FANDOM


Asedio Orco

Percival de Blois, Caballero del Reino, estaba cazando entre los zarzales que había en los limites de su pequeño feudo cuando fueron avistados los Orcos. Los Escuderos que habían estado batiendo los arbustos para que el jabalí saliera de su guarida, regresaron gritando: "¡Qué vienen los Orcos! ¡Qué vienen los Orcos!" Era un grito de alerta que no se había oído en esas tierras desde hacía muchos años. De hecho, no se habla oído desde los tiempos en que Percival era joven, cuando no era más que un Caballero Novel. Sin dudarlo ni un instante, Percival y sus propios Caballeros Noveles espolearon sus monturas y fueron a comprobarlo personalmente. En cuanto salieron de los zarzales pudieron verles. Era una gigantesca horda de Orcos, fácilmente identificable por sus grandes y andrajosos estandartes en los que podían verse lunas y soles con sonrisas malignas. Seguramente era un grupo desgajado de la gran horda que hacia poco había asolado las tierras bajas del Imperio, y que después de atravesar las montañas habían iniciado la invasión de las tierras de Bretonia.

Los orcos todavía estaban bastante lejos, por lo que había tiempo suficiente para organizar la defensa del castillo. Los orcos sin duda saquearían todo lo que encontraran a su paso, pero Percival no disponía de suficientes caballeros para atacarles en batalla campal. Era preferible reunir a todos los campesinos y toda la comida que pudieran detrás de la seguridad de las resistentes murallas del castillo, privando así al enemigo de los tan necesarios suministros, hasta que el Duque reuniera su ejército para acabar con esos hediondos enemigos. Tras tomar esta decisión, Percival se giró hacia sus caballeros noveles.

"Alain, Joinville, Gerard, os ha llegado la oportunidad de conseguir vuestras espuelas de caballero. ¡Esta será la misión que deberéis cumplir para ser nombrados caballeros! Cabalgaréis tan rápido como podáis hasta el castillo del Duque y le diréis que el castillo de Blois resistirá la invasión de los orcos hasta la muerte. Decidle que reúna a sus caballeros para venir a rescatarnos, o a vengarnos. Yo permaneceré aquí, y si es necesario, moriré defendiendo mis tierras, así que no os demoréis. Llevad con vosotros tantos escuderos como creáis necesarios y partid inmediatamente. Si los orcos os cierran el paso deberéis atravesar sus líneas. No me falléis, hijos míos..."

Ugrug, el señor de la guerra orco, observó las tierras que se extendían entre las suaves colinas de Bretonia. "Unaz tierraz muy rikaz ke darán un buen botín", pensó para sí mismo. Mientras se solazaba con esta visión, vio a lo lejos las torres de un castillo. "Zerá fázil tomarlo", pensó, y se giró hacia su chamán.

-Ezta noche loz chikoz podrán atrakarze, kuando tomemoz eze kaztillo.

Scene
Los gestos y gruñidos de asentimiento fueron unánimes, entremezclados con fragmentos de hongo medio masticados, entre los

guerreros que le rodeaban. Girándose para observar el castillo, uno de los chamanes detectó un pequeño grupo de jinetes bretonianos en el lindero del bosque. Mientras estaba mirando, algunos de los jinetes se alejaron del grupo principal, atravesando al galope los pastos como si quisieran rodear a los orcos.

-¡A por elloz, chikoz! ¡Kogedlez o...!-gritó Ugrug a sus jinetes de lobo.-¡Shagrag, ke tuz chikoz vayan a ezoz kampoz y pillen a loz humanoz antez de ke regrezen a eze montón de piedraz y noz zierren la puerta en laz narizez.

-Zí, jefe-gritó Shagrag mientras sus arqueros empezaban a correr hacia el bosque, desplegándose en formación abierta.

Ugrug observó desde su posición dominante cómo la horda se reunía poco a poco detrás del risco, tirando de los carruajes del tren de asedio en el que transportaban el botín y los lanzapiedroz desmontados. Los bretonianos estaban reuniéndose una vez más para dirigirse hacia el castillo.

Entonces se desgajó un nuevo grupo. Esta vez se trataba de tropas de infantería, que formaron una línea de retaguardia en el borde de los campos, donde la zanja que marcaba la frontera cruzaba el polvoriento camino que conducía al castillo. Los humanos habían visto acercarse a los arqueros montados de Shagrag.

-No la kaguez, eztúpido, pensó Ugruk, o me komeré tuz hígadoz.

Percival de Blois, caballero del Reino, dejó algunos de sus mejores tiradores con los escuderos para formar la retaguardia en el límite de sus tierras, y regresó rápidamente al castillo. Los campesinos ya habían empezado a correr hacia el pueblo para recoger sus lanzas, alabardas y arcos largos.

Todos ellos siguieron a su señor cuando este cruzó el puente levadizo y entró en el castillo, que estaba sumido en una febril actividad, pues los sirvientes se apresuraban a trasladar grandes cestos con comida y botas de vino a la gran torre. Los vigías ya habían visto los estandartes de los orcos desde lo alto de la torre.

Todo el mundo sintió una gran sensación de alivio al ver que Percival regresaba sano y salvo, especialmente las damas. Lady Alice le gritó a su marido desde una ventana de la torre:

-¿Dónde están mis hijos? ¿Están a salvo?

Percival se levantó la celada del casco para contestarle:

-No temáis, mi señora. Están ganándose sus espuelas de caballero.

Desmontó, y estaba a punto de ordenar subir el puente levadizo en cuanto la retaguardia lo atravesara, cuando se fijó en el bastión en ruinas que se levantaba al otro lado del foso. El viejo edificio era todo lo que quedaba del antiguo portón que había sido desmantelado para conseguir piedras cuando su padre reconstruyó el castillo muchos años atrás.

"Tenemos que defender ese bastión", pensó.

Scene3
Rápidamente, Percival ordenó a algunos de sus arqueros y hombres de armas que ocuparan y defendieran el bastión en ruinas. A continuación llamó a través del patio de armas a otro de sus caballeros noveles, un joven muy hábil procedente de un feudo vecino y que era el hijo de un amigo.

-Fulk, sé que deseáis tener una oportunidad de demostrar vuestro valor al igual que todos los demás, así que tomad el mando de ese viejo bastión y resistid tanto tiempo como podáis. Matad tantos orcos que sus cadáveres bloqueen la entrada, y cuando no podáis resistir por más tiempo, bajaremos el puente para que podáis refugiaros en el castillo.

-Dadme vuestra bendición, mi señor-replicó el joven caballero-Esta es una difícil pero honorable misión. No os defraudaré.

Los combates por el control de las ruinas del bastión habían durado toda la noche, y a la salida del sol los orcos y goblins se habían retirado a la seguridad de su campamento para lamerse las heridas.

Poco después de haberse levantado la niebla matinal se oyó un grito procedente de la torre de vigilancia.

-¡Se aproximan unos jinetes! ¡Son bretonianos!

Percival corrió hacia las murallas para comprobarlo. Desde allí pudo ver a varios caballeros, con los pendones ondeando en las puntas de sus lanzas, alineados sobre la cresta de una colina situada más allá de los campos.

-¡Mis hijos han regresado y han traído con ellos a los refuerzos!-anunció a sus hombres.

Alain, Joinville y Gerard habían cabalgado sin descansar hasta el castillo del Duque, el cual ya estaba reuniendo un ejército para atacar a los orcos. Después de informar de la situación al Duque, habían decidido regresar directamente al castillo para ayudar a su familia. El Duque, en su magnanimidad, había enviado con ellos a varios de sus propios caballeros noveles. Ahora todos ellos se habían alineado tras las líneas orcas para intentar atravesarlas. Los centinelas orcos habían relajado mucho su vigilancia, y todavía no les habían visto acercarse, lo que había permitido a los caballeros llegar muy cerca de sus líneas. Con una última y arriesgada carga podrían llegar a la seguridad de los muros del castillo.

-¡Preparados para bajar el puente levadizo a mi señal!-gritó Percival a sus hombres de armas que defendían las puertas.

Los valientes caballeros noveles se colocaron en formación de cuña y empezaron a avanzar al trote por el camino que conducía al castillo. Los orcos negros de una peña que estaba acampada en medio del camino, en cuanto oyeron el ruido de sus armaduras y el grito de batalla de Bretonia, se apresuraron a coger sus armas y formar rápidamente una muralla de escudos para impedirles el paso.

Ugrug estaba tan decepcionado por el fracaso de los goblins en su intento de penetrar en el castillo que había racionado la comida de todo el contingente de goblins a la mitad como castigo. Esto a su vez le había dado una idea. Los defensores muy pronto se quedarían sin alimentos, a juzgar por todo lo que se habían dejado en el pueblo. Además, Grub el chamán le había traído algunas noticias muy interesantes.

-Loz bretonianoz no beben agua porke no ez komo zu bebida, tú ya me entiendez. Elloz no zon komo nozotroz. ¡Zi beben agua enferman y mueren!

-¿Y ké beben entonzez? -preguntó Ugrug.

-Pienzo ke beben eze líkido rojo ke haze ke loz chikoz ze pongan muy alegrez. Enkontramoz un montón de eze líkido en el gran eztablo ke kemamoz anoche.

-¡Klaro! -dijo Ugrug- Azí ke kreez ke en el kaztillo no dizponen de demaziado de eze líkido.

-¡Zí, jefe, ezo ez prezizamente lo ke kería dezir -respondió el jubiloso chamán goblin, encantado por haber tenido la oportunidad de demostrar su inteligencia ante su señor de la guerra.

-De akuerdo-dijo Ugrug -no kiero perder a máz de loz muchachoz, azí ke noz ezperamoz un tiempo.

Pronto ze kedarán zin eze líkido rojo y empezarán a beber agua. Y entonzez enfermarán y empezarán a morirze.

-Y entonzez atakaremoz. ¡Un gran plan, jefe!-chilló Grub.

Cañón Organo Enano
Sin embargo, los orcos no habían contado con Umki el enano. Umki estaba acostumbrado a traer cerveza enana al castillo cada

dos semanas para reconfortar a los hombres de armas. ¡Después de todo era muy nutritiva,, y saciaba más que un banquete de venado!

En ese momento, Umki y sus hombres estaban dirigiéndose hacia el castillo con un carro lleno de barriles. Cuando vieron el humo de las hogueras a lo lejos y el castillo rodeado por los orcos se enfurecieron mucho.

-No pienso dejar que un atajo de orcos se interponga en mis negocios -dijo Umki.

-Tiene razón, jefe -replicó uno de sus hombres.

-Sí -dijo Umki -vamos a entregar la cerveza como siempre. ¡Nuestros clientes la necesitan más que nunca!

Percival y sus hombres atravesaron corriendo el patio de armas para felicitar efusivamente por su valiente acción a Umki y sus enanos, que acababan de atravesar las líneas enemigas.

-Nunca había visto nada parecido -dijo Percival.

-Estas situaciones son habituales en las montañas del Fin del Mundo -replicó imperturbable el enano.

-Estoy en deuda con vos, Umki. Necesitábamos desesperadamente vuestra cerveza.

-Claro que lo estáis, mi señor. Me debéis cinco coronas de oro. Pero podéis pagarme cuando haya acabado el asedio.

Ugrug recorrió furioso el campamento de los orcos y goblins. Su intención de hacer rendir por hambre a la guarnición se había ido al garete por un puñado de enanos decididos. Su ejército estaba compuesto por un montón de inútiles.

-¡Traez akí loz lanzapiedroz y bombardeaz kon rokaz eze maldito kaztillo! ¡Ahora! -gruñó a los goblins.

Los goblins montaron apresuradamente los lanzadores de rocas, reparando las maderas rotas atándolas con cuerdas. Era una lástima que todas las casas de los campesinos no fueran más que un montón de ruinas humeantes, pues las maderas podían haber servido para construir una torre de asedio. Afortunadamente para los defensores, al señor de la guerra orco no se le había ocurrido esa idea antes de ordenar quemar los edificios.

El sonido de los trabajos que tenían lugar en el campamento orco podían oírse claramente en el patio del castillo.

-Están construyendo catapultas -informó el castellano.

Percival observó a los goblins desde las almenas.

-Probablemente también tratarán de construir una torre de asedio si pueden encontrar madera para hacerla. No podemos permitir que esas rocas destruyan los tejadillos. Reúne a todos los caballeros noveles y a todos los escuderos que puedan cabalgar. ¡Al amanecer haremos una salida con antorchas para quemar esas máquinas infernales!

Estaba siendo un pésimo día para Ugrug. Los bretonianos habían realizado una salida con antorchas y habían incendiado sus lanzadores de rocas. Ugrug quería ver cómo las murallas del castillo caían bajo las rocas lanzadas por sus máquinas de guerra, pero ahora tan sólo tenía unos restos humeantes. El corazón maligno del señor de la guerra ardía de rabia. El informe de sus jinetes de lobo había sido aún peor. Un gran ejército bretoniano se aproximaba rápidamente, y llegaría al castillo en pocos días.

Ugrug estaba decidido a tomar el castillo y marcharse rápidamente de allí con todo el botín que pudiera obtener. Ya habían empezado a producirse las primeras deserciones entre los goblins, e incluso los chamanes habían comenzado a murmurar contra él. Preocupado por todo lo acontecido,

Ugrug decidió desahogarse con el primer goblin que se cruzara en su camino.

-¿Ya haz enkontrado la rezpuezta ke te pedí? -gruñó al chamán Grub, que tuvo la desgracia de ser el primero en cruzarse en su camino.

-Zí, jefe. Demolizión. -sugirió Grub rápidamente, pues demolición fue la primera palabra que se le pasó por la cabeza.

-¡Demolizión! -dijo Ugrug -¿Ké ez demolizión?

-Ez kuando deztrozaz alguna koza -replicó Grub -Komo derribar murrallaz y otraz kozaz.

Ugrug consideró las posibilidades durante unos instantes.

-¡Ezo ez, deztrozar alguna koza! ¡Loz orkoz puedez deztrozar kualkier koza, inkluzo un kaztillo!

Asedio a Bretonia

-respondió Ugrug exultante -De akuerdo, ke loz goblinz trabajen día y noche. Kiero ke deztrozen laz murallaz. ¡AHORA!

Los peones goblin, supervisados por los orcos negros y orcos grandotes que habían sobrevivido, empezaron a cavar una trinchera hacia una de las murallas del castillo. Avanzaban a buen ritmo, sin importar lo pesadas que fueran las rocas que los bretonianos les arrojaban y que rebotaban en las pantallas de madera que protegían a los obreros. Los goblins trabajaron rápidamente, y al atardecer habían conseguido construir un camino de tierra a través del foso. Al acabar el día habían llegado junto a las murallas. Al ver su objetivo tan cerca, los goblins redoblaron sus esfuerzos, tirando de las grandes rocas que servían de cimientos a las murallas, y apuntalando los huecos con gruesos troncos de madera.

-Jefe, ya eztamoz bajo la muralla -dijo el orco negro encargado de dirigir los trabajos.

Ugrug parecía satisfecho.

-Ke ze preparen loz chikoz. Eze kaztillo ze va a kaer bajo loz piez de ezoz humanoz, y nozotroz akabaremoz kon loz ke keden.

Los orcos y goblins estaban preparados para iniciar el ataque en cuanto la muralla cediera. Los fragmentos de roca cayeron rodando hasta el foso, llenándolo como si quisieran facilitar la masacre de los orcos.

Percival y sus hombres también estaban preparados. La señora De Blois y todos los no combatientes, incluidos muchos campesinos que se habían refugiado en el castillo, se habían trasladado a la torre. Los caballeros noveles tenían la misión de defenderlos con sus vidas. Si no podía evitarse que el castillo cayera en manos de los pielesverdes, tenían órdenes de incendiar la torre para que todos perecieran en ella. También se había preparado un bebedizo venenoso para que lo tomara la señora De Blois antes de incendiar la torre.

Percival y el resto de los defensores del castillo formaron una línea de batalla en el patio de armas para cerrar la brecha abierta en la muralla. La lucha iba a ser a muerte. Sin embargo, la brecha era estrecha, por lo que no todo estaba perdido.

Los orcos entraron por la brecha, tambaleándose entre cascotes y nubes de polvo. Antes de cargar, Percival gritó a sus hombres:

-¡Luchemos hasta el último aliento para cerrar esa brecha con los cadáveres de los invasores orcos!

Fuente Editar

  • Suplemento: Asedio (5ª Edición).

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

También en FANDOM

Wiki al azar