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Valten

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Valten Karl Kopinski.jpg
"Bendecirá Sigmar a aquel que escoja para encarnar su Avatar y le dirá: Que teman y tiemblen ante ti todos los enemigos de la fe, pues la oscuridad nada podrá contra tu poder. Cada uno en esta vida se someterá a la autoridad de Ghal Maraz, no hay poder capaz de desafiar su fuerza y santidad. Aquel que se rebele contra la voluntad de Sigmar tendrá que responder por esa rebeldía. Toma primero venganza contra los siervos del Caos o cualquiera que amenace a los hijos del Imperio. El pueblo creerá en ti, pues los creyentes, los redentores, los peregrinos y los flagelantes formarán la Compañía del Fin del Mundo, cuyos integrantes se multiplicarán a cada paso hasta formar un ejército que presentará batalla a la creciente oscuridad. El justo exultará al ver la venganza cumplida, y sus pies lavará en la sangre del impío."
Profecía del Avatar de Sigmar

Valten el Elegido de Sigmar, nació en un pueblo de Reikland llamado Lachenbad, donde tuvo una infancia sin incidentes, creciendo como el hijo de un herrero, y como la mayoría de hijos era aprendiz de su padre.

Desde el día de su nacimiento, fue bendecido con una extraña marca en el pecho en forma del Cometa de Dos Colas, y con una fuerza e inteligencia fuera de lo común. El cometa es un gran presagio y su nacimiento causó una gran conmoción en el pueblo. Muchos creían que Valten traería dolor y sufrimiento y querían que fuera expulsado, dejado en el bosque o ahogado en un río. El padre de Valten rechazó esas opciones y crió a su hijo, y al ser un hombre corpulento nadie se atrevió a llevarle la contraria.

A medida que crecía, se hacía grande y fuerte y muy querido en el pueblo, pero el día en que cumplió 18 años todo cambió, ya que el pueblo fue atacado por una horda de Hombres Bestia.

La Aparición del ElegidoEditar

Valten A.Smith.jpg

Mientras Luthor Huss se refugiaba de una tormenta en una posada en el camino de Stimmingen de Nuln, escuchó una historia de labios de cuatro viajeros de Lachenbad que iban a buscar comida para su aldea que había sido arrasada. Estos le contaron cómo el hijo menor de un herrero había salvado él solo a toda la aldea de una poderosa banda de Hombres Bestia. Justo cuando la aldea estaba a punto de ser destruida y los aldeanos empezaban a correr para salvar la vida, aquel chico, Valten, tomó dos martillos de la forja de su padre y contraatacó a las criaturas. Inspirados por su valentía, los aldeanos se reunieron en torno a él y siguieron a Valten a medida que él iba abatiendo un Hombre Bestia tras otro, matando a docenas de ellos hasta llegar a acabar él solo con su enorme caudillo.

Los restos de la banda incursora huyeron presos del terror y Lachenbad o, mejor dicho, lo que quedaba de ella, se salvó. Tras escuchar aquella historia, a Huss le dio un vuelco el corazón. Sabía muy bien que los adoradores de Sigmar más fanáticos presentaban falsos salvadores casi a diario por todo el Imperio, pero el parecido de aquella historia con la de Sigmar era asombroso. ¿Podía ser que los cielos se hubieran dignado realmente a enviar al hombre-dios de nuevo al mundo para volver a ser su salvador en aquellos tiempos tan aciagos? Luthor montó a caballo de inmediato y cabalgó a toda prisa en dirección a Lachenbad.

El caballo estaba a punto de caer exhausto cuando llegó a la aldea. La lluvia caía a cántaros y la gente de Lachenbad trataba de reconstruir tristemente sus destrozados hogares para poder refugiarse de la tormenta. Cuando vieron que Luthor era un sacerdote se agruparon a su alrededor y le suplicaron que los ayudara y bendijera, pero tenía tanta prisa que los ignoró para buscar al hijo del herrero. Entonces, en el exterior de lo que debía haber sido la forja de su padre, Luthor lo vio. El muchacho, si es que así se le podía llamar, era clavado a la imagen de Heldenhammer. Era ancho de espaldas y muy alto, tenía los brazos y piernas fuertes y los ojos brillantes. En el pecho tenía una extraña marca de nacimiento, con la misma forma que el cometa de dos colas de Sigmar. Sostenía sin esfuerzo una enorme viga mientras su padre la ataba sobre la puerta de la forja y no mostraba ni un ápice del desánimo de los aldeanos, sino que se erguía con una seguridad y una calma que ningún hombre habría sido capaz de mantener entre aquella miseria tan grande.

Valten Campeón de Sigmar por Adrian Smith.jpg

Huss se quedó mudo de asombro, desmontó del caballo torpemente y fue andando a pasos inseguros hacia la visión que tenía ante sus ojos. El asombro, la admiración y la esperanza lo abrumaban, de modo que, cuando Valten se dio la vuelta y lo miró de manera burlona, Luthor no pudo más que caer de rodillas al suelo exclamando "¡Mi señor!".

Mientras, la lluvia seguía cayendo, repiqueteando contra la armadura de Luthor y encharcando aún más el barro alrededor de sus rodillas. No prestaba atención a los gritos ahogados de asombro de los aldeanos e ignoraba los murmullos de la gente, los gritos de sorpresa del tipo "¡Mirad, se piensa que Valten es Sigmar!", o "¡Ese cura se ha vuelto loco!". A pesar de que los aldeanos no podían verlo y de que ya habían aparecido muchos falsos salvadores que habían resultado ser fraudes, para Luthor Huss estaba muy claro. De nuevo, en el momento de mayor necesidad, el hombre-dios iba a derrotar a los enemigos de la Humanidad. Sigmar había vuelto.

Tormenta del CaosEditar

Logo Tormenta del Caos.png

La Tormenta del Caos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la campaña mundial de La Tormenta del Caos, que recientemente ha sido sustituida por la de El Fin de los Tiempos.

Valten vs Archaon.jpg

Valten, Elegido de Sigmar por Adrian Smith Imperio.jpg

El autoproclamado profeta de Sigmar, Luthor Huss, tomó a Valten para llevarlo ante Karl Franz en la capital del Imperio, Altdorf, seguido por una multitud de sacerdotes guerreros y creyentes de que Valten era verdaderamente la reencarnación de su dios.

El Emperador se encontró ante un gran dilema; era muy probable que la gente amara a Valten, pero este no era el momento para un cambio político y de emperador, pues el ejército de Archaón avanzaba hacia el Imperio. Luthor declaró que el Emperador Karl Franz no quería permitir que el elegido de Sigmar ocupara su lugar legítimo en el trono. Finalmente el Emperador no dimitió, quedándose a la cabeza del Imperio ya que el joven Valten no estaba preparado para ejercer de Emperador, pero le entregó el Ghal Maraz, el martillo de Sigmar. Valten recibió el cargo de líder espiritual del Imperio y conducirían juntos los ejércitos imperiales. En conjunto, Valten y Karl Franz se dispusieron a ayudar a la sitiada ciudad de Middenheim.

Los dos ejércitos, el imperial y el de la iglesia llegaron a su parada final, Talabheim. Allí los Enanos entregaron a Valten una armadura de gromril, que había sido forjada originalmente para Sigmar hacía más de 2.000 años, pero nunca fue reclamada. Del mago Alto Elfo Teclis recibió el poderoso corcel élfico Althandin, engendrado por el propio corcel del príncipe Tyrion, Malhandir. Más tarde el ejército encabezado por Valten partió en dirección a Middenheim.

Valten, Exaltado de Sigmar por Adrian Smith Imperio.jpg

El ejército de Karl Franz y los ensangrentados defensores de Middenheim forzaron al resto de las tropas de Archaón a retirarse, siendo expulsado en una serie de batallas.Por el Este, Valten y sus guerreros, que ya solo sumaban unos pocos centenares, avanzaron también con el paladín de Sigmar al frente y Luthor Huss a su lado. Al ver la situación, Archaón ordenó apuntar los Cañones Infernales contra Valten y entonces empezó un feroz bombardeo que hizo temblar la tierra y que cubrió el cielo de humo de tintes mágicos. En lo más crudo de la descarga, Valten fue alcanzado por una infernal bola de energía que destripó a su noble caballo élfico y que lo arrojó a él por los aires. Con el rostro abrasado por fragmentos de gromril fundido y el pelo ennegrecido, Valten se alzó en medio del humeante cráter y siguió adelante a pie.

Hacia el Oeste, el mismo aire brillaba de poder sobrenatural y el cielo se revolvía y giraba violentamente como si una mano invisible lo estuviera torturando.

En los bosques empezó a formarse una sombra que fue extendiéndose hasta llegar a Middenheim. Procedentes de aquel gran lago de oscuridad, se oían chirridos inhumanos y aullidos monstruosos. En aquel velo de sombras se veían ojos brillantes y un viento cálido transportaba crueles risotadas y maldiciones de pesadilla. Una oleada de terror se extendió entre las filas del ejército de Karl Franz en cuanto la hueste demoníaca se aproximó y una sombría silueta alada se elevó por los aires por encima de la legión infernal. Con las alas extendidas en toda su amplitud y su mano garruda extendida hacia el Emperador, Be'lakor ordenó avanzar a su legión, aislando así a Karl Franz de Archaón y dejando al ejército de Valten, que se encontraba en una abrumadora inferioridad numérica, a solas para enfrentarse al Gran Elegido.

Tormenta del Caos Fuerzas de la Luz Tiernen Trevallion illus14 Karl Franz Valten.jpg

Como si las tribulaciones del avatar de Sigmar no fueran suficientes, un nuevo enemigo arremetió contra sus pocos centenares de seguidores. Los guerreros pieles verdes salieron a la carga de los bosques del Sur por detrás de Valten y atacaron a su ejército. A su cabeza, Grimgor Piel'ierro eliminaba a docenas de hombres con cada golpe de Gitsnik. Ignorando aquella nueva amenaza, Valten y Huss reunieron a un puñado de guerreros y siguieron adelante adentrándose en el ejército de Archaón en un intento de enfrentarse al Gran Elegido.

Cuando la sombra de la legión demoníaca envolvió la armadura de Karl Franz, un haz de luz blanca irrumpió en aquel mar de tinieblas. Las relucientes espadas de trescientos Maestros de la Espada de Hoeth se alzaban y descendían formando arcos brillantes, atravesando formas inmateriales y destripando los cuerpos intangibles de sus infernales adversarios. A pesar de que luchaban con una destreza incomparable, eran pocos y cada uno que caía acababa recubierto de infinitas garras, colmillos y espadas demoníacas. Y en medio de todos ellos, dentro de un círculo formado por sus leales guerreros, se alzaba Teclis, el cual, después de beber todo el contenido de una redoma reluciente, desató todo su poder. Del suelo surgieron unas llamas de energía blanca que formaron una semiesfera alrededor del mago Alto Elfo. El fuego mágico, cuya brillantez era cegadora, fue extendiéndose en todas direcciones a partir de Teclis. Toda la zona se llenó con los alaridos de los Demonios a medida que las llamas purificadoras los iban expulsando de vuelta al Reino del Caos. Por un instante, una oscura sombra permaneció en el lugar después de que las llamas hubieran desaparecido, una mancha de oscuridad apenas visible en el aire, hasta que incluso esta parpadeó y desapareció por completo. Todos los Demonios habían desaparecido. Mientras su ejército luchaba contra los Orcos, Valten volvió a lanzarse contra las Espadas del Caos en pos de Archaón.

Valten vs Archaon.jpg

Duelo de titanes

Esta vez su enemigo sí estaba ahí, montado a lomos del Corcel del Apocalipsis, alzándose imponente junto a sus guerreros. La partida de guerra de Archaón se apartó dejando paso a Valten para que pudiera llegar hasta el Señor del Fin de los Tiempos. El avatar de Sigmar soltó un rugido y se lanzó a la carga haciendo girar a Ghal Maraz en dirección a su enemigo. El martillo se estrelló contra el cuerpo mágico de la montura demoníaca de Archaón y esta explotó en un mar de humo y llamas, arrojando a Archaón contra el suelo. Valten se abalanzó contra él para aprovechar la ventaja que le ofrecía la situación y alzó el Martillo de Sigmar por encima de su cabeza para asestarle el golpe de gracia. Un chirrido estremecedor atravesó el aire cuando Archaón arremetió con la Espada Matarreyes y desató el poder de U'zuhl. La espada atravesó la armadura de gromril de Valten y penetró sus entrañas. Valten, cuyo ataque tan solo había sido enlentecido, siguió adelante, pero Ghal Maraz se desvió ligeramente de su objetivo y arrancó una hombrera de la armadura de Archaón.

Tras ponerse en pie, el Señor del Fin de los Tiempos arrancó la Espada Matarreyes del abdomen de Valten y volvió a atacar, arrancándole la pechera que llevaba el cometa inscrito y haciéndole caer de espaldas. Entre la sangre de la profunda herida que había recibido, podía verse claramente la marca de nacimiento del pecho de Valten. Como atontado por la visión del Cometa de Dos Colas grabado en la piel de Valten, Archaón dio un paso atrás con la Espada Matarreyes a un lado. Luthor Huss se abalanzó entonces contra el Gran Elegido y su martillo hizo saltar una lluvia de chispas de la armadura de Archaón. El potente golpe que le propinó en la cabeza hizo que Archaón perdiera el equilibrio y se quedó arrodillado sobre una pierna. Huss no pudo asestarle un segundo golpe, ya que el Señor del Fin de los Tiempos levantó el escudo para detenerlo y le arrancó el martillo de las manos en el proceso. Profiriendo un aullido, el paladín del Caos apartó a Huss con violencia y el Profeta de Sigmar salió volando por los aires con los huesos destrozados. De repente, unos gritos guturales resonaron en torno al Señor del Fin de los Tiempos a los que poco después se unieron los gritos de sus guerreros. Tras volverse a poner en pie, Archaón se dio la vuelta y vio a otro individuo ante él. Una frente de piel verde se estrelló contra el rostro del yelmo de Archaón nada más aparecer Grimgor. Tras él, sus machotez luchaban contra los guerreros fuertemente acorazados de los Espadas del Caos después de haberse abierto paso peleando a través de los seguidores de Valten hasta llegar al Gran Elegido.

Tormenta del Caos por slaine69-d34l3d4.jpg

Dado que Middenheim ya estaba más allá del alcance de nadie, solo había una manera de que Grimgor pudiera demostrar su valía ante Gorko. Grimgor levantó a Gitsnik con ambas manos y la blandió por los aires hasta dejarla caer contra el escudo de Archaón, cortándole la parte inferior y lanzando al Gran Elegido hacia atrás. La Espada Matarreyes volvió a relampaguear, pero Grimgor había previsto aquel contraataque y lo detuvo con la empuñadura de su hacha mágica. El Kaudillo Orco Negro pisó con fuerza el brazo de Archaón y este dejó caer la espada demoníaca. Usando la parte plana de Gitsnik, Grimgor aporreó dos veces la cabeza de Archaón y luego plantó el hacha en la garganta del Gran Elegido. El Orco Negro miró hacia el cielo plomizo y vociferó: "¡Grimgor ez el mejor!". Los Orcos profirieron un enorme berrido de júbilo, un cántico ensordecedor que entonaba el nombre de Grimgor y que se oía por encima del entrechocar de espadas y hachas. Grimgor alzó a Gitsnik por encima de la cabeza y volvió a rugir levantando el puño en el aire. Después de dejar claro su mensaje, el Kaudillo se dirigió hacia el Sur con su horda salvaje y los rugidos con los que celebraron la victoria siguieron oyéndose mucho después de desaparecer de la vista.

Luthor Huss recuperó el sentido y volvió a montar en su caballo. Tras montar a Valten con él, se alejó de la refriega para apartar del combate el cuerpo inconsciente de su señor. Cabalgó al galope hasta Middenheim y llevó el cuerpo de Valten al altar de Shallya. A pesar de que sus propias heridas eran muy graves, no consintió que nadie se las atendiese hasta que alguien se hubiera ocupado de Valten. No fue hasta que la abadesa le prometió que Valten seguía vivo cuando Huss se permitió derrumbarse al suelo por la fatiga. Volkmar, que al llegar Huss se había levantado de su lecho de curación, llevó su cuerpo al altar principal.

La Gran PérdidaEditar

Al desaparecer la amenaza de la devastación por parte de los seguidores de Archaón, surgió un nuevo peligro en el Imperio: el cisma. Mientras Valten yacía en coma en el templo de Shallya y Luthor Huss pasaba día y noche junto a él, el Gran Teogonista Johann Esmer llegó a Middenheim. Al regreso de Volkmar, y aunque tal vez estuviera maldito por el toque del Caos que había provocado su renacimiento, mucha gente reclamó que Esmer abandonara su puesto, mientras que los partidarios del Teogonista actual instaron a Volkmar a que bendijese el nombramiento de Esmer. Los pocos supervivientes del ejército de Valten, que eran todos flagelantes desquiciados y Sacerdotes Guerreros ansiosos de entrar en combate, empezaron a causar problemas por todo Middenheim al exigir a Esmer que se marchara. En medio de todo esto, entre los sacerdotes de Ulric comenzó a difundirse la opinión de que había que hacer reformas en los Electores al resurgir las antiguas diferencias con la finalización del conflicto.

Y, por encima de todo eso, cada vez hubo más problemas en relación a Valten. Algunos exigían que fuera nombrado Emperador en cuanto se recuperara, mientras que otros seguían tachando de falsa la afirmación de Huss y mencionaban la grave herida sufrida por Valten a manos de Archaón como prueba de que no era un ser divino. Al estar el Imperio sumido aún en una gran desorganización y los ejércitos muy diezmados, Karl Franz tenía claro que había que reinstaurar la ley y el orden lo antes posible, ya que los saqueos, las masas indignadas y las sectas oscuras estaban empezando a extenderse por toda Middenland y, si aquello continuaba así, la herida se infectaría y la situación no dejaría de empeorar.

Y así fue como el Emperador consultó a sus consejeros, entre los que se encontraban Volkmar y Esmer, respecto a qué había que hacer con Valten. Karl Franz, que seguía atado por los deberes hacia el Imperio que le impedían mantener el puesto que le había sido otorgado, aborrecía la idea de ceder su puesto a Valten. No obstante, no hacerlo era sinónimo de declarar que Huss era un mentiroso, ya que ¿quién no querría tener a la reencarnación de Sigmar como nuevo Emperador?

Esmer y Boris Todbringer pidieron tres días para resolver la situación si el Emperador les daba permiso para ello. Este les dijo que tenían permiso para hacer cualquier cosa que pudieran con tal de evitar que se produjera la guerra intestina que ya parecía inevitable. Al segundo día Karl Franz tuvo una visita. Se trataba de Luthor Huss, que estaba hecho un mar de lágrimas y que sostenía el Martillo de Sigmar en sus manos. Cuando el Emperador le preguntó qué era lo que había ocurrido, Huss le dijo, con la voz entrecortada por la pena, que Valten había sido asesinado. Cuando Huss lo había ido a ver aquella mañana se había encontrado al avatar de Sigmar en su lecho, atravesado por una espada verde brillante. Karl Franz sabía que su gente necesitaba esperanza y entonces le dijo a Huss:

"Te mezclarás con la gente y les dirás que Sigmar se ha ido, como hiciera hace tantos años. Dales esperanza en esta época oscura. No traiciones su fe. Diles que me ha dejado su martillo, símbolo de que confía en nosotros; y diles también que sigues siendo su profeta y que volverá cuando más lo necesitemos."

No se sabe que sucedió con el cuerpo de Valten después de aquello, pero desapareció misteriosamente.

El Fin de los TiemposEditar

Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos.jpg

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos.jpg

La defensa de AlderfenEditar

Valten el fin de los tiempos.jpg

Hasta Alderfen, nadie pensaba nada especial acerca de este hombre. Cuando el XIII Reikland marchó a la guerra, Valten los siguió; había intentado dos veces unirse a sus filas, y dos veces fue rechazado, por razones que nunca fueron suficientemente explicadas.

Durante las pasadas semanas en Alderfen, Valten había sido el blanco de muchas bromas: hablaba pocas veces, y se pensaba que era un simplón. La verdad del asunto era, por supuesto, que Valten raramente hablaba porque no tenía nada que decir. En aquel momento él entendía muy poco de su propósito.

MiniaturasEditar

  • Primera aparición de Valten
  • Segunda aparición de Valten
  • Valten en la Tormenta del caos
  • Valten de edición especial

ImágenesEditar

FuentesEditar

  • Libro de Ejército: Imperio (7ª Edición).
  • Campaña: La Tormenta del Caos.
  • Diploma de GW durante la Campaña "La Tormenta del Caos".
  • The End Times I - Nagash.

Spotlights de otros wikis

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