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Volkmar

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"Todos los hombres sueñan, pero no todos lo hacen del mismo modo. Aquellos que sueñan por la noche en el polvoriento descanso de sus mentes despiertan al día siguiente para encontrarse que todo lo soñado era pura vanidad. Pero los hay que sueñan de día, estos son los peligrosos. Sus sueños son sueños de esperanza, de mejora, de cambio. Entre ellos surgen los detestables seguidores del Caos."
De las lecturas del Tegonista Volkmar

Volkmar el Sombrío es el actual Gran Teogonista del Culto de Sigmar y el líder religioso más poderoso del Imperio. Es un hombre piadoso y aprensivo, completamente devoto a la destrucción del Caos en todas sus formas.

Descripción Editar

Cuando el Gran Teogonista acompaña a un ejército a la batalla, suele ir montado en un resplandeciente Altar de Guerra de Sigmar, animando a los soldados que lo rodean a realizar grandes actos de heroísmo mientras él ataca a los seguidores del Caos con poderosos golpes y palabras de fuerza divina. Volkmar es un horror sagrado en el campo de batalla, un hombre que lucha con la ira del mismísimo Sigmar. Se dice que el alma de Volkmar fue forjada con acero y que combate contra la malvada influencia del Caos con cada fibra de su ser. Como Gran Teogonista, Volkmar es uno de los hombres más poderosos del Imperio, además de uno de los aliados más incondicionales de Karl Franz y un sabio consejero.

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Para el hombre común, Volkmar el Sombrío es un ejemplo del culto Sigmarita, un noble patriarca bendecido por su dios guerrero, por el que soldados y sacerdotes sienten una mezcla de veneración y respeto. Ciertamente, el respeto de los que le rodean refuerza esta impresión. Su rostro severo, su gran corpulencia y su carácter grandilocuente transmite una fe inquebrantable que da fuerza ilimitada a los guerreros que lidera en batalla.

Solo los Archilectores de Volkmar conocen la verdad. A puerta cerrada, los hombros del Teogonista se desploman ya que los años agotadores en su cargo no pasan en balde. Su cuerpo está marcado y quemado en un centenar de sitios, y sus huesos se han roto y curado con demasiada frecuencia, porque ha batallado durante mucho tiempo contra los adoradores del Caos del Norte.

Muchos políticos prominentes creen que el viejo y testarudo sacerdote es una molestia y un obstáculo para los planes de los hombres más sabios, razón por la que los chismes y contradicciones ensucian su reputación en Altdorf y sus aledaños. Esos rumores se han acrecentado poco antes de la invasión de Archaón el Elegido empezaron a aparecer rivales políticos, maliciosos rumores y chismosos malintencionados que han hecho a la gente dudar de la devoción del Gran Teogonista por los ideales del dios guerrero del Imperio. Sin embargo, Volkmar es un hombre de hechos, no de palabras, no pierde ni un minuto de su tiempo tratando de aplacar los rumores o defendiéndose de las habladurías, simplemente se contenta con llevar a cabo acciones tangibles en el seno de su sagrada orden, y con "hablar" en el campo de batalla; nadie que haya visto a Volkmar desenvolverse en combate puede dudar jamás de su incondicional fervor y entrega por la causa.

Los partidarios de Volkmar se encuentran principalmente entre las tropas del Imperio. Su inquebrantable valentía y compromiso le han brindado la admiración y respecto de gran parte del ejército Imperial, que seguiría al anciano hasta las fauces del mismísimo infierno si se lo pidiera. Para la gente común Volkmar es un héroe tallado a semejanza de los antiguos reyes, el suceso espiritual de Heldenhammer, y es venerado como una leyenda viva por los Sigmaritas. Algunos de sus seguidores más fanáticos creen que Sigmar tuvo un hijo ilegítimo y Volkmar es el último descendiente de ese linaje, un rumor que el Culto Sigmarita no niega. Sea cuál sea la verdad, es innegable que a Volkmar le rodea un aura de poder divino que se magnifica gracias a los artefactos que el Culto Sigmarita le ha otorgado.

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Cuando Volkmar va a la batalla, lo hace montado en el Altar de Guerra de Sigmar, un carro imponente de acero y roble del Drakwald. Adornado con plegarias escritas en notas, relicarios y devociones, el Altar es un templo móvil del Dios Guerrero del Imperio. Sobre su púlpito lleva el Cuerno de Sigismund, un objeto forjado por los Enanos que resuena en batalla con el grito de guerra del legendario Emperador Sigismund. Una figura de un Grifo dorado se eleva sobre Volkmar, el icono de Mangus el Piadoso y la fuente de un gran poder místico que Volkmar usa para desterrar No Muertos y Demonios por igual. A pesar de lo espectacular que resulta el Gran Teogonista rodeado de su panoplia de guerra, su sabiduría es lo que más valora el emperador Karl Franz.

Cada noche, mientras los hombres duermen, el Gran Teogonista enciende una antorcha y se aventura en las bóvedas secretas bajo el Palacio Imperial, donde se guardan antiguos pergaminos y escrituras sagradas. Cada nicho y corredor están revestidos de toda la colección de tomos prohibidos del Emperador. Allí, rodeado de tomos de saber prohibidos, Volkmar busca ampliar conocimientos que le ayuden en su larga guerra contra los poderes malignos del mundo, ya que, según él, es imposible conseguirlo solo con la fuerza de las armas, y esta convencido que la respuesta al verdadero final de la amenaza del Norte reside allí.

La Tormenta del CaosEditar

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La Tormenta del Caos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la campaña mundial de La Tormenta del Caos, que recientemente ha sido sustituida por la de El Fin de los Tiempos.

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Imagen Volkmar 4ª Edición

Convencido de que era el único que podía salvar al Imperio, el fiero Volkmar marchó hacia el Norte a la cabeza de un ejército de flagelantes y de las tropas estatales de Talabecland para enfrentarse a Archaón en las tundras del Territorio Troll. En un movimiento desesperado Volkmar cargo, gritando y desafiando a Archaón. Volkmar sabía que el Señor de la Guerra del Caos no podía negarse, ya que mantiene su posición a través del miedo y del respeto que le profesaban sus guerreros no puede mostrar debilidad ante su partida de guerra, cualquier demostración de debilidad le acarrearía tener que aceptar desafíos a su autoridad desde dentro de su propio ejército. Aunque el Gran Teogonista y sus guerreros lucharon heroicamente, no consiguieron acabar con el poder de Archaón e incluso el propio Volkmar cayó abatido por la espada demonio del Elegido.

El cadáver de Volkmar quedó olvidado entre la multitud de otros cadáveres en aquel campo de batalla sin nombre y, al conocerse la noticia de su muerte, en Altdorf se hicieron sonar solemnes campanadas y el sacerdocio entonó plegarias para llorar su pérdida. Al Imperio le había sido arrebatado un gran guerrero, además de un gran líder, y precisamente en un momento de extrema necesidad.

Cuando Be'lakor llegó al lugar más tarde, el campo de batalla parecía una escena inmóvil de muerte; allí encontró el cadáver del propio Volkmar, que yacía congelado en su agonía final con un sangriento tajo en el pecho. Viendo un modo de imponer su superioridad sobre Archaón, Be'lakor empleó sus poderes mágicos más antiguos y puso su mano sobre el pecho del gran teogonista. El Príncipe Demonio no respetó siquiera la muerte de su enemigo y su energía oscura a Volkmar y, con un grito estremecedor, el alma del gran teogonista fue obligada a regresar a su cuerpo.

Boceto portada Keepers of the flame por Geoff Taylor Volkmar.jpg
Be'lakor ordenó que encadenaran a Volkmar con firmeza a su estandarte de batalla demoníaco, pues el espectáculo de su sufrimiento tiene la intención de aplastar la voluntad de los defensores del Imperio. De este modo, el demonio también pretendía demostrar su superioridad sobre Archaón. Mientras que él se había limitado a matar a Volkmar, Be'lakor tenía la intención de someterlo a una vida de torturas físicas y mentales.

Sin embargo para el demonio, el espíritu de Volmar era más duro que el acero y luchó contra la influencia maligna del Caos con tanta devoción como pudo. Durante el Asedio de Middenheim, el espíritu de Volkmar se liberó de sus ataduras infernales y atacó a los demonios con las mismas cadenas hechizadas que lo habían mantenido cautivo.

El retorno del maltrecho Volkmar produjo una división entre los que pedían que se le volviera a nombrar Gran Teogonista y los seguidores de su sucesor (Johann Esmer), que aseguraban que estaba corrupto por el Caos. Las archilectores, temerosos de que se produjera un cisma que acabara con el Culto de Sigmar, enviaron tropas para "convencer" a Esmer de que sería mejor para todos que se apartase y dejase que Volkmar recuperara su puesto. Esmer, que temía por su vida, huyó de la ciudad de Marienburgo y Volkmar volvió a ser nombrado Gran Teogonista.

Sangre de Sigmar Editar

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Aunque el sacerdote ha confiado sólo en su asesores más cercanos, Volkmar está muy alterado por sus descubrimientos hasta la fecha, que incluyen la profecía de una gran batalla entre el bien y el mal que causará la destrucción del mundo en un cataclismo de fuego mágico. Pero eso no es todo lo que sus investigaciones han descubierto. hace dos años el Gran Teogonista empezó a discernir signos de que la dinastía von Carstein no estaba tan extinta como los juglares del Palacio Imperial relataban. Sus sospechas se confirmaron en el Cónclave del Estado tras la dramática aparición del cadáver del Cazador de Brujas Stahlberg, azuzando al Gran Teogonista y prendiendo una llama que solo podría ser apagada con sangre. Estaba claro que la luz de Sigmar era necesaria no solo en las heladas tierras del norte, sino también al este, para proteger Sylvania de los terrores de la No Muerte.

Unos días depuse de que Mannfred revelase su intención de separase del Imperio, Volkmar ya había reunido un ejército de sus fieles. Su objetivo era matar al Vampiro, reclamar la Corona de Hechiceria, rescatar Sylvania de su manto de oscuridad maligna y devolverla al redil Imperial antes de que fuera tarde. A ojos de Volkmar, un verdadero hijo de Sigmar no había menos.

Objetos Mágicos Editar

  • Grifo del Jade: Un talismán de jade tallado en una gran pieza de jade encantado, y se dice que fue bendecida bendecido por el propio Magnus el Piadoso. Este talismán, que brilla con un sutil fulgor verde, cuelga del cuello del Gran Teogonista y extrae del altar su poder de curación otorgándole poderes de regenerativos a Volkmar.
  • Báculo del Poder: Se trata del bastón de mando del Gran Teogonista, este báculo es el símbolo del cargo de Gran Teogonista. Obtiene su poder del Altar de Guerra de Sigmar, extrae y canaliza las energías del altar hasta las envejecidas extremidades del Gran Teogonista, insulflandolas de fuerza una vez más.

MiniaturasEditar

  • Miniatura 8ª Edición
  • Volkmar en Altar de Guerra 4ª Edición

ImágenesEditar

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: El Imperio (7ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: El Imperio (8ª Edición).
  • Campaña: La Tormenta del Caos.
  • Warhammer Fantasy Battles: Reglamento (6ª Edición).

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