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Sombra misteriosa (Relato)

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Be'lakor 2.jpg

Mannfred von Carstein se deslizó más profundamente en la helada caverna, mientras los sonidos de la batalla se iban desvaneciendo tras él. Los norteños envueltos en pieles habían sido tan fáciles de distraer como siempre lo eran. Ahora golpeaban contra los cadáveres reanimados de sus compañeros caídos, sin sospechar que la batalla no era más que una distracción. Los zombis no eran dignos adversarios para los norteños, pero había una gran cantidad de magia en las cuevas, por lo que Mannfred suponía que podría mantener a los cadáveres danzando el tiempo que fuese necesario.

El vampiro siguió el rastro de magia oscura a través del laberinto de estalactitas y cristales de hielo. La mancha de la brujería era espesa en el aire, e incluso la visión bruja de Mannfred no podía captar el brillante rastro más que unos pocos pasos por delante. La cercanía del premio lo llevó hacia adelante.

Al final, un áspero monolito se vislumbraba en la oscuridad de la caverna, y Mannfred supo que había llegado a su destino. Este laberinto había sido una vez la fortaleza de un nigromante que se llamaba a sí mismo "Moroslav el Magnífico". En realidad, toda la magnificencia que pudo poseer Moroslav se debía a su suerte, al encontrar cierto libro repleto de conocimientos prohibidos, más que a ninguna habilidad real. Pasando bajo el dintel de piedra, Manfred entró en la sala.

Como había sospechado, los norteños ya habían saqueado la tumba, llevándose todo aquello que pensaban que tenía un cierto valor. Había visto algunos de los amuletos alrededor de las gargantas y muñecas de los bárbaros en los niveles superiores. Los necios los llevaban por sus gemas, ignorantes del verdadero poder contenido en ellos. A Mannfred no le importó. Tenía amuletos suficientes, y lo único que deseaba era el único objeto que loss norteños habían dejado sin tocar: el libro hecho de piel humana que el marchito cadáver de Moroslav todavía aferraba entre sus brazos.

Los huesos se rompieron cuando Mannfred tiró del libro para liberarlo. Estaba templado al tacto. El vampiro salió de la tumba y se internó de nuevo en la caverna. Pero, cuando lo hizo, una gran masa de sombras surgió de la eterna oscuridad y se movió para cerrarle el camino.

-Assssssí que leí correctamente la magia. Un ladrón ha venido.

La figura era enorme, al menos el doble de alta que el vampiro. Mannfred pudo discernir la forma de alas monstruosas a la espalda de la criatura, pero poco más. La sombra cubría al ser como un sudario viviente.

Finalmente, Mannfred empezó a susurrar encantamientos de resistencia en sus talismanes protectores. Había encontrado (y derrotado) a muchos demonios anteriormente, pero el aura de poder oscuro de esta criatura sobrepasaba con creces la de cualquier otro demonio que Mannfred hubiese encontrado antes. Aún así, lucharía por su premio, si era necesario.

-Contén tu lengua -siseó el demonio- Si dessssease tu muerte, ya hubiessse acabado contigo. Como mis esssbirrosss en la cámara sssuperior, ssu utilidad para mí ha terminado. Sussss muertesss no me importan, y tú me interesasss. Losss dosss sservimosss a amosss indignosss cuando deberíamossss gobernar.

-¡No sirvo a nadie!-contestó Manfred. No, al menos, desde que Vlad encontró su "desafortunado" final, se concedió a sí mismo silenciosamente.

-No aún -respondió el demonio -pero una sssombra yace en tu futuro. No podrásss essscapar de ella.

-¿Y debo suponer que me ofreces tu ayuda, al más generoso de los precios? -dijo Manfred desdeñosamente. -No soy un mortal al que puedas tentar con tu telaraña de mentiras.

-No he hecho tal oferta -contestó el demonio.-Ssólo dessseo que recuerdesss que he tratado de advertirte, ya que podemosss encontrarnosss de nuevo con un objetivo en común. Quizá entoncess piensess en Be'lakor como en un digno aliado -esto último lo dijo acompañado de una risotada hueca. -Conssserva el libro como un recordatorio. -Be'lakor comenzó a disiparse. -No tengo ningún usso que darle.

La sombra fluyó como si fuese agua cuando el demonio se apartó hacia un lado, dejando libre a Mannfred para continuar su huida. Aferrando el libro contra su pecho, el vampiro se perdió en la fría noche. Que el demonio Be'lakor jugase a sus juegos: ¡el cuarto Libro de Nagash ahora estaba en poder de Mannfred von Carstein!

FuenteEditar

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