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Tor Caled

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Dragón Estelar por Sandara Altos Elfos.jpg

Tor Caled fue la capital del reino de Caledor hasta antes de la Secesión, encontrándose situada en las cercanías de las Montañas Espinazo del Dragón. Caledor es un reino con escasa población, y la mayoría de sus habitantes prefieren residir en poblaciones amuralladas repartidas por las montañas y a lo largo de la costa del Mar Interior. En su época, solo una décima parte de sus habitantes residían en la ciudad de Tor Caled.

Por desgracia, la ciudad ya no existe a causa de la destrucción desatada después de que Malekith y sus seguidores fracasaran cuando intentaban desestabilizar el Vórtice. Aunque no sufrió el mismo nivel de devastación que Nagarythe o Tiranoc, Caledor se vio sacudida por temblores que activaron muchos de sus volcanes, y uno de estos acabó destruyendo su antigua capital.

Descripción Editar

La ciudad era un descomunal conjunto de murallas y torres construidas con la ruda roca volcánica por la magia de Caledor Domadragones y de sus seguidores. Las torres, esbeltas y elegantes, se levantaban como estalagmitas desde las empinadas colinas costeras; la muralla de la ciudad, de roca negra recorrida por refulgentes vetas rojas, descendía sinuosamente hasta la orilla. Un foso de lava protegía el otro flanco de la ciudad; un centenar de puentes en arco de granito cruzaban el foso, cada uno de ellos guarnecido por dos torres en cada extremo. Unos monolitos gigantes con ribetes de oro y plata arponeaban el río de fuego, y en ellos refulgían las brasas de las runas que mantenían controladas las llamas.

Durante la invasión del Caos al reino de Ulthuan, la ciudad había sido un bastión inexpugnable contra los demonios. En aquellos terribles días, las llamas que habían rodeado la ciudad habían alcanzado la altura de las torres, y los puentes se habían desintegrado. Las paredes de los palacios y de las mansiones de los nobles exhibían multitud de cuadros y murales con escenas de las épicas batallas que se habían librado en las montañas. Fuera de la ciudad se hallaban los campos de los dragones; una vasta extensión de tierra dura y salpicada de arbustos que albergaba las dependencias subterráneas donde se alojaban los criados de las familias nobles de Tor Caled.

WAR Caledor Fortaleza.jpg

Intramuros, la ciudad no estaba menos fortificada ni era menos imponente. Las calles, cuyo diseño se había mantenido invariable durante milenios, ascendían en zigzag por la pendiente de la montaña, de modo que cada tramo ofrecía una vista despejada de los inferiores para permitir que las tropas defensoras pudieran arrojar sus flechas y sus encantamientos a cualquier fuerza agresora. Los barrancos, que se levantaban desde los edificios y que separaban los distintos niveles de la ciudad, estaban guarnecidos por baluartes y troneras rodeados por unos salientes en forma de lanza que los protegían de los ataques aéreos. En cada curva de las calles había una enorme torre de entrada que podía cerrarse para bloquear el paso; en total, desde la muralla hasta la cima, se contaban veinte de esas torres.

Las zonas inferiores de Tor Caled se dedicaban al comercio, y los tres primeros tramos de la carretera estaban ocupados por los puestos de los vendedores y por las fachadas de los talleres de los artesanos. En los siguientes cuatro niveles se encontraban las residencias de la población civil; incluso las casas de estos habitantes más modestos eran unas villas espléndidas con jardín privado. Justo antes de llegar a la parte más alta de la ciudad se hallaban los estudios de los artistas, donde se producían numerosas obras de una gran belleza con fines ornamentales y donde se exhibían los productos creados.

DestrucciónEditar

Todo esto terminó con la sacudida mágica del Vórtice cuando los Druchii trataron en vano de desestabilizarlo. Las energías liberadas hicieron que la cumbre del Anal Caled, una montaña cercana, estallara violentamente en llamas y humo, mientras una lluvia de rocas candentes salía disparada hacia el cielo y se precipitaba como meteoritos al suelo. A lo largo de la falda de la montaña se abrieron grietas que desprendieron gases y vapores venenosos, y ríos de lava surgieron de las resquebrajaduras.

Las murallas y los edificios de Tor Caled empezaron derrumbándose mientras la ciudad continuaba temblando al ritmo de las erupciones de los volcanes. Miles de elfos trataron de huir desesperados de aquella devastación, pero quedaron atrapados cuando la lava acabó rodeando la capital. El nivel del foso de lava aumentó y empezó a causar problemas a las guardas mágicas que lo mantenían estable. Los puentes que cruzaban el río abrasador vibraron y se derrumbaron, y sus piedras desaparecieron sumergidas en las profundidades rojas mientras cientos de elfos se precipitaron hacia una muerte entre las llamas.

Finalmente, una tórrida nube de ceniza se deslizó hasta la ciudad procedente del Anal Caled; una miasma de tinieblas y muerte que acabó engullendo la capital en cuestión de segundos y enterrando con ella a sus condenados habitantes.

Fuente Editar

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