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Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos.jpg

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos.jpg

Arkhan sobre Razarak.jpg

Arkhan, preparando la llegada de Nagash

Mannfred permanecía impasible ante Arkhan mientras el liche hablaba de terribles destinos y del retorno de su temible maestro. El vampiro todavía se lamentaba de su señal de debilidad cuando aquel rayo de luz solar había iluminado el puente, y estaba decidido a no volver a quedar mal. Sólo deseaba que el intruso fuese directo al grano.

Cómo odiaba a la disecada criatura que se encontraba ante él. La de Arkhan era una historia de derrotas y servidumbre denigrante. ¿Y ahora venía a Sylvania exigiendo ser tratado como un conquistador, o incluso como un igual? Era inconcebible. Aquello iba más allá de la arrogancia.

"Has visto las señales con la misma claridad que yo", continuó la voz del liche, monótonamente. "El creciente poder del Caos no distingue entre vivos y muertos. Nagash debe alzarse, o nuestros reinos del silencio caerán. Y el tuyo será el primero".

Mannfred percibió aquella amenaza nada sutil, pero no se alteró. No tenía intención alguna de servir a Nagash. No había planeado la caída de su propia línea de sangre para terminar hincando la rodilla ante un nigromante marchito cuya leyenda contenía más poder del que nunca había tenido su cuerpo. Si había que elegir entre el olvido a manos de los Dioses Oscuros y una servidumbre eterna a Nagash, a regañadientes escogería lo primero. Y sin embargo...

Sin embargo, había una oportunidad en la propuesta del liche. Mannfred conocía el ritual que Arkhan pretendía utilizar, y también sabía la forma en la que podía ser trastocado para servir a otros propósitos. Sí, la recompensa bien merecía el riesgo.

"Muy bien", dijo Mannfred al fin. "Tenemos un acuerdo, al menos por ahora. Ven, discutiremos el asunto más adelante".

¿Era el vampiro consciente de lo transparentes que resultaban sus intenciones? Arkhan reflexionaba sobre la palpable arrogancia de Mannfred mientras lo seguía más allá del puente. El antiguo granito de sus piedras aún mostraba los efectos de su duelo, un enfrentamiento que Arkhan había calibrado cuidadosamente para descubrir la auténtica dimensión del poder de su oponente. El liche no reconocía rival en la maestría de las artes oscuras, pero aún así la habilidad de Mannfred le había parecido inquietantemente impresionante. El vampiro resultaría un peligroso enemigo, y un aliado todavía más peligroso.

Arkhan no era estúpido. Sabía que Mannfred nunca confiaría en él, pero aquel era el más pequeño de los agobios. No había venido a Sylvania en busca de aliados, sino por la necesidad de un peón. Los acontecimientos se estaban precipitando, y él solo no podría encargarse de todo lo que era necesario hacer. La voz de Nagash había susurrado en la mente del liche durante siglos, pero nunca se había expresado con la urgencia con la que lo hacía ahora. El poder del Caos iba en aumento, y cada vez quedaba menos tiempo.

Que Mannfred crea ser el maestro, pensó Arkhan. Los vampiros siempre habían sido orgullosos y veleidosos; no entendían el significado de la lealtad, y vivían sólo para satisfacer sus caprichosos placeres. Y aquel era el peor de una línea de sangre especialmente díscola, capaz de cubrir a menudo sus necesidades, pero nunca de saciarlas. Tanto si el vampiro se daba cuenta como si no, a partir de aquel momento sería la marioneta de Arkhan, y parco consuelo sería para Mannfred que los hilos hubiesen sido trenzados a partir de sus propias ambiciones.

Nagash volvería a alzarse, se juró Arkhan a sí mismo. Y Mannfred, de mejor o peor gana, desempeñaría su papel.

Fuente Editar

  • The End Times I: Nagash

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