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Templo de Asuryan

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Templo de Asuryan.jpg
El Templo de Asuryan es el principal santuario del rey de los dioses élficos. Aquí es donde se coronan a los Reyes Fenix, que deben atravesar la llama sagrada y ser juzgado por el propio dios.

El templo tiene una gran importancia religiosa y espiritual para los Altos Elfos, por lo que son frecuentes las peregrinaciones al mismo, de echo se espera que todos los nobles altos elfos emprendan este viaje al menos una vez en su vida. Es tal su importancia que uno de los edictos más antiguos de los elfos prohíbe le derramamiento de sangre dentro de sus muros. Por ello, está estrictamente prohibido que las armas puedan cruzar el umbral del Templo de Asuryan.

El TemploEditar

El Templo está situado en la Isla de la Llama, situada en el Mar de los Sueños (el mar interior), al norte del reino de Eataine. Se trata de una isla volcánica rodeada por playas con bajíos pocos profundos de arena blanca y largos embarcaderos que se adentran en el mar. Algunas de sus laderas están cubiertas de palmeras y salpicadas de cuevas y terrazas. Se desembarca en la isla en un pequeño puerto cuya entrada está flanqueada por estatuas de Reyes Fénix. Imágenes de los dioses observan desde lo alto de los acantilados.

Bendición de Asuryan por Matt Zeilinger Altos Elfos.jpg
En el centro de la isla, justo en el punto más alto, se encuentra el principal templo de Asuryan. Aquellos con visión bruja pueden percibir los enormes flujos de energía mágica que lo rodean. Todo aquel lugar era un nexo de enorme poder, de un tipo muy específico y sagrado. El Templo de Asuryan no sólo está situado sobre una falla geológica en la corteza de la Tierra, sino sobre una falla de la superficie del universo.

El propio templo es una gigantesca estructura blanca con forma de gran pirámide escalonada que se elevaba sobre un patio de mármol en medio de un prado abierto. Resulta difícil determinar la verdadera escala de la construcción, pues parece formar parte de los acantilados, una montaña que había sido parcialmente esculpida por los constructores de tiempos remotos. Ciertamente, este zigurat no presenta las pautas de la arquitectura élfica típica sino que recuerda mas a la de las antiguas ciudades de los Slann. Algunos creen que fueron ellos los primeros que contactaron con Asuryan y les enseñaron su culto a los elfos.

Antaño, las murallas que rodeaban al templo resplandecían con los rayos del sol, bañando los alrededores con una luz majestuosa. Hoy en día, las piedras que la conforman son muy antiguas, mostrando desgastes por los elementos, y están recubiertas de un musgo de color ocre. Tras atravesar una pequeña poterna para entrar en el recinto que rodea el grandioso zigurat, se erige una gran cantidad de estructuras de piedra más pequeñas que parecen montar guardia para proteger la propia pirámide escalonada del templo. Igualmente, cerca del templo, hay filas de columnas talladas con la figura de Asuryan representando múltiples facetas: padre cariñoso, águila descendiendo en picado, fénix renaciendo de sus cenizas, etc ...

Cerca de allí se encuentran los Picos Llameantes, grandes pilares de alabastro que parecen vigilar el Templo de Asuryan. Arden constantemente con llamas mágicas ya que Aqshy, el Viento de Fuego, sopla entre esas rocas y se ve atraído inexorablemente hacia la Isla de los Muertos. Aquí es donde moran los Fénix de Ulthuan, criaturas de increibles capacidades mágicas y uno de los símbolo de Asuryan

La Llama de AsuryanEditar

El santuario se erige sobre la llama eterna del Fénix, el fuego sagrado del rey de los dioses que se encuentra en la cámara central del templo. De varios metros de altura, el fuego brota de la nada y se mantiene suspendido en el aire en el centro de la cámara, sin necesidad de alimentarlo para mantenerlo vivo. Las llamas, que cambian constantemente de color, arden sin desprender calor en un silencio absoluto, pues tampoco crepitan ni emiten sonido alguno. Las baldosas de mármol del suelo que hay alrededor de la hoguera central exhiben runas de oro incrustadas que resplandecen con la luz no solo de la llama, si no también de los braseros que cuelgan en los muros blancos. Estos braseros tienen forma de fénix con la alas plegadas, en cuyo interior arden más fuego mágico, inundando el templo con un resplandor dorado.

MalekithSacredFlame.jpg

Cuando un elfo es elegido como nuevo Rey Fénix, debe bañarse en estas llamas. Para salvaguardar su vida, un coro de sacerdotes de Asuryan tejen plegarias en torno al candidato, mientras otros prenden incienso y realizan ofrendas a la divinidad. Cuando está todo listo, el futuro rey se introduce en las llamas, que adquieren un fulgurante color blanco que ciega a los asistentes a la ceremonia. Tras pasar a través de ese infierno, emerge milagrosamente intacto para luego ser vestido con ropas ceremoniales y la gran capa de plumas de la monarquía.

Es prácticamente un suicidio tratar de entrar en las llamas sin los rituales pertinente para autoproclamarse Rey Fénix. Solo dos personas lo han echo, con resultados muy divergentes. El primero fue Aenarión, el primer Rey Fénix, cuando el Caos invadió por vez primera el mundo. Se dirigió para pedir ayuda a Asuryan para hacer frente a la invasión, pero a pesar de realizar varias ofrendas no recibió respuesta alguna, así que se ofreció a sí mismo en sacrificio definitivo. Con plegarias en sus labios, Aenarion se lanzó a las llamas blancas sagradas. Aunque los fuegos místicos quemaron su cuerpo y cauterizaron su alma, Aenarion se negó a morir. Milagrosamente, sus heridas sanaron y emergió de entre las llamas ileso, transformado por el fuego purificador. El espíritu de Asuryan había entrado en él. Había una luz sobre su cuerpo que todos los presentes pudieron ver. Todos se dieron cuenta de que se había transformado en el recipiente de un poder trascendental.

La segunda persona fue Malekith, el hijo de Aenarión y la hechicera Morathi, quien ambicionaba el trono del Fénix. Varias décadas más tarde, mientras la isla se tambalea al borde de una guerra civil urdió un plan junto con su madre para hacerse con la corona del Fénix. Malekith convocó al Consejo en el Templo de Asuryan para decidir cómo evitar el conflicto. Con los príncipes y nobles de los diez reinos reunidos, Malekith acusó al Rey Fénix de ser miembro de los Cultos al Placer que tantos disturbios estaban causando, y declaró que se había envenenado para no ser juzgado. Muchos no se creyeron las declaraciones y le acusaron de conspiración. En ese momento, varios de los seguidores de Malekith asaltaron el templo y asesinaron a varios miembros del consejo mientras el príncipe de Nagarythe se introducía en la Llama Sagrada. Malekith quería demostrar que era digno sucesor de su padre, pero los dioses le castigaron por la oscuridad y la corrupción de su alma. Las llamas le abrasaron y fue expulsado del fuego, con apenas un hálito de vida.

La Cámara de los DíasEditar

Otra estancia importante del templo es la Cámara de los Días, una sala oculta en cuyas paredes hay escritas palabras de fuego sobre la roca. En ellas se relata la historia de todos los Reyes Fénix pasados, presentes y futuros. Predice las muertes de cada uno de ellos y quiénes les sucederán. Todo aquel que ose detener su vista sobre estas piedras y lea las palabras escritas conocerá su destino y el de toda la raza élfica, pero estará obligado a hacer un voto de silencio que nunca podrá romper, e ingresará en la filas de la Guardia del Fénix, los silenciosos centinelas de Asuryan.

El principal deber de estos monjes guerreros es proteger el santuario de la isla y a todos aquellos que realizan una peregrinación a este lugar sagrado, sin embargo, su principal función es para con el Rey Fenix. Cuando un nuevo candidato a Rey Fénix es elegido, la Guardia del Fénix le escolta hasta el Templo de Asuryan, donde se lleva a cabo su renacimiento ritual como nuevo Rey Fénix, y al igual que atienden al rey en su viaje hasta la Isla de la Llama, cuando un Rey Fénix muere, la Guardia del Fénix aparece de repente y sin previo aviso para hacerse cargo del cuerpo del rey y transportarlo en un Barco Blanco funerario a la Isla de los Muertos paro que descanse con los antiguos gobernantes de Ulthuan.

Santuario de las profundidadesEditar

Carta templo de asuryan.png

Hay una sala especial en las profundidades del templo a donde son llevados los descendientes del linaje de Aenarion. Esto se hace para determinar como les afecta la maldición de su ascendiente después de que este alzara la Espada de Khaine para hacer frente a los Demonios del Caos durante la primera gran incursión.

Tras asearse en una sala especial que contiene piscina alimentada por un burbujeante manantial caliente y vestirse con sencillos ropajes, el descendiente de Aenarion es conducido por un sacerdote al interior del templo. Poco a poco, los pasadizos que descendían en pendiente dan paso a los muros de una caverna, muy por debajo de la superficie. Alumbrado por antorchas, recorre un camino cuyos muros tienen tallados gloriosas escenas de la vida de Aenarion, como cuando atravesó la Llama Sagrada o derrotaba a hordas de monstruos del Caos.

Finalmente, el sacerdote lo conduce al interior de una gran cueva situada muy por debajo del zigurat, iluminada por llamas que se alzan rugiendo del interior de un gran pozo, con enormes estatuas ocupando nichos poblados de sombras. A cada lado de la boca volcánica hay un gran altar, parecido a los dos extremos de un puente que se hubiera hundido.

Una vez allí, el descendiente de Aenarión es estudiado con detenimiento por un trío de sacerdotes de Asuryan, para asegurarse que no esté afectado por la maldición de la Espada de Khaine, o al menos, que su corrupción no sea demasiado grave y peligrosa para Ulthuan. Si falla la prueba será ejecutado para evitar males mayores, pero si pasa la prueba, los sacerdotes lanzarán cripticas proferías y visiones del futuro del descendiente del primer Rey Fénix.

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Altos Elfos (6ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Altos Elfos (7ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Altos Elfos (8ª Edición).

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