, y es el mediador definitivo de la Palabra de Sigmar, aun cuando teóricamente el Gran Teogonista podría invalidar sus decisiones. Cada monasterio de la orden está administrado por un abad que, en teoría, debe responder ante el Guardián de la Palabra, pero en la práctica ejerce un poder casi ilimitado sobre los monjes y novicios que tiene a su cargo. En muchos monasterios aislados, el abad ni siquiera es designado por el Guardián de la Palabra, sino por los propios monjes.

Por último, incluso aunque la subrepticia Orden de la Llama Purificadora sólo tiene una casa capitular agregada a Altdorf, su poder efectivo es mayor al de casi todas las demás órdenes, ya que puede dar órdenes a casi cualquier sigmarita (dentro de lo razonable). El líder de la orden es el general inquisidor, que controla con puño de hierro a los sumos inquisidores, sacerdotes inquisidores y novicios de la orden, pues es consciente de que todo poder corrompe, especialmente el que proporciona la Orden de la Llama Purificadora. Muchos de sus miembros son reclutados de las demás órdenes, principalmente de la Orden del Martillo Plateado y los Templarios de Sigmar. Aunque son particularmente devotos, a menudo aceptan entre sus filas a torturadores y cazadores de brujas seglares.

Nombres EnanosEditar

Los Enanos desempeñan un papel fundamental en la leyenda de Sigmar. Su más destacada aportación fue regalarle a Sigmar su formidable martillo de guerra mágico, Ghal-maraz. Para honrar a los enanos, es costumbre que el Gran Teogonista y los archilectores adopten un nombre o epíteto enano. Se cree que el nombre elegido dice mucho de la personalidad de quien lo asume. Los dos archilectores actuales cambiaron sus nombres (Kasmir XI y Thorgad IV), mientras que el Gran Teogonista Volkmar von Hindenstern, escogió el calificativo de Adusto, que en idioma khazalid significa “huraño, severo”.

ÓrdenesEditar

Sacerdotes Guerreros por momarkmagic.jpg
El culto de Sigmar está muy reconocido en el Imperio. Todos los estratos sociales se congregan en los templos locales cada sabático para celebrar la misa del Festag, durante la cual los sacerdotes de la Orden de la Antorcha predican la unidad desde sus púlpitos y recitan textos sagrados desde sus atriles. Los templos sigmaritas suelen hacer las veces de centro de reunión de las comunidades locales; sus sacerdotes celebran rituales estacionales, aconsejan al pueblo, forman coros y organizan a los lugareños en milicias para defender mejor el Imperio. Los templos que carecen de templarios locales también entrenan a los jóvenes más prometedores para convertirlos en portadores de martillos, individuos ataviados con túnicas negras que custodian los artefactos más sagrados de cada templo, y que los acarrean en procesiones especiales y en las festividades del Día de Sigmar. En algunos de los templos más grandes, los portadores de martillos son temibles guerreros de élite con grandes espadas a dos manos sujetas a sus espaldas y rostros surcados de cicatrices; los sacerdotes los emplean como escoltas donde quiera que van.

En comparación con los sacerdotes de la Orden de la Antorcha, que velan por las mentes del pueblo del Imperio, la Orden del Martillo Plateado recorre sus tierras protegiendo sus fronteras, acabando con toda amenaza y asesorando a las autoridades. Sus miembros también ayudan en los templos por los que pasan, y a menudo se les puede ver conversando con iniciados inseguros, adiestrando a portadores de martillos o predicando en las misas. Estos sacerdotes guerreros de semblante severo son muy queridos por el pueblo, pues mantienen a salvo al Imperio con sus formidables martillos de guerra y su inquebrantable coraje, además de llevar la Palabra de Sigmar a las pocas comunidades en las que no hay templos.

Templo de Sigmar por Jonathan Kirtz.JPG
La monástica Orden del Yunque custodia la Palabra de Sigmar, la piedra angular de toda la ley sigmarita. Siempre que surge alguna disputa interna, todas las órdenes acuden a estos austeros monjes, pues conocen los detalles más sutiles de todas las prácticas del culto. Aunque los monjes de esta orden casi nunca abandonan sus monasterios aislados, en ocasiones viajan por el Imperio para ejercer de jueces itinerantes, buscar libros perdidos de saberes sigmaritas o cumplir las órdenes de sus superiores. La última de las órdenes principales, la temida Orden de la Llama, no es muy conocida por el populacho. Protege al Imperio de la corrupción; su cometido es buscar y destruir las oscuras semillas del Caos allí donde se encuentren. Los medallones con símbolos de llamas que llevan los sacerdotes inquisidores de la orden les otorgan acceso a todos los templos, monasterios y casas capitulares sigmaritas de todo el Imperio, y los feligreses del lugar tienen la obligación de satisfacer toda petición “razonable” que formulen. Aunque la mayoría de los ciudadanos del Imperio jamás ha oído hablar de esta orden, sin su protección el Imperio habría caído víctima de las Fuerzas Malignas hace siglos.

Estas cuatro órdenes son las más influyentes, pero existen innumerables órdenes menores dentro del culto, todas ellas compuestas por hombres y mujeres devotos, dispuestos a ofrecerse voluntarios para defender al Imperio a cualquier precio.

También hay muchas órdenes religiosas de caballeria; los Templarios de Sigmar son la más importante, los Caballeros de la Sangre de Sigmar, La Orden del León de Oro, La Orden de los Martillos de Sigmar, Los Caballeros de la Orbe de doble cola y los Caballeros de el corazón ardiente.

Iconografía SigmaritaEditar

Ghal Maraz en La Vida de Sigmar.jpg
  • Ghal Maraz: En el lenguaje enano ( Khazalid) significa "Rompecraneos'. El legendario martillo de Sigmar, es un símbolo de la unidad imperial, y la defensa de la humanidad y el Imperio . Junto con el cometa de dos colas, es el signo principal del culto de Sigmar. En recuerdo y honor de Ghal Maraz, la Orden del Martillo de plata, que es el brazo militar del culto Sigmarita, emplea martillos de guerra en la batalla. El martillo está bajo la protección del emperador, y en la Tormenta del Caos, estaba en manos de Valten el avatar de Sigmar.
  • El Cometa de Dos Colas: El signo que apareció en el cielo en la noche del nacimiento de Sigmar, se ha convertido en un símbolo universal de su culto.
  • Grifo: Popular después del 2300 en el reinado del Emperador Magnus I ("el Piadoso"), el grifo fue su heráldica personal que ha sido adoptado por los emperadores que le siguieron (el denominado "Grifo Imperial de Reikland"). El grifo se ha adoptado hasta cierto punto por el culto Sigmarita y sobre todo en la forma del Grifo Jade, un artefacto mágico que lleva el Gran Teogonista para protegerse en la batalla.
  • La Cruz Imperial: Un símbolo que data de cuando nació la unidad imperial, representa los tres brazos del soporte imperial. Los brazos representan las antiguas tribus del oeste y del este que al unificarse crearon el imperio, su parte superior. La parte inferior se refiere a los enanos, los más firmes y más antiguos aliados. Tiene connotaciones de unidad y de juramentos cumplidos.

CreenciasEditar

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Al igual que la mayoría de los habitantes del Imperio, los sigmaritas son estrechos de miras, supersticiosos y desconfiados, pero ellos lo ven como una reacción sensata al mundo corrupto en el que viven. Su autoimpuesto deber de guardianes del Imperio y de sus habitantes les ha llevado a entrar en contacto con toda suerte de maldades, las cuales han registrado diligentemente en una biblioteca secreta situada en lo más profundo del gran templo del culto. Así, al igual que la raza de los enanos a la que honran como los mayores aliados de Sigmar, los sigmaritas no olvidan jamás y no confían plenamente en nadie. Según ellos mismos afirman, esta paranoia no se debe al miedo ni la ignorancia, sino a la experiencia.

La fortaleza mental y las tácticas defensivas son de una importancia absoluta para los sigmaritas, que consideran las ofensivas directas y la imprudencia como una puerta abierta a la corrupción y la herejía. Sin embargo, nada es más importante que defender el Imperio creado por Sigmar, y estarán dispuestos a llegar hasta donde haga falta (incluso lanzarán una ofensiva directa a ciegas) con tal de protegerlo.

El culto también valora la fuerza y el liderazgo firme, cualidades que asocian al propio Sigmar. Utilizan estos atributos para promover la misma fuerza entre los habitantes del Imperio, y atacan al corazón de la herejía, la influencia de los dioses oscuros, allí donde la encuentran.

IniciaciónEditar

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Aunque todo templo sigue sus propias tradiciones a la hora de iniciar a nuevos miembros en el culto, el proceso general no varía demasiado. En primer lugar, los novicios (término sigmarita para designar a los iniciados) son aceptados en una orden por algún sacerdote, evento que suele señalarse mediante el afeitado ritual del cráneo del novicio. A continuación, se les instruye en el camino de Sigmar. Finalmente, una vez completada su formación, el novicio es puesto a prueba por un alto cargo del culto.

La mayoría de los templos sólo aceptan novicios jóvenes, pero en teoría todo el que oye la llamada de Sigmar puede unirse al culto, sea cual sea su edad. Los templos que practican el afeitado ritual tienen muchas y muy distintas tradiciones, pero las tonsuras con formas de martillo o cometa son muy comunes.

Los novicios apenas tienen tiempo libre entre sus oraciones diarias y las humillantes tareas que le son asignadas. El poco que tienen lo suelen emplear meditando sobre el contenido de textos sagrados. En muchos templos hay un maestro de novicios que imparte clases semanales de Historia, Teología, Literatura y Saber enano, pero también es habitual vincular a los novicios a un sacerdote que ejerce de tutor y les enseña lo que necesitan saber empleando sus propios métodos (a menudo brutales).

Con el tiempo, cuando sus superiores estiman que ha llegado el momento, los novicios son puestos a prueba. Entre las más comunes se incluyen recitar a la perfección las Doce Oraciones de la Virtud, o entonar los Himnos de Sigmar sin cometer ningún error, seguido de un interrogatorio intensivo por parte de los altos cargos del culto. Sin embargo, no hay un patrón general, y las pruebas pueden presentar muchas formas distintas. Algunos templos del sur de Averland exigen a los novicios que maten a un piel verde y le graben la Letanía de las Grandes Hazañas en el pecho. Y una orden de flagelantes de Stirland obliga a todos sus iniciados a someterse al Ritual de los Tres Hermanos tras un periodo de tres días de ayuno, una ceremonia considerablemente más dolorosa de lo que parece.

Área de CultoEditar

El culto de Sigmar se concentra unicamente en el Imperio, y se le rinde culto como deidad patrona de la nación, incluido en aquellos territorios donde su culto es superada por otra deidad (como por ejemplo en la Ciudad de Middenheim). Fuera del Imperio, el culto de Sigmar es practicado por los emigrantes y exiliados Imperiales en otras naciones.

Templos y SantuariosEditar

Sacerdote Guerrero de Sigmar en púlpito.jpg
Los templos de Sigmar son tan variados como la gente que rinde culto en ellos. Las costumbres locales, los caprichos de sus benefactores y los deseos de los propios sacerdotes han propiciado la construcción de algunos edificios verdaderamente únicos.

No obstante, todos tienen algunas cosas en común: la ausencia de asientos para la congregación y la ostentación de martillos de guerra y cometas estilizados. Otros elementos comunes son la orientación del templo hacia el lugar donde Sigmar fue ascendido (que, por cierto, es tema de acalorado debate), la presencia de un campanario para llamar a misa a los fieles, un ábside o presbiterio de doce lados que representan las tribus originales que fundaron el Imperio, una planta con forma de martillo, un trono vacío listo para el regreso de Sigmar, y grandes frescos o vidrieras en los que se ilustran las hazañas del dios hombre y sus más sagrados seguidores.

Días SagradosEditar

  • Sigmarzeir, el primer día de verano y fecha la coronación de Sigmar y de su abdicación cuando, tal y como se describió en el Deus Sigmar, el más sagrado trabajo literario del culto, “él desamparó el mundo de mortales para aumentar el reino de los dioses, '” se precede ayunando, seguido por un gran festejo y parranda. En Altdorf una gran procesión se lleva alrededor de los muros de la ciudad precedida por el propio Gran Teogonista.

PreceptosEditar

  • Obedezca las órdenes.
  • Ayuda siempre al pueblo de los Enanos.
  • Trabajar para mantener la unidad e integridad del Imperio incluso a costa de libertad individual.
  • Muestra la verdadera y fiel obediencia a Su majestad imperial el Emperador.
  • Erradica y destruye a los pieles verdes, los servidores del Caos y todo aquel que practique magia corrupta donde quiera que se oculte.

FaccionesEditar

No es de extrañar que en el grandioso culto de Sigmar abunden todo tipo de disensiones. La mayoría son menores, y no causan más que discusiones entre los fieles. Pero algunas de ellas son fundamentales, y las grandes facciones que se forman en torno a estas discrepancias pueden dar lugar a poderosos bloques dentro del culto. A continuación se da un pequeño ejemplo de las principales divisiones internas del culto.

El CismaEditar

El culto de Sigmar ha evitado por un escaso margen el mayor cisma al que se ha enfrentado jamás. La Tormenta del Caos propició la existencia simultánea de dos Grandes Teogonistas muy diferentes. Por suerte, uno de ellos renunció al cargo antes de que la situación escindiera el culto, pero sus partidarios no se han rendido tan fácilmente.

El primer Gran Teogonista, el severo Volkmar el Adusto, es un anciano devoto de cabellos canos que ha consagrado su vida a la destrucción del Caos. Es un extraordinario jefe militar y estratega, y en su juventud luchó en el frente de muchas de las campañas del Imperio. Cuando lideraba un ejército destinado a poner fin a la Tormenta del Caos y fue supuestamente asesinado por Archaón, el culto se vio obligado a designar un nuevo Gran Teogonista cuanto antes, pues necesitaba desesperadamente un líder. Pero los rumores sobre la muerte de Volkmar habían sido exagerados, pues fue visto menos de un mes después, atado a un estandarte del Caos, ensangrentado y apenas consciente. Durante el asedio de Middenheim, Volkmar logró liberarse de algún modo y, una vez restablecido de sus heridas, viajó a Altdorf para reclamar su cargo.

El sustituto de Volkmar era Esmer III, un hombre meticuloso, astuto y ambicioso que había ascendido rápidamente por la jerarquía de la Orden de la Antorcha. Se ganó el puesto de Volkmar gracias a sus dotes políticas y retóricas, así como su activa defensa de los valores sigmaritas tradicionales. Una vez instalado, amplió inmediatamente los poderes de los templarios de Sigmar, los cazadores de brujas del culto para que pudieran rastrear abiertamente la amenaza del Caos. También rebatió incesantemente ante los agresivos planes del Ar-Ulric Valgeir durante el Cónclave de la Luz, abogando en una defensa sigmarita apropiada del Imperio en vez de desperdiciar las valiosas vidas imperiales en asaltos inútiles contra un enemigo claramente superior. Estas dos maniobras, unidas a muchos otros edictos tradicionalistas, fueron muy bien acogidas por los demás miembros del culto. Pero cuando se confirmó que Volkmar marchaba hacia la capital, los templarios enviados por los archilectores aconsejaron encarecidamente a Esmer que cediese su puesto. Huyó a Marienburgo, y se dice que aún permanece allí.

Así se previnieron los problemas, al menos a corto plazo. Volkmar ha regresado, pero nadie puede negar que ha cambiado. Se ha vuelto más sombrío, más estrecho de miras, e incluso sus partidarios evitan su siniestra mirada. Ya hay una cierta iniciativa en el culto para restituir a Esmer, aunque las posibles consecuencias son tan terribles que ningún sigmarita se atreve a considerarlas.

Los AscetasEditar

La mayoría de los sigmaritas abrazan los aspectos comunitarios del culto a Sigmar, y propugnan fervientemente las expresiones de fe conjuntas. Los Ascetas, por el contrario, rechazan esta idea en la creencia de que la relación de un ciudadano imperial con Sigmar debería ser personal, y no controlada por otros. Muchos monjes de la Orden del Yunque se adhieren a esta perspectiva, y en algunos monasterios sólo se permite orar en reclusión. Incluso hay extremistas que desaprueban toda actividad comunitaria, tales como coros, sermones o debates religiosos.

Los Ascetas no sólo creen que se debe adorar a Sigmar sin intervención ajena, sino que además extienden esta creencia a la intervención de otros en los asuntos del culto. Enseñan que toda influencia no sigmarita que afecte al culto es peligrosa y debe ser restringida. En concreto están muy preocupados por la influencia del estado, pues consideran que éste ejerce demasiado poder sobre los altos cargos del culto. Esta perspectiva goza de mucha aceptación entre los sacerdotes de la Orden de la Antorcha, muchos de los cuales protegen celosamente todo poder e influencia que logren amasar. Por ello, aun cuando las creencias individualistas centrales de los Ascetas no sean muy populares fuera de la Orden del Yunque, su postura aislacionista para el culto en general cuenta con un apoyo generalizado.

Los MalleusianosEditar

Valten, Exaltado de Sigmar por Adrian Smith Imperio.jpg
Los Malleusianos son una facción muy reciente que cree que Sigmar no debería ser recordado como dios, pues sostienen que el origen de su divinidad era Ghal-maraz, y no él. Siguen la doctrina de Artur Malleus, un carismático sacerdote guerrero que afirmaba haber recibido una visión del Verdadero Martillo, el cual según sus palabras jamás fue recuperado tras la muerte de Sigmar. Recorrió todo el Imperio, seguido de una comitiva de fanáticos y flagelantes envueltos en nubes de incienso. Predicó que Karl Franz portaba un Falso Martillo, y que todos los fieles sigmaritas debían unirse a él para la llegada del Fin de los Tiempos, cuando el Verdadero Martillo regresaría encarnado en un hombre mortal.

Malleus murió cuatro años antes de la Tormenta del Caos, pero sus seguidores prevalecieron, y muchos sigmaritas respaldaban sus ideas en secreto. Como era de esperar, muchos malleusianos tomaron a Valten por la personificación del Verdadero Martillo, y la facción fue creciendo conforme se acercaba el Fin de los Tiempos. Pero la reciente desaparición de Valten ha sembrado la confusión entre sus miembros, pues Malleus predicó que el Verdadero Martillo conduciría a su pueblo al lugar de descanso del auténtico Ghal-maraz, cosa que Valten ya no podría hacer.

Sin embargo, como Malleus también afirmó que el Verdadero Martillo regresaría como “mortal”, algunos malleusianos sorprendidos han concluido que Valten, su Verdadero Martillo, no puede haber “desaparecido”, ¡sino que con toda seguridad ha sido asesinado!

Los UnificadoresEditar

Los Unificadores son una facción potencialmente explosiva que cree que Ulric no coronó dios a Sigmar, sino como Emperador Divino, dios de todos los dioses. Trabajan incansablemente para que el culto sigmarita ejerza la supremacía que le corresponde sobre todos los demás. De hecho, algunos extremistas de esta facción opinan que el culto de Sigmar no sólo debería mandar sobre los demás, sino que habría que sustituirlos por completo.

Los seguidores de Sigmar como Emperador Divino se han infiltrado a casi todos los niveles del culto, y circulan rumores de que al menos dos lectores, un gran capitular, toda una orden de templarios y tal vez el anterior Gran Teogonista Esmer podrían pertenecer en secreto a esta facción. Sea cual sea la verdad, no cabe duda de que muchos individuos fanáticos del culto sigmarita mantienen la creencia secreta de que el único dios que necesita el Imperio es Sigmar, y que adorar a cualquier otra deidad no es más que un error.

Ordenes MenoresEditar

Se dice que la compleja jerarquía del culto de Sigmar oculta más órdenes menores que pieles verdes fueron eliminados por Sigmar. Si bien esto no es estrictamente cierto, tampoco anda muy desencaminado, pues al parecer existen infinidad de órdenes admitidas por el culto repartidas por los cuatro rincones del Imperio, muchas de las cuales casi han sido olvidadas por la dirigente Orden de la Antorcha de Altdorf. Los ejemplos más célebres son sobre todo órdenes templarias, como la Orden de los Caballeros del Corazón Ardiente, guardaespaldas personales del Gran Teogonista; o la Orden de los Caballeros del Grifo, que ha jurado proteger el gran templo de Altdorf. Pero la mayoría no son más que órdenes clericales aisladas, cada una de las cuales propugna el culto a Sigmar de un modo único.

Aunque muchas de estas órdenes menores podrían verse fácilmente absorbidas por una de las cuatro órdenes principales, dada la tradición, la política, la ignorancia, la superstición y los edictos de anteriores Grandes Teogonistas es extremadamente improbable que el culto se simplifique de esta forma.

Hermanas de la Fe y la CastidadEditar

Sacerdotisa Guerrera por Adrian Smith Sacerdote Guerrero Imperio.jpg
El templo de las antaño anacoréticas Hermanas de la Fe y la Castidad reposa sobre la orilla meridional del Reik, en el extremo oriental de Altdorf. Todos los días de Plenitud Solar, la orden al completo desfila en procesión por las calles de la ciudad bajo el ardiente sol estival. La matriarca encabeza esta comitiva de sudorosas mujeres, entonando incesantemente el “Lamento de la verdad brutal” mientras escruta desconfiada a los transeúntes. Las hermanas visten negros mantos bordados y antiguas armaduras de placas grabadas, provistas de afiladas púas para ahuyentar a los pecadores. La orden subsiste gracias a la caridad, por lo que sus jóvenes novicias recaudan donativos de la multitud que se congrega para observar el espectáculo.

En el pasado, la orden ejercía la virtud de la reclusión, tal y como predicase su fundadora, Esther la Intemerata. Pero cuando la hermana Griselda von Velten fue tocada por Morr en el año 2515, todo cambió para siempre. Se encontraba desfilando por Volker Weg (N. del t: En alemán, “camino del pueblo”) en plena calina del Desfile de Plenitud Solar, cuando de repente profirió un grito y cayó de rodillas. Temblorosa, susurró a la sorprendida muchedumbre que se aproximaba el fin y que había desperdiciado su vida; dicho esto, murió. Un año después, tras meses de acaloradas discusiones con el Gran Teogonista Volkmar, la matriarca admitió a regañadientes que su orden había recibido una señal que había de obedecer, y conminó a sus hermanas a que se preparasen para la guerra.

La Tormenta del Caos fue la primera gran campaña de la orden, y la mitad de sus miembros abandonaron Altdorf para marchar junto a Valten. Las hermanas que lograron sobrevivir vagan ahora por el Imperio en pos de los últimos vestigios de las fuerzas del Caos, aunque regresan todos los años a Altdorf para transmitir su experiencia a las novicias y desfilar el día de Plenitud Solar.

La Antigua y Sagrada Orden Iniciatica de los Templarios de SigmarEditar

Organización Interna del CultoEditar

Gran Teogonista.Editar

Archielector de SigmarEditar

Los archilectores son los sacerdotes de mayor rango del Culto de Sigmar, con capacidad para controlar un gran poder que puede ser tanto físico como espiritual. Personifican el aspecto de dios guerrero de Sigmar y sienten un odio feroz por todo lo relacionado con el Caos. Un archilector de Sigmar es un individuo vehemente, ferviente y orgulloso, con un brazo fuerte para blandir un martillo en nombre de su dios. Son los promulgadores de la fuerza y el combate ya que su deber les lleva a luchar contra los depravados, los impíos y los impuros, para hacerles pedazos con toda la fuerza de su ira sagrada.

Sacerdotes GuerrerosEditar

Luthor Huss por Adrian Smith.jpg
Los sacerdotes guerreros de Sigmar que acompañan a los ejércitos imperiales como oficiales de alto rango y representantes del dios estatal se denominan comúnmente sacerdotes guerreros. El estado cree un deber religioso la inclusión de los sacerdotes guerreros en el ejército por lo que es el propio emperador quien los envía. Los sacerdotes guerreros desempeñan funciones de arúspices, adivinos, intérpretes de la voluntad de Sigmar y, en este sentido, aconsejan a los comandantes de ejército. Los sacerdotes son miembros de la iglesia y del propio ejército. Los sacerdotes guerreros forman parte de los ejércitos de Reikland en representación del propio emperador ya que todas las instituciones militares de Reikland tienen un templo consagrado a Sigmar. El sacerdote que dirige este templo es el sacerdote guerrero que también acompañará a las tropas a la guerra y, luchará junto a ellos en cruentas batallas. En ocasiones, otros estados también incluyen a sacerdotes guerreros en sus ejércitos, aunque Sigmar está asociado principalmente con Reikland y el Emperador, del mismo modo que Ulric está asociado con Middenland (aunque su culto también se ha extendido a todo el Imperio). Los guerreros sacerdotes son celotes religiosos a los que guía Sigmar para realizar acciones de verdadera valentía y fuerza. Estos individuos han evitado más de una derrota evitando que las tropas imperiales huyesen y liderándolas a una victoria gloriosa. Por ello, es creencia popular que estos héroes han sido bendecidos por la voluntad divina de Sigmar.

Cazadores de BrujasEditar

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Las prácticas del Culto de Sigmar varían enormemente de un sitio a otro, aunque todos sus seguidores tienen en común ciertos principios, como la aversión por la hechicería antinatural, la persecución de brujas y mutantes, y la aniquilación de los pieles verdes y de las criaturas del Caos.

De todos estos enemigos, los hechiceros (proscritos hasta la formación de los Colegios de la Magia tras la Gran Guerra contra el Caos) y los cultos prohibidos de los dioses del Caos son los enemigos más viles que han de ser arrancados allí donde son descubiertos. De estos peligros se encargan los incansables cazadores de brujas. Estos guerreros son rígidos en el cumplimiento del deber y puritanos, aunque no son clérigos (no pertenecen a un templo y no forman parte de ninguna hermandad, aunque a veces pueden haber recibido algún tipo de formación religiosa). Los cazadores de brujas han de mantenerse al margen de las órdenes religiosas, pero en ocasiones, cuentan con sacerdotes o magos como aliados. Los cazadores de brujas recorren el Imperio contratados por los condes para hacer cumplir las leyes y destruir todo lo relacionado con la brujería, la blasfemia y la adulación de los Dioses Oscuros.

En palabras de un cazador de brujas, cualquiera puede ser juzgado y quemado en la hoguera, acusado de brujería y cientos, si no miles, han ardido en las hogueras de los cazadores de brujas para expiar sus crímenes (y quizás no todos los que han muerto a manos de los aczadores de brujas eran culpables). Sin embargo, estas consideraciones no tienen importancia alguna comparadas con las mortíferas fuerzas a las que han de enfrentarse

Templarios SigmaritasEditar

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En general, las órdenes de caballería imperiales tienen su base en la casa capítulo y no tienen una relevancia religiosa particular. Se tratan de lugares o centros de nobleza marcial con una serie de tradiciones que pueden implicar o no la celebración de uno o más dioses, victorias famosas, el día del fundador, etc. Las órdenes de caballería suelen ser fundadas y mantenidas por nobles influyentes o familias nobles (a menudo, de condes), aunque sean órdenes de un templo. Esta situación tiende a desarrollarse durante períodos de anarquía y malestar social, períodos en los que los templos corren el peligro de ser saqueados por bandidos y herejes. Para evitarlo, los templos atesoran fondos y fundan su propia orden de caballería, que, suelen incluir a los hijos más jóvenes de las familias nobles o nobles de menor rango que no han podido unirse a otras órdenes de caballería más antiguas. El auge de las órdenes templarias es una señal de los oscuros tiempos actuales y su número aumenta cada año.

Entre las órdenes templarias sigmaritas destacan los caballeros del martillo, que han combatido a los enemigos de la iglesia sigmarita durante más de doscientos años, su casa capítulo y sus estatutos les han sido concedidos por el Emperador Magnus el Piadoso. Ataviados con una armadura de acero bruñido y blandiendo martillos letales en honor de Sigmar, han mantenido un historial intachable contra las amenazas al Imperio, desde los Orcos a los invasores del Caos. La piedad de los caballeros del martillo es incuestionable y los cultistas y demagogos han aprendido a temer a los guerreros de cabeza rapada con su reluciente armadura y su terrorífica habilidad marcial.

En la actualidad, la orden lucha por recuperarse de las innumerables bajas que sufrió luchando junto al ejército de Valten y Luthor Huss en la Tormenta del Caos. De los cien caballeros que cabalgaron hasta la batalla librada en Middenheim, solo regresaron veinte y a los caballeros del martillo les costará años recuperarse de esta pérdida.

Ordenes Fanáticas SigmaritasEditar

El culto de Sigmar cuenta con numerosísimas facciones y divisiones internas. Sin embargo, no hay que olvidar que no todas ellas son fanáticas, aun cuando los oficiales del culto las describan como tales. Los Malleusianos, por ejemplo, son claramente heréticos y podrían describirse como fanáticos, pero muchos de ellos profesan su fe con el mismo fervor que el típico cazador de brujas. En esta sección se describen algunos de los grupos que son claramente extremistas.

Las DesamparadasEditar

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Las Desamparadas son una orden femenina de guerreras cuyo propósito es eliminar a los pieles verdes de la faz del mundo. Sus miembros son exclusivamente mujeres que han perdido a sus hombres (esposos, padres, hermanos o hijos) a causa de las incursiones de orcos o goblins, y que han aceptado a Sigmar como deidad protectora. Bajo su estandarte, parten en busca de venganza.

Estas viudas consagran sus vidas a su sombría tarea, aceptando la naturaleza imbatible de sus enemigos. Las huestes orcas son interminables, carecen de piedad y se multiplican como cucarachas, por lo que todos los miembros de esta secta son conscientes de que están firmando su propia sentencia de muerte al unirse a ella. Pero esto no las desanima en lo más mínimo. Viven por la satisfacción que les proporciona la destrucción de un grupo de orcos, y la llegada de otro nuevo no es sino una oportunidad más.

La tasa de mortalidad de las nuevas reclutas es muy elevada, ya que la secta no cree en la formación preliminar. Las novatas reciben las armas y armaduras de anteriores miembros (siempre que haya disponibles) y luego se les envía a luchar contra los orcos. Si no hay armas ni armaduras a mano, la recluta parte al combate empuñando una escoba o algún otro palo. Las que sobreviven suelen convertirse rápidamente en guerreras capaces y desarrollan un estilo feroz y caótico. Este grupo también es célebre por su tendencia a beber en exceso y provocar peleas antes y después de las expediciones contra sus enemigos.

Sigmar sustituye a los parientes perdidos de cada miembro de esta secta, por lo que se describen a sí mismas como hijas, esposas, hermanas o incluso madres de Sigmar. Estos títulos, sobre todo los últimos, suscitan la sospecha de la Orden de la Antorcha, pues parecen herejías. Sin embargo, el grupo al completo carece de otra doctrina que no sea “matar a los pieles verdes”, por lo que la mayoría de los sacerdotes lo toleran.

Las Órdenes de FlagelantesEditar

Flagelantes y Sacerdote Guerrero Karl Kopinski.jpg
Las órdenes de flagelantes son un fenómeno sumamente llamativo en el moderno culto de Sigmar. No obstante, no conforman un único grupo. Cada orden flagelante posee sus propias creencias únicas, y muchas se oponen fervientemente a todas las demás órdenes. Lo único que comparten es la creencia errónea de que ofreciendo su dolor complacen a los dioses. Dado que el mundo es un lugar tan sombrío, lleno de sufrimiento, angustia y derramamiento de sangre, no tienen ninguna duda de que es así como los dioses quieren las cosas.

Algunos grupos aceptan únicamente a hombres, otros sólo a mujeres, y los hay que aceptan a ambos, mientras que otros sólo permiten el acceso de personas de una edad concreta, ya sean niños o ancianos. Algunos reúnen a sus miembros con carácter temporal, mientras que otros se comprometen de por vida. Muchos requieren que los nuevos miembros se practiquen o posean una mutilación específica, pero otros confían en que la constante mortificación acabará causando mutilaciones que sean del agrado de Sigmar.

Pese a todas estas diferencias, estos grupos tienen mucho en común. Lo más importante es su énfasis en la flagelación, o más generalmente, en que todos sus miembros deben causarse dolor. Un verdadero grupo de flagelantes sólo tortura a sus miembros, aunque algunos pueden golpear a los voluntarios que no deseen unirse a ellos permanentemente. La flagelación es el modo más popular de mortificación, ya que puede prolongarse indefinidamente si se practica con moderación, pero toda forma de tortura conocida en el Imperio es empleada por algún grupo en alguna parte.

La abrumadora mayoría de los flagelantes practican su mortificación en público, a menudo desfilando por los pueblos mientras cada miembro azota al que tiene delante. A mismo tiempo, el líder suele ir predicando la doctrina exclusiva del grupo.

La mayoría de las órdenes de flagelantes se forman alrededor de un líder carismático, que suele creer que los acontecimientos horribles más recientes, en especial la Tormenta del Caos, son castigos enviados por Sigmar por haber deshonrado al Imperio. Según afirman estos predicadores, a no ser que todos hagan penitencia por sus fechorías, Sigmar destruirá el mundo o dejará que lo hagan las Fuerzas Malignas. Algunos grupos se forman alrededor de líderes que se creen en la obligación de hacer que la cólera de Sigmar recaiga sobre ellos, para luego hacer penitencia en nombre de todos. Otros creen que la tortura les hará dignos de los grandes dones otorgados por Sigmar. Unos pocos incluso sobreviven a la muerte del líder que los reunió, aunque la mayoría se disgregan cuando esto sucede y sus miembros buscan otros grupos a los que unirse.

Por lo general se tolera la existencia de flagelantes, en parte porque la población general suele opinar que tal vez tengan razón y se opondría a todo intento por suprimirlos. Los grupos que cruzan la línea de la política o la herejía son eliminados de forma implacable, pero muchos flagelantes son libres de actuar abiertamente. Algunos sacerdotes incluso apoyan sus actos y llegan a liderar grupos de flagelantes.

Los Yunques de SigmarEditar

Entre los muchos Fanáticos que pretenden comprender la verdadera naturaleza de Sigmar existen algunos que cargan con el peso de la maldad que el Imperio ha dejado florecer. Creen que cada mutante que nace, cada calamidad, cada nueva incursión y cada guerra no son más que otra señal del disgusto de Sigmar. Habiendo presenciado los resultados de estos conflictos, las vidas destrozadas de quienes sobrevivieron a tales atrocidades, se sienten incapaces de tolerar por más tiempo los horrores del mundo y se comprometen a purificarlo.

Los Yunques de Sigmar son un peculiar grupo de Fanáticos que se imponen terribles pruebas en un intento desesperado por redirigir la cólera de Sigmar hacia sí mismos para que no la descarguen sobre los inocentes. Gran parte de su tiempo lo emplean en buscar nuevas formas de mortificación, pero siempre sin llegar a matarse. La mayoría de los Yunques se azotan y luego cubren de sal sus heridas; también hay otros que se arrancan tiras de piel y espolvorean los desgarros con cristal molido, arena o, en algunos casos, jugo de limón. Se someten a quemaduras, palizas y cualquier otro acto horrible que puedan padecer con tal de que el Imperio continúe protegido por la mano de su deidad.

Por lo general, los Yunques se reúnen en pequeños grupos de doce hombres y mujeres. Casi nunca permanecen mucho tiempo en un mismo lugar, pues los lugareños no soportan sus gritos y quejidos; pero la verdad es que se desplazan para que las ampollas de sus pies sigan frescas y supurantes. Estos grupos nunca toman los caminos más fáciles; viajan por las tierras más agrestes, nunca por caminos o calzadas; prefieren caminar por senderos llenos de zarzales y espinas que desgarren su carne. No es de extrañar que su número sea muy reducido.

La Verdad de SigmarEditar

Los Unificadores, que creen que Sigmar es el Emperador de los Dioses, no suelen ser extremistas. Los miembros de la Verdad de Sigmar sí lo son; creen que Sigmar es el único dios que existe. Afirman que, cuando Ulric ascendió a Sigmar a la divinidad, los dioses fueron a la guerra contra las Fuerzas Malignas, y todos ellos murieron a excepción de Sigmar. Los dioses oscuros apoyaron a los sacerdotes de las demás religiones, al tiempo que los pervertían para que practicasen terribles rituales. Aunque Sigmar estaba solo, fue capaz de vencer a las Fuerzas Malignas y hacerlas retroceder hacia los Desiertos, pero Fue una batalla difícil incluso para el dios del Imperio.

Así, los miembros de la Verdad de Sigmar creen que todo el que rinde homenaje a otra deidad es en realidad un sectario del Caos. Tales cultos ayudan a las Fuerzas Malignas, y la Verdad cree que la Tormenta del Caos es una señal de que Sigmar tiene cada vez más problemas para contener a las fuerzas de las tinieblas. Esto es, desde luego, una llamada a las armas; es preciso eliminar a los que adoran a otras deidades.

Los fanáticos de este grupo se mantienen en la más absoluta clandestinidad, pues no desean llamar la atención de sus enemigos. Concentran sus ataques en los templos y sacerdotes de las demás divinidades, destruyéndolos sin piedad. También incluyen entre sus enemigos a quienes adoran abiertamente a las Fuerzas Malignas; incluso han llegado a destruir sectas del Caos auténticas. Sin embargo, han matado a muchos más sacerdotes relativamente inocentes, y dañado o destruido gran cantidad de templos y santuarios.

La Orden de la Llama Purificadora es consciente de la existencia de este grupo y lo persigue implacablemente. No sólo son herejes, sino que al luchar contra los enemigos del Caos debilitan al culto de Sigmar en la larga batalla contra la corrupción. Unos pocos sacerdotes son miembros del grupo, pero se cree que nadie que ocupe un cargo de verdadera autoridad está afiliado a ellos.

Personalidades Impertantes del CultoEditar

VolkmarEditar

Volkmar

Luthor HussEditar

Luthor Huss

Johann van Hal y Wilhelm HasburgEditar

Johann van Hal y Wilhelm Hasburg

FuentesEditar

  • Warhammer Fantasy JdR: Tomo de Salvación (2ª Ed. Rol)

Spotlights de otros wikis

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