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Norses

Skeggi es el asentamiento humano más grande y antiguo del Nuevo Mundo. Es la puerta de entrada a Lustria a través de la que aventureros y saqueadores parten tierra adentro en busca de fortuna. De estos, los principales son los Norses, cuyas ansias de oro igualan a sus ansias de sangre.

IntroducciónEditar

Hacia el norte del Viejo Mundo, más allá del Mar de las Garras, se extiende una tierra despiadada, helada, azotada por el viento y llena de montañas y bosques a la que se conoce por el nombre de Norsca. La gente que vive allí es tan despiadada como la propia tierra: se trata de los Norses, uno de los pueblos humanos más temidos de todo el mundo.

Los Norses son un pueblo guerrero y sus dioses son los dioses del Fin de los Tiempos. Cuando los Reinos del Caos se expanden y las bestias del infierno cobran forma física, los Norses responden a la llamada a las armas y marchan a la guerra junto a los guerreros de los Dioses Oscuros para acabar con todos los que se crucen en su camino y prender fuego a todo aquello que no puedan saquear.

Sin embargo, muy pocos de estos hombres aguardan la llamada de los Poderes Ruinosos para guerrear, sino que parten a bordo de sus drakkars para saquear todas las costas del mundo. A lo largo de infinitas generaciones de incursiones constantes, los hombres de Norsca se han convertido en excepcionales marinos que incluso alardean (a veces con razón) de poder superar la navegación de las flotas de los Altos Elfos de Lothern.

Fue el mayor de los marinos Norses, Losteriksson, quien, en el año 888 del Calendario Imperial, atracó en la costa del Nuevo Mundo abriendo las puertas del continente de Lustria a la intrusión de la raza humana y alterando para siempre el curso de los planes de los misteriosos Ancestrales.

La Fundación de SkeggiEditar

En cuanto sus tres barcos anclaron junto a la costa, los hombres de Losteriksson cayeron presa de las enfermedades transmitidas por las picaduras de insectos. Losteriksson dejó atrás a los guerreros enfermos encargándoles vigilar las naves y se dirigió hacia el interior con el resto de sus hombres en busca de tesoros. Al principio, Losteriksson no tenía ni idea de lo que encontraría en el interior de aquel nuevo territorio, pero supuso que sin duda habría templos y ciudades que saquear, igual que en Ulthuan y Naggaroth. Después de una larga marcha a través de la jungla, y con sólo la mitad de sus hombres aún con vida, encontró las ruinas de una Ciudad-Templo deshabitada y cubierta por la vegetación. Esto era exactamente lo que Losteriksson había deseado encontrar. Sus hombres se dispersaron para saquear el lugar y, después de todo un día de búsqueda, solo encontraron unos pocos objetos de oro en varias cámaras y criptas, aunque varios hombres habían desaparecido en el proceso. Losteriksson decidió regresar a sus naves mientras todo iba bien, con la intención de volver con una expedición más numerosa con la que adentrarse aún más en la jungla. Finalmente, Losteriksson y un puñado de guerreros consiguieron regresar a la playa, donde se encontraron los barcos abandonados. Sus hombres habían desaparecido y no quedaban ni sus huesos. Nunca se supo qué les había sucedido. En ese momento quedaban tan pocos Norses con vida que la parte del botín que le correspondió a cada uno convirtió a los supervivientes en hombres de considerable riqueza. Esto creó la falsa impresión de que Lustria era un lugar donde un explorador podía hacerse rico, pero nadie se detuvo a considerar las posibilidades de sobrevivir para llegar a disfrutar de aquellas fortunas. Losteriksson pudo regresar a Norsca con honor y con una dote para su amada Inga. Los Norses son excelentes marinos, por lo que todas las naves regresaron intactas a pesar de lo reducido de sus tripulaciones. Pronto corrió la voz por toda Norsca de que existía un nuevo mundo rebosante de oro. Los guerreros acudieron en masa al nuevo y magnífico hogar de Losteriksson, construido con su parte del botín y le pidieron que encabezara una nueva expedición a Lustria. Finalmente, Losteriksson ordenó la construcción de multitud de navíos. Bajo su mando, navegaron hacia el Sur transportando no sólo a guerreros Norses, sino también a sus mujeres y algunos animales de ganado. La expedición llegó a Lustria después de un largo y azaroso viaje en el que se perdieron algunas naves.

Losteriksson navegó a lo largo de la costa para encontrar el gran montículo de piedras que sus hombres habían hecho para marcar el punto de su anterior desembarco. Dieron con el lugar y vararon las naves. En pocos días, los Norses habían construido una empalizada alrededor de sus naves. El Nuevo Mundo era rico en madera y las hachas humanas estaban afiladas, así que no pasó mucho tiempo antes de que hubiera florecido una auténtica colonia Norse, que incluso contaba con la tradicional gran sala de las asambleas. Se despejó la vegetación de la jungla unos cientos de metros alrededor de la colonia, lo cual contribuyó en gran medida a evitar las enfermedades causadas por los insectos. Los Norses cambiaron los pesados guisos de su tierra por la fruta y pasaron a asar la carne de las grandes bestias reptiloides que cazaban en la jungla. La falta de cerveza fue un problema grave hasta que llegó la primera cosecha de cebada. Sin embargo, las colmenas de las enormes abejas tropicales les proporcionaron la miel suficiente para destilar un hidromiel que superaba a cualquier otro de Norsca.

Skeggi 002

La nueva colonia Norse fue llamada Skeggi en honor a la hija de Losteriksson, que fue el primer niño en nacer en aquella nueva tierra. Al principio, Losteriksson prohibió que nadie se adentrara en la jungla. No obstante, los jóvenes guerreros ansiosos de obtener riquezas no pudieron esperarse y al cabo de poco tiempo muchos de ellos empezaron a desobedecerle. Pequeños grupos partieron por su cuenta para no volver a ser vistos de nuevo. Aun así, al menos uno o dos grupos encontraron riquezas en algún sitio y volvieron a Norsca, con lo que más Norses se animaron a emprender el viaje a Lustria. De esta forma, naves cargadas con más colonos arribaban de vez en cuando a Skeggi, cuya población creció.

En menos de una década, la colonia se había transformado en un pueblo rebosante de actividad y en la puerta de entrada al Nuevo Mundo. Cada año hay más aventureros que pasan por sus muelles y cada vez se transporta más oro y más esclavos del Viejo Mundo a Norsca. Durante todo el tiempo que ha pasado desde el día de su fundación, Skeggi se ha convertido en un puerto muy próspero gracias al diezmo que sus habitantes obligan a pagar a todos los que desean pasar por él. Sin embargo, se trata de un lugar sin ley gobernado por caudillos mezquinos y bandas errantes de aventureros. Una multitud de tugurios, burdeles y mercados de esclavos conforman los centros de poder del asentamiento y los que ostentan dicho poder controlan sus imperios desde estas guaridas. Las calles de Skeggi tienen un tráfico abundante en dos direcciones. En una dirección van los que acaban de llegar tras pasarse semanas navegando por el Gran Océano, impacientes por encontrar riquezas en los profundos rincones de las junglas lustrianas rebosantes de oro. En la otra dirección van los que vuelven del infierno verde y ostentan la mirada perdida de los que han visto morir a amigos presa de horrores inimaginables sin haber ganado nada a cambio, o el aspecto furtivo de los que portan grandes riquezas envueltas en trapos. Por lo general, los primeros son más comunes.

El Ejército de SkeggiEditar

A pesar de que nadie ha gobernado a los habitantes de Skeggi desde los días de Losteriksson, en la larga historia de la colonia ha habido períodos en los que su irritable población se ha unido, aunque solo fuera durante un breve lapso de tiempo, a las órdenes de un fuerte líder guerrero. Dada su condición de refugio de los contingentes de guerra Norses más sanguinarios dedicados a la piratería, Skeggi ha sido el blanco de ataques de castigo por parte de los Hombres Lagarto y de otras razas que suelen tratar de recuperar algunos de los objetos más valiosos que les han sido robados de sus templos sagrados. Pese a lo justa que pueda ser la ira de estos pueblos, el fanatismo con el que los Norses defienden siempre su honor como raza y su derecho básico al saqueo es siempre superior. Más de una fuerza de asedio ha tratado algunas veces de someter Skeggi y ha acabado por ser enviada de vuelta a la selva, perseguida por hordas de Norses furiosos y, a menudo, muy borrachos.

Los alrededores de SkeggiEditar

Debido a la naturaleza de la tierra que rodea a Skeggi, la única ruta viable para entrar y salir de la colonia es por mar. Los pantanos que rodean el asentamiento se encuentran en un estado de flujo constante en el que el nivel del agua crece y decrece con la marea inundando cualquier camino que algún necio haya sido capaz de construir. Por consiguiente, la selva que rodea a Skeggi está surcada por una red de estrechos caminos y senderos, aunque muy pocos de los caminos son practicables. Desde el momento en que el viajero abandona la relativa seguridad de los claros que rodean a la colonia, se sumerge de lleno en una jungla frondosa y en todos los peligros que le aguardan en ella.

Los Bárbaros de SkeggiEditar

Desde su base costera, los Norses de Skeggi realizan incursiones por todos los rincones del continente y más allá. Hacia el Norte se halla Naggaroth, donde numerosos caudillos Norses han decidido realizar incursiones contra los perversos Elfos Oscuros. Hacia el Oeste, la jungla está repleta de lugares sagrados de los Hombres Lagarto esperando a ser saqueados y algunos Norses han llegado a sobrevivir a las trampas mortíferas de tales lugares pensadas para impedir el paso a cazatesoros como ellos. Más al Oeste se alza la ciudad templo de Hexoatl, una enorme metrópolis rebosante de Hombres Lagarto y, hasta la fecha, ningún Norse ha sido lo bastante temerario como para tratar de atacarla, aunque solo es cuestión de tiempo antes de que algún líder guerrero fanfarrón decida organizar una expedición.

A aquellos Norses que han nacido en Skeggi el clima sofocante no les afecta tanto como a los recién llegados a la colonia y se han hecho expertos en atravesar los senderos de la selva y en sobrevivir cazando a los monstruos que habitan en ella. Algunos de estos bárbaros han llegado incluso a adentrarse en las cavernas inundadas en las que los Gélidos ponen sus huevos y a robar uno de sus bestiales retoños para criarlo, domarlo y poder usarlo como montura en combate. No obstante, esto es muy poco corriente y es motivo de gran consternación entre los Hombres Lagarto, que consideran estos actos y la mera presencia de los Norses en Lustria como un gran desbaratamiento de los planes de los Ancestrales.

FuenteEditar

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