Fandom

La Biblioteca del Viejo Mundo

Ungrim Puñohierro

5.907páginas en
el wiki}}
Crear una página
Comentarios0 Compartir
Ungrim Puñohierro por Adrian Smith.jpeg

Ungrim Puñohierro es el actual Rey Matador de Karak-Kadrin. Hay muy pocas razas de monstruo a las que Ungrim Puñohierro no haya dado muerte en combate. Armado con la enorme Hacha de Dargo, Ungrim siembra la muerte, abriendo un camino de destrucción roja ante sí mientras canta viejas canciones con voz retumbante. La cresta naranja de su cabeza se eleva sobre su recio casco cornudo con corona de oro, pues Ungrim es tanto un Matador como un Rey. Muy probablemente, el último del linaje de Reyes Matadores de Karak-Kadrin.

El Rey MatadorEditar

Hace mucho siglos, Baragor, Rey de Karak-Kadrin y distante antepasado de Ungrim Puñohierro, sufrió una terrible pérdida que le llevó a tomar el juramento de los Matadores, adoptando el nombre de Ungrim. A pesar de verse atrapado entre los juramentos de buscar una muerte heroica y el de velar por su gente y reino, su buen juicio prevaleció, y fundó el templo de los matadores, donde ayudó a otros enanos a encontrar su fin. Baragor murió en el derrumbe de un túnel sin poder cumplir su voto, y desde entonces sus descendientes han heredado su juramento de matador. Su descendiente actual es el Rey Ungrim Puñohierro, el actual Rey Matador de Karak-Kadrin.

Ungrim lleva la carga de los votos de sus antepasados. Su propio nombre, Ungrim, significa "ligado por la promesa" o "rompedor de promesas" y es el recordatorio de su doble responsabilidad. Como Baragor antes que él, Ungrim es el portador del sentimiento Enano posee un gran sentido común, un brazo fuerte y la completa lealtad hacia los Reyes Enanos como quizás sólo un Rey Enano puede entender. Es un gran guerrero y se le conoce incluso entre los grandes Reyes como el mejor líder en las batallas y el mejor de los generales.

Ungrim1.jpeg

Gracias a Ungrim Puñohierro y a los Enanos de Karak-Kadrin, finalmente se venció y capturó al Kaudillo Orco Gnashrak, en la Batalla del Barranco de la Pierna Rota. En esta batalla se conjuró el peligro que pesaba sobre Karaz-a-Karak y se salvó el reino del Gran Rey de los Enanos. Ungrim se ganó aquel día la eterna gratitud de su pueblo. El Gran Rey, Thorgrim Custodio de Agravios, dio a Ungrim una poderosa reliquia de familia en reconocimiento de sus actos. Esta reliquia era la capa confeccionada con la piel del legendario dragón Fyrskar por el Herrero Rúnico Heganbor para el Gran Rey Finn Ceñoamargo.

Aunque Ungrim no puede buscar la muerte del mismo modo que los Matadores, cada vez está más inquieto y lidera a los clanes de Karak-Kadrin en incontables batallas. Inspirado por su Gran Rey e intentando vengar la muerte de Garagrim Puñohierro, su único hijo, Ungrim va a la guerra a la mínima provocación. Fue él quien mató al Dragón del Pico Negro y quien rompió el cerco del Coleccionista de Cabezas, Queek, en la ciudadela del Rey Belegar Martillo de Hierro en Karak-Ocho-Picos. El Rey Matador capturó al Mercenario Ogro Golgfag Comehombres y rechazó a un ejército del Caos en la Batalla del Paso Elevado. La mayoría de Enanos están atónitos de que Ungrim haya vivido tantos años y nadie cree que le quede mucho para hallar una muerte gloriosa en batalla.

Ungrim ciñe en su cabeza la Corona de los Matadores. Se trata de un pesado casco con cuernos y tocado por una corona de oro. En la parte superior de este casco hay una brillante cresta naranja hecha con pelo de Matadores. La barba del rey también es de color anaranjado muy vivo, teñida siguiendo la tradición de los Matadores, y cuidadosamente anillada con sortijas de oro y cintas de colores brillantes. Su apariencia está a caballo entre la de un rey y la de un Matador. Va armado con una poderosa y gigantesca hacha a dos manos y en el hacha se han grabado runas mortíferas. Esta es el Hacha de Dargo, reforjada a partir de la propia hacha de Baragor y con el juramento de los Matadores inscrito en khazalid.

El Fin de los Tiempos Editar

Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos.jpg

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos.jpg

Ungrim encarnado del fuego.png
Como todos los reyes matadores de Karak-Kadrin que habían estado antes que él, Ungrim Puñohierro caminaba sobre una delgada línea. El cumplimiento del juramento de matador requería que se enfrentara a una muerte gloriosa en batalla. Sin embargo, hacerlo con intención deliberada sería como abandonar su otro igualmente vinculante juramento de gobernar sobre su pueblo. Ciertamente, de acuerdo con las fuertes tradiciones marciales de los enanos Ungrim podía liderar a su ejército en la guerra desde el frente, sin embargo, siempre se veía obligado a frenar su imprudencia a fin de no encontrar una muerte indigna o demasiado deliberada.

Anteriormente, esto había forzado al Rey Matador a un peligroso acto de equilibrio. Ahora, sin embargo, los reyes guerreros eran más necesarios que nunca. Los reinos de los enanos no habían sido tan asaltados por enemigos desde las Guerras Goblins. En tiempos tan difíciles, Ungrim era él mismo.

Sin embargo, no importaba cuántas veces Ungrim marchara a la guerra y regresara victorioso, pronto nuevos peligros lo reclamaban. Muchos de Karak-Kadrin se maravillaban de que su rey estuviera vivo, lanzándose al frente tan a menudo y tan vigorosamente.

A la batalla le seguía otra batalla, pero Ungrim siempre regresaba. En su última estancia hacia el oeste, Ungrim trató de llevar ayuda al Imperio, ya que los vampiros estaban inquietos una vez más. Tras el regreso del Rey Matador, encontró Karak-Kadrin como una isla en un mar de enemigos. Los ejércitos Skaven habían irrumpido en las minas inferiores y los goblins nocturnos de Karak-Ungor habían viajado hacia abajo para sitiar los pasos altos.

La situación sólo empeoró. Aumentados por nuevos ejércitos de jinetes de lobo y ogros que viajaban desde el este, el enemigo crecía en número diariamente. Los ataques skaven aumentaron hasta que Karak-Kadrin estaba bajo un asedio completo. Nunca dejando que el enemigo tomara la iniciativa, Ungrim Puñohierro hizo salidas una y otra vez para atacar a sus enemigos. A veces el Rey Matador reunía a un ejército para conducirlo a la batalla, y en otras ocasiones simplemente reunía a todos los matadores del Santuario de Grimnir. Destruyó equipos de tunelación, irrumpió en madrigueras y aniquiló a manadas de skaven, sin embargo, el enemigo siempre regresaba - a veces en cuestión de días.

Las noticias del resto de los reinos enanos eran peores. El Rey Belegar necesitaba ayuda urgentemente, el Rey Kazador informaba que los pielesverdes se agrupaban en el sur e incluso Karaz-a-Karak pedía ayuda - una rara decisión del orgulloso Alto Rey. Con cada entrega de sombrías noticias, Ungrim reunía un ejército y trataba de romper el cerco. Aunque ganaba cada batalla y despejaba un camino para salir, no podía hacerlo con buena conciencia. Los efectivos del enemigo eran demasiado grandes para desperdiciar incluso a un solo enano.

Ungrim sentía el tirón del matador, el impulso de marchar hacia la gloria o la muerte. Sin embargo esto estaba en desacuerdo con sus deberes como rey - proteger su reino y a su gente por encima de todo. La tensión empezó a caer sobre Ungrim. Una furia volcánica se estaba acumulando dentro del Rey Matador. Y entonces los skaven se atrevieron a comenzar la construcción de una enorme máquina de asedio en medio del Paso de los Picos, a sólo unos kilómetros de la puerta principal de Karak-Kadrin.

Para Ungrim, era un alivio marchar a la batalla, porque sólo en medio del combate cuerpo a cuerpo el Rey Matador podía calmar su creciente frustración.

El ejército que Ungrim Puñohierro lideró fuera de las puertas frontales hizo un buen trabajo en el sitio de construcción skaven - sólo para luego presenciar la destrucción de Karak-Kadrin. Fue conseguido por métodos rastreros, a través de la crueldad del gas venenoso. Había sido Ungrim quien lideró los restos de su ejército para abrirse camino fuera del Paso de los Picos, incluso mientras las nubes de vapores tóxicos se desplazaban a través de los valles. Ninguno sabía entonces cuán mortal había sido el ataque. Ungrim, y todos los que presenciaron el ataque, asumieron que después de que la nube mortal se disipase volverían a encontrar reparaciones ya en marcha.

Tomó varios días para que el Paso de los Picos quedase completamente libre del gas, durante los cuales Ungrim y su ejército lucharon por sus vidas a lo largo de los senderos poco conocidos de la ladera de la montaña. Sólo cuando regresaron para expulsar a los carroñeros que usaban máscaras de gas se dieron cuenta de la escala de la tragedia que había ocurrido.

Ungrim ungido end times.png

Durante días y días, el rey recorrió los pasillos saqueados, presenciando los horrores que habían caído sobre los que estaban bajo su protección.

Solo, en el profanado Santuario de Grimnir, Ungrim tropezó con una extraña fortuna o se reunió con su destino predestinado. Mientras pasaba las manos por las sagradas runas talladas en aquel santuario de acero y hierro, un ritual realizado por todos los matadores antes de embarcarse en su búsqueda de la muerte, algo fue ligado a Ungrim. Hinchándose de rabia y furia, el Rey Matador estaba seguro de que los espíritus de sus antepasados habían entrado en su cuerpo, otorgándole poder divino.

Lo que Ungrim sentía era el Aqshy - el Viento de Fuego. Liberado cuando Teclis desató el Gran Vórtice, el Aqshy se había desencadenado en todo el mundo. Quizás sintiendo el ardiente espíritu de Grimnir, o simplemente detectando la consumidora sed de venganza que ardía en Ungrim, el Viento de Fuego se estableció - por lo menos durante un tiempo - dentro del propio Rey Matador.

Las llamas danzaban alrededor de Ungrim, saltando de su ardiente cresta de pelo. De su cuerpo y su armadura se elevaba un cálido resplandor, y el Hacha de Dargo resplandecía como las brasas. Cuando salió de Karak-Kadrin, Ungrim era más que un mortal.

Los seguidores de Ungrim - los matadores y guerreros de Karak-Kadrin - quedaron atónitos por la destrucción de su fortaleza. Sin embargo, estaban asombrados, y un poco intimidados, por la transformación de su rey. Su ira lanzaba ondas de fuego, y su grito de guerra era un torrente de llamas vivas. Cuando Ungrim balanceó el Hacha de Dargo, arrastró la luz y el calor como un cometa, y su golpe era un trueno ardiente. Ya no tenía el deber de proteger a un pueblo que estaba dispersado y destruido, se había convertido en la propia venganza. Ahora el mundo vería a Ungrim el Matador, y su venganza no podría ser negada.

ORIGINAL:.

Like all the Slayer Kings of Karak Kadrin that had come before him, Ungrim Ironfist walked a thin line. The fulfilment of his Slayer's Oath required that he meet a glorious death in battle. Yet to do so with wilful intent would see him abandon his other, equally biding oath of kingship over his people. Certainly, it was in keeping with the strong martial traditions of the dwarfs for Ungrim to lead his war throng from the front, yet always he was forced to kerb his recklessness lest he meet an unworthy or overly deliberate death.

Previously, this had forced the Slayer King into a perilous balancing act. Now, however, warrior-kings were needed more than ever. Not since the Goblin Wars had the realms of the dwarfs been so beset by enemies. In such troubled times, Ungrim came into his own.

Yet, no matter how many times Ungrim marched to war and returned victorious, new perils soon called him away. Many of Karak Kadrin marvelled that their king was still alive, so often and so vigorously did he throw himself to the fore.

Battle followed battle, yet always Ungrim came back. On his last sojourn westwards, Ungrim attempted to bring aid to the Empire - for the vampires were restless once again. Upon the Slayer King's return, he found Karak Kadrin an island in a sea of enemies. Skaven armies had broken into the lower mines and night goblins from Karak Ungor had travelled down to invest the high passes.

The situation only grew worse. Swollen by new armies of wolf riders and ogres travelling from the east, the foe grew in numbers daily. The skaven attacks increased until Karak Kadrin was under full-blown siege. Never one to let the foe take the initiative, Ungrim Ironfist sallied forth time and again to strike at his enemies. Sometimes the Slayer King mustered a war throng to lead to battle, and at other times he simply rounded up all the slayers from Grimnir's Shrine. He destroyed tunnelling equipment, broke into nest-lairs and annihilated droves of skaven, yet the foe always came back - sometimes within days.

The news from the rest of the dwarf kingdoms was worse. King Belegar was in dire need of help, King Kazador reported greenskins massing in the south and even Karaz-a-Karak requested aid - a rare move from the proud High King. With each delivery of grim tidings, Ungrim gathered an army and attempted to break out. Although he won each battle and cleared a path to leave, he could not do so in good conscience. The foe's numbers were too great to spare even a single dwarf.

Ungrim felt the pull of the slayer - the urge to march off to either glory or doom. Yet this was at odds with his duties as a king - to protect his realm and people above else. The strain began to tell upon Ungrim. A volcanic rage was building within the dour Slayer King. And then the skaven dared to begin construction of an enormous siege engine in the middle of Peak Pass, only miles from Karak Kadrin's front gate.

For Ungrim, it was a relief to march to battle - for only in the press of close combat could the Slayer King assuage his rising frustration.

The throng that Ungrim Ironfist led out of the front gates made short work of the skaven construction site - only to then witness the destruction of Karak Kadrin. It was foully done, through the devilry of poison gas. It had been Ungrim that led the remains of his army to cut their way out of Peak Pass even as clouds of toxic vapours rolled through the valleys. None knew then how deadly the attack had been. It was assumed by Ungrim, and all who witnessed the attack, that after the deadly cloud dissipated they would return to find repairs already underway.

It took several days for Peak Pass to completely clear of the gas, during which time Ungrim and his throng fought for their lives along the little-known mountainside trails. Only when they returned to drive off the gas mask-wearing scavengers did they realise the scale of the tragedy that had occurred.

For days on end the King walked the despoiled halls, witnessing the horrors that had befallen those under his protection.

Alone, at the desecrated Shrine of Grimnir, Ungrim either stumbled upon a strange fortune or met with his predestined fate. As he ran his hands over the sacred runes struck into that shrine of steel and iron, a ritual performed by every slayer before embarking upon his doom quest, something was bound to Ungrim. Swelling with rage and white-hot anger, the Slayer King was sure his ancestor's spirits had entered into his body, granting him godly power.

What Ungrim felt was Aqshy - the Wind of Fire. Freed when Teclis unbound the Great Vortex, Aqshy had raged across the world. Perhaps sensing the fiery spirit of Grimnir, or simply detecting the all-consuming thirst for revenge that burned bright within Ungrim, the Wind of Fire settled - for a time at least - within the Slayer King himself.

Flames danced around Ungrim, leaping from his fiery crest of hair. From his body and armour rose a shimmering heat, and the Axe of Dargo glowed like hot coals. When he strode out of Karak Kadrin, Ungrim was more than a mortal.

Ungrim's followers - the slayers and warriors of Karak Kadrin - were stunned by the destruction of their stronghold. Yet they were amazed, and not a little cowed, by the transformation of their king. His rage cast forth sheets of fire, and his battle cry was a torrent of living flame. When Ungrim swung the Axe of Dargo, it trailed light and heat like a comet, and its strike was a blazing thundercap. No longer duty-bound to protect a people who were scattered and destroyed, he had become vengeance itself. Now the world would see Ungrim the Slayer, and his revenge would not be denied.

HeldenHammerSigmar.png Este artículo está siendo corregido por un miembro de Traducción. HeldenHammerSigmar.png
Te recomendamos no realizar modificaciones hasta que esta plantilla sea retirada. Si crees necesaria una modificación, puedes contactar al usuario en su página de discusión o en la página de discusión de la plantilla para poder coordinar la redacción.
Miembro a cargo: snorri Fecha de inicio: 17-01-17 Estado: Esperando revisión
Ungrim desastre en karak kadrin.png

Desastre en Karak-Kadrin Editar

Nunca hubo un enano más dividido entre sus deberes que Ungrim Puñohierro. Como Rey de Karak-Kadrin, estaba atado por juramentos para proteger su reino y su pueblo. Como padre de todo el Clan Barbadraco, tenía que asegurarse de que su línea de sangre continuaba, y como actual matador que había tomado el juramento, Ungrim también estaba obligado a buscar su muerte contra el enemigo más poderoso que pudiera encontrar. Nunca se había contentado con sentarse en su trono y esperar, Ungrim buscaba cualquier oportunidad de dirigir sus ejércitos a la guerra.

Batalla por Karaz-a-Karak Editar

Desde la destrucción de Karak-Kadrin, Ungrim Puñohierro era el Rey Matador sin reino. Ungrim creía que estaba lleno de los espíritus ancestrales - de hecho, a lo que estaba unido era al Aqshy, el Viento del Fuego. Liberado cuando Teclis desató el Gran Vórtice, Aqshy se había desencadenado en todo el mundo, incrustándose al final a sí mismo en las runas de venganza sobre el santuario matador de Karak-Kadrin. Ahora algo más que un mortal, el Rey Matador estaba literalmente ardiendo de venganza.

Batalla de la Última Carga Editar

Ungrim ultima carga.png

La corona de Karak Kadrin pesaba sobre la frente de Ungrim, ya que era un recordatorio de aquellos a los que había fallado. Con cada día que pasaba, la necesidad del rey de cumplir su juramento de matador crecía. Sólo con una muerte gloriosa sería restaurado su honor, y el de su línea de sangre. Este fatalismo no pasó desapercibido por los otros enanos en Averheim. En el momento del asalto de Archaón, algunos buscaban el liderazgo del Herrero Rúnico Gotri Hammerson, más que en Ungrim Puñohierro. Algunos, pero lejos de ser todos. Las pérdidas infligidas a los reinos enanos habían sido tales, que aquellos que habían tomado el juramento del matador eran más numerosos que los que no lo habían hecho.

MiniaturaEditar

ImágenesEditar

FuentesEditar

  • Campaña: La Tormenta del Caos.
  • Ejércitos Warhammer: Enanos (8ª Edición).
  • The End Times IV - Thanquol.
  • The End Times V - Archaón

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

Spotlights de otros wikis

Wiki al azar