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Viejo Otto

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Otto aparenta tener unos 68 años de edad y viste un delantal salpicado de tinta. Sus gruesas gafas de piedra dstorsionan sus rasgos y hacen que sus ojos parezcan hundidos en el fondo de su cabeza. Un matojo de rizos grisáceos le cubren el cráneo y una blanca barba de chivo se desprende de su barbilla.

Aunque la edad doble su cuerpo y las arrugas surquen su rostro, la mente de Otto sigue tan despierta y sus ojos brillan tras las lentes. Otto responde amable a todos los pedidos, sin hacer que los clientes se sientan como en casa, fiel en todo momento a su papel de honrado artesano deseoso de proporcionarle a sus clientes el mejor servicio posible.

Pero tras esa fachada de cara al público, Otto es uno de los miembros dirigentes de los Nuevos Milenaristas, un grupo radical dedicado a reformar por completo la sociedad, tanto la de su ciudad como la del conjunto del Viejo Mundo.

Otto es un hombre tan racional como razonable, que discutirá sus ideas con calma ante cualquiera. Alejado del fanatismo, todos sus argumentos se basan en la razón. Se da cuenta de que una sociedad ordenada racionalmente beneficiaría al pueblo mucho más que la actual. No obstante, Otto es consciente de que las autoridades de la ciudad consideran una amenaza a los Nuevos Milenaristas, y por tanto prefiere mantener sus actividades en secreto. Incluso aunque las autoridades no le cerraran el negocio, podrían, utilizando diversos métodos subrepticios, destruir sus prensas y llevarlo a la quiebra. Para evitar eso, nadie podrá convencerle, no importa lo mucho que lo intenten, de que imprima literatura sediciosa si acuden directamente a su oficina. Para conseguirlo, primero deberían contactar con algun agitador de la zona que les organizará una cita con Otto.

Los clientes son recibidos en la imprenta con un alegre, si bien algo cascado, "Hola, ¿qué puedo hacer por ustedes? Tome asiento, por favor. Enseguida aparto este montón de papeles y podrá sentarse aquí mismo." Su anciano cuerpo se mueve con una velocidad pasmosa, y enseguida le pasará un trapo limpio a los dos asientos enfrente de su escritorio.

"¿Les apetece un vaso de vino mientras hablamos de negocios? Yo siempre he dicho que un poco de vino ayuda a hacer que el día se pase antes, del mismo modo que ayuda a llegar antes a un acuerdo".

Tanto si las visitas aceptan como si no, Otto se interesará cortésmente por el tipo de impresión que andan buscando. Les imprimirá lo que sea, desde una única octavila a un cuaderno desplegable, panfletos de mayor tamaño y también libros.

La Imprenta de Otto Editar

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Desde el exterior, el edificio presenta el aspecto de un viejo almacén descuidado, no demasiado diferente de sus vecinos. Sobre la puerta puede leerse el siguiente cartel: "La Imprenta de Otto: se imprimen libros y cuadernos por encargo". Tras la puerta aparece una pequeña y sucia oficina, en cuyo interior encontramos al Viejo Otto, el propietario. Otto se sienta tras un enorme escritorio salpicado de tinta, enterrado bajo un montón de papeles. Tras la mesa vemos baldas sobre las que se apilan montañas de libros y panfletos, guías de la ciudad y octavillas que anuncian diversos acontecimientos cívicos. Tras una puerta cerrada se puede escuchar el apagado traqueteo de las prensas y los linotipos mientras los aprendices se afanan en su trabajo diario.

Las estampaciones

La puerta de la oficina de Otto conduce a la sala de prensas principal donde tres ayudantes manejan dos linotipos. Otto en persona acompaña a los futuros clientes en su paseo por esta sala, señalando a las hileras de tipos de plomo apiladas por toda la estancia. Las bolas de papel minan el suelo y las estanterías están dobladas bajo el peso de montones de libros impresos en parte y de panfletos. Otto guiará con cuidado a sus visitantes entre todo este desorden, disculpándose por el caos reinante. "Tenemos tanto trabajo por hacer estos días que nos resulta más fácil apilarlo en el suelo que sobre las baldas. Así que, por favor, tengan cuidado... no me gustaría que alguien quedara atrapado en una de las máquinas".

Las prensas son primitivas pero efectivas. Operan según el principio de rosca, presionando los tipos compuestos contra el papel. Disponen de hasta tres tipos de letra, y Otto se explayará ensalzando las virtudes de cada uno:

-Gótico: "Un texto visual muy agradable para la vista, y muy tradicional. Útil si se quiere impresionar a alguien, sobre todo a aquellos que no sepan leer".

-Lutero: "Un poco más radical, éste. Resulta muy claro, quizás un poco utilitario, pero facilita la lectura prolongada. Ideal para libros y panfletos".

-Imperial: "Impresionante, sí señor. Ya saben, lo utilizan en los documentos del Imperio. Una buena mezcla de los otros dos, útil para las breves proclamas de las que gustan nuestros ilustres dirigentes. Es un éxito garantizado, impresione a sus amistades con sus contactos Imperiales".

Otto no llevará a las visitas más allá de la puerta que puede verse al otro lado de la sala de prensas. Si se le pregunta, responderá: "Nada, ahí es donde almacenamos el papel. Un sencillo almacén. Nada que les pueda interesar".

Lo cierto es que, a escondidas del mundo exterior, la imprenta de Otto es la lanzadera de la mayoría de los panfletos que lanzan los agitadores por las calles de la ciudad, incluso aquellos que no tienen nada que ver con los Nuevos Milenaristas. Cualquier causa que avergüence al gobierno, o exija mejoras que beneficien al grueso de la población, tendrá acceso a los recursos de Otto.

El cuarto cerrado guarda otra imprenta utilizada exclusivamente para producir material de naturaleza subersiva. La imprenta se especializa en panfletos que airean la inminente llegada del Nuevo Milenio, momento en el que el pueblo llano controlará su propio destino sin verse sujeto a los caprichos de la nobleza o de los ricos y sobrealimentados líderes religiosos. En este lugar, dos agitadores producen panfletos donde se exige el final del sistema de recaudación y el derrocamiento del orden establecido. Los panfletos, divididos en varios montones, se encuentran ordenadamente almacenados por todo el cuarto, en contraste con el lío desorganizado de la imprenta "pública" de Otto. La existencia de esta sala se guarda en secreto, conocida sólo por los miembros del taller de Otto y algunos agitadores de la ciudad.

Por la noche, las hojas son transportadas por dos agitadores que manejan la máquina y entregadas a otros agentes encargados de su distribución.

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