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Torak

Tarok, domador de mamuts

Hace muchos años, cuando el mundo era más joven, los Khazags eran una primitiva tribu bárbara que vivía en las desoladas tierras de las Túndras del Norte. Sabían muy poco del mundo exterior, o de sus dioses, o de sus guerras. Pero, aunque los Khazag se habían olvidado del mundo exterior, el mundo exterior no los había olvidado a ellos. Pronto, el ojo de otros poderes se fijó en ellos... ya que nada de lo que ocurre en el Norte escapa a los Dioses Verdaderos. Los Poderes Oscuros tenían nuevos planes para la simple tribu de los Khazags.

El cambio en el destino de la tribu empezó con el nacimiento del primer hijo del jefe, Tarok.

HistoriaEditar

Tarok creció entre su gente y aprendió su cultura, y llegó a ser un fiero cazador, el más dotado de los jóvenes. Pero el alma de Tarok era cruel y vengativa, y Tarok y sus seguidores empezaron a despreciar sus tradiciones.

Mientras estaba cazando en la tundra con su grupo, salió una disputa sobre quién había efectuado el golpe letal a la presa, y por tanto quién debía comer su corazón (un rito tribal según el cual la fuerza de la bestia pasaba al cazador). Tarok reclamó que había sido él, mientras que otro cazador y su grupo afirmaban que era suyo. La disputa se acaloró y Tarok, enfurecido, atacó con su lanza a su rival, provocando una pequeña batalla. Seis miembros de la banda rival murieron.

Dado que matar a otro miembro de la tribu estaba estrictamente prohibido, cuando las noticias de lo que había hecho Tarok llegaron, la tribu entera lo condenó a muerte por lapidación, aunque su padre consiguió permutarlo por el exilio y que la propia tundra debería juzgarle, así que lo abandonaron a él y a sus amigos, desnudos y desarmados en la nieve. Tarok los maldijo en su furia.

Exilio y VueltaEditar

Tarok y sus seguidores no murieron, sino que por suerte o destino, escaparon hacia el Norte, donde se unieron a las tribus nómadas de los bárbaros de los Desiertos del Caos, compitiendo por el favor de sus dioses. Maldiciendo a su padre, Tarok juró vengarse de su gente, y aprendió las artes de la guerra y el combate. Como muchos otros antes y después que él, Tarok pasó a ser un Bárbaro del Caos, haciendo incursiones en el Sur, incendiando y robando en nombre de sus nuevos maestros, los Dioses del Caos. Tarok fue favorecido por sus Dioses y creció fuerte, aprendiendo las artes oscuras y trazando un plan para volver a encontrarse con los Khazag. Cuando Tarok fue lo suficientemente fuerte, cogió a su propia fuerza de bárbaros y marchó a encontrar a su gente.

La noche del retorno de Tarok fue una noche de horror, oscuridad y sangre para los Khazag. Tarok llegó e incendió el campamento, asesinando a todo aquél que se opusiera. En la luz del fuego, Tarok obligó al caudillo de los Khazag a arrodillarse ante él y que suplicase por la rendición ante el desconocido. Lentamente, Tarok se quitó el yelmo para mostrarse y completar su venganza. "He vuelto, Padre, para reclamar mi derecho de nacimiento y mi destino. Una vez me desterraste a la muerte, dejándome con vida. No cometeré el mismo error. Por derecho de nacimiento y conquista reclamo ser el líder de los Khazag en el nombre de los Dioses del Caos". Y, con un cruel golpe de hacha, decapitó a su padre.

Esclavización de los KhazagEditar

Aunque eran buenos cazadores, los Khazag nunca habían sido diestros guerreros, ya que sólo buscaban su propia supervivencia. Con Tarok, todo cambió. Era un poderoso campeón, pero en el fondo era sólo un instrumento, un peón en el esquema de los Dioses. Los Dioses del Caos usaron a su nuevo campeón para corromper a los Khazag; eran una nueva fuente de adoradores y guerreros, y una oportunidad de expandir sus dominios.

Con Tarok como jefe, los Khazag serían buenos seguidores del Caos, y sus habilidades como cazadores serían fácilmente adaptables a la guerra. Pero los Khazag eran orgullosos, y varias veces hubo una rebelión contra sus nuevos señores. Y, aunque eran vencidos una y otra vez, el espíritu no se rompía.

Tarok, encolerizado, se decidió a demostrar el poder de sus nuevos dioses y su derecho divino a gobernar. Ayudado por sus Maestros, clamó que podría domesticar a Angkor, aquél animal reverenciado como un dios por su propia gente. Y pidió a sus Dioses el poder para conseguirlo. En una sangrienta noche, sacrificó una décima parte de los Khazag en honor a sus maestros, dejando todo el campamento ensangrentado y las cabezas de las víctimas en estacas alrededor del campamento. Juró plegarias de lealtad y servicio, y prometió que si los Dioses le ayudaban en ese momento, lideraría a los Khazag en una guerra sin fin contra sus enemigos.

A los Dioses les agradó tanta devoción, así que le dieron a Tarok una visión sobre el camino hacia el corazón de los Desiertos del Caos. Junto a sus hombres más fieles, Tarok se introdujo en la tempestad de nieve y pronto desapareció. Tarok viajó durante días, atravesando el corazón de los Desiertos del Caos, donde horrores sin nombre pueblan la tierra, y allí, gracias a los Dioses, encontró y esclavizó a Angkor. Más tarde se dijo que la batalla para esclavizar a Angkor duró tres días y sus noches, y que la mayoría de los hombres de Tarok murieron luchando contra la bestia. Pero, cercano a la muerte, el espíritu demoníaco de Angkor salió, y, encadenado, el Padre de todos los Mamuts cedió a su nuevo amo. Tarok y los supervivientes subieron a la espalda de Angkor y se dirigieron hacia el Sur.

No volvió hasta que pasó un año y un día de su partida. Mientras, la esperanza había surgido entre los Khazad, eran libres del tirano... o tal vez no. Las señales no eran buenas: no se veían crías de mamut, la caza era pobre, el cielo del Norte se volvió rojo y las tormentas llegaron con más fuerza que nunca. Y, en cabeza de esa tormenta, rodeado por la lluvia, los truenos y los rayos, llegó Tarok, cabalgando a Angkor mientras el suelo temblaba. Había derrotado a su antiguo dios, así que los Khazag definitivamente aceptaron la verdad. Todos aclamaron a Tarok como su verdadero líder, y sus dioses debían ser los dioses más poderosos como él había dicho. Desde ese momento, los Khazag abrazaron al Caos.

El Auge de los KhazagEditar

Y los Khazag pasaron de cazar a los cachorros de mamut, a domesticar a los mayores y usarlos como monturas de guerra. Tarok y sus seguidores enseñaron a la tribu el arte de la forja del hierro, y los Khazag empezaron a equiparse para la guerra. Tarok decretó que para complacer a sus nuevos dioses los Khazag debían declarar la guerra a las otras tribus del Norte, derramando sangre y masacrando en su nombre. Equipados para la guerra y montados encima de Mamuts peludos, los Khazag empezaron las incursiones en tierras de sus vecinos. Con Tarok (y Angkor) en cabeza, viajaron desde su vieja aldea tribal en búsqueda de batalla. Aquellos simples cazadores pasaban a ser esclavos de la oscuridad, peones de un poder siniestro; y los Dioses del Caos rieron por su triunfo.

Desde hace muchos años, los Khazag y sus Mamuts de Guerra han sido vistos en batalla. En muchas de las grandes incursiones de las Hordas del Caos, los Khazag, liderados por los descendientes de Tarok, han aparecido. Su líder suele montar en Angkor, cuyo espíritu demoníaco nunca se ha saciado de guerra. Muchas de las fortalezas fronterizas de Kislev han notado cómo el suelo temblaba a medida que Angkor se acercaba, sólo para ver cómo sus empalizadas y murallas de madera caían como briznas de trigo. Angkor fue quien rompió las puertas en el asedio de Karak-Ungor. Y cuando Engra Espada de Muerte saqueó Praag, los Khazad, liderados por Angkor, estaban allí destrozando las murallas de la ciudad.

FuentesEditar