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Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos.jpg

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos.jpg

Baltazar Gelt Empire.jpg

Gelt en batalla sobre su pegaso

La habitación estaba llena de velas, pero la chica se sentaba en las sombras. Sólo las mangas y la falda de su largo vestido blanco se dejaban ver, y Balthasar Gelt se preguntó de nuevo por qué había ido. El sello del anillo que acompañaba el mensaje era digno de confianza, o eso le había dicho siempre su padre, pero, ¿citarle ahí, en ese sitio? Incluso el aire apestaba a decadencia.

"Sentaos, por favor", el acento de la joven era extranjero, pensó Gelt. Quizá de una de las provincias montañosas de Bretonia: Monfort o quizá Parravon.

"Gracias, pero prefiero que no", respondió Gelt.

"Como deseéis. ¿Puedo ofreceros vino?"

"Debo rechazarlo".

"¿Ah sí?" la joven alargó una mano envuelta de un guante hacia el decantador que había en la mesa y se sirvió un copa con la cantidad justa del líquido rubí. "Todo Altdorf habla de vos como el carcelero de Sylvania".

"Una exageración, os lo aseguro", respondió cuidadosamente Gelt. "La idea ni siquiera fue mía".

No, pensó, había sido el joven Dieter quien había propuesto la idea. Había sido una muestra nada habitual de inteligencia en un acólito nada prometedor. Qué pena que le hubieran encontrado muerto dos días después, con su garganta abierta como si le hubiera atacado un animal salvaje. Gelt supuso entonces que se trataba de una víctima más de los Von Carstein. Quizá la última, si todo iba bien.

"Ya, pero fue vuestro genio el que lo consiguió poner en marcha, ¿no?" preguntó la chica.

"Quizá, pero no hace falta ser un genio para saber que no me habéis citado aquí para decirme esto. Dadme el mensaje y dejad que siga mi camino. No estoy acostumbrado a frecuentar establecimientos así".

"¿Tenéis problemas con la decoración?" la chica se estaba divirtiendo.

"Desapruebo el negocio", corrigió Gelt. 

"No debéis temer por vuestra reputación. Esta es una casa discreta".

"Entre otras cosas".

"Así es. Vos de entre todas las personas debéis saber que ninguno somos lo que mostramos en la superficie", la joven bebió un sorbo. "Respecto al motivo de la reunión, ya os lo he dicho".

"¿Para expresar vuestra admiración por la jaula de Sylvania?" Gelt no intentó disimular su incredulidad.

"Así es", seria de repente, la joven se inclinó hacia delante, pero no tanto como para que se le viera la cara. "Debéis ir más allá".

"Explicaos".

"Habéis librado a las provincias del sur de la amenaza de Sylvania, pero ¿qué hay de las del norte? Una mezcla de magia y fe podría serviros ahí también. ¿Y si pudierais preparar una muralla que no sólo mantuviera a los bárbaros lejos sino que además se nutriera de la magia que da vida a los demonios?"

"Jamás se ha hecho algo así".

"Claro que sí", rió la joven. "El mundo es mucho más amplio que este pequeño reino".

Empujó un pergamino ajado por la mesa, revelando una mano delicada que pronto retiró.

"La magia se levanta. Ahora son posibles muchos portentos que antes sólo se podían imaginar".

Gelt desenrrolló el pergamino y leyó su contenido con creciente sorpresa. El ritual que se describía requería mucho trabajo, pero podría funcionar. No habría considerado algo así antes de triunfar en Sylvania, pero últimamente sus horizontes se habían expandido. Aun así, tenía sus dudas. 

"¿Pero qué tipo de genio sería si sucumbiera a una manipulación tan evidente?"

"¿Qué clase de genio seríais si no lo hicierais?" preguntó la joven, con la frivolidad de nuevo danzando en su voz. "En cualquier caso, yo ya he entregado el mensaje que se me pidió que entregara. No me importa lo que hagáis con él".

"¿Y puedo preguntar quién os envía?"

"Podéis, pero serías un iluso si esperarais una respuesta", dijo la joven abruptamente. "Baste decir que ella no me gusta más de lo que yo le gusto, pero tiempos extraños hacen extraños compañeros de cama".

Esas últimas palabras se quedaron con Gelt mientras salía de nuevo a las ajetreadas calles. Sabía que había más trabajo ahí de lo que podía ver, pero pensaría en el pergamino. Pensaría muy detenidamente. 

FuenteEditar

  • The End Times I - Nagash.

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